Mikel Ayestaran: Jerusalén, esquivando atajos

El periodista vasco firma 'Jerusalén, santa y cautiva', una crónica reflexiva que sirve de guía en la ciudad en la que judíos, cristianos y musulmanes se agarran a la Biblia y a la arqueología como coartada y reclamo histórico de un conflicto que no tiene fin

Desde los 18 años Mikel Ayestaran (Beasaín, Guipúzcoa, 1975) viaja donde muy pocos turistas quieren ir de vacaciones y donde cada vez son menos los periodistas que hay informando. Irak, Siria, Jordania, Yemen, Pakistán, Afganistán, entre otros muchos destinos, y Jerusalén, esa ciudad santa y cautiva que da título a su último libro (los otros dos son Las cenizas del califato y Oriente Medio, Oriente roto, ambos también publicados por Península) y en la que reside junto a su familia.

Mikel Ayestaran. Foto: Quique Kierszenbaum.

Desde los 18 años Mikel Ayestaran (Beasaín, Guipúzcoa, 1975) viaja donde muy pocos turistas quieren ir de vacaciones y donde cada vez son menos los periodistas que hay informando. Irak, Siria, Jordania, Yemen, Pakistán, Afganistán, entre otros muchos destinos, y Jerusalén, esa ciudad santa y cautiva que da título a su último libro (los otros dos son Las cenizas del califato y Oriente Medio, Oriente roto, ambos también publicados por Península) y en la que reside junto a su familia.

Una familia de la que durante más tiempo del que quiso estuvo separado. En 2011, por ejemplo, pasó once meses fuera de casa. Aquella vida de enviado especial en la que llenaba páginas de periódicos, abría informativos de televisión y radio y ganaba premios, le suponía no ver crecer a sus dos hijos. Ni le compensaba, ni se resignó a ser ese gran periodista que su admirado Manuel Leguineche decía que tenía que cumplir las tres “des”: dipsómano, divorciado y depresivo.

Mikel Ayestaran es un currante del oficio, seguidor de la Real Sociedad, sobrio, casado y feliz. Feliz de poder estar junto a los suyos en la ciudad que le permite seguir siendo corresponsal. Un corresponsal que trabaja para pagar sus gastos, no uno de esos corresponsales que se dedica a trabajar con los gastos pagados.

Desde los 18 años Mikel Ayestaran (Beasaín, Guipúzcoa, 1975) viaja donde muy pocos turistas quieren ir de vacaciones y donde cada vez son menos los periodistas que hay informando. Irak, Siria, Jordania, Yemen, Pakistán, Afganistán, entre otros muchos destinos, y Jerusalén, esa ciudad santa y cautiva que da título a su último libro (los otros dos son Las cenizas del califato y Oriente Medio, Oriente roto, ambos también publicados por Península) y en la que reside junto a su familia.
Mikel Ayestaran. Foto: Quique Kierszenbaum.

Jerusalén como centro de operaciones

Dudó entre instalarse en El Cairo o Beirut, al final se decantó por Jerusalén. Ciudad en la que siempre quiso vivir y sabía que iba a poder colocar en los periódicos y radios con los que colabora; periódicos del grupo Vocento y la EiTB, la radiotelevisión pública vasca. Mikel también tiene que preocuparse de eso, y del colegio y del médico y de dónde van a crecer y cómo lo van a hacer sus hijos, sin olvidar a su compañera.

La presencia constante del conflicto entre judíos y palestinos está muy presente en los medios, “y yo vivo del breaking, de la actualidad, de las noticias diarias”, dice Mikel vía Skype desde su apartamento en Jerusalén. Jerusalén es su compromiso con los que le leen y escuchan, es su apuesta personal y, según su parecer, un sitio formativo y muy interesante.

«En Jerusalén convergen dos narrativas políticas y dos religiosas (tres si contamos a los palestinos cristianos) que son antagónicas. Por eso yo no veo acuerdo posible»

Mikel Ayestaran

Mikel está ligado a Jerusalén casi tanto como la ciudad lo está a esas piedras por las que unos y otros se matan. Piedras que cobran vida y que hay que adaptar a la historia, por muy pocas fuentes que haya, a los intereses de cada uno. Al ser Israel un proyecto de estado nuevo, basado en el derecho bíblico, los judíos tienen que crear una narrativa religiosa y nacionalista. Una narrativa viva, que se crea día tras días.

Por eso cuenta Mikel que la arqueología es tan importante. Hay que buscar raíces que les ayuden a certificar que sí, que esto es suyo. En el lado palestino se tiene que construir una narrativa de justificación política, además de tener su factor religioso que es el islam.

Desde los 18 años Mikel Ayestaran (Beasaín, Guipúzcoa, 1975) viaja donde muy pocos turistas quieren ir de vacaciones y donde cada vez son menos los periodistas que hay informando. Irak, Siria, Jordania, Yemen, Pakistán, Afganistán, entre otros muchos destinos, y Jerusalén, esa ciudad santa y cautiva que da título a su último libro (los otros dos son Las cenizas del califato y Oriente Medio, Oriente roto, ambos también publicados por Península) y en la que reside junto a su familia.
Mikel Ayestaran. Foto: Quique Kierszenbaum.

