The Yeatman, el hotel que cambió las reglas del juego en Oporto

Hace 10 años, The Yeatman fue el primer establecimiento en captar la tradición vinícola de Oporto y plasmarla en un hotel de lujo cuya experiencia, desde la gastronomía al spa, gira en torno al vino

Desde el otro lado del Duero, el perfil de Oporto se despliega como un tapiz. El hotel The Yeatman es uno de los balcones más privilegiados para contemplarlo, con vistas que van desde el imponente puente de Don Luis I a la torre de la Iglesia de los Clérigos, la Casa da Música que firmó el arquitecto Rem Koolhaas o el león que corona el Monumento de la Guerra Peninsular, y que se pierden en las callejuelas que conducen al casco antiguo.

Piscina infinita y vistas desde The Yeatman. Foto: ©The Yeatman.

Desde el otro lado del Duero, el perfil de Oporto se despliega como un tapiz. El hotel The Yeatman es uno de los balcones más privilegiados para contemplarlo, con vistas que van desde el imponente puente de Don Luis I a la torre de la Iglesia de los Clérigos, la Casa da Música que firmó el arquitecto Rem Koolhaas o el león que corona el Monumento de la Guerra Peninsular, y que se pierden en las callejuelas que conducen al casco antiguo.

A apenas unos metros de sus habitaciones, que descienden por la ladera imitando la forma en que se cultivan las viñas en el vecino Valle del Douro, descansan varios rabelos, viejos barcos utilizados para llevar las barricas de vino de oporto desde los viñedos hasta las bodegas de Vila Nova de Gaia, desde donde se exportaban al mundo.

Hoy esas bodegas ya no almacenan el vino, mientras que los barcos, que aún lucen nombres de centenarias bodegas como Taylor’s o Sandeman, se emplean para hacer cruceros turísticos. El vino de oporto, sin embargo, sigue muy vivo en Vila Nova de Gaia. Y The Yeatman es, posiblemente, uno de los responsables.

Desde el otro lado del Duero, el perfil de Oporto se despliega como un tapiz. El hotel The Yeatman es uno de los balcones más privilegiados para contemplarlo, con vistas que van desde el imponente puente de Don Luis I a la torre de la Iglesia de los Clérigos, la Casa da Música que firmó el arquitecto Rem Koolhaas o el león que corona el Monumento de la Guerra Peninsular, y que se pierden en las callejuelas que conducen al casco antiguo.
El hotel desciende por la ladera de Vilanova de Gaia. Foto: The Yeatman.

Una década de The Yeatman

“Claro que en el Oporto había hoteles antes de The Yeatman, pero no había ninguno especialmente orientado al vino. The Yeatman es el primer hotel vinícola de lujo en Oporto”. Quien lo cuenta es Claire Aukett, responsable de Marketing, mientras nos conduce por el eestablecimiento, miembro del selecto sello Relais & Châteaux y galardonado con dos estrellas Michelin.

Cada elemento en The Yeatman se confabula para abrir una intrigante ventana al fascinante universo de los vinos portugueses

The Yeatman es un hotel especial, donde el vino, especialmente el oporto, tiene una delicada pero absoluta presencia. Y no solo en su piscina exterior frente al Duero, con forma de decantador, o sus 109 habitaciones, cada una personalizada con cuadros y objetos que representan la cultura de un productor de vino particular.

Desde el otro lado del Duero, el perfil de Oporto se despliega como un tapiz. El hotel The Yeatman es uno de los balcones más privilegiados para contemplarlo, con vistas que van desde el imponente puente de Don Luis I a la torre de la Iglesia de los Clérigos, la Casa da Música que firmó el arquitecto Rem Koolhaas o el león que corona el Monumento de la Guerra Peninsular, y que se pierden en las callejuelas que conducen al casco antiguo.
El hotel cuenta con un spa del prestigioso sello Caudalie. Foto: ©The Yeatman.

