El hotel que se funde con el desierto israelí

Tonos claros, materiales frescos, guiños a la artesanía local y vistas infinitas al desierto de Negev, en Israel, configuran este nuevo oasis de lujo con el sello Six Senses

Al sur del desierto de Negev, que cubre más de la mitad de Israel, en pleno valle de Arava, se localiza la pequeña comunidad de Shaharut. Apenas un centenar de hombres y mujeres que ocupan el que fuera territorio de los nabateos hace 2.000 años. Su nombre, que expresa el momento mágico justo antes del amanecer, es también el del nuevo Six Senses que acaba de abrir sus puertas en este espectacular paisaje desértico.

Fascinante, encantador, casi de proporciones bíblicas, el entorno de Six Senses Shaharut ofrece un panorama casi sobrenatural, con vistas a las crestas de las montañas Edom, donde el sol al ponerse se funde con las dunas naranjas dando paso a un cielo oscuro salpicado de estrellas brillantes.

Six Senses Shaharut

La paz del lugar y la tradicional hospitalidad de los nómadas del desierto se ha trasladado a un complejo que parece emerger de la tierra. Con solo 60 suites y villas en un espacio de 18 hectáreas, la arquitectura del resort se funde con la topografía del desierto sin interrumpir por un momento la belleza del lugar.

Todas las villas tienen piscina privada. Foto: Six Senses.

Obra del estudio Plesner Architects, el complejo reinterpreta en clave moderna las construcciones de los antiguos moradores y reproducen rocas y pigmentos locales. Interiores y exteriores se conectan a través de materiales como piedra caliza, madera y cobre, además de techos de paja, plantas y flores autóctonas.

Muchas de las puertas se hicieron a medida con madera de teca, recuperada de barcos, casas o puentes, muchas veces en piezas con más de 200 años.

Inspiración nómada

Muchos otros elementos del interiorismo provienen de artesanos locales mientras que la iluminación está especialmente diseñada para evitar la contaminación lumínica durante la noche, preservando así vistas inigualables del cielo estrellado.

El hotel está diseñado para integrarse en el desierto circundante. Foto: Six Senses.

Las habitaciones van desde las junior suites a las villas de uno y dos dormitorios, todas con piscinas privadas y vistas al desierto infinito.

En el interior, de estética minimalista, se repiten las paredes de yeso, las puertas corredizas de vidrio que enmarcan las vistas del desierto y los textiles en tonos suaves y cálidos, tan solo interrumpidos por toques de color que hacen referencia a las antiguas rutas comerciales que atravesaban la región conectando Asia con el mar Mediterráneo y que incluyen piezas de cerámica de la artista israelí Rachel Elimelech Urbach y textiles de Erez Nawi.

Con clara conciencia ecológica, el complejo solo cuenta con vehículos eléctricos y desarrolla una política para reducir el consumo de recursos, producir localmente y apoyar a la comunidad local.

En su arquitectura se apostó por formas y materiales locales. Foto: Six Senses.

Desconexión y bienestar

Six Senses Shaharut se completa con varias propuestas gastronómicas en sus bares, restaurante y una terraza abierta así como su spa, con hammam, sauna y diferentes salas de tratamiento, donde se ofrecen terapias tradicionales junto a los programas Six Senses Integrated Wellness que integra técnicas de la medicina oriental y tratamientos occidentales así como programas personalizados de nutrición, fitness y bienestar.

Piscina cubierta y al aire libre, gimnasio y un estudio de yoga con vistas al desierto son otras de las alternativas para cuidar cuerpo y mente.

Por supuesto, paseos a camello por el desierto. Foto: Six Senses..

Actividades en el desierto

Además de las atracciones del complejo, que incluyen un establo de camellos y un anfiteatro natural excavado en la roca donde se proyectan películas bajo las estrellas, se pueden contratar desde cenas beduinas a sesiones de observación de estrellas, paseos en camello por el desierto, visita a hitos arqueológicos, rutas en 4×4, ciclismo de montaña o rappel, así como talleres de artesanía, excursiones al Mar Rojo, a unos 60 minutos en coche, o a la ciudad de Petra, caminatas por las dunas o noches de acampada en el desierto.

Cómo llegar

Existen vuelos directos de Tel Aviv al nuevo aeropuerto internacional Ramon, en Eilat, de alrededor de 50 minutos. En coche la conexión con Tel Aviv o Jerusalén es de unas tres horas y media, o tres horas desde Petra, en la vecina Jordania.

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