Es decir, en Jerusalén convergen dos narrativas políticas y dos religiosas (tres si contamos a los palestinos cristianos) que son antagónicas. Por eso yo no veo acuerdo posible, concluye. En Jerusalén nadie va a ceder, quien tenga el poder, es el que va a controlar al otro. Ninguno de los dos bandos va a ser transigente porque ambos quieren lo mismo y no hay fisuras en sus respectivos discursos. Jerusalén debería ser una ciudad para las tres religiones, no solo para los judíos, escribe Mikel en su libro.

Periodista multimedia, a su pesar

Esa violencia que convive con el día a día de los habitantes de Jerusalén, habitantes que niegan la existencia del otro, este periodista vasco la cuenta de todas las maneras que sabe y puede. Trabaja solo y hace de todo, aunque lo que le gusta es escribir. Es un periodista multimedia y multiformato, también miembro del equipo fundador de la revista 5W, consciente de sus limitaciones al que le encantaría poder trabajar acompañado de un maquillador, guionista, sonidista y un productor. Con ese equipo y su libreta seguro que monetizar su trabajo le costaría menos de lo que le cuesta hacerlo solo.

Cuenta que cuando empezó a trabajar el formato multimedia, en el 2005, le acusaron de todo. De que estaba matando la profesión, que aquel no era el camino, etc. Por otro lado, había otros que pensaban que eso que estaba haciendo era el futuro. A ese respecto Mikel dice que lleva quince años haciendo lo mismo, que vive en un presente continúo.

Un presente que le ha hecho incluir las redes sociales en su rutina de trabajo. Sus perfiles en Twitter (@mikelayestaran) e Instagram (@mikelayestaran) los usa sólo a nivel profesional. En cada uno de ellos, por ejemplo, se pueden ver historias relacionadas con algunos de los personajes que aparecen en su libro Jerusalén, santa y cautiva, publicado por Península, así como su #bancografía, un divertido relato protagonizado por un banco, y por la gente que toma asiento en el mismo, que ve desde su apartamento.

Desde los 18 años Mikel Ayestaran (Beasaín, Guipúzcoa, 1975) viaja donde muy pocos turistas quieren ir de vacaciones y donde cada vez son menos los periodistas que hay informando. Irak, Siria, Jordania, Yemen, Pakistán, Afganistán, entre otros muchos destinos, y Jerusalén, esa ciudad santa y cautiva que da título a su último libro (los otros dos son Las cenizas del califato y Oriente Medio, Oriente roto, ambos también publicados por Península) y en la que reside junto a su familia.

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Un decorado bíblico

Mikel, desde el balcón de su apartamento en Jerusalén, ve las calles que muchos creen que son por las que anduvo Jesús. Jerusalén es como un gran estudio cinematográfico en el que están los escenarios de la Biblia. Mikel no tiene que leerse ese libro, le basta con asomarse.

El corazón de la capital eterna, como se conoce a Jerusalén, es de mayoría musulmana, no judía, se habla más árabe que hebreo y su monumento más emblemático es un santuario islámico

Él mismo cuenta que en Jerusalén el peso de la historia es tan fuerte que se come el futuro, el día a día es muy intenso. Del mismo modo que es más fácil explicar qué no es Jerusalén que lo contrario. Jerusalén ni es Tel Aviv, ni tampoco es Israel. Es otro mundo en el que tiene lugar una ocupación en marcha en el siglo XXI. Es la joya de la corona que todos anhelan. Mikel cuenta que, por circunstancias están los israelíes controlando la ciudad, pero nadie sabe qué va a pasar mañana.

En la Ciudad Vieja, que ocupa un kilómetro cuadrado de extensión, se encuentran el Santo Sepulcro, la Aqsa y el Muro de los Lamentos, tres hitos tan universales como conflictivos. Tres lugares que apenas generan curiosidad en los turistas que profesan otro credo al que se asocia a cada uno de esos lugares. El turismo religioso sobre todo es sectario. El prejuicio, en cambio, no puede cambiar la realidad, el corazón de la capital eterna, como se conoce a Jerusalén, es de mayoría musulmana, no judía, se habla más árabe que hebreo y su monumento más emblemático es un santuario islámico. Jerusalén, cuando quiere, también es irónica.

El libro de Mikel, que hace las veces de guía de viaje, es un excelente plano de la ciudad en la que se adivinan cuatro ciudades dentro de la misma: la judía, que es la menos religiosa, la judía ultraortodoxa, la árabe y la Ciudad Vieja. Cuatro mundos con sus subdivisiones y una burbuja, en la que viven los expatriados; diplomáticos, funcionarios de las Naciones Unidas y de la Unión Europea, estudiantes de religión, cooperantes y periodistas.

