Siete de los paisajes más espectaculares del otoño en España

Del Valle del Ambroz al Hayedo de Montejo y del bosque de pinsapos de la Sierra de Grazalema a Las Médulas, estos son algunos de los lugares más fascinantes de España para disfrutar en otoño

Foto Valle del Ambroz

Foto Valle del Ambroz

Hay lugares que, teñidos por una luz especial y coloreados por una infinita paleta cromática que va del oro al cobre pasando por todas las gamas de marrones, rojos, ocres y amarillos, deberían vivir en un permanente otoño. Lugares que, precisamente en esta estación, explotan no solo de belleza, sino también de costumbres y tradiciones que los hacen aún más apetecibles.

Del cacereño Valle del Ambroz a la Selva de Irati en Navarra y del Hayedo de Montejo en Madrid a los bosques de pinsapos de la Sierra de Grazalema en Cadiz y el de secuoyas de Cabezón de la Sal en Cantabria, estos son algunos de los destinos más hermosos para una escapada otoñal.

Valle del Ambroz, Cáceres

No es un bosque sino todo un valle, el del Ambroz, el que se confabula para dibujar, entre encias, castaños y pinos, uno de los paisajes más bonitos de España en estas fechas.

Foto Valle del Ambroz
Foto: Valle del Ambroz.

Y es que no por nada la zona celebra cada año (y van 24 ediciones) su Otoño Mágico con una programación que incluye desde el avistamiento de aves al senderismo, un festival de la trashumancia con talleres de lana y música en vivo, visitas teatralizadas a sus pueblos, espectáculos de magia y circo, mercados de productos locales, actividades de observación astronómica o una gran ‘calbotá’ con degustación de castañas asadas.

Este año tendrá lugar del 29 de octubre al 5 de diciembre.

Hayedo de Montejo, Madrid

Al norte de Madrid, en las faldas de la Sierra de Ayllón y en el límite de la provincia de Guadalajara, nos espera un bellísimo hayedo de 220 hectáreas que no solo tiene la catalogación oficial de Sitio Natural de Interés Nacional, sino que fue reconocido por la Unesco en 2017 como Patrimonio Natural de la Humanidad.

Hay lugares que, teñidos por una luz especial y coloreados por una infinita paleta cromática que va del oro al cobre pasando por todas las gamas de marrones, rojos, ocres y amarillos, deberían vivir en un permanente otoño. Lugares que, precisamente en esta estación, explotan no solo de belleza, sino también de costumbres y tradiciones que los hacen aún más apetecibles.
Hayedo de Montejo. Foto: Turismo de Montejo de la Sierra.

En el municipio de Montejo de la Sierra, el hayedo de Montejo ofrece un paisaje totalmente insólito en la Comunidad de Madrid y supone una de las zonas boscosas frondosas y húmedas más ricas de España.

En esta época, su paleta de colores abarca amarillos, verdes, tonos rojizos y anaranjados que ensalzan la figura de las hayas y crean una atmósfera mágica. Eso sí, las visitas están reguladas y es necesario contar con una acreditación válida para poder disfrutar de sus paisajes.

Las Médulas, León

En la comarca de El Bierzo, al noroeste de los Montes Aquilanos y al lado del Valle del río Sil, encontramos otro de esos paisajes tan espectaculares que no parecen reales. Se trata de Las Médulas, un impresionante entorno formado a partir de la mayor mina de oro a cielo abierto de todo el Imperio Romano (Plinio el Viejo, que fue en su juventud administrador de las minas aseguraba que se extraían al año cerca de 20.000 libras de oro, aproximadamente 1.635.000 kilos).

Hay lugares que, teñidos por una luz especial y coloreados por una infinita paleta cromática que va del oro al cobre pasando por todas las gamas de marrones, rojos, ocres y amarillos, deberían vivir en un permanente otoño. Lugares que, precisamente en esta estación, explotan no solo de belleza, sino también de costumbres y tradiciones que los hacen aún más apetecibles.
Monumento Natural de Las Médulas. Foto: Turismo Castilla y León.

Los esfuerzos para extraer el preciado material condujeron a increíbles obras de ingeniería que horadaron las montañas y alteraron el medio de la zona, dando como resultado un abrupto paisaje de pináculos y paredes de tierra roja que se alternan con valles cubiertos de castaños y robles.

También Patrimonio de la Humanidad desde el año 1997, hoy realizar una ruta a pie, en bicicleta o a caballo y sumergirse a fondo en la historia del lugar es una experiencia que no debe dejar de hacerse.

Laguna Negra, Soria

Accediendo a través de un camino de pinos silvestres en el Valle del Revinuesa se alcanza, a casi 2.000 metros de altura, la silenciosa Laguna Negra.

En contraste con la oscuridad de sus aguas –que no son negras, sino azul muy oscuro, todo hay que decirlo-, los destellos y luces que proyectan los hayedos y los pinares próximos dibujan un paisaje casi onírico encajado entre rocas que a lo largo de los años ha alimentado numerosas leyendas, dese la que cuenta que no tiene fondo a la que afirma que está conectada con el mar por cuevas subterráneas pasando por las que afirman que en sus profundidades habita algún monstruo que devora a quienes se atreven a bañarse.

