Milos, la isla volcánica más bella del Mediterráneo

Pocos turistas tienen la suerte de disfrutar de paisajes volcánicos y lunares entre calas turquesas. Así es la isla griega que pocos conocen

Apenas 150 kilómetros cuadrados y 21 kilómetros de largo de punta a punta. Milos no es una de esas islas de las Cícladas famosas por sus fiestas, playas, vistas sobre calderas volcánicas y diseño de vanguardia. Y no porque no pueda, sino porque, para bien o para mal, ha pasado desapercibida en relación con Mikonos o Santorini.

Sin embargo, precisamente ahora y coronavirus mediante, tranquilidad y falta de turismo masivo se han convertido en sus mayores activos.

Del Pireo a Milos

La mejor y más bonita forma de llegar a Milos es por barco. Un ferry desde el puerto del Pireo, en Atenas, nos llevará hasta Adamas, en el centro de la isla, en apenas 3 horas (si optamos por la opción más rápida).

Milos islas cícladas Grecia
Puerto de Adamas. Foto: Chris Brooks | Flickr.

Por supuesto, también podemos llegar en avión, en vuelos pequeños de compañías griegas que unen la capital con la isla. La pista de aterrizaje comienza casi a los pies de una playa, entre salinas, presidiendo una hermosa bahía. Aun no hemos puesto un pie allí y ya tenemos el primer ‘efecto wow’ de los muchos que nos esperan.

Como sus hermanas de las Cícladas, Milos es una isla de origen volcánico y su bahía central es el resultado más visible. Una de las diferencias, en cambio, es que aquí sí encontramos playas de arena fina y blanca en vez de las pedregosas y de arena oscura. También fruto de la geología es una de las minas más antiguas de Europa, excavada para la obtención de obsidiana, la hermosa roca que parece vidrio negro.

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Paisaje lunar de Sarakiniko. Foto: Ronak Mokashi | Unsplash.

Paraíso termal

Esta actividad volcánica de Milos la ha convertido en el paraíso griego de los balnearios termales. Las aguas calientes y sus numerosas cuevas originan multitud de pozas que son en realidad pequeños spas naturales. Si tenemos que escoger, nos quedamos con las de Lakkos Adamantas (aguas entre 33 y 41ºC, sulfurosas y ferrosas), las extremadamente calientes del Haros Adamantas (llegan a los 85ºC) o las de Alikes.

Paliohori, Skinopi, Provatas… hay muchas más, así que basta preguntar en el hotel o a los vecinos para encontrar la más cercana, muchas de ellas con fumarolas que, otra vez, nos dejarán con la boca abierta. Eso sí, hay que tener en cuenta que muchas abren solo por la mañana, por lo que hay que confirmar antes de llegar.

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Museo Arqueológico de Milos. Foto: Archway Andres | Flickr.

Si, además queremos darle un toque arqueológico a nuestras vacaciones, Milos es perfecta. El asentamiento prehistórico de Fylakopi o los 11.000 años de minería en la isla condensados en su Museo Minero, merecen una visita.

Y hablando de excursiones, en la capital hay una iglesia pequeña, encalada, que puede casi pasar desapercibida, pero que esconde el museo eclesiástico de Milos y que es uno de los templos pequeños más bellos de Grecia. Está a un paso del espigón del puerto y del museo marítimo.

Por supuesto, no podemos dejar de ir a las catacumbas, excavadas bajo tierra y que están a un paso del lugar en el que se encontró la famosa Venus de Milo.

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No hay que dejar de explorar las coquetas iglesias de Milos. Foto: Emma Van Sant | Unsplash.

De playa en playa

Estamos en una isla hermosa de Grecia, es verano… cómo no irnos de playa en playa. Sin duda, recorrer Sarakiniko es la mejor idea. En pleno parque natural, ocupa la costa norte y está llena de calitas, pequeñas bahías y formaciones rocosas de todo tipo desde la que saltar al mar en un chapuzón único que habrá que inmortalizar.

Acantilados de color casi blanco que contrastan con aguas turquesas, uno tras otro, en calas a las que solo se puede llegar andando, una vez dejamos el coche en los aparcamientos señalizados, o bien en alguno de los pequeños barcos que parten de Adamas y que se pueden alquilar todo el día. Para muchos, es un paisaje lunar, con cuevas en las rocas que reflejan la luz de un modo espectacular.

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Playas inaccesibles salvo por mar en Milos. Foto: Archway Andres | Flickr.

Justo al sur, en el lado opuesto, tenemos la playa Kalamos, que es un pequeño arenal dorado a los pies de una gran pared vertical, rodeada a su vez de una gran zona desértica.

Solo se puede llegar en barco y está considerada una de las playas más bonitas y solitarias de las Cícladas. Tampoco es fácil llegar a Agali, al este de la isla, pero tendremos una bahía para nosotros solos. En cambio, basta con un paseo en coche para llegar a Kastanas, también en el este, y relajarse en una playa nudista.

Milos en clave gastro

La población de Milos se concentra alrededor del puerto de Adamas y en la esquina noroeste de la isla. Es allí donde encontraremos los rincones perfectos para disfrutar de la gastronomía local y también para ver las kimolos, que son casas de pescadores famosas por sus grandes puertas de vivos colores y apenas una planta, alineadas como las famosas casas victorianas de Irlanda.

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Kimolos, casas tradicionales de pescadores en Milos. Foto: Archway Andres | Flickr.

A diferencia de otras partes de Grecia, en la que destacan los platos salados, la receta más famosa de Milos es la de su tarta de sandía (karpouzopita). Según la pastelería en la que la compremos, estará más o menos dulce, pero no podemos dejar de probar esta tarta fina y sabrosa en la que se une la sandía con aceite, miel, canela y harina. Las tartas de crema de queso griego y los bombones de calabaza completan la oferta dulce.

Una de las pastelerías imprescindibles es Mouratos, en Triovassalos, en el centro de la zona urbana. Muchos aprovechan para hacer allí el brunch, antes o después de visitar la zona arqueológica, o para comprar productos locales. Cerca del puerto principal tenemos Artemisa, una panadería local en la que probar variedades especiales, además de bollería.

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Tarta de sandía. Foto: Bar Ovelia.

En cuanto a restaurantes, lo mejor es dejarse llevar por los consejos locales. Tenemos buenas opciones de cocina casera y griega, como Alevromilos, especializado en tomates y berenjenas rellenas. Por cierto, allí podremos degustar los yalatzi, las hojas de parra rellenas, típicas del país heleno.

Pero no faltan opciones, como las pequeñas tabernas con apenas dos o tres mesas en angostas calles de Plaka, con vistas al mar (To Diporto o Archontoula son dos de las preferidas).

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Terraza en el puerto de Pollonia, en Milos. Foto: Victor Janin | Unsplash.

En Adamas, Kinigos y Flisvos compiten por la mejor cocina tradicional, mientras que en Mikros nadie deja de tomar sus ouzos. Y si lo que queremos es un cóctel, Akri (frente a la parada del ferry con Atenas) o el Mostra bar (la terraza del hotel Adamas), son buenas direcciones.

Tranquilidad, buena gastronomía, playas únicas y un efecto wow constante. Así es Milos, una isla que sí o sí hay que descubrir este verano.

a.
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