La Garrotxa: cinco rutas por la comarca de los volcanes dormidos

En La Garrotxa, donde se despliegan 40 picos de volcanes extinguidos, se pueden realizar rutas que abarcan desde los paisajes naturales y antiguas vías férreas a la arquitectura modernista y de vanguardia

Olot visto desde el volcán Montsacopa. Foto Turismo de La Garrotxa

Olot visto desde el volcán Montsacopa. Foto Turismo de La Garrotxa

En un rincón al norte de Cataluña se encuentra una de las pocas regiones de la España peninsular creada por los volcanes. Se trata de La Garrotxa, donde su paisaje ondulado revestido de bosques son antiguas montañas de fuego que han quedado inactivas, como muy recientemente, hace 10.000 años.

La pequeña ciudad de Olot es su capital, una villa amable con un rico pasado y un interesante legado modernista, donde conviven tradiciones centenarias con premiados estudios de arquitectura.

Esta tierra de volcanes se puede recorrer sin prisas durante una escapada, como en el próximo puente del 12 de octubre. Se trata de conocer la cultura y la naturaleza que están al alcance de la mano.

Veamos cinco rutas para conocer esta tierra de volcanes dormidos.

La ruta de los volcanes

En La Garrotxa se encuentran los picos de 40 volcanes, y las bases de tres de ellos forman un valle donde se asienta la ciudad de Olot.

El más famoso es el Montsacopa, el último volcán que hizo erupción en la región. A un lado de su cráter circular, de 120 metros de diámetro, está la iglesia de Sant Francesc, de 1875, y dos torres construidas en las guerras carlistas cuya visita garantiza las mejores panorámicas de la comarca, con vistas a los picos del Bisaroques y el Montolivet (que también tiene otra torre levantada durante aquel conflicto).

En un rincón al norte de Cataluña se encuentra una de las pocas regiones de la España peninsular creada por los volcanes. Se trata de La Garrotxa, donde su paisaje ondulado revestido de bosques son antiguas montañas de fuego que han quedado inactivas, como muy recientemente, hace 10.000 años.
La ladera del volcán Croscat. Foto Turismo de Cataluña

El volcán más famoso es el Montsacopa, con su cráter de 120 metros de diámetro, que se extinguió hace 10.000 años

Al bajar por la senda llamada Viacrucis se llega al barrio viejo de Olot, donde se encuentra el interesante edificio del Hospicio, construido con piedra volcánica.

La huella que dejó la naturaleza siglos atrás también se ve en el nuevo Paseo de Firalet, donde la reforma recuerda a un mar de lava.

En Olot está proyectado construir el Espai Cràter, un centro de interpretación de los volcanes y cómo La Garrotxa se ha desarrollado en torno a estos gigantes inactivos.

Pero por ahora esto se puede descubrir en el Museo de los Volcanes, en el bonito Parc Nou, que profundiza sobre la sismología, la vulcanología y los ecosistemas de la comarca.

En un rincón al norte de Cataluña se encuentra una de las pocas regiones de la España peninsular creada por los volcanes. Se trata de La Garrotxa, donde su paisaje ondulado revestido de bosques son antiguas montañas de fuego que han quedado inactivas, como muy recientemente, hace 10.000 años.
En La Garrotxa se concentran 40 volcanes. Foto Miquel Lleixa Mora | Flickr

Cerca del bosque de la Tosca, de pequeñas colinas volcánicas a la vera del río Fluvià, se encuentran los sopladeros, un fenómeno geológico que expulsa aire fresco y que durante siglos llenó de enigmas a la zona.

La Garrotxa también es artística

Esta ciudad ha tenido una pasión artística que se remonta a gran parte de su historia. La Escuela Paisajística de Olot ha sido una meca de artistas desde el siglo XIX hasta la actualidad.

