Por qué Pau justifica una escapada tras los Pirineos

La pequeña ciudad francesa, capital de la región del Béarn, se erige del otro lado del macizo pirenaico con una interesante propuesta de historia y gastronomía

La villa de Pau se recorre tranquilamente en una jornada, por lo que uno o dos días pueden aprovecharse para conocer otros rincones de las tierras bearnesas.

El puente del 14 de julio al cruzar el río Ousse, con el castillo al fondo. Foto Alban Gilbert-CRTNA

Cruzando los Pirineos, a la altura de Aragón y el País Vasco, se despliega la comarca francesa del Béarn, un encantador paraje de bosques, montañas, ríos y pueblos con una excelente gastronomía que validan una escapada de un par de días.

La pequeña ciudad francesa, capital de la región del Béarn, se erige del otro lado del macizo pirenaico con una interesante propuesta de historia y gastronomía

Este es uno de los numerosos atractivos que se encuentra en la región de Nouvelle-Aquitaine, que se despliega en la franja suroeste del hexágono francés que mira al Golfo de Vizcaya, y cuyos secretos descubrimos en la nueva guía editada por Petit Futé

La villa de Pau se recorre tranquilamente en una jornada, por lo que uno o dos días pueden aprovecharse para conocer otros rincones de las tierras bearnesas.

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Qué conocer en Pau, la capital del Béarn

La villa de Pau se recorre tranquilamente en una jornada, por lo que uno o dos días pueden aprovecharse para conocer otros rincones de las tierras bearnesas.

Uno de sus atractivos es el Bulevar de los Pirineos. De cara al macizo montañoso, este paseo urbano une el famoso castillo de Pau con el parque Beaumont, con una terraza suspendida por 72 arcos, y en donde se suceden los bares, restaurantes y cafeterías que invitan a probar la deliciosa y abundante gastronomía local.

La villa de Pau se recorre tranquilamente en una jornada, por lo que uno o dos días pueden aprovecharse para conocer otros rincones de las tierras bearnesas.
El castillo de Enrique IV. Foto Mon Nuage | CRTNA

Uno de los paseos recomendados por Pau es caminar por el Bulevar de los Pirineos, que ofrecen hermosas vistas de los picos que separan Francia de España

Desde ese parque hasta la calle Nogué se despliega el barrio histórico de la ciudad, donde hay que pasar a conocer la Plaza Royale con sus quioscos de música y sus jardines renacentistas.

La vida comercial se divide en torno a tres sectores: la plaza de la Fontaine Alfred de Vigny, alrededor del Parlamento de Navarra y el barrio que rodea al castillo; en donde abundan las tiendas de antigüedades, los restaurantes de categoría y las tiendas de diseño.

La villa de Pau se recorre tranquilamente en una jornada, por lo que uno o dos días pueden aprovecharse para conocer otros rincones de las tierras bearnesas.
La Place Royale. Foto Alban Gilbert | CRTNA

En la caminata se descubren las tradicionales casas con entramado de madera y de grandes portales, y además de ver edificios como la iglesia de San Martín hay que pasar un rato por el mercado de Les Halles para sentir el animado espíritu de la ciudad.

El Castillo de Pau

El monumento histórico más importante es el Castillo de Pau, sede de un museo histórico y de arte.

De ser una fortaleza medieval en el renacimiento adquirió su función de palacio bajo las órdenes de Catalina de Navarra y luego de Enrique II de Navarra y Margarita de Angulema.

Con Enrique IV, su residente más famoso aunque apenas vivió en el lugar, se diseñaron los jardines. Tras un período de decadencia cuando se fusionaron los reinos de Béarn y el de Navarra, más adelante el castillo recuperó su esplendor con Luis Felipe I y, sobre todo, con Napoleón III, a mediados del siglo XIX.

En la visita se puede ver el patrimonio de 12.000 piezas de arte e históricas, como la colección de tapices de los siglos XVII y XVIII, las pinturas que homenajean a Enrique IV y el fastuoso mobiliario que recrea los apartamentos de Estado como la Sala de los Cien Cubiertos, la habitación del rey y la cámara de la emperatriz Eugenia.

La villa de Pau se recorre tranquilamente en una jornada, por lo que uno o dos días pueden aprovecharse para conocer otros rincones de las tierras bearnesas.
Una de las salas del castillo de Enrique IV. Foto Mon Nuage | CRTNA

Relax en el Parque Beaumont

Para descansar de las caminatas se sugiere desconectar en la Parque Beaumont. Tapizado de grandes árboles como secuoyas de California, castaños de la India y cedros del Himalaya, hace un par de años fue rehabilitado para recuperar el espíritu de la Belle Époque con que fue diseñado a fines del siglo XIX.