Hay lugares que, teñidos por una luz especial y coloreados por una infinita paleta cromática que va del oro al cobre pasando por todas las gamas de marrones, rojos, ocres y amarillos, deberían vivir en un permanente otoño. Lugares que, precisamente en esta estación, explotan no solo de belleza, sino también de costumbres y tradiciones que los hacen aún más apetecibles.
Laguna Negra. Foto: Turismo Castilla y León.

Así, no es de extrañar que este oasis envuelto en misterio de la Sierra de Urbión (Soria) sirviera de inspiración al destacado poeta español Antonio Machado, que cuenta su propia versión de la leyenda en La Tierra de Álvargonzález, en la que retrata la Laguna Negra como “agua impasible que guarda en su seno las estrellas”.

Los meses de otoño, antes de las primeras nevadas, el contraste entre los tonos de su vegetación es un espectáculo.

Selva de Irati

Si hablamos de belleza otoñas es difícil sacar de la ecuación a la Selva de Irati. Ubicado al norte de la Comunidad Foral del Navarra (aunque se extiende hasta los Pirineos Atlánticos en el suroeste de Francia) despliega en todo tipo de preciosos rincones una inabarcable paleta de tonalidades ocres, rojas, amarillas y naranjas.

No todos saben que esta ‘selva’ esconde un hayedo Patrimonio de la Humanidad. Se trata del de Lizardoia, que destaca por su magnífica conservación.

Hay lugares que, teñidos por una luz especial y coloreados por una infinita paleta cromática que va del oro al cobre pasando por todas las gamas de marrones, rojos, ocres y amarillos, deberían vivir en un permanente otoño. Lugares que, precisamente en esta estación, explotan no solo de belleza, sino también de costumbres y tradiciones que los hacen aún más apetecibles.
Selva de Irati. Foto: Iñaki Tejerina | Turismo de Navarra

Cabe recordar que, puesto que estamos en un territorio protegido, todas las actividades que se realizan en Irati tienen en cuenta la conservación de un entorno casi virgen y están reguladas, como la recogida de setas.

Bosque de Secuoyas, Cantabria

Cerca de la localidad de Cabezón de la Sal, en la comarca de Saja Nansa (Cantabria), se oculta un paraje tan sorprendente como poco conocido en España: un bosque de secuoyas con alrededor de 800 ejemplares de estos imponentes árboles (en otros lugares del mundo que llegan superar los 115 metros de altura y una edad estimada de hasta 1.800 años).

Las de Cantabria no son tan altas (las hay que alcanzan los 36 metros) ni tan longevas como las que crecen en California, mucho más famosas. De hecho, su curiosa historia se cuenta entre sus atractivos: durante el franquismo se decidió plantar este bosque para el aprovechamiento de madera pero, una vez crecidas, el material dejó de tener valor, por lo que se abandonaron.

Hay lugares que, teñidos por una luz especial y coloreados por una infinita paleta cromática que va del oro al cobre pasando por todas las gamas de marrones, rojos, ocres y amarillos, deberían vivir en un permanente otoño. Lugares que, precisamente en esta estación, explotan no solo de belleza, sino también de costumbres y tradiciones que los hacen aún más apetecibles.
Bosque de Secuoyas. Foto: Turismo de Cantabria.

El resultado hoy no puede ser más espectacular: un tupido bosque de secuoyas de gran altura catalogado como Monumento Natural en 2003 y una senda que permite dar un agradable paseo en todas las épocas del año pero que en otoño es, si cabe, áun más hermoso.

Bosque de Pinsapos de la Sierra de Grazalema, Cádiz

Aunque resulte chocante, el lugar que registra más lluvias de toda España está en el sur, concretamente en el parque natural Sierra de Grazalema.

Declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco, este enclave privilegiado de la provincia de Cádiz esconde auténticas joyas vegetales, especialmente el bosque de pinsapos, una especie de abeto (en realidad, su nombre significa pinoabeto) milenaria que se extiende aquí por una superficie de más de 400 hectáreas.

Hay lugares que, teñidos por una luz especial y coloreados por una infinita paleta cromática que va del oro al cobre pasando por todas las gamas de marrones, rojos, ocres y amarillos, deberían vivir en un permanente otoño. Lugares que, precisamente en esta estación, explotan no solo de belleza, sino también de costumbres y tradiciones que los hacen aún más apetecibles.
Pinsapar de la Sierra de Grazalema. Foto: Turismo Andalucía.

Concentrados especialmente en las laderas norte para protegerse de la excesiva insolación y la pérdida de humedad, dan lugar a un bosque concentrado y umbrío, muy húmedo, en el que los árboles se elevan compitiendo por la luz, con una elevada densidad vegetal que resulta realmente impresionante.

Una calzada romana, senderos para realizar a pie o a caballo e incluso parapente y ala delta para los más atrevidos son algunas de las propuestas para descubrir el pinsapar.

a.
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