Tres rutas para descubrir otra Tenerife

En el otoño de Tenerife todavía se puede disfrutar de la playa, pasear sin preocuparse por las temperaturas y descubrir pueblos en las laderas de los volcanes

A Tenerife hay que descubrirla con calma. Quizás pueda bastar una semana para conocer los secretos de esta isla canaria, aunque algunos lugareños aseguran que hace falta toda una vida.

Coronada por la imponente silueta del Teide, esta isla volcánica oscila entre la calma provinciana de sus pueblos y la sofisticada oferta de hoteles de lujo, tierra de tradiciones gastronómicas, populares y textiles que se suman a diversos circuitos de senderismo y un amplio abanico de deportes de aventura.

Siguiendo las sugerencias de la Dirección de Turismo de la isla, elegimos tres rutas por la cara norte y este de la isla, para disfrutar de un clima tan privilegiado como el espectáculo de su naturaleza.

El valle encantado

La leyenda dice que el científico alemán Alexander von Humboldt se despidió con lágrimas del Valle de La Orotava, uno de los puntos naturales más destacados del norte tinerfeño; zona de bosques frondosos y húmedos rodeados por grandes extensiones de tierras volcánicas.

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Centro histórico de La Orotava con el Teide de Fondo. Foto Turismo de Tenerife

El pueblo de La Orotava, con sus calles empinadas y estrechas, suele ser elegido entre los más bonitos de España. Su casco histórico tiene méritos para ser galardonado, con sus casas bajas, su estética colonial y sus iglesias como las de San Agustín y la Concepción.

En junio aquí se vive una revolución estética cuando las calles y plazas se tapizan con arenas de colores, para formar grandes alfombras de motivos religiosos para la fiesta de Corpus Cristi.

El pueblo de Orotava suele ser elegido como uno de los más bonitos de España

El aire tradicional se contrapone con el sofisticado despliegue del Puerto de la Cruz, que de ser un pueblo de pescadores pasó a ser la meca turística del norte de Tenerife.

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Playa del Jardín, en el Puerto de la Cruz. Foto Turismo de Tenerife

Allí están las famosas playas de arena de negra de la zona del Puerto, o también se puede poner rumbo a la Playa Jardín, una de las favoritas de los lugareños.

En este lugar Agatha Christie buscó la paz en medio de una tormenta emocional y creativa. Por lo visto disfrutó de las caminatas por el cercano palmeral de la Rambla de Castro, uno de los más extensos de la isla.

Arquitectura tradicional

Los constantes vientos de esas comarcas son ideales para practicar parapente y surf en arenales como la Playa del Socorro, mientras que conforme uno se aleja al extremo este se atraviesan pasajes de una rica historia como la zona de Realejo Alto y Bajo, zona de antiguas iglesias y de los primeros ingenios azucareros.

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El parque del Drago en Icod de los Vinos. Foto Turismo de Tenerife

La arquitectura popular de la isla se puede conocer en las casas de La Guancha, pero otras interesantes muestras se descubren en Icod de los Vinos, con sus viviendas de una planta con balcones y techos de madera.

En el centro de este pueblo se encuentra un milenario drago de 20 metros de diámetro, una maravilla natural que compite con la Cueva del Viento, un laberinto volcánica que se adentra por 17 kilómetros bajo tierra.

La isla baja

Otra ruta se inicia donde culmina la anterior. El punto de partida es el pueblo de Garachico, que llegó a ser el principal puerto de la isla hasta que la lava lo sepultó en el siglo XVIII.

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Garachico y el famoso peñón. Foto Turismo de Tenerife

Pero la naturaleza dio revancha, como las piscinas naturales que se crearon tras la erupción, en zonas de gran belleza que se contemplan desde acantilados y miradores como el de Lomo Molino.

A la altura de Los Silos uno puede respirar el aire más puro en toda la isla

No muy lejos se divisa al peñón de Roque de Garachico, el símbolo de los poblados de esta cara de la isla.

Al llegar al bonito pueblo de Los Silos se percibe la pureza del oxígeno, en una zona donde impera el bosque nuboso de laurisilva, y que es uno de los destinos preferidos por los senderistas.

Parque Rural de Teno. Foto Turismo de Tenerife
El faro del Parque Rural de Teno. Foto Turismo de Tenerife

El colorido pueblo de Buenavista del Norte anticipa con su nombre los paisajes que se despliegan en el Parque Rural de Teno y en la Punta del Teno, que permiten contemplar extensiones que parecen extraídas de la Luna.

En esta villa y en pueblos cercanos como Tanque hay que probar los dulces típicos llamados rosquetes y el queso tierno de cabra, en una receta que se traspasa de generación en generación.

Un rincón exótico es el que presenta Masca. Ubicado a 750 metros de altura al filo de un barranco, es elegido por senderistas que no tienen miedo al ascenso con tal de poder contemplar las vistas de los alrededores. O sino, se trata de llegar en coche tras una serpenteante carretera.

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Masca, un caserío en las alturas. Foto Turismo de Tenerife

Cuna de los vientos

A lo largo de la cara este se pueden encontrar antiguos pueblos de pescadores como El Médano transformados en importantes focos turísticos, con playas de arenas rubias y negras que son muy apreciadas por los que practican windsurf, kite surf y otros deportes impulsados por el viento.

De color más auténtico es Granadilla de Abona, sede de una particular fiesta en honor a San Antonio de Padua donde los carros lanzan carnes y patatas a los fieles.

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Paraje de la Montaña Amarilla. Foto Turismo de Tenerife

Los paisajes lunares caracterizan a esta zona que se extiende hasta el pueblo de Vilaflor. Ubicado a 1.500 metros sobre el nivel del mar, es uno de los más altos de España.

Ubicado a 1.500 metros sobre el nivel del mar, Vilaflor es uno de los pueblos más altos de España.

Esta localidad, cuna del tradicional encaje de roseta, presenta una tranquilidad particular, que también se encuentra en el cercano San Miguel de Abona, donde los caprichos de la naturaleza creó bellezas como la Montaña Amarilla, en una zona que al tocar el Atlántico se transforma en unas calas agrestes de gran belleza.

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Mirador del centinela en San Miguel – Arona. Foto Turismo de Tenerife

Si tras tanta naturaleza uno quiere regresar al turismo más convencional puede hacerlo en la exclusiva zona costera de Arona que con Costa Adeje, presentan una de las mayores concentraciones de hoteles de cuatro y cinco estrellas de Europa, a lo largo de un paseo costero que mide nada menos que ocho kilómetros.

Ya sea el de los pueblos y volcanes, el de deportes y senderismo, o el de hoteles y compras, uno puede elegir el Tenerife que más le guste.

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