La vuelta al mundo en moto tras los exploradores españoles olvidados

El realizador Miquel Silvestre lleva 11 años recorriendo el planeta en moto. Entre tantas rutas realizó diversos viajes para buscar las huellas de los exploradores españoles que se lanzaron a lo desconocido

Hace 9 años y un día, el 4 de julio de 2012, un motorista solitario a bordo de una BMW R1200 G llegó al pueblo de Valdez, una desangelada y aburrida comunidad en la franja sur de Alaska. Miquel Silvestre, con el cansancio a cuestas tras 11 meses de viaje, sonreía porque sabía que había cumplido otra etapa de su sueño: dar la vuelta al mundo detrás de aquellos exploradores españoles que han quedado perdidos en la historia.

Miquel Silvestre apertura

Hace 9 años y un día, el 4 de julio de 2012, un motorista solitario a bordo de una BMW R1200 G llegó al pueblo de Valdez, una desangelada y aburrida comunidad en la franja sur de Alaska. Miquel Silvestre, con el cansancio a cuestas tras 11 meses de viaje, sonreía porque sabía que había cumplido otra etapa de su sueño: dar la vuelta al mundo detrás de aquellos exploradores españoles que han quedado perdidos en la historia.

Silvestre asegura que desde hace 13 años lleva más de un millón de kilómetros a bordo de las dos ruedas, en diversos viajes por todas las latitudes que lo han llevado a visitar unos 100 países, “aunque esto es algo discutible, porque la definición de país no siempre es pacífica” dice a Tendencias Hoy.

Hace 9 años y un día, el 4 de julio de 2012, un motorista solitario a bordo de una BMW R1200 G llegó al pueblo de Valdez, una desangelada y aburrida comunidad en la franja sur de Alaska. Miquel Silvestre, con el cansancio a cuestas tras 11 meses de viaje, sonreía porque sabía que había cumplido otra etapa de su sueño: dar la vuelta al mundo detrás de aquellos exploradores españoles que han quedado perdidos en la historia.
En el desierto de Egipto. Foto Miquel Silvestre

La búsqueda de historias olvidadas

En el 2008 recorrió las carreteras de Irlanda para conocer la historia de Francisco de Cuéllar, uno de los sobrevivientes de la Armada Invencible (la que se llevó la vida de 8.000 personas en 1588).

En las 640 páginas de ‘La vuelta al mundo en moto’ Silvestre cuenta sus aventuras por África, Asia y Norteamérica para seguir las aventuras de otros españoles siglos atrás

Su crónica se publicó en medios españoles, y a este licenciado en Derecho apasionado por los viajes le picó el gusanillo de rescatar historias similares. Y tenía el mundo para descubrirlo.

Hace 9 años y un día, el 4 de julio de 2012, un motorista solitario a bordo de una BMW R1200 G llegó al pueblo de Valdez, una desangelada y aburrida comunidad en la franja sur de Alaska. Miquel Silvestre, con el cansancio a cuestas tras 11 meses de viaje, sonreía porque sabía que había cumplido otra etapa de su sueño: dar la vuelta al mundo detrás de aquellos exploradores españoles que han quedado perdidos en la historia.

Durante 18 meses de 2011 y 2012 viajó por Europa, África, Asia y Norteamérica en solitario, viaje que le han dado abundante material para realizar documentales y que, una década después, se publican en La vuelta al mundo en moto. Ruta exploradores olvidados (Silver Rider Prodaktions).

Un viaje desde las páginas

Gracias a su obsesión por apuntar hasta el último detalle el lector sube a un asiento imaginario de la BMW (bautizada como ‘Atrevida’) y siente la agobiante temperatura (ambiental y política) de Egipto, aflora los nervios por quedarse sin gasolina en plena Etiopía, pone a prueba su temple en el endiablado tránsito del sur de la India, prueba la comida callejera de Bangkok, respira el aire gélido de Katmandú, soporta los chaparrones en Sumatra y busca soluciones ante las trabas burocráticas de las autoridades aduaneras en EEUU y Canadá.

Hace 9 años y un día, el 4 de julio de 2012, un motorista solitario a bordo de una BMW R1200 G llegó al pueblo de Valdez, una desangelada y aburrida comunidad en la franja sur de Alaska. Miquel Silvestre, con el cansancio a cuestas tras 11 meses de viaje, sonreía porque sabía que había cumplido otra etapa de su sueño: dar la vuelta al mundo detrás de aquellos exploradores españoles que han quedado perdidos en la historia.
Posando con un beduino. Foto Miquel Silvestre

Como un faro lejano emergen las historias de varios exploradores y misioneros españoles que se han lanzado a los confines del mundo con afán de conquista, descubrimiento científico o evangelización.