Su gastronomía, su Spa Vinothérapie® Caudalie -por cierto, ganador del Luxury City Hotel Spa en los World Luxury Spa Awards 2020-, su premiada bodega, con más de 1300 referencias, y los objetos y antigüedades que hacen único cada rincón del establecimiento se confabulan para abrir una intrigante ventana al fascinante universo de los vinos portugueses.

Pero, además, es un hotel con una historia que contar. Parecen pocos 10 años para condensar una tradición que se remonta a varios siglos atrás y que vincula a Portugal y Reino Unido a través de la figura de un empresario tan visionario como Adrian Bridge.

Hiperactivo, además de conducir el destino de las bodegas Taylor’s, Fonseca y Croft, y ser el creador del nuevo distrito cultural de Oporto, WOW, un conjunto de museos, galerías de arte, restaurantes y tiendas que recupera el patrimonio arquitectónico industrial de las viejas bodegas de oporto, Bridge fue también el impulsor de este hotel, que abrió sus puertas en 2010.

Desde el otro lado del Duero, el perfil de Oporto se despliega como un tapiz. El hotel The Yeatman es uno de los balcones más privilegiados para contemplarlo, con vistas que van desde el imponente puente de Don Luis I a la torre de la Iglesia de los Clérigos, la Casa da Música que firmó el arquitecto Rem Koolhaas o el león que corona el Monumento de la Guerra Peninsular, y que se pierden en las callejuelas que conducen al casco antiguo.
Foto: ©The Yeatman.

Familia Yeatman

La historia de la familia que da nombre al hotel puede rastrearse en la biblioteca del hotel, que luce orgullosa en sus paredes árboles genealógicos, fotografías y antiguos retratos.

Sus raíces de su vínculo con Oporto hay que buscarlas en 1838, cuando Morgan Yeatman, un comerciante de vinos de Dorchester (Inglaterra), se unió a Joseph Taylor en una compañía especializada en vinos fortificados en la ciudad portuguesa.

El nombre del hotel homenajea la fuerte conexión existente entre la historia de la familia Yeatman y la ciudad de Oporto

Nada extraño, por otra parte, dado que gran parte de las antiguas empresas de vino de Oporto fueron fundadas por familias británicas. Diferentes generaciones de la familia, emparentadas a través de matrimonios incluso con reyes británicos, continuaron una tradición que ha llegado hasta nuestros días, con el último de los Yeatman, Dick, dirigiendo las bodegas hasta 1966.

Desde el otro lado del Duero, el perfil de Oporto se despliega como un tapiz. El hotel The Yeatman es uno de los balcones más privilegiados para contemplarlo, con vistas que van desde el imponente puente de Don Luis I a la torre de la Iglesia de los Clérigos, la Casa da Música que firmó el arquitecto Rem Koolhaas o el león que corona el Monumento de la Guerra Peninsular, y que se pierden en las callejuelas que conducen al casco antiguo.
Todas las habitaciones miran al Duero y al casco histórico de Oporto. Foto: ©The Yeatman.

Tras su muerte, fue su sobrino Alistair Robertson quien se hizo cargo del negocio (Grupo Taylor Fonseca), junto a su mujer, Gillyane. También su hija mayor Natasha, trabajaría para el grupo, primero en Londres y, desde 1994, en Oporto, al regresar a Portugal, ahora con su marido Adrian Bridge, al frente de la compañía desde el año 2000, lleno de ideas y proyectos para llevar el negocio a nuevos retos.

Un hotel por y para el vino

Curioso, culto, inquieto, apasionado por la historia y las antigüedades y, sobre todo, enamorado de la cultura y los vinos portugueses, en 2006 comenzó a desarrollar un proyecto singular: un hotel de lujo que condensara los mundos de la viticultura y la hostelería y que ofreciera a Oporto una experiencia singular.

“El vino está en nuestra génesis y seguirá siendo lo que nos hace atemporales, que une el pasado al presente” explica Bridge.

