Las joyas de las colonias industriales de Cataluña

En el auge de la industria textil catalana a lo largo de ríos como el Llobregat y el Ter se levantaron grandes colonias fabriles que permanecen detenidas en el tiempo

Entre el último tercio del siglo XIX y principios del XX Cataluña se convirtió en una de las regiones más industrializadas de España. Mientras que el norte del país se volcó en la producción siderúrgica y minera, en esta comunidad autónoma el protagonismo fue del sector textil.

Testigos de aquellos años son las colonias industriales que se conservan, casi como si el tiempo no hubiera pasado, a la vera de ríos como el Llobregat o el Ter.

En el tramo superior del primer curso, en su paso por la comarca del Berguedá, se encuentra la mayor concentración de establecimientos fabriles construidos en esa época, donde en un sector de unos 20 kilómetros se agrupan una treintena de colonias.

Cómo eran las colonias industriales

Estos complejos, a grandes rasgos, se organizaban en dos estamentos: por un lado estaba la fábrica, que aprovechaba la corriente del río para accionar sus turbinas (algunas siguen en funcionamiento un siglo después) con elementos adicionales como esclusas, canales y la instalación fabril de telares y maquinarias.

La instalación de grandes colonias industriales permitió a los empresarios textiles mantener su producción lejos de las agitaciones obreras de los siglos XIX y XX

A su alrededor o a una corta distancia se encontraba el pueblo construido por los propietarios de la compañía, donde además de las casas de los obreros y el personal jerárquico se ofrecían todos los servicios, desde bibliotecas, escuelas, ateneos e iglesias a dispensarios, tiendas, zonas deportivas y alojamientos para empleados sin familias.

Entre el altruismo y el control social

Hay dos lecturas de la razón de estos gigantescos complejos fabriles y residenciales: una es que las compañías convocaban a la mano de obra que necesitaban con un despliegue de servicios y alojamiento que era más difícil de acceder en las grandes ciudades como Barcelona (de hecho, muchos de ellos eran gratuitos o con financiamiento asequible).

Otra es que detrás de esta intención supuestamente altruista estaba el objetivo de aislar a los trabajadores de los movimientos socialistas y anarquistas que tenían mucha influencia a finales del siglo XIX.

Varias de estas colonias se construyeron bajo la influencia de modernismo, movimiento artístico que en su variante arquitectónica logró el apogeo gracias, precisamente, al afán de ostentación de los industriales catalanes, muchos de ellos provenientes del sector textil.

La meca de las colonias

En los alrededores de los pueblos de Gironella y PuigReig, a unos 100 kilómetros de Barcelona, se pueden encontrar numerosas colonias, como las de Pons, la de Vidal, la de Cal Metre, Cal Prat o Cal Riera.

Si hay que elegir un punto de partida, lo sugerido es empezar en Viladomiu Nou, en Gironella.

En la fastuosa residencia conocida como la Torre del Amo se encuentra el Centro de Interpretación de las Colonias Textiles del Llobregat, que permite tener dos visiones: por un lado, saber cómo vivían los empresarios textiles, con un poder adquisitivo que les permitían construir lujosas mansiones y financiar toda clase de proyectos.

Torre del amo en Viladomiu Nou
Torre del amo en Viladomiu Nou. Foto Turismo de Berguedá

También es la puerta de entrada para saber cómo fue el proceso de industrialización en Cataluña, de qué manera vivían los obreros y qué sucedió en eventos puntuales como la Semana Trágica de 1909.

Colonia Pons

No muy lejos, 12 kilómetros curso abajo del Llobregat, se encuentra Cal Pons, una de las siete colonias industriales del municipio de Puig-Reig.

Este es un complejo que empezó a construirse en 1875, donde destacan las siluetas de la Torre Vieja y la Torre Nueva (de 1897), la iglesia neogótica levantada en 1887 de un tamaño desproporcionado para la población del pequeño pueblo y en donde se encuentra el panteón familiar de los Pons.

Torres de Cal Pons. Foto Turismo de Berguedá
Torres de Cal Pons. Foto Turismo de Berguedá

Además de las viviendas del personal se encuentran la escuela, el jardín, el café del pueblo, la panadería y un convento, donde también se levantaba la residencia para las trabajadoras solteras.

Uno de los espacios destacados es el bosquet (bosquecillo), una zona ajardinada de encinas y cedros ubicada entre la iglesia y las torres de los dueños que le dan un toque singular a la colonia.

Colonia Vidal

Una de las que están en mejor estado de conservación es Colonia Vidal, también en Puig-Reig. Su museo permite conocer en detalle cómo era la vida puertas adentro y fuera de la fábrica, donde a través de visitas teatralizadas invitan a un viaje en el tiempo de gran fidelidad.

Las visitas teatralizadas en la Colonia Vidal son un fiel viaje en el tiempo a la época del esplendor de estos complejos industriales y urbanísticos

Allí se encuentra una máquina de vapor en excelente estado de conservación, y en la nave de telares se encuentran herramientas y maquinarias desconocidas para las personas del siglo XXI, como centenarias abridoras, cardas de chapones, telares de garrote y continuas de hilar.

Visitas teatralizadas en la Colonia Vidal
Visitas teatralizadas en la Colonia Vidal

Tras una película introductoria en el antiguo cine de la colonia, el paseo permite conocer una vivienda típica de trabajadores, los lavaderos, la primera sucursal bancaria, la escuela y tiendas como la pescadería.

Colonia de Borgonyà

Pero no todas las colonias se encontraban junto al Llobregat: a unos 85 kilómetros de la capital catalana, pero más hacia el norte, sobre el río Ter se encuentra la Colonia de Borgonyà, la más grande de este curso.

Construida en 1895, se la conocía como la ‘colonia de los ingleses’ por el origen de sus fundadores, los Coats (que en realidad, eran escoceses).

La influencia británica es palpable en el diseño de las viviendas, con sus jardines bien cuidados en el frente y la parte trasera de cada casa, y en la construcción de un campo de fútbol en 1924, el más antiguo de Cataluña de césped natural.

Fábrica de la Colonia de Borgonyà
Fábrica de la Colonia de Borgonyà

El complejo de edificios se divisa a la distancia gracias a la imponente chimenea de 46 metros de alto.

Además de la nave principal, se pueden visitar la casa del médico, la del administrador, el casino-teatro, la iglesia, el antiguo economato y descubrir detalles como las casas de las calles Payslei, Escòcia, Coats, Fabra y Borgonyà, así como la fachada modernista de la sala de turbinas y los jardines de estilo inglés.

Colonia Güell

De todas las infraestructuras, la más conocida seguramente es la Colonia Güell, y es debido a dos razones: por una parte, la cercanía con Barcelona, distante a unos 20 minutos en tren.

Por el otro, allí se encuentra una de las obras que permiten conocer la genialidad de Antoni Gaudí: la Cripta Güell.

La cripta Güell es un atisbo del monumental templo que había proyectado Gaudí, con un cimborrio central de 40 metros de altura

La colonia fue impulsada por Eusebi Güell en los terrenos de su finca en el municipio de Santa Coloma de Cervelló, en el curso inferior del Llobregat.

Una de las casas de la Colonia Güell Foto Ciutatactiva-Flickr
Una de las casas de la Colonia Güell. Foto Ciutatactiva-Flickr

De todos los complejos industriales, esta es la que presenta un mayor patrimonio de edificios modernistas, como se ve en las casas del médico, la del maestro junto a la escuela y la del personal jerárquico como las residencias Ca L’Espinal, Ca L’Ordal y Can Soler de la Torre.

Además de la calma pueblerina del café del ateneo y del entorno de las sierras, la joya de la corona es la pequeña iglesia que, en realidad, es un ápice del proyecto de un templo de tamaño descomunal.

El sueño frustrado de Gaudí

Como solía suceder con los encargos de Eusebi Güell a Gaudí, el industrial dio carta blanca al arquitecto en cuanto a dimensiones, costos y plazos.

Interior de la Cripta Güell
Interior de la Cripta Güell

El creador de la Sagrada Familia proyectó un templo de dos naves rematadas por torres laterales de diversa altura, y con un cimborrio central de 40 metros.

Pero en 1914 los hijos de Güell cortaron la financiación del faraónico proyecto, y solo pudo ser consagrada la nave inferior, donde Gaudí llevó a un nuevo plano su talento tanto en el diseño de la arquitectura como en la estética de los muebles y las vidrieras de colores.

a.
Ahora en portada