Los exploradores que el tiempo dejó atrás

Así Silvestre y su Atrevida siguen los pasos de Pedro Páez, el jesuita que descubrió las fuentes del Nilo Azulen el corazón de Etiopía, del misionero San Francisco Javier que descansa en Goa (India) y las aventuras y tragedias de Fernando de Magallanes, Ruy González de Villalobos, Andrés de Urdaneta y Miguel López de Legazpi en Filipinas y otros países del Sudeste Asiático.

En la costa oeste de Canadá llegó a la isla de Vancouver como hicieron Francisco de la Bodega y Quadra, Juan de Fuca y Dionisio Alcalá Galiano en diferentes siglos, y puso un pie en Valdez, esa anónima ciudad de Alaska fundada por Salvador Fidalgo en 1790.

Hace 9 años y un día, el 4 de julio de 2012, un motorista solitario a bordo de una BMW R1200 G llegó al pueblo de Valdez, una desangelada y aburrida comunidad en la franja sur de Alaska. Miquel Silvestre, con el cansancio a cuestas tras 11 meses de viaje, sonreía porque sabía que había cumplido otra etapa de su sueño: dar la vuelta al mundo detrás de aquellos exploradores españoles que han quedado perdidos en la historia.
El desafío de transitar toda clase de caminos. Foto Miquel Silvestre

Otra forma de conocer la historia

Descubrir estas exploraciones poco conocidas mientras se transitan cientos, miles de kilómetros “es un formato narrativo muy adecuado para contar la historia. Vivir una aventura actual para contar una aventura del pasado permite vivirla y recrearla más fácilmente que un libro de texto o en un trabajo académico”, dice Silvestre.

Su intención, aclara, no es reemplazar los estudios de expertos, sino contar sus peripecias en primera persona, donde además de la descripción de paisajes, culturas, formas de vida y vivencias (desde dolorosas hasta divertidas) se añaden datos históricos y una perspectiva informativa de la década que media entre los sucesos y la publicación del libro.

Hace 9 años y un día, el 4 de julio de 2012, un motorista solitario a bordo de una BMW R1200 G llegó al pueblo de Valdez, una desangelada y aburrida comunidad en la franja sur de Alaska. Miquel Silvestre, con el cansancio a cuestas tras 11 meses de viaje, sonreía porque sabía que había cumplido otra etapa de su sueño: dar la vuelta al mundo detrás de aquellos exploradores españoles que han quedado perdidos en la historia.
Cruzando el trópico de Cáncer en India. Foto Miquel Silvestre

Intensa producción audiovisual y editorial

La filmación amateur de esos 18 meses de viaje le han servido a Silvestre para entrar de lleno en el mundo de la producción audiovisual, con las 11 temporadas de Diario de un nómada (por La2) y la realización de programas y documentales para Canal Viajar, Amazon Prime Video y Garage TV.

Silvestre ha volcado sus experiencias y viajes en diversos documentales y programas de TV y en una docena de libros

Y sin olvidar su intensa producción editorial: lleva publicado una docena de libros, como Operación Ararat, Un millón de piedras (crónicas de viajes por Sudamérica), Manual de aventura Overland, Europa Nómada o La emoción del nómada.

Hace 9 años y un día, el 4 de julio de 2012, un motorista solitario a bordo de una BMW R1200 G llegó al pueblo de Valdez, una desangelada y aburrida comunidad en la franja sur de Alaska. Miquel Silvestre, con el cansancio a cuestas tras 11 meses de viaje, sonreía porque sabía que había cumplido otra etapa de su sueño: dar la vuelta al mundo detrás de aquellos exploradores españoles que han quedado perdidos en la historia.
Entrando a Alaska. Foto Miquel Silvestre

La vida es un viaje

“Para mi la vida es un viaje” dice este apasionado por las geografías, y si la pandemia frenó su proyecto de seguir la ruta de Alejandro Magno por Europa y Asia hasta el Hindukush de Pakistán, le buscó la vuelta para tomar los mandos de su Atrevida y descubrir Portugal, “un país maravilloso que de otro modo habría pasado por alto”.

A pesar de la potencia de su rodado, Silvestre es amante de viajar despacio, de “mantener atenta la mirada para detectar lo extraordinario de la vida, incluso en los paisajes más cotidianos”.

Y si de paso se aprende historia, mejor todavía.

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