Las obras de sus antiguos alumnos devenidos en creadores de gran talento se pueden ver en el Museo de la Garrotxa, que también acoge creaciones de Enric Galwey, Joan Llimona, Joan Brull y Ramon Casas.

En un rincón al norte de Cataluña se encuentra una de las pocas regiones de la España peninsular creada por los volcanes. Se trata de La Garrotxa, donde su paisaje ondulado revestido de bosques son antiguas montañas de fuego que han quedado inactivas, como muy recientemente, hace 10.000 años.
Arte religioso en la Escuela de Arte de Olot. Foto Turismo de La Garrotxa

En tanto la Escuela de Arte de Olot presenta con una valiosa tradición artesanal de elaboración de figuras religiosas y pesebres, como se puede ver el Museo de los Santos.

A la salida se puede pasar por el parque de La Moixina, un paraje de fuentes, ciénagas, robledos y muros de piedra volcánica recubierto de gigantescos plátanos que ha servido de inspiración a muchos artistas.

Cerca de Olot, en la vecina población de Santa Pau, se pueden ver varias esculturas al aire libre que fueron creadas en los años ’90 tras los encuentros entre artistas catalanes e italianos afincados en la zona.

En un rincón al norte de Cataluña se encuentra una de las pocas regiones de la España peninsular creada por los volcanes. Se trata de La Garrotxa, donde su paisaje ondulado revestido de bosques son antiguas montañas de fuego que han quedado inactivas, como muy recientemente, hace 10.000 años.
Actuación de RCR Arquitectes en el parque de Pedra Tosca. Foto Turisme Garrotxa

El estudio RCR, ganador del premio Pritzker de Arquitectura en 2017, ha realizado varias obras en Olot y La Garrotxa, como la citada reforma del parque de Firalet, el restaurante Les Cols, el pabellón de baño de Tossols-Basil, el estadio de atletismo, el parque de Perdra Tosca y, por supuesto, sus oficinas ubicadas en una antigua fundición.

El legado modernista de Olot

Como en tantas ciudades catalanas, el progreso económico de fines del siglo XIX y principios del XX se reflejó en el auge del modernismo.

El arquitecto Alfred Paluzie firmó varias obras en Olot, como las casas Gassiot, Gaietà Vila y Escubós, mientras que Lluis Domènech i Montaner diseñó la casa Solà Morales.

En un rincón al norte de Cataluña se encuentra una de las pocas regiones de la España peninsular creada por los volcanes. Se trata de La Garrotxa, donde su paisaje ondulado revestido de bosques son antiguas montañas de fuego que han quedado inactivas, como muy recientemente, hace 10.000 años.
Edificios modernistas en Olot. Foto Esther Westerveld | Flickr

La pastelería Ferrer hay que conocerla desde su fachada e interior, y también hay que descubrir las huellas modernistas en Can Joanetes (actual ayuntamiento), la fábrica Descals i Garatge Sacrest (en la plaza Josep Clarà) y la casa Masramon, frente al Museo de los Santos.

Olot cuenta con numerosas muestras de arquitectura modernista, como se puede ver en las casas que flanquean el pasaje de Barcelona en dirección a la Torre Malagrida

A lo largo del paseo de Barcelona se ven casas modernistas a uno y otro lado de la acera, hasta la Torre Malagrida.

En un rincón al norte de Cataluña se encuentra una de las pocas regiones de la España peninsular creada por los volcanes. Se trata de La Garrotxa, donde su paisaje ondulado revestido de bosques son antiguas montañas de fuego que han quedado inactivas, como muy recientemente, hace 10.000 años.
Edificios modernista en el centro de Olot. Foto Turismo de La Garrotxa

El paseo por el modernismo puede terminar en el parque de la Moixina, donde es posible ver la torre de Can Gou de la fábrica Espunya.

Más presencia de este estilo se puede conocer en el valle de Hostoles, como Can Casas en Sant Feliu de Pallerols; en las escuelas de Les Planes d’Hostoles, la Torre Dusol, Can Cadet y el pequeño hotel de Can Garay.

