St Ives: paisajes, arte, gastronomía y surf en la costa más salvaje de Inglaterra

En la península de Cornualles, una pequeña población recuerda su pasado pesquero y minero, mientras deja que el arte y el turismo fluyan por sus callejuelas empedradas

Uno de esos pueblos es St Ives.

St Ives. Foto: Adam Burton | VisitBritain.

En el suroeste de Inglaterra, un alargado brazo de tierra hunde sus poderosas raíces –que aquí toman la forma de dramáticos acantilados de roca caliza– en las frías y oscuras aguas del místico mar Celta, integrante del océano Atlántico.

Se trata de la península de Cornualles, un lugar que ofrece una accidentada costa salpicada de vírgenes playas, pedacitos de historia, vastos prados y encantadores y bucólicos pueblos, de esos que parecen dormitar durante todo el año y despiertan al sentir el beso de los príncipes turistas que anuncian la llegada de la época estival.

Uno de esos pueblos es St Ives.

Uno de esos pueblos es St Ives.
Fish Street, St Ives. Foto: Mandy Williams | VisitBritain.

St Ives: una historia reciente

Divisé por primera vez el puerto de St Ives una mañana de un sábado de octubre. A pesar de saber que nos estamos cargando el clima terrestre, no me pareció normal que, en pleno otoño inglés, el sol luciera poderoso y alto, y la temperatura sobrepasara los 20 grados. Quizás fuera de los pocos cogidos por sorpresa, pues por el puerto pululaban ya varios grupos de turistas locales que, animados por las buenas previsiones meteorológicas, habían llegado para pasar el fin de semana en el pueblo más visitado de Cornualles.

La marea baja dejaba una estampa compuesta por pequeñas y coloridas embarcaciones pesqueras que luchaban por mantener el precario equilibrio que evitaba hacerles caer de lado sobre la arena. Habría un par de decenas de ellas. Según me contó Tony, mi guía en St Ives, cuando él era joven su número nunca bajaba de la centena.

Tony era el vivo reflejo de la historia reciente de St Ives. Proveniente de una familia de pescadores y mineros – los dos motores económicos del pueblo hasta mediados del siglo XX -, él mismo había sido pescador, antes de ser profesor de literatura inglesa, arqueólogo y guía turístico.

Uno de esos pueblos es St Ives.
Puerto de St Ives. Foto: Adam Burton | VisitBritain.

Con esa mirada húmeda, típica de aquellos que recuerdan tiempos mejores, me contaba, en el viejo caserón de pescadores del puerto de St Ives, historias de tremendas jornadas de pesca en las que los faeneros venían cargados con millones de sardinas. En las paredes de la estancia colgaban fotos en blanco y negro de esa época dorada. Y es que St Ives cerró el siglo XIX siendo el cuarto puerto pesquero más importante de Inglaterra.

Foco de artistas

“Con el paso del tiempo, los mares comenzaron a ser menos generosos, y el estaño de las minas se volvió más complicado de extraer y menos valioso en el mercado. Los jóvenes comenzaron a marcharse para buscarse la vida en ciudades más grandes. Y el pueblo cayó en el olvido… Hasta que llegaron los artistas”. Eso me contaba Tony mientras salíamos del puerto y enfilábamos un estrecho callejón que llevaba al centro.

‘Los artistas’. Ese fue el término que dedicó al increíble elenco de talentosos pintores y escultores que se establecieron en St Ives, quizás subyugados e inspirados por su melancólica belleza, durante la parte central del siglo XX.

Uno de esos pueblos es St Ives.
St Ives tiene un importante pasado pesquero. Foto: Adam Burton | VisitBritain.

Entre los de mayor renombre destacan los pintores Alfred Wallis –nacido en Cornualles y que combinaba el arte con la pesca -, Christopher Wood – quien admiró el trabajo de Wallis en un viaje a St Ives y se vio influenciado por él – y Ben Nicholson, también escultor y marido, durante algo más de una década, de la más rutilante estrella del firmamento artístico de St Ives: la escultora Bárbara Hepworth.

Hepworth está considerada como una de las artistas británicas más talentosas, carismáticas e influyentes del siglo XX. Especialista en escultura abstracta, tuve la fortuna de admirar su trabajo en la casa-museo dedicada a su obra.

