La Vía de la Plata en moto: así se vive la ‘Ruta 66 ibérica’

De Sevilla a Gijón y sobre un trazado que destila historia y cultura, increíbles y cambiantes paisajes, la Ruta Vía de la Plata ofrece 800 km de puro disfrute sobre dos ruedas

Seguramente la Ruta 66 que conecta Chicago y Los Ángeles en los EE UU es uno de esos viajes que hay que hacer una vez en la vida. Convertida en icono, sin duda el más épico road trip, mencionar su nombre evoca aventuras y sueños: larguísimas rectas, dinners con estética años 50, moteles y neones que brillan en lo más profundo de los EE UU.  

N630. Foto: Ruta Vía de la Plata.

Seguramente la Ruta 66 que conecta Chicago y Los Ángeles en los EE UU es uno de esos viajes que hay que hacer una vez en la vida. Convertida en icono, sin duda el más épico road trip, mencionar su nombre evoca aventuras y sueños: larguísimas rectas, dinners con estética años 50, moteles y neones que brillan en lo más profundo de los EE UU.  

Como la Ruta 66, pero de sur a norte en lugar de este a oeste y con raíces que se hunden en la época romana, en España tenemos nuestra propia ‘Ruta 66 ibérica’ -y perfecta para los aficionados al motor-: la Ruta Vía de la Plata.  

Seguramente la Ruta 66 que conecta Chicago y Los Ángeles en los EE UU es uno de esos viajes que hay que hacer una vez en la vida. Convertida en icono, sin duda el más épico road trip, mencionar su nombre evoca aventuras y sueños: larguísimas rectas, dinners con estética años 50, moteles y neones que brillan en lo más profundo de los EE UU.  
Valle del Jerte en flor. Foto: Ruta Vía de la Plata.

Ruta motera por excelencia 

Es cierto que no tiene los 4.000 km de la estadounidense, pero los más de 800 de su trazado, que conecta Sevilla con Gijón a través de las carreteras A-66 y N-630, ofrecen un paisaje tan cambiante como adictivo que va de olivares a dehesas, pasando por vastas mesetas, profundos y verdes valles y exigentes puertos de montaña.  

A lo largo del recorrido, que atraviesa siete provincias de cuatro comunidades autónomas, se disfruta de ciudades plagadas de patrimonio como Zafra, Plasencia, Hervás, Baños de Montemayor, Béjar, Zamora o León, una gastronomía deliciosa y la posibilidad de dormir en alojamientos como fortalezas árabes, castillos medievales, monasterios y conventos o palacios renacentistas, y eso solo si hablamos de los Paradores. 

Seguramente la Ruta 66 que conecta Chicago y Los Ángeles en los EE UU es uno de esos viajes que hay que hacer una vez en la vida. Convertida en icono, sin duda el más épico road trip, mencionar su nombre evoca aventuras y sueños: larguísimas rectas, dinners con estética años 50, moteles y neones que brillan en lo más profundo de los EE UU.  
Foto: Ruta Vía de la Plata.

La Vía de la Plata 

La N-630 es la base de la ruta –salvo los trayectos que hay que hacer obligatoriamente por la A-66 en la actualidad-, una carretera con siglos de historia ya que su origen se remonta a la Hispania romana, lo que permite realizar este viaje no solo en el espacio, sino también en el tiempo. 

Como uno de los caminos más antiguos de España -los restos arqueológicos apuntan a que era ya empleada durante la época tartésica, en el siglo VII antes de Cristo), la vía vertebró la comunicación durante el Imperio Romano como gran eje norte-sur de la península a través de la construcción de calzadas conectadas durante los mandatos de los emperadores Trajano y Adriano.    

Una de esas calzadas era la Vía de la Plata, que en origen conectaba las urbes de Mérida (Augusta Emerita) y Astorga (Asturica Augusta) con una longitud de 470 kilómetros. El sobrenombre de la vía (plata) es posterior a los romanos –por ella no circulaban cargamentos del preciado metal- deriva del término árabe balat (ladrillo) en referencia al enlosado del camino.  

Seguramente la Ruta 66 que conecta Chicago y Los Ángeles en los EE UU es uno de esos viajes que hay que hacer una vez en la vida. Convertida en icono, sin duda el más épico road trip, mencionar su nombre evoca aventuras y sueños: larguísimas rectas, dinners con estética años 50, moteles y neones que brillan en lo más profundo de los EE UU.  

Conectado con el camino de Santiago en la Baja Edad Media, sería mucho después, ya en el siglo XX, cuando el trazado se alarga para alcanzar Gijón por el norte y Sevilla por el sur, con la N-630 discurriendo en muchos de sus tramos en paralelo a la antigua calzada romana (de hecho sus restos son visibles en varios lugares). 

Hoy es un recorrido perfecto para hacer en moto en una ruta de cuatro etapas, una por comunidad autónoma (incluidas paradas turísticas), aunque también puede extenderse durante una semana o completarse por etapas.  

A los atractivos del paisaje cambiante y las ciudades Patrimonio de la Humanidad (entre ellas Mérida, Cáceres y Salamanca) que ofrece la N-630 se suman alicientes como el pasaporte motero, que se obtiene gratuitamente y se sella en diversos puntos del recorrido y que permite obtener descuentos y gratuidades en diferentes establecimientos a lo largo del itinerario.  