Huellas románicas, medievales y renacentistas

La milenaria historia de La Garrotxa se refleja en el nutrido catálogo de estilos que concentra su casco histórico de Olot y diversos puntos de la comarca.

Del románico hay varias ermitas e iglesias en los valles de volcanes, como la de Sant Joan de Balbs (en La Pinya), la de Santa Bárbara de Pruneres, la de Santa María de Escales (hay que ver cómo está colgada de un risco); la de Sant Martí de Toralles; la de Sant Miquel del Corb en medio de un denso bosque; la de Sant Cristófol en Beget (magnífico ejemplo de este estilo) y la de Sant Andreu de Socarrats.

En un rincón al norte de Cataluña se encuentra una de las pocas regiones de la España peninsular creada por los volcanes. Se trata de La Garrotxa, donde su paisaje ondulado revestido de bosques son antiguas montañas de fuego que han quedado inactivas, como muy recientemente, hace 10.000 años.
Claustro del Carme. Foto Escuela de Arte de Olot

Besalú, con su famoso puente medieval reconstruido, merece una visita por si mismo; así como por el rico pasado de su villa con edificios como la Cúria Real, el Monasterio de Sant Pere y el templo de Sant Vicenç; además de valiosos legados de la población judía que vivió en la Edad Media, como se puede descubrir en su miqvé, la sala de baños rituales.

También Santa Pau tiene muchas huellas medievales, como su castillo, la iglesia de Santa María y numerosas casas que emergen de sus callejuelas.

En un rincón al norte de Cataluña se encuentra una de las pocas regiones de la España peninsular creada por los volcanes. Se trata de La Garrotxa, donde su paisaje ondulado revestido de bosques son antiguas montañas de fuego que han quedado inactivas, como muy recientemente, hace 10.000 años.
El puente de Besalú. Foto Art DiTomaso | Flickr

De los monasterios destacan los de Sant Pere de Besalú, el de el de Sant Llorenç de Sous, el de Riudaura, el de Sant Ferriol y el de Sant Joan les Fonts.

En este último pueblo hay que ver su interesante castillo medieval.

En cuanto al renacimiento, el mejor ejemplo está en los claustros del Carme, en el centro de Olot, que están en excelente estado de conservación y donde se encuentra la Escuela de Arte.

En bici o a pie

Una de las maneras más bonitas de conocer la naturaleza y los pueblos de La Garrotxa es realizando la Ruta del Carrilet.

Esta es una vía verde que transcurre donde décadas atrás pasó el tren de trocha angosta que llevaba pasajeros y productos agrícolas de Olot a Girona.

En un rincón al norte de Cataluña se encuentra una de las pocas regiones de la España peninsular creada por los volcanes. Se trata de La Garrotxa, donde su paisaje ondulado revestido de bosques son antiguas montañas de fuego que han quedado inactivas, como muy recientemente, hace 10.000 años.
El encanto de pueblos como Sant Feliu de Pallerols – Flickr

Todo el trayecto son unos 55 kilómetros, que en bicicleta se realizan en cuatro o cinco horas, contando paradas en los pueblos donde quedan algunas estaciones como recuerdo de aquellos años.

En la parte de La Garrotxa se pasa junto al antiguo volcán de Montsacopa, por el parque de Pedra Tosca, los valles de encinas y robles de Sant Feliu de Pallerols y la bonita riera de Cogolls en les Planes d’Hostoles.

Este es un trayecto de pendiente suave, sugerido para los que les gusta realizar largos recorridos sin cansarse o en familia.

Pero si se buscan emociones más fuertes se pueden hacer recorridos como los itinerarios 3, 19 y 15 a través del Parque Natural de la Zona Volcánica de La Garrotxa; otro de los tantos regalos que la naturaleza ha dejado a través de esas montañas de fuego dormidas.

a.
Ahora en portada