El hotel que desaparece bajo la tierra frente a un fiordo noruego

Al borde de un fiordo en la región central de Noruega unas ventanas asoman bajo el césped: es Øyna, un hotel semisubterráneo que presume de diseño exterior e interior

Si hay algún país coleccionista de alojamientos que combinan el diseño ultravanguardista y la arquitectura sostenible es, sin duda, Noruega. El país, donde es posible alojarse en una cabaña revestida en espejos que desaparece como por arte de magia en el bosque, en un hotel efímero construido en hielo y nieve o en una casa nido entre montañas y fiordos, estrena un hotel que se funde -literalmente- con el paisaje para ofrecer espectaculares vistas sobre el fiordo de Trondheim.  

Con todo lo bueno de un hotel boutique y de una acogedora cabaña -por supuesto, con diseño escandinavo-, las 18 habitaciones del hotel Øyna Cultural Escape se hunden en la tierra para que nada, ni siquiera el propio alojamiento, interrumpa la vista del paisaje y la entrada larga, estrecha y profunda al Mar de Noruega, que discurre entre altos acantilados formados por la inmersión de un valle glaciar.

Oyna Cultural Landscape Hotel. Foto: Håkon Sandmo Karlsen | Oyna Hotel.

De hecho, la simbiosis del edificio con el entorno es tal que es difícil decir a simple vista dónde comienza la construcción y dónde termina el paisaje natural.

Øyna Hotel

Ubicado en la región central de Noruega, el espectacular edificio, que firma el estudio noruego Green Advisers As, está en su mayor parte cubierto de hierba, como si un gran techo verde lo camuflase de miradas indiscretas. La construcción, semisubterránea y adaptada totalmente a la topografía, cumple así el principal requisito de la familia propietaria: que se conservara la vista sobre el paisaje cultural del fiordo de Trondheim, según los arquitectos.

El hotel luce el diseño escandinavo confortable y chic. Foto: Håkon Sandmo Karlsen | Oyna Hotel.

Con forma de herradura y rodeando la construcción original (un restaurante y lugar de eventos regentado por la familia Sakshaug), se insertaron una serie de módulos rectangulares a lo largo de la curva que definía la propia colina, creando así nuevos espacios y dando lugar no solo a habitaciones de hotel únicas, sino también enfatizando la conexión con el entorno natural, al que cada habitación se abre a través de una ventana de suelo a techo en la que no se interpone ningún elemento.

El hotel se mimetiza con el entorno hasta el punto de que es difícil saber dónde comienza el edificio y dónde termina el paisaje natural

Según los arquitectos, “Aunque la extensión de la instalación se adaptó cuidadosamente a la topografía, crea nuevos acentos paisajísticos a través de su lenguaje formal y encaja bien con el concepto general del propietario”,.

Para crear las habitaciones se insertaron diferentes módulos siguiendo la topografía de la colina. Foto: Øyna Hotel.

Un hotel semisubterráneo

La circulación en las áreas semisubterráneas o, lo que es lo mismo, la entrada a las habitaciones se realizad desde un túnel que sigue la curvatura natural de la montaña y al que se accede a través de un ascensor que lleva los huéspedes desde los espacios originales en la cima a las nuevas áreas en el subsuelo.

Cada uno de los módulos contiene dos habitaciones independientes diseñadas con la estética cálida y natural que ya es sello de la arquitectura escandinava. En total, 16 habitaciones y 2 suites donde predominan las maderas pulidas, los tonos neutros, los textiles gustosos y la iluminación delicada conformando confortables espacios que mantienen en todo momento la conexión con las hermosas vistas del exterior. Una terraza enmarca aún más el escenográfico paisaje que se funde con la ensenada del Mar de Noruega.  

Nada interrumpe las espectaculares vistas desde el hotel. Foto: Håkon Sandmo Karlsen | Øyna Hotel.

Un “sueño hecho realidad” según la familia que se materializó el pasado mes de junio, por lo que supone una nueva y más que apetecible opción para cuando volvamos a Noruega.

a.
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