Un hotel-biblioteca para desconectar del mundo (o quedarse a vivir)

En los bosques de Tonglu, en la provincia china de Zhejiang, esta biblioteca-librería con habitaciones es todo menos un hotel convencional

Técnicamente es un hotel cápsula y sin embargo poco -o más bien nada- tiene que ver con los establecimientos originarios de Japón con estrechos y claustrofóbicos cubículos a modo de habitaciones. En primer lugar, no está en una megalópolis donde cada metro cuadrado vale oro, sino en la localidad de Qinglongwu, ubicada en los bosques de Tonglu, en la provincia de Zhejiang al este de China.

Tampoco tiene la apariencia de una colmena ultramoderna -y también un poco morgue- que suelen presentar estos establecimientos. Además, es bastante más que un hotel, concretamente una biblioteca con librería que cuenta con 30.000 volúmenes. Las pequeñas habitaciones, 20 en total, se ocultan entre los estantes de bambú que, de suelo a techo, pueblan esta construcción tradicional dotada de nueva vida por el estudio de arquitectura con sede en Shanghái Atelier Tao + C.

Técnicamente es un hotel cápsula y sin embargo poco -o más bien nada- tiene que ver con los establecimientos originarios de Japón con estrechos y claustrofóbicos cubículos a modo de habitaciones. En primer lugar, no está en una megalópolis donde cada metro cuadrado vale oro, sino en la localidad de Qinglongwu, ubicada en los bosques de Tonglu, en la provincia de Zhejiang al este de China.
El edificio se integra totalmente con el paisaje, del que parece formar parte. Foto: Su Sheng Liang | Atelier Tao + C.

La biblioteca-librería-hotel

Con vistas a las montañas, la antigua construcción con cubierta a dos aguas, estructura de madera y paredes de barro -en algún momento habitado por el jefe de la aldea- fue rehabilitado respetando pavimentos y paredes originales. El nuevo espacio ha logrado combinar la privacidad de las estancias destinadas al descanso de los huéspedes con el ambiente abierto de una acogedora biblioteca poblada por enormes estanterías de bambú de suelo a techo.

En torno a la planta principal diáfana, de de 232 metros cuadrados y 7,2 metros de altura, desde la que se accede a un jardín interior, una cafetería y diversas áreas de lectura, se han suspendido dos estructuras que parecen flotar, reservadas a los alojamientos y que quedan ocultas tras los libros. Escaleras metálicas de aspecto ligero dibujan rutas en zigzag para acceder a los cuartos que recuerdan a los senderos de las montañas y parecen entrelazadas con diferentes capas de conexiones visuales ofreciendo además sorprendentes perspectivas de las estanterías y el espacio en general.

Técnicamente es un hotel cápsula y sin embargo poco -o más bien nada- tiene que ver con los establecimientos originarios de Japón con estrechos y claustrofóbicos cubículos a modo de habitaciones. En primer lugar, no está en una megalópolis donde cada metro cuadrado vale oro, sino en la localidad de Qinglongwu, ubicada en los bosques de Tonglu, en la provincia de Zhejiang al este de China.
Las habitaciones se ocultan entre estanterías y escaleras. Foto: Su Sheng Liang | Atelier Tao + C.

Entre estantes, escaleras que giran y pilas de libros se descubren pequeños recodos y escondrijos perfectos para sentarse a leer y observar.

El edifico se remata en una de sus fachadas con paredes y techos acristalados y enmarcados en madera lo que, unido a la gran altura del espacio, genera un ambiente luminoso y aireado, que además genera continuidad en sus materiales (madera, tierra apisonada) con el paisaje exterior hasta el punto que casi parece estar al aire libre.

Cuando cae la tarde, todo el edificio se ilumina con la luz interior, convirtiéndose en una suerte de faro al pie de las montañas. La fragancia del bambú unida a la que emana de los libros es aroma que se respira en este auténtico santuario de literatura y paz.

Técnicamente es un hotel cápsula y sin embargo poco -o más bien nada- tiene que ver con los establecimientos originarios de Japón con estrechos y claustrofóbicos cubículos a modo de habitaciones. En primer lugar, no está en una megalópolis donde cada metro cuadrado vale oro, sino en la localidad de Qinglongwu, ubicada en los bosques de Tonglu, en la provincia de Zhejiang al este de China.
Alrededor de 30.000 libros ocupan sus estanterías de bambú. Foto: Su Sheng Liang | Atelier Tao + C.

Las habitaciones

Las dos estructuras que comprenden las habitaciones cuentan con 10 estancias cada una y se separan para huéspedes masculinos y femeninos. Con paredes de bambú, tienen apenas 1,35 m de alto, lo que solo permite permanecer sentado o acostado y cuenta con ventanas que ofrecen vistas hacia la biblioteca, generando un cierto voyerismo. Cada una cuenta con su propia iluminación, estantes y ganchos, si bien el equipaje y los objetos más grandes deben dejarse en compartimentos instalados en el exterior.

También fuera están los baños comunes (para hombres y para mujeres por separado).

Técnicamente es un hotel cápsula y sin embargo poco -o más bien nada- tiene que ver con los establecimientos originarios de Japón con estrechos y claustrofóbicos cubículos a modo de habitaciones. En primer lugar, no está en una megalópolis donde cada metro cuadrado vale oro, sino en la localidad de Qinglongwu, ubicada en los bosques de Tonglu, en la provincia de Zhejiang al este de China.
Ocultas entre las estanterías y alojadas en dos estructuras flotantes se encuentran las habitaciones. Foto: Su Sheng Liang | Atelier Tao + C.

Con una idea de ‘edificio dentro del edificio’ se buscaba desdibujar los límites de los espacios crear un equilibrio entre la privacidad del alojamiento y la apertura del espacio público de la biblioteca. ¿El resultado? El alojamiento soñado por cualquier ‘ratón de biblioteca’.

a.
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