Desde los 18 años Mikel Ayestaran (Beasaín, Guipúzcoa, 1975) viaja donde muy pocos turistas quieren ir de vacaciones y donde cada vez son menos los periodistas que hay informando. Irak, Siria, Jordania, Yemen, Pakistán, Afganistán, entre otros muchos destinos, y Jerusalén, esa ciudad santa y cautiva que da título a su último libro (los otros dos son Las cenizas del califato y Oriente Medio, Oriente roto, ambos también publicados por Península) y en la que reside junto a su familia.
Mikel Ayestaran. Foto: Quique Kierszenbaum.

Esta burbuja se nutre del conflicto, pero no lo sufre y habla en inglés, no en hebreo ni árabe. Los que llegan y se van. Como hará Mikel, quien se ha puesto como fecha límite para irse de Jerusalén el momento que sus hijos se acostumbren a las armas que no esconden ni los jóvenes soldados ni los colonos israelíes. Tampoco está mal irse antes de que el carácter se le avinagre y empiece a ser tan borde como lo son muchos isrealíes. Ese ‘borderismo’, esa manera de hablar tan cortante, del que hacen gala los Israelíes se denomina la jutzpá.

Una crónica de sucesos y personajes

Gran parte de su vida periodística se la ha pasado fumando en pipa (narguile) y volando a bordo de aviones modelo Tupolev 154. La verdadera temeridad de su vida. Durante todo ese tiempo fuera de casa dice haber aprendido a relativizar. Parece normal que uno crea que es más importante el hecho de ir empotrado en un convoy de los marines del ejército de los Estados Unidos, en algún lugar de Afganistán en el que muy pocos GPS son capaces de localizar, que la subida del recibo de la luz. Algo que, por otro lado, dice el propio Mikel, le parece mucho más importante para el día a día de los ciudadanos.

Para este libro ha recurrido a esos otros ciudadanos que no suelen aparecer en las noticias, en los artículos, en los reportajes y tampoco en las crónicas que se escriben sobre Jerusalén. Dueños de negocios, guías turísticos de las tres religiones, sacerdotes que experimentan milagros de forma sistemática, compañeros de profesión y amigos y hasta a Santiago de Míchigan, un tipo que ha sufrido el denominado “síndrome de Jerusalén”. Un trastorno psicológico que afecta a turistas y vecinos de la ciudad santa y que empiezan a actuar como personajes bíblicos. Jerusalén es Tierra Santa y reino friqui. Personajes que casi son de ficción.

Dice Ayestaran que no le interesa hacer libros que sean recopilaciones de artículos. En sus libros puede mostrar todo lo que hay en Jerusalén y que no recogen las crónicas del día

Lecturas recomendadas

Mikel, que tiene claro que lo suyo son los ensayos, sabía que no quería hacer un libro sobre el conflicto. “Lo que he intentado hacer es acercar toda esa complejidad de una forma sencilla. Las cosas no son tan uniformes como se ven desde fuera”, dice.

Sus libros han ido evolucionando, igual que lo ha hecho su forma de trabajar. Cuando escribió Oriente Medio se dio cuenta de que tenía mucho material, pero perdido, desorganizado. Organizar todas las notas fue una tarea ardua. Ahora, en cambio, trabaja con el chip de que puede salir un libro con lo que está haciendo. Trabaja con dos libretas, una para tomar notas de sus crónicas de cada día, para sus medios, y otra en la que toma notas de cosas que le pueden valer para un libro. Dice que no le interesa hacer libros que sean recopilaciones de artículos. En sus libros puede mostrar todo lo que hay en Jerusalén y que no recogen las crónicas del día.

Desde los 18 años Mikel Ayestaran (Beasaín, Guipúzcoa, 1975) viaja donde muy pocos turistas quieren ir de vacaciones y donde cada vez son menos los periodistas que hay informando. Irak, Siria, Jordania, Yemen, Pakistán, Afganistán, entre otros muchos destinos, y Jerusalén, esa ciudad santa y cautiva que da título a su último libro (los otros dos son Las cenizas del califato y Oriente Medio, Oriente roto, ambos también publicados por Península) y en la que reside junto a su familia.
Mikel Ayestaran. Foto: Quique Kierszenbaum.

Para saber sobre el conflicto recomienda los libros que siempre tiene a mano: From Beirut to Jerusalem, de Thomas Friedman, en el que su autor dice que para los palestinos tener a los judíos como rivales es, a la vez, una bendición y un castigo. Por un lado, les otorga una visibilidad que no tienen otros conflictos como el de los kurdos o los armenios. Por el otro lado, está el enorme sentimiento de culpa en Occidente con los judíos. Se habla de los palestinos, pero casi todo occidente se siente más cerca de los judíos.

Otro libro es Pity the Nation, de Robert Fisk (también autor de La gran guerra por la civilización), en el que defiende que el Holocausto y el sentimiento de culpabilidad de Occidente son los factores que mejor explican el nacimiento del Estado judío y su total cobertura por parte de la comunidad internacional, por encima del derecho bíblico al que apelan los sionistas para justificar la creación de Israel.

Y el ensayo de Joan Cañete, Muros, bosques, tumbas: un periodista en Jerusalén. Jerusalén, esa ciudad en la que en muy poco espacio se concentra una gran parte de la historia universal y un conflicto se eterniza. Un lamento global que no hay muro que consuele ni justifique.

a.
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