Apenas escuchaba las palabras de Tony al sumergirme en un espacio tan íntimo. Allí no había solo esculturas, sino que se podía percibir la esencia de la arrolladora personalidad de la artista, sobre todo en su antiguo estudio, donde, por orden expresa de Bárbara, todo permanecía exactamente igual que estaba el día de su muerte, en 1975, cuando cayó dormida y su propio cigarrillo causó un incendio mortal.

Uno de esos pueblos es St Ives.
Barbara Hepworth Museum and Sculpture Garden. Foto: VisitBritain.

La parte más bonita de la casa la encontré en su jardín, repleto de esculturas y con unas magníficas vistas al mar. “A ella le encantaba trabajar al aire libre, contemplando la bella estampa del pueblo y el mar”, me comentaba Tony.

Su propia Tate Gallery

La casa-museo de Bárbara Hepworth está gestionada por la Tate Gallery de St Ives. La presencia de esta afamada institución artística en el pueblo es una clara señal de la importancia de St Ives en el panorama cultural británico.

Visité la Tate Gallery de St Ives durante un par de horas, admirando un buen número de obras de diversos artistas británicos del siglo XX, incluyendo las del escultor Naum Gabo, quien también residió en el pueblo y formó un tándem de espectacular creatividad con sus amigos Hepworth y Nicholson.

Uno de esos pueblos es St Ives.
Vista del paseo Porthmeor y la Tate Gallery St Ives. Foto Adam Burton | VisitBritain.

Justo frente al edificio de nívea fachada que albergaba la galería de arte, una hilera de adultos y jóvenes, ataviados con trajes de neopreno, cargaban largas tablas de surf hacia la orilla de la bella playa urbana de Porthmeor.

Poco más de media hora más tarde, me encontré atendiendo las explicaciones de Giacomo, mi instructor de surf italiano que un buen día pasó por St Ives y, como me empezaba a parecer que le sucedía a todo el mundo, se enamoró del lugar. La St Ives Surf School recibe a centenares de alumnos cada año, de todos los niveles y edades, demostrando que esta salvaje costa de Cornualles puede ser domesticada cabalgando diestramente sus olas sobre una tabla.

Tras esta actividad, tocaba reponer fuerzas y Tony me acompañó por las calles empedradas del centro del pueblo. La tarde era agradable, y los pequeños comercios estaban llenos de vida. Boutiques de ropa a medida, tiendas de artesanías, los omnipresentes pubs ingleses y bonitas pastelerías, donde probé las famosas empanadas de Cornualles, con carne, verduras y bien especiadas con pimienta.

Uno de esos pueblos es St Ives.
Probar el surf es obligado en St Ives. Foto: Ben Selway | VisitBritain.

St Ives para comérsela

Y es que la gastronomía es también uno de los puntos fuertes de Cornualles y St Ives. En la versión de la Guía Michelín de 2021, aparecen 40 restaurantes de Cornualles. Elegí probar una magnífica selección de tapas de distintos pescados y mariscos en el Porthmeor Café Bar, galardonado con estrella Michelín y poseedor de unas increíbles vistas de la playa de Porthmeor.

Ya era noche cerrada cuando me encaminé a realizar mi última actividad del día: una lección de dibujo en vivo, a mano alzada, en la St Ives School of Painting. Michael, el profesor, no se amilanó cuando le comuniqué mi extrema torpeza para dibujar. Durante dos horas, estuvimos intentando plasmar, de la mejor manera posible, las bellas líneas y facciones que poseía la modelo que posó para nosotros.

En el proceso, Michael me narró la fascinante historia de una escuela que fue fundada en 1938, cuando dos excombatientes de la Primera Guerra Mundial cumplieron su promesa, hecha en el terror de las trincheras, de crear una escuela de pintura en St Ives si salían vivos de aquella. Desde entonces, siempre han apoyado y formado a jóvenes artistas británicos de la zona.

Con mi dibujo bajo el brazo, me despedí de Tony y subí al taxi que me llevaría a mi bungalow situado en Carbis Bay. Esa pequeña y solitaria cala, rodeada de vegetación y acantilados, fue el perfecto punto y final a un día en el que descubrí las razones por las que todo el mundo se queda atrapado en St Ives.

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