Desde el otro lado del Duero, el perfil de Oporto se despliega como un tapiz. El hotel The Yeatman es uno de los balcones más privilegiados para contemplarlo, con vistas que van desde el imponente puente de Don Luis I a la torre de la Iglesia de los Clérigos, la Casa da Música que firmó el arquitecto Rem Koolhaas o el león que corona el Monumento de la Guerra Peninsular, y que se pierden en las callejuelas que conducen al casco antiguo.
Desayuno con vistas. Foto: ©The Yeatman.

Como nombre escogió The Yeatman, una forma de “homenajear la fuerte conexión existente entre la historia de la familia y esta ciudad”.

“Estamos orgullosos de poder aumentar el componente de vino a todos los aspectos del hotel: tenemos la más grande colección de vinos portugueses en nuestra bodega, habitaciones representadas por socios vinícolas, catas y master clases que nos brindan con el mejor de lo que se produce en Portugal, experiencias enogastronómicas y tratamientos de spa basados en la vinoterapia”.

El hotel organiza todo tipo de eventos relacionados con el vino que van de cenas enológicas a catas exclusivas con enólogos o productores y masterclass

Un hotel y 25.000 botellas

Este verdadero paraíso para los amantes del vino cuenta con la mayor y más variada bodega de vinos portugueses del mundo. Suman más de 25.000 botellas de alrededor de 1.300 referencias, entre ellos vinos de Oporto Vintage y una selección de vinos singulares que pocas veces se pueden encontrar en cartas de establecimientos hosteleros.

Desde el otro lado del Duero, el perfil de Oporto se despliega como un tapiz. El hotel The Yeatman es uno de los balcones más privilegiados para contemplarlo, con vistas que van desde el imponente puente de Don Luis I a la torre de la Iglesia de los Clérigos, la Casa da Música que firmó el arquitecto Rem Koolhaas o el león que corona el Monumento de la Guerra Peninsular, y que se pierden en las callejuelas que conducen al casco antiguo.
El hotel organiza todo tipo de eventos en torno al vino. Foto: ©The Yeatman.

The Yeatman ofrece también una colección de vinos procedentes de las diferentes regiones vinícolas del mundo, desde las denominaciones más clásicas a los vinos del Nuevo Mundo.

Además de probarse en su restaurante o adquirirse en la tienda del hotel, los vinos son protagonistas de numerosos eventos, como las cenas enológicas, organizadas con los productores más prestigiosos de Portugal, catas exclusivas con enólogos y masterclass.

También a través de uno de sus Wine Flights -como el que probamos-, un viaje personalizado e informal que tiene lugar en el Dick’s Bar del hotel y que permite disfrutar de vinos tintos, blancos, espumosos o vinos de Oporto así como adentrarse en la cultura enológica.

Desde el otro lado del Duero, el perfil de Oporto se despliega como un tapiz. El hotel The Yeatman es uno de los balcones más privilegiados para contemplarlo, con vistas que van desde el imponente puente de Don Luis I a la torre de la Iglesia de los Clérigos, la Casa da Música que firmó el arquitecto Rem Koolhaas o el león que corona el Monumento de la Guerra Peninsular, y que se pierden en las callejuelas que conducen al casco antiguo.
Wine Flight. Foto: ©The Yeatman.

Siempre mirando al Douro, por la mesa desfilan tres vinos de la tipología escogida mientras el personal ofrece información sobre la región de procedencia, las variedades de uva y el productor, guiándole en una exclusiva cata que se acompaña de una selección de tapas portuguesas (40 euros).

Gastronomía con Ricardo Costa

La oferta gastronómica de The Yeatman lleva el sello de Ricardo Costa y se despliega a través de los diferentes espacios gastronómicos del hotel: su restaurante gastronómico, premiado con dos estrellas Michelin, el más informal The Orangerie, y el Dick’s Bar & Bistro.

Desde el otro lado del Duero, el perfil de Oporto se despliega como un tapiz. El hotel The Yeatman es uno de los balcones más privilegiados para contemplarlo, con vistas que van desde el imponente puente de Don Luis I a la torre de la Iglesia de los Clérigos, la Casa da Música que firmó el arquitecto Rem Koolhaas o el león que corona el Monumento de la Guerra Peninsular, y que se pierden en las callejuelas que conducen al casco antiguo.
Restaurante gastronómico. Foto: ©The Yeatman.

