Los dirigibles se lanzan a la conquista del Polo Norte

Una agencia organiza viajes por el Ártico en el gigantesco dirigible Airlander 10, que volará a baja altura hasta el extremo norte del mundo con la comodidad de un hotel cinco estrellas

En el trayecto los viajeros podrán conocer sitios como la base de Ny-Alesund, que todavía conserva un mástil para atracar dirigibles de 1920 y el pueblo minero de Svea (fundado por los suecos en 1916 e inactivo desde 1987).

El Airlander 10 volará durante 36 horas por el Ártico. Foto Hybrid Air Vehicles | Design Q

No hace falta soportar las penurias de los primeros exploradores que pusieron un pie en el Polo Norte, ni sentir el deseo frustrado de Roald Admusen de ver esa masa polar desde su dirigible sin poder descender.

La compañía Ocean Sky Cruises organiza viajes al Polo Norte en la aeronave más grande del mundo, el descomunal dirigible Airlander 10, que vuela silenciosamente a unos 2.000 metros como si fuera un hotel de cinco estrellas del aire.

En el trayecto los viajeros podrán conocer sitios como la base de Ny-Alesund, que todavía conserva un mástil para atracar dirigibles de 1920 y el pueblo minero de Svea (fundado por los suecos en 1916 e inactivo desde 1987).
El Airlander 10 es más grande que cualquier avión. Foto Hybrid Air Vehicles | Design Q

Más grande que cualquier avión

El Airlander 10 mide 91 metros de largo y 34 de ancho, con una altura equivalente a un edificio de 10 pisos.

Su inmensa estructura de 10.300 m3 está llena de helio, un material que no es inflamable y que brinda todas las garantías de seguridad necesarias.

El Airlander 10, impulsado por una estructura de 10.300 m3, es la aeronave más grande del mundo, superior en tamaño a cualquier avión

La aeronave se impulsa con cuatro motores eléctricos que le permite alcanzar velocidades de 90 kilómetros por hora.

Debido a que la aeronave aprovecha las corrientes térmicas y los vientos la ruta siempre es diferente.

En el trayecto los viajeros podrán conocer sitios como la base de Ny-Alesund, que todavía conserva un mástil para atracar dirigibles de 1920 y el pueblo minero de Svea (fundado por los suecos en 1916 e inactivo desde 1987).
El suelo de vidrio permitirá ver detalles de las masas polares. Foto Hybrid Air Vehicles | Design Q

Tan elegante como un hotel de lujo

Debajo se encuentra la cabina de 250 metros cuadrados, donde viajan 16 pasajeros, que gracias a la amplitud de espacios se sienten como si estuvieran relajados en un salón.

Además, al volar a baja altura, no hace falta tener la cabina presurizada, por lo que todos pueden dormir y comer con normalidad.

La combinación de baja altura y la escasa velocidad permite que los viajeros tengan la oportunidad de aprovechar los grandes ventanales para ver, con un buen nivel de detalles, ejemplares de la fauna ártica como los osos polares, las ballenas y aves marinas.

En el trayecto los viajeros podrán conocer sitios como la base de Ny-Alesund, que todavía conserva un mástil para atracar dirigibles de 1920 y el pueblo minero de Svea (fundado por los suecos en 1916 e inactivo desde 1987).
El Airlander 10 cuenta con camarotes privados. Foto Hybrid Air Vehicles | Design Q

Cómo será el viaje en dirigible

La propuesta de Ocean Sky es zarpar en el verano de 2024 (o como muy tarde, en 2026) desde el remoto pueblo de Longyearyen, en las islas noruegas de Svalbard, considerado como el último punto urbanizado antes del Polo Norte.

Allí viven unas 2.000 personas, que suelen usar trineos de nieve para movilizarse y que siempre están alertas porque los osos polares suelen merodear por las cercanías.

El dirigible levantará vuelo a las 9.00 y emprenderá un viaje de 18 horas hacia el extremo norte del planeta.

En el trayecto los viajeros podrán conocer sitios como la base de Ny-Alesund, que todavía conserva un mástil para atracar dirigibles de 1920 y el pueblo minero de Svea (fundado por los suecos en 1916 e inactivo desde 1987).
A bordos se está tan cómodo como en un salón. Foto Hybrid Air Vehicles | Design Q

En el trayecto los viajeros podrán conocer sitios como la base de Ny-Alesund, que todavía conserva un mástil para atracar dirigibles de 1920 y el pueblo minero de Svea (fundado por los suecos en 1916 e inactivo desde 1987).

También conocerán la villa fantasma de Pyramiden, un asentamiento levantado por la Unión Soviética donde los residentes lo abandonaron a toda prisa, y el duro clima ártico se encargó de dejar todo congelado, como la vajilla en el fregaplatos.

En el trayecto los viajeros podrán conocer sitios como la base de Ny-Alesund, que todavía conserva un mástil para atracar dirigibles de 1920 y el pueblo minero de Svea (fundado por los suecos en 1916 e inactivo desde 1987).
Detalle del bar de la cabina. Foto Hybrid Air Vehicles | Design Q

La llegada al Polo Norte

Tras pasar la noche a bordo y saborear comidas relacionadas con las tradiciones del Ártico la expedición llegará al Polo Norte.

Allí los pasajeros serán guiados por un experto que detallará secretos de la historia y geografía de este paraje inhóspito, al que solo pueden acceder misiones científicas en algunos momentos del verano boreal.

Los viajes al Polo Norte duran 36 horas, y los 16 pasajeros pasarán seis horas en la superficie helada del extremo del mundo

Si el clima lo permite el grupo tendrá un almuerzo en la superficie helada y pasará un total de seis horas contemplando el paisaje y paseando por los alrededores.

En el trayecto los viajeros podrán conocer sitios como la base de Ny-Alesund, que todavía conserva un mástil para atracar dirigibles de 1920 y el pueblo minero de Svea (fundado por los suecos en 1916 e inactivo desde 1987).
Así será la ruta entre Svalbard y el Polo Norte. Foto Ocean Sky Cruises

La flota de dirigibles

Los billetes para este viaje al Ártico cuestan entre 100.000 y 200.000 euros por pasajero, aunque los más económicos ya se han agotado, dijo un representante de Ocean Sky Cruises a Efe.

La compañía proyecta tener una flota con un centenar de dirigibles para el 2030, y con ellos ofrecer viajes a sitios remotos como la Amazonia o la Patagonia, en los que se aprovechará la ventaja que estas aeronaves, a pesar de su descomunal tamaño, no necesitan aeropuertos para despegar y aterrizar.

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