Uno de los centros neurálgicos de la vida social de Pau es la Place Royale. Cuando uno se ubica en el centro hay que girar lentamente para ver diferentes edificios monumentales que lo rodean, como el ayuntamiento o el Hotel de France.

Más allá de Pau, en las tierras bearnesas hay otros secretos para descubrir en sus pueblos.

La villa de Pau se recorre tranquilamente en una jornada, por lo que uno o dos días pueden aprovecharse para conocer otros rincones de las tierras bearnesas.
Bulevard de los Pirineos. Foto Alban Gilbert | CRTNA

Recuerdos medievales en Oloron-Sainte-Marie

Uno de ellos es Oloron-Sainte-Marie, un tradicional cruce de caminos usado por los peregrinos a Santiago de Compostela que tuvo un auge económico con la industria textil a mediados del siglo XIX.

En los alrededores de Pau hay que probar los excelentes vinos de Jurançon, elaborados con la variedad manseng

Allí se puede conocer el barrio de Sainte-Croix, donde además de sus tiendas se puede ver la catedra de Santa María con su tesoro, la iglesia de Santa Cruz y la Torre de la Grède, edificio medieval que permite tener vistas de 360 grados de la villa y el valle bearnés.

La villa de Pau se recorre tranquilamente en una jornada, por lo que uno o dos días pueden aprovecharse para conocer otros rincones de las tierras bearnesas.
La transhumancia en los valles del Béarn. Foto Brochard-CRTNA

La resistencia de la torre de Orthez

Otro sitio de valor histórico es Orthez, otra parada de peregrinos, donde todavía está en pie la torre del castillo de Moncade, baluarte medieval destruido en las guerras de religión.

Allí está el célebre Puente Viejo, construido en el siglo XIII para sortear el curso del río Pau.

Los cercanos lagos de Orthez-Biron y Grècq permiten una interesante escapada a la naturaleza.

La villa de Pau se recorre tranquilamente en una jornada, por lo que uno o dos días pueden aprovecharse para conocer otros rincones de las tierras bearnesas.
Puente de Orthez. Foto Brochard | CRTNA

Salies-de-Béarn, la ciudad de la sal

Salies-de-Béarn, atravesada por el río Saleys, es llamada con poca originalidad ‘La Venecia de Béarn’.

La abundante presencia de salinas generó una potente industria que se diversificó con la apertura de balnearios terapéutico.

Además de las casas edificadas sobre pilotes el pueblo cuenta con varios ejemplos de arquitectura Belle Époque y art decó que rodean las termas y el casino.

La villa de Pau se recorre tranquilamente en una jornada, por lo que uno o dos días pueden aprovecharse para conocer otros rincones de las tierras bearnesas.
Mercado en Salies-de-Béarn. Foto C.Fialeix | CRTNA

La ruta del vino Jurançon

El pueblo de Jurançon es epicentro de unos recomendados vinos elaborados con uva manseng, que se cultiva en las fincas ubicadas en las colinas entre el torrente de Pau y el de Oloron.

Cada viernes en la plaza del Junqué se monta un mercado donde además de numerosos productores de vino se pueden comprar alimentos de las granjas y hasta antigüedades.

La villa de Pau se recorre tranquilamente en una jornada, por lo que uno o dos días pueden aprovecharse para conocer otros rincones de las tierras bearnesas.
Viñedos de Jurançon. Foto Guilhamasse | CRTNA

Las maravillas gastronómicas del Béarn

Además del citado vino, otra de las joyas gastronómicas del Béarn es la poule au pot d’Henry IV. A este monarca se le atribuye su popularidad, como respuesta urgente a la hambruna desatada tras las guerras entre hugonotes protestantes y católicos.

A Enrique IV se le atribuye la popularidad de la ‘poule au pot’, un cocido de guiso de gallina que se convirtió en el plato más popular del Béarn

Se trata de un guiso de gallina cocinado en un caldo con verduras, plato contundente pero saludable que tras su descubrimiento se puede descansar al paladar con quesos del valle de Ossau, Aspe o Barétous.

Para probar los platos típicos del Bearn, esta guía sugiere los restaurantes L’Aragon (bistro chic con una larga carta de carnes), La Brochetterie (con carnes a la brasa servidas en brochetas) y el Café du Palais (brasería con cocina de autor). Y después, a caminar para cuidar la figura.

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