Viaje por los lugares abandonados más fascinantes de España

Tres fotógrafos presentan en ‘España abandonada’ sus exploraciones de sitios donde el tiempo se ha detenido entre ruinas y paredes silenciosas

Los lugares abandonados son magnéticos. Son sitios que mezclan la fascinación con una inquietante sensación de temor. Melancolía, curiosidad, desazón, intriga y angustia son algunos de los sentimientos que se mezclan cuando se camina por calles derruidas por bombardeos, por salas de hospital que parecen decorados de una película cutre de zombies, por el puente oxidado de un viejo barco y por hoteles que conocieron años dorados que nunca volverán.

Columna de una cementera bajo las estrellas. Foto P. Quiles

Los lugares abandonados son magnéticos. Son sitios que mezclan la fascinación con una inquietante sensación de temor. Melancolía, curiosidad, desazón, intriga y angustia son algunos de los sentimientos que se mezclan cuando se camina por calles derruidas por bombardeos, por salas de hospital que parecen decorados de una película cutre de zombies, por el puente oxidado de un viejo barco y por hoteles que conocieron años dorados que nunca volverán.

Frans Lens, Paco Quiles y Carlos Sanmillán son tres fotógrafos que durante diez años se han convertido en una especie de Indiana Jones de la imagen, y que presentan sus mejores hallazgos en ‘España abandonada’ (Editorial Jonglez)

Los lugares abandonados son magnéticos. Son sitios que mezclan la fascinación con una inquietante sensación de temor. Melancolía, curiosidad, desazón, intriga y angustia son algunos de los sentimientos que se mezclan cuando se camina por calles derruidas por bombardeos, por salas de hospital que parecen decorados de una película cutre de zombies, por el puente oxidado de un viejo barco y por hoteles que conocieron años dorados que nunca volverán.

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La arqueología del abandono

A diferencia del personaje de Harrison Ford ellos no tocan nada, no se llevan ni una piedra. Es más, mantienen a rajatabla la premisa de los fotógrafos de los sitios abandonados: no revelar la ubicación para evitar el vandalismo.

Porque las gamberradas serían lo último que le podría pasar al largo listado de sitios derruidos que estos fotógrafos dejan retratados de noche y de día, en ocasiones con la pantomima de posar con máscaras steampunk o realizando divertidos juegos de luces en medio de la noche más cerrada.

Los lugares abandonados son magnéticos. Son sitios que mezclan la fascinación con una inquietante sensación de temor. Melancolía, curiosidad, desazón, intriga y angustia son algunos de los sentimientos que se mezclan cuando se camina por calles derruidas por bombardeos, por salas de hospital que parecen decorados de una película cutre de zombies, por el puente oxidado de un viejo barco y por hoteles que conocieron años dorados que nunca volverán.
Los exploradores recorren sitios abandonados sin revelar sus ubicaciones. Foto F Lens

Pueblos bombardeados y estaciones olvidadas

El paseo por los lugares abandonados comienza con un clásico, el pueblo bombardeado de Belchite (Aragón), donde las leyendas aseguran que suceden fenómenos paranormales.

El paseo por los lugares abandonados comienza con un clásico, el pueblo bombardeado de Belchite

Pues lo que parece de otro mundo son las logradas tomas de larga exposición, donde la Vía Láctea emerge entre fachadas que parecen a punto de derrumbarse o tras la cúpula de la iglesia carcomida por la metralla.

También en Aragón llegan hasta Huesca para fotografiar la estación abandonada de Canfranc, una gigantesca infraestructura que en breve resucitará como hotel de lujo. Pero antes de que se convierta en el nuevo resort chic de los Pirineos ellos retrataron la decadencia de las instalaciones.

Los lugares abandonados son magnéticos. Son sitios que mezclan la fascinación con una inquietante sensación de temor. Melancolía, curiosidad, desazón, intriga y angustia son algunos de los sentimientos que se mezclan cuando se camina por calles derruidas por bombardeos, por salas de hospital que parecen decorados de una película cutre de zombies, por el puente oxidado de un viejo barco y por hoteles que conocieron años dorados que nunca volverán.
Cementerio de trenes en Aragón. Foto P. Quiles

El barco fantasma de Sagunto

El trío retrata el cementerio de trenes en el puerto de Escandón, a 1.218 metros de altitud (cerca de Teruel), donde la neblina le da un aspecto más fantasmagórico.

Hablando de espectros, también está el Lion of Olympia, un barco fantasma que durante 15 años se estuvo oxidando en el puerto de Sagunto por la quiebra de la naviera propietaria, donde solo quedó el capitán como presencia errante hasta que también se cansó y se fue.

Los lugares abandonados son magnéticos. Son sitios que mezclan la fascinación con una inquietante sensación de temor. Melancolía, curiosidad, desazón, intriga y angustia son algunos de los sentimientos que se mezclan cuando se camina por calles derruidas por bombardeos, por salas de hospital que parecen decorados de una película cutre de zombies, por el puente oxidado de un viejo barco y por hoteles que conocieron años dorados que nunca volverán.
Ecuaciones olvidadas en una central térmica. Foto F.Lens

Hay varios sitios donde los fotógrafos de sitios abandonados concurren para realizar el lightpainting (pintura de luz), que son los juegos visuales con linternas, fuego y otras herramientas lumínicas combinadas con la larga exposición.

Varios de ellos fueron practicados en el llamado Taller del alemán, el antiguo Taller Götz que está cerca de la entrada a Sagunto, que hace 30 años quedó olvidado y su estructura racionalista poco a poco se da derruyendo.

Los lugares abandonados son magnéticos. Son sitios que mezclan la fascinación con una inquietante sensación de temor. Melancolía, curiosidad, desazón, intriga y angustia son algunos de los sentimientos que se mezclan cuando se camina por calles derruidas por bombardeos, por salas de hospital que parecen decorados de una película cutre de zombies, por el puente oxidado de un viejo barco y por hoteles que conocieron años dorados que nunca volverán.
Columna de una cementera bajo las estrellas. Foto P. Quiles

Rescatar del olvido

Impacta ver las cubas color burdeos de las Bodegas Kremlin, que cerró su actividad en el 2007; el gigantesco domo de una cementera olvidada en algún punto del litoral catalán (no hay más datos geográficos) que se abre como un templo de ciencia ficción, la pizarra con ecuaciones en un laboratorio farmacéutico, los restos de la primera central eléctrica de carbón construida en España, una fábrica de muñecas que podría asustar al más valiente y las paredes silenciosas de un embalse sin agua.

Los lugares abandonados son magnéticos. Son sitios que mezclan la fascinación con una inquietante sensación de temor. Melancolía, curiosidad, desazón, intriga y angustia son algunos de los sentimientos que se mezclan cuando se camina por calles derruidas por bombardeos, por salas de hospital que parecen decorados de una película cutre de zombies, por el puente oxidado de un viejo barco y por hoteles que conocieron años dorados que nunca volverán.
Ruinas de Belchite. Foto P.Quiles

El tiempo parece detenido, pero en realidad sigue su marcha inexorable, socavando muros y derrumbando techos

Decíamos que el tiempo parece detenido en estos rincones abandonados. Pero en realidad las agujas de Cronos siguen girando, y lentamente va socavando muros, techos, columnas y estructuras. La labor de estos tres fotógrafos ayudan a rescatarlos del olvido.

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