Six Senses Douro Valley: así en el hotel como en la tierra

Entre viñedos centenarios, el complejo emblema de la sostenibilidad y del lujo confirma que los nuevos paraísos no están en el cielo

Nos resistimos a arrancar, una vez más, un reportaje desde esa melancolía repetitiva y doliente del verano que nos ha tocado vivir. El Valle del Douro no lo merece. Ni tampoco el refugio (mega)sensorial que nos espera al final del traqueteo del taxi. Aunque, pensándolo bien, lo vamos a hacer, por qué no, pero esta vez con una proclama algo más alentadora. Repitan con nosotros: si llegara un segundo confinamiento, haremos todo lo posible para que nos toque vivirlo entre las suaves manos, modales y mantas este rincón privilegiado del Valle del Douro.

La elevada temperatura exterior, en un sinuoso camino sin asfaltar del corazón del Alto Duero, no nos impide bajar las ventanillas, asomar la nariz hoy enmascarada y respirar el aire libre que tanto nos ha faltado en 2020.

En un abrir y cerrar de Instagram, el paisaje urbano que nos ha acompañado durante una hora desde Oporto ha mutado en una inmensa marea de verdes y ocres que se cuela por las seis lunas del coche.

El paraíso era esto. Foto: Six Senses Douro Valley.

Paraíso entre viñedos

El Valle del Douro no invita a la lógica, para nada. A punto de descender por un vertiginoso sendero de piedras, el conductor parece leer nuestras divagaciones y se atreve con una sentencia a modo de prólogo: “Todos estos viñedos comparten una cualidad: la vendimia sigue siendo, siglos después, artesanal. Las escarpadas colinas del valle impiden la recolección industrial. Y por esa incómoda circunstancia, entre otras, la región es hoy Patrimonio de la Humanidad”.

Ataviada con un vestido que parece ir conjuntado, paradójicamente, con los viñedos y con sus ojos, Joana Van Zeller nos recibe con una amplia sonrisa que intuimos tras el nuevo complemento facial. La directora de comunicación del Six Senses Douro Valley no disimula su extrañeza a la hora de las presentaciones, ahora amortiguadas con las mascarillas.

Así las cosas, el luminoso lobby del hotel de cinco estrellas de la freguesia de Samodães sigue levantando sentidas ovaciones por parte de los recién llegados a la que fue primera sede europea de la exclusiva cadena hotelera. Joana se abanica con garbo: “Este calor no le va nada bien a esta nueva moda (señalándose la cara)”. Su sentido del humor, nada impostado y contagioso, invita a seguir sus pasos hasta las diez suites y exclusivas habitaciones abiertas a principios de año y que, tras el tsunami pandémico, hoy renacen del cierre con reservas y hasta listas de espera.

El hotel reabre tras el confinamiento con nuevas suites y propuestas: Foto: Six Senses Douro Valley.

Niveles para descubrir (y disfrutar)

Tal y como pronosticaba el camino de entrada, la llegada a este refugio hotelero se traduce en un juego de (des)niveles a la manera de las obras de M.C. Escher. Todo indica que lo que sucede por debajo de la recepción ––en el restaurante, el spa, la piscina, las terrazas, las suites…–, merece ser descubierto.

Sucede con los viñedos, por descontado, y sucede con sus huéspedes que, a medida que descienden pisos, ascienden al paraíso. Una vez abajo, desde la terraza del restaurante, descubrimos un nivel inferior, el último escalón a la plenitud, accesible a través de una escalinata.

Hotel desde 1995, el complejo perteneció a una de las grandes familias bodegueras de Oporto

Encajonada entre las laderas, una suerte de obra de arte rectangular y refrescante rompe con la monotonía de la gama de verdes del Valle de Abraão. Desde primera hora de la mañana, la piscina del Six Senses se convierte en anfiteatro del complejo hotelero, en el lugar de paso antes y después de una sesión en el spa –mención especial a un equipo de terapeutas que hacen desaparecer, en un pispás, dolores, malas caras y preocupaciones–, de un picnic en el bosque o de un homenaje gastronómico.

El magnetismo del Douro

“Son muchos los que vienen a descubrir las bondades de los vinos del Douro. En nuestro hotel se congregan viajeros procedentes de Estados Unidos, de Brasil y de Gran Bretaña, grandes amantes del Oporto y de los tratamientos de nuestro spa –rituales de salud y belleza que pueden cambiar tu vida–”.

Piscina interior con vistas. Foto Six Senses Douro Valley.

Desde su apertura en 1995, Six Senses pone de manifiesto su responsabilidad ecológica con el entorno de los hoteles, la impecable cercanía de su servicio y un compromiso definitivo con el bienestar.

La inmensa mansión convertida en hotel perteneció a una de las grandes familias de la aristocracia portuense que establecieron sus bodegas y fijaron su residencia en el Valle del Douro. El último habitante de este linaje que residió en la casa señorial, hasta los años noventa, fue miembro del consejo regulador del Oporto.

Tras el abandono de la propiedad y un malogrado incendio, el complejo se puso en manos del portugués Luís Rebelo de Andrade cuya puesta a punto rezuma clase y respeto por el patrimonio arquitectónico original y, tiempo después, el delicado toque contemporáneo de Clodah Design, en sus interiores, hizo el resto.

El confinamiento más lujoso

Durante el confinamiento del país vecino, algunos de los miembros del equipo tuvieron que vivir en el desangelado edificio junto a sus compañeros. Desde la terraza con vistas al valle, Joana reflexiona: “Vivir aquí durante meses es bonito durante un tiempo. Luego echas en falta la vida, las actividades, y las dinámicas de un lugar que nunca duerme”.

A nivel gastronómico, el leridano Marc Lorés lleva la batuta de las cartas en los tres espacios culinarios del hotel: cocina abierta, terraza y comedor interior

“Si viniera por primera vez”, se anima de nuevo, “trataría de quedarme al menos cuatro días. Una de las actividades más interesantes por su vínculo cultural a nuestra tradición es la de pintar azulejos, pero también se practicar stand up paddle en el río, y os diría que probéis uno de nuestros talleres donde aprendes a hacer encurtidos, a plantar hierbas medicinales o a elaborar pociones de belleza con ingredientes naturales en el ‘aromático’ Alchemy Bar”.

En lo que se refiere al bienestar gastronómico, el leridano Marc Lorés lleva la batuta. Procedente de Hong Kong y de Bali como chef ejecutivo de otros hoteles de lujo, Lorés es el artista creador del programa culinario de Vale da Abraao con tres cartas: cocina abierta, terraza y comedor interior.

Open Kitchen lista para el desayuno. Foto Six Senses Douro Valley.

Además de su espectáculo en vivo en la cocina abierta del restaurante, el chef se deja caer a primera hora del día por el salón del desayuno –el buffet es, en la era de la pandemia, una generosa propuesta a la carta que cambia cada día–. “Salgo a correr a primera hora y, antes de ponerme el mandil, me hago un buen desayuno orgánico. Aunque pueda parecer extraño, soy vegetariano –muchas de las verduras proceden del huerto contiguo a la piscina–. Eso no me impide seleccionar la mejor carne, como la rubia gallega, o el pescado fresco de Oporto. Y, además, incorporar platos veganos que están teniendo una gran acogida”.

Horas más tarde, cuando el sol deja a su suerte a los viñedos, Marc despliega sus habilidades en las artes escénicas de la cocina con un ‘Un paseo por el Duero’, un show de cinco platos y dos postres, maridado con una variada selección de referencias locales y nacionales.  

Territorio de bodegas

Si hay algo que no podemos olvidar es que estamos en territorio bodeguero. Y como suele suceder con el catálogo cinematográfico de Filmin, la mejor elección entre un sinfín de (buenas) opciones es una (mejor) recomendación: “Me cuesta elegir, si te soy sincera… ojalá todos los problemas fueran así” (sonríe Joana).  “Pero allá voy: Quinta do Crasto, entre Régua y Pinhão, por su extraordinaria piscina diseñada por Eduardo Souto de Moura, la excelencia de sus variedades y por ser una de las pocas experiencias vinícolas que culminan con un almuerzo de primera categoría”.

Y continúa: “Las otras dos se encuentran también próximas al hotel: la vanguardista bodega de Quinta de Nápoles, lugar de culto para expertos de todo el planeta y de donde salen los excelentes y versátiles vinos Niepoort y Quinta do Bomfim, en la vecina Pinhao, posiblemente la bodega con más encanto de la familia Symington, productores de oportos premium y  prodigiosos vinos del Douro”.

Foto: Quinta do Bomfim.

Ubicado en la misma parcela de Quinta do Bomfim, acaba de abrir el restaurante efímero Casa dos Ecos, capitaneado por el Pedro Lemos, cuyo restaurante de alta cocina, en el elegante barrio de Foz (Oporto), ostenta una estrella Michelin.

Una ruta de azulejos

Ahora bien. Lejos de ser aguafiestas, no todo en el Valle del Douro consiste en beber vino. O al menos no todo el día. Joana ríe con ganas y añade: “A mí me encanta este itinerario de cuatro paradas: Lamego, Vila Real y los monasterios cistercienses de Santa Maria de Salzedas y São João de Tarouca, el primero de la Orden del Cister fundado en Portugal en el siglo XII”.

Para empezar fuerte, Lamego es la localidad portuguesa que más monumentos suma por kilómetro cuadrado. Como villa de referencia en las rutas enológicas del Alto Duero y como centro religioso portugués en el siglo XVIII, acumula quimeras arquitectónicas que, además de nutrir el conocimiento y las stories, alivian por unas horas el tórrido verano que nos acompaña estos días.

De su pasado barroco brillan los azulejos blancos y azules de la iglesia Nossa Senhora dos Remédios, a la que llegamos sin aliento tras ascender la escalinata que roza los 700 peldaños. En el centro urbano, la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción recuerda la influencia gótica en la arquitectura religiosa de la que fuera centro del obispado de la época.

La bellísima Nossa Senhora dos Remédios, en Lamego. Foto: Wikimedia.

Siguiendo las pautas de Joana, el camino avanza, serpenteando el valle, dirección norte, hasta Vila Real. Y si Lamego te ha seducido con sus monumentos sacros, las construcciones urbanas de Vila Real han quedado como homenaje al urbanismo aristocrático, gracias a la influencia de la Casa de los Marqueses de Vila Real.

Además de sus múltiples guiños al arte eclesiástico, el municipio atesora la casa señorial, y emblema, del rosé portugués con más seguidores del mundo. La etiqueta de la voluptuosa botella de Casa Mateus, que lleva más de 75 años dando la vuelta al planeta, reproduce esta obra de arte de la arquitectura civil barroca.

Antes de volver a refugiarnos entre las ‘celestiales’ tierras del hotel, y a modo de cierre desde las alturas, Joana culmina: “El mirador de São Salvador do Mundo, a casi 500 metros sobre el embalse de Valeira, contiene una de las mejores vistas de un paisaje que, con mucha razón, se ha convertido en Patrimonio de la Humanidad. Esa imagen aérea de las laderas con pendientes imposibles salpicadas de huertos, viñedos y olivares me sigue dejando, todavía hoy, sin aliento. Ahora sí, ¿brindamos?”.

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