Primera etapa: Andalucía 

Si se opta por hacer la ruta de sur a norte (también se puede hacer a la inversa), el viaje arranca en Sevilla, una ciudad tan viva y dinámica que resulta difícil ofrecer una estimación del tiempo necesario para disfrutar de sus atractivos, de sus barrios tradicionales y las zonas más punteras, de su gastronomía, de sus callejuelas y sus monumentos más majestuosos. 

Seguramente la Ruta 66 que conecta Chicago y Los Ángeles en los EE UU es uno de esos viajes que hay que hacer una vez en la vida. Convertida en icono, sin duda el más épico road trip, mencionar su nombre evoca aventuras y sueños: larguísimas rectas, dinners con estética años 50, moteles y neones que brillan en lo más profundo de los EE UU.  
Paisaje de Carmona. Foto: Ruta Vía de la Plata.

Tras un trayecto de 34 km se llega a Carmona, otro enclave bético espectacular, además de una de las ciudades más antiguas de Europa, con 5.000 años de vida. A continuación, la Sierra Norte de Sevilla, un baile de curvas donde la naturaleza se crece entre pueblos blancos especialmente en primavera, con campos cubiertos de flores entre encinas y alcornoques y alguna que otra sorpresa como las cascadas del Huéznar, en el arranque de la carretera SE-7101, o el Mirador de Sierra Padrona y Puerto Quejigo. 

El final de esta primera etapa es Montemolín, ya en la provincia extremeña de Badajoz. 

Segunda etapa: Extremadura 

Atravesar toda Extremadura supone recorrer 382 km según el ‘rutómetro’ de la Vía de la Plata, disfrutando, eso sí, de paradas y desvíos en Fuente de Cantos, Calzadilla de los Barros, Zafra, Los Santos de Maimona, Mérida y Aldea del Cano.

Seguramente la Ruta 66 que conecta Chicago y Los Ángeles en los EE UU es uno de esos viajes que hay que hacer una vez en la vida. Convertida en icono, sin duda el más épico road trip, mencionar su nombre evoca aventuras y sueños: larguísimas rectas, dinners con estética años 50, moteles y neones que brillan en lo más profundo de los EE UU.  
Catedral de Plasencia. Foto: Ruta Vía de la Plata.

La carretera gira, se retuerce y oscila, como lo hace el paisaje, para descubrir Casar de Cáceres, el Parque Nacional de Monfragüe, la hermosa Plasencia, el Valle del Jerte, el Puerto de Honduras, Hervás (con un precioso acceso a través del Puerto de Honduras y donde además de un importante barrio judío se encuentra el Museo de la Moto y Coche Clásicos) y Baños de Montemayor

Tercera etapa: Castilla y León 

En siguiente jornada el asfalto dirige las motos hacia Béjar, para poner después rumbo a Salamanca y Zamora. De allí a Benavente esperan kilómetros y kilómetros de rectas enmarcadas por campos de cereal y girasoles con alguna zona boscosa donde se disfruta de otra manera de la conducción. Tras Benavente se puede hacer un desvío a Astorga para después continuar por hacia La Bañeza, una urbe muy vinculada a las motocicletas (en sus calles se celebra la única carrera de España que se corre íntegramente en circuito urbano y un gran mural recuerda la figura de Ángel Nieto). 

Apenas 40 minutos separan La Bañeza de León, donde también es imprescindible la parada antes de volver a la N-630 rumbo a La Pola de Gordón, enclavado en la Montaña Central Leonesa en un paraje declarado, en 2005, Reserva de la Biosfera de la Unesco. 

Seguramente la Ruta 66 que conecta Chicago y Los Ángeles en los EE UU es uno de esos viajes que hay que hacer una vez en la vida. Convertida en icono, sin duda el más épico road trip, mencionar su nombre evoca aventuras y sueños: larguísimas rectas, dinners con estética años 50, moteles y neones que brillan en lo más profundo de los EE UU.  
San Marcos, León. Foto: Ruta Vía de la Plata.

Cuarta etapa: Asturias 

El paisaje ya es totalmente diferente y es que estamos a 25 km del Puerto de Pajares, uno de los puntos emblemáticos de la N-630 y de todo el norte peninsular. Los afilados picos empiezan a dejar ver el paraíso que depara Asturias, y que empieza a disfrutarse puerto abajo, rumbo a Lena. Un desvío hacia la AS-112 descubre los tesoros del concejo de Aller, especialmente sus fotogénicas Foces. De vuelta a la N-630 se atraviesan Mieres y Ribera de Arriba, con la posibilidad de afrontar la mítica subida al Angliru. 

Llanera –donde se alza la sorprendente Iglesia Skate, el templo intervenido por el artista cántabro Okuda– es la última parada antes de Gijón, destino de esta ruta y meta imaginaria de este épico viaje de sur a norte, del Guadalquivir al Cantábrico y de punta a punta de España. 

Seguramente la Ruta 66 que conecta Chicago y Los Ángeles en los EE UU es uno de esos viajes que hay que hacer una vez en la vida. Convertida en icono, sin duda el más épico road trip, mencionar su nombre evoca aventuras y sueños: larguísimas rectas, dinners con estética años 50, moteles y neones que brillan en lo más profundo de los EE UU.  
Valle de Aller. Foto: Ruta Vía de la Plata.

a.
Ahora en portada