Más allá de Cervantes: siete escritores que encontraron su refugio cerca de Madrid

En diferentes pueblos y localidades de la Comunidad de Madrid se puede seguir los pasos de Francisco Umbral, Jacinto Benavente, Carmen Martín Gaite y José Luis Sampedro, entre otros escritores

La belleza de los paisajes y la calma de los pueblos de la Comunidad de Madrid han atraído a grandes figuras de la literatura española, que eligieron estos parajes como residencia permanente o lugar de descanso, en los que podían escribir sin distracciones o hacer vida social.

Casa de Ricardo León en Galapagar. Foto Sociedad Caminera Del Real

La belleza de los paisajes y la calma de los pueblos de la Comunidad de Madrid han atraído a grandes figuras de la literatura española, que eligieron estos parajes como residencia permanente o lugar de descanso, en los que podían escribir sin distracciones o hacer vida social.

Seguramente, y con todo el derecho del mundo, el más famoso es Miguel de Cervantes, cuya vida y obra se puede conocer en la casa-museo de Alcalá de Henares, su ciudad natal.

La belleza de los paisajes y la calma de los pueblos de la Comunidad de Madrid han atraído a grandes figuras de la literatura española, que eligieron estos parajes como residencia permanente o lugar de descanso, en los que podían escribir sin distracciones o hacer vida social.
Uno de los puntos del Mirador de los Poetas. Foto Vilanchelo | Flickr

Pero no fue el único. Vicente Aleixandre, Gerardo Diego, Leopoldo Panero, Jacinto Benavente, José Luis Sampedro, Gerardo Diego, Carmen Martín Gaite y Francisco Umbral fueron otros literatos atraídos por los encantos de la región.

El mirador de los Poetas

Un ejemplo típico es la Sierra de Guadarrama, tradicional refugio de escritores que están homenajeados en el Mirador de los Poetas, parte de una ruta de senderismo de cuatro horas con espacios dedicados a honrar a Vicente Aleixandre, Luis Rosales, Machado, García Nieto y Leopoldo María Panero, con poemas esculpidos en las rocas del paseo.

La lista de rutas, elaboradas por el área de turismo de la Comunidad de Madrid, es mucho un poco larga, pero por lo menos así podemos aproximarnos a esta unión entre literatura, turismo y naturaleza.

Pozuelo de Alarcón y Gerardo Diego

La tranquilidad de Pozuelo de Alarcón, con el verde de su parque forestal Adolfo Suárez o el pequeño oasis del santuario de Schoenstatt sedujeron a Gerardo Diego, quien compró una segunda residencia en esta localidad para pasar los veranos.

Impulsor de las vanguardias, sobre todo el creacionismo, primero adquirió una casa que no tenía ni agua corriente, y luego se trasladó a una más grande en la Urbanización Monteclaro.

La belleza de los paisajes y la calma de los pueblos de la Comunidad de Madrid han atraído a grandes figuras de la literatura española, que eligieron estos parajes como residencia permanente o lugar de descanso, en los que podían escribir sin distracciones o hacer vida social.
Parque de las Minas en Pozuelo de Alarcón. Foto Wikipedia

Muchos de los escritores no nacieron en estos pueblos, pero pidieron ser enterrados en ellos

El cementerio de Pozuelo de Alarcón guarda sus restos desde 1987, a pedido del escritor. A lado de un ciprés, una placa con un poema le recuerda.

Majadahonda y Francisco Umbral

Muy cerca está la localidad de Majadahonda, que décadas atrás había sido elegida por Francisco Umbral para estar en un sitio más tranquilo pero sin renunciar totalmente a su estilo de vida urbano.

La belleza de los paisajes y la calma de los pueblos de la Comunidad de Madrid han atraído a grandes figuras de la literatura española, que eligieron estos parajes como residencia permanente o lugar de descanso, en los que podían escribir sin distracciones o hacer vida social.
La biblioteca Francisco Umbral. Foto Wikipedia

Este escritor residió allí durante 30 años, y donde decidió quedarse hasta su muerte en 2007. En su honor la biblioteca municipal lleva su nombre, frente a la Plaza de Colón.

Galapagar y Jacinto Benavente

Este pueblo de la sierra cautivó a Jacinto Benavente y Ricardo León. Al primero, ganador del premio Nobel de Literatura en 1922, le gustaba escritor en su finca El Torreón con vistas a la mancha urbana de Madrid y la vecina localidad de Torrelodones.

Según sus biógrafos, en esta casa escribió 23 comedias, entre ellas El marido de bronce la última de ellas y la recordada La malquerida; un fragmento de una prolífica carrera integrada por 172 obras (y sin contar poesías y piezas periodísticas).

La belleza de los paisajes y la calma de los pueblos de la Comunidad de Madrid han atraído a grandes figuras de la literatura española, que eligieron estos parajes como residencia permanente o lugar de descanso, en los que podían escribir sin distracciones o hacer vida social.
Residencia de Jacinto Benavente en Galapagar. Foto Turismo Comunidad de Madrid

La casa, que se vendió hace 30 años, se encuentra a las afueras del núcleo urbano, en una finca de 100.000 metros cuadrados, de los que 7.000 son jardines.

Para seguir sus huellas se puede visitar la gótica iglesia de la Asunción, del siglo XVI, donde se encuentra un monumento que lo recuerda.

Varias de sus obras se representan en el teatro que lleva su nombre, en Galapagar 66.

En El Chopo, el cementerio viejo de Galapagar, descansa desde 1956. Cada 16 de julio se organiza un homenaje con lecturas de sus poemas frente a la piedra que oficia de lápida.

Galapagar y Ricardo León

Ricardo León también eligió Galapagar como residencia entre 1920 y 1943. Este escritor modernista, amigo de Juan Ramón Jimenez y Gabriel Miró, residió en la Quinta de Santa Teresa, una espléndida casa palaciega de granito, con tejado de pizarra, que recuerda a las construcciones de El Escorial.

 Ricardo León y Jacinto Benavente se enamoraron de Galapagar y decidieron tener casas allí

La finca destaca por tener 10.000 metros cuadrados de jardín de coníferas y árboles de todo tipo, y sirvió de punto de reunión a escritores como su vecino Benavente, Camilo José Cela o José Martínez Ruiz ‘Azorín’.

La belleza de los paisajes y la calma de los pueblos de la Comunidad de Madrid han atraído a grandes figuras de la literatura española, que eligieron estos parajes como residencia permanente o lugar de descanso, en los que podían escribir sin distracciones o hacer vida social.
Casa de Ricardo León en Galapagar. Foto Turismo Comunidad de Madrid

Un sector de la casa se transformó en museo, donde se puede conocer la gran biblioteca, la capilla y la sala de vitrinas, junto con muebles, libros, cartas y objetos personales del escritor.

Cercedilla y Luis Rosales

Luis Rosales, escritor de la generación del 36, encontró en Cercedilla el refugio que buscaba para escapar del bochorno veraniego de Madrid.

El ganador del Premio Cervantes en 1982 tenía una casa cerca del Camino Viejo de El Escorial, donde escribía poesía y pasaba largas horas arreglando el jardín.

La antigua vivienda fue restaurada, y solo un pequeño sector se conserva como el escritor la disfrutó en vida.

La belleza de los paisajes y la calma de los pueblos de la Comunidad de Madrid han atraído a grandes figuras de la literatura española, que eligieron estos parajes como residencia permanente o lugar de descanso, en los que podían escribir sin distracciones o hacer vida social.
Cercedilla cautivo a Luis Rosales. Foto Nicolas Vigier | Flickr

Lo que también cambió, y mucho, es el entorno de la casa, que ha quedado rodeada de nuevas viviendas y poco queda del parque serrano que tanto le gustaba a Rosales, que tenía el silencio que buscaba para concentrarse.

El centro cultural local de la calle Arroyo, que lleva su nombre, tiene una exposición permanente con libros, cartas, poemas y varios objetos personales del literato.

El Boalo y Carmen Martín Gaite

Este pueblo sobre la falda de la Sierra de Guadarrama, al noroeste de la Comunidad de Madrid, fue el hogar del escritor Luis Sanguino en Mataelpino. Pero de quien nos vamos a ocupar es de Carmen Martín Gaite.

Su familia tenía una casa en el barrio de Rincón de los Prados, una construcción tradicional de granito, con el estilo moderno de los años ’50, donde residieron tres generaciones.

Allí solía escaparse los fines de semana o pasaba largas temporadas en el verano, que le ayudaba a buscar la tranquilidad necesaria para escribir obras como Retahílas.

La belleza de los paisajes y la calma de los pueblos de la Comunidad de Madrid han atraído a grandes figuras de la literatura española, que eligieron estos parajes como residencia permanente o lugar de descanso, en los que podían escribir sin distracciones o hacer vida social.
Casa de Carmen Martín Gaite. Foto Turismo Comunidad de Madrid

Desde el 2019 la residencia pasó a ser la sede de la Fundación Centro de Estudios de los Años ’50 y está abierta a las visitas; en donde se han recreado sus espacios de trabajo y que mantiene intacta su biblioteca.

La escritora está enterrada en el cementerio local, y cada 23 de julio se le realiza un homenaje.

Aranjuez y José Luis Sampedro

En 1917 cuando era adolescente José Luis Sampedro se instaló con su familia, y él siempre decía que había nacido como persona en Barcelona pero como escritor en esta villa señorial.

Esta ciudad, patrimonio de la Humanidad por su gran cantidad de monumentos históricos, fue citado en varias de sus obras como Octubre, octubre, El río que nos lleva, Real Sitio o Escribir es vivir.

José Luis Sampedro solía decir que como persona nació en Barcelona pero que como escritor lo hizo en Aranjuez

En el lugar se ofrecen rutas para conocer las huellas de Aranjuez en el escritor, donde se pasa por la casa de la calle de la Reina donde vivió entre los 13 y 18 años, y el Jardín del Príncipe, en que solía caminar por horas.

La belleza de los paisajes y la calma de los pueblos de la Comunidad de Madrid han atraído a grandes figuras de la literatura española, que eligieron estos parajes como residencia permanente o lugar de descanso, en los que podían escribir sin distracciones o hacer vida social.
El Palacio Real de Aranjuez. Foto David Melchor Diaz – Flickr

También pasaba con frecuencia por el Palacio Real de Aranjuez, la residencia veraniega de varios monarcas españoles.

En las terrazas de la Plaza de San Antonio solía verse con sus amistades, punto de encuentro social que también fue reflejado en sus libros.

Y otro de los puntos que encandilaban al joven Sampedro era la estación de trenes, que sigue sorprendiendo con la belleza de su estilo mudéjar.

Nombrado Hijo Adoptivo de la ciudad, varios espacios han sido bautizados con su nombre, como una escuela, una sala de estudios y la biblioteca de un IES local.

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