El lounge de la piscina, con platos ligeros y una selección de vinos y cócteles para disfrutar con las impactantes vistas de Oporto, y las cenas privadas que pueden organizarse en la terraza con la que cuenta cada una de las habitaciones completan el abanico de opciones.

En la cocina de Costa, chef ejecutivo desde la inauguración del hotel, los sabores tradicionales portugueses son interpretados y presentados en un estilo contemporáneo.

Mediante el menú degustación (180 euros), se puede disfrutar de la armonización entre el vino y las especialidades de la carta, casi como si se participara en un recorrido por las las diversas regiones vinícolas de Portugal.

Desde el otro lado del Duero, el perfil de Oporto se despliega como un tapiz. El hotel The Yeatman es uno de los balcones más privilegiados para contemplarlo, con vistas que van desde el imponente puente de Don Luis I a la torre de la Iglesia de los Clérigos, la Casa da Música que firmó el arquitecto Rem Koolhaas o el león que corona el Monumento de la Guerra Peninsular, y que se pierden en las callejuelas que conducen al casco antiguo.
Ricardo Costa es el chef ejecutivo del hotel. Foto: ©The Yeatman.

Una barrica en la suite

En sus primeros diez años de vida, el hotel ya ha experimentado una ampliación: fue en 2018 cuando se añadieron 26 nuevas habitaciones –todas con terraza privada, al igual que las originales. Las rodean 1,4 hectáreas de cuidados jardines.

Tras una ampliación el hotel pasó de 82 a 109 habitaciones y suites, rodeadas por 1,4 hectáreas de jardines

Entre ellas destaca la suite presidencial, con 170m2 y piscina privada en una terraza de 115 m2 donde relajarse entre vistas al centro histórico de Oporto. Una bañera de cobre y una cama king size enmarcada en una gigantesca barrica son otros de sus detalles.

Desde el otro lado del Duero, el perfil de Oporto se despliega como un tapiz. El hotel The Yeatman es uno de los balcones más privilegiados para contemplarlo, con vistas que van desde el imponente puente de Don Luis I a la torre de la Iglesia de los Clérigos, la Casa da Música que firmó el arquitecto Rem Koolhaas o el león que corona el Monumento de la Guerra Peninsular, y que se pierden en las callejuelas que conducen al casco antiguo.
Suite presidencial The Yeatman.

Sin embargo, quizás la perla del hotel es la Suite de Baco, con 150 m2 y techo de madera que se extiende a la terraza interior y continúa con otra exterior. Cuenta también con una bañera de cobre y vistas panorámicas de la ciudad a través de sus ventanales de 6 metros de altura, así como una cama giratoria que permite dormir mirando a la chimenea y despertarse contemplando las vistas solo con un toque al mando a distancia.

Sin embargo, no es necesario alojarse en el hotel para disfrutar de una experiencia en The Yeatman. De hecho, como apunta Claire Aukett, «estar abierto a los ciudadanos de Oporto ha sido siempre una prioridad». Después de diez años, el objetivo se ha cumplido.

Desde el otro lado del Duero, el perfil de Oporto se despliega como un tapiz. El hotel The Yeatman es uno de los balcones más privilegiados para contemplarlo, con vistas que van desde el imponente puente de Don Luis I a la torre de la Iglesia de los Clérigos, la Casa da Música que firmó el arquitecto Rem Koolhaas o el león que corona el Monumento de la Guerra Peninsular, y que se pierden en las callejuelas que conducen al casco antiguo.
Una Wine Party al atardecer. Foto: ©The Yeatman.

Tras el parón impuesto por la pandemia, por ejemplo, fueron los primeros en regresar, participando en las cenas maridadas, catas especiales y eventos que se programan regularmente y disfrutando de un establecimiento tan sofisticado como acogedor. Y, siempre, con las vistas más espectaculares de Oporto.

a.
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