Palma: la herencia judía tiene una historia que contar

La comunidad judía de Mallorca tiene una historia de apogeo pero también de intolerancia y tragedia que, siglos después, puede ser explorada en las calles del antiguo 'call'

Durante la Edad Media Palma acogió una de las comunidades judías más numerosas de España, donde convivían con los habitantes cristianos antes de que llegue la invasión musulmana a la isla de Mallorca.

Foto Visit Palma

Durante la Edad Media Palma acogió una de las comunidades judías más numerosas de España, donde convivían con los habitantes cristianos antes de que llegue la invasión musulmana a la isla de Mallorca.

Ya en el siglo V las cartas del obispo Severo certifica la influencia de los mallorquines de fe judía, donde crecerían en poder gracias a su tradición comercial y artesanal, con su apogeo en torno al siglo XIII.

Una comunidad importante

La importancia que tuvo la comunidad judía medieval ya había sido reflejada en la crónica de la expedición de Ramón Berenguer III a Mallorca, de 1114.

En su apogeo la comunidad judía de Palma llegó a tener entre 4.000 y 5.000 miembros

Pero su presencia fue más importante tras la conquista de Jaime I entre 1229 y 1234: los judíos fueron compensados por apoyar a las tropas cristianas, quienes incluso permitieron la llegada de más practicantes de esta religión desde Tortosa, Tárrega, Narbona y Marsella e incluso Alejandría.

Durante la Edad Media Palma acogió una de las comunidades judías más numerosas de España, donde convivían con los habitantes cristianos antes de que llegue la invasión musulmana a la isla de Mallorca.
Calles del antiguo ‘call’ de Palma. Foto Visit Palma

Hacia 1290 se contabilizaban entre 4.000 y 5.000 judíos en la ciudad. Entre ellos han sobresalido personalidades como el cartógrafo medieval Jafuda Cresques, que es homenajeado con una escultura en el casco histórico.

Intolerancia y persecución

Pero la intolerancia que cruzó España desde el siglo XIV, agravada por la Inquisición durante el siglo XV como el brazo religioso que obligaba a convertirse bajo la presión de torturas y muertes, así como diferentes pogroms y asaltos al barrio judío terminarían eclipsando su presencia.

Pero no la han extinguido.

Aunque las casas de sus residentes hayan sido ocupadas y sus sinagogas derrumbadas, en los dos call de Palma (el mayor y el menor) se pueden revivir sus historias, así como en diferentes museos que mantienen vivo su legado.

Dentro del call

Los judíos mallorquines eran conocidos como xuetes, de la que deriva la voz chuetas, para nombrar aquellos que fueron forzados a convertirse al catolicismo (aunque en secreto seguían practicando sus ritos).

Durante la Edad Media Palma acogió una de las comunidades judías más numerosas de España, donde convivían con los habitantes cristianos antes de que llegue la invasión musulmana a la isla de Mallorca.
Alrededores de los antiguos baños árabes. Foto Visit Palma

Por imperativo real el call era su hogar, un laberinto urbano cuyo trazado persiste siglos después, ubicado en la zona nordeste de la Palma medieval.

Los muros que la delimitaban han desaparecido, pero se puede trazar su perímetro a lo largo de puntos como la Plaza Santa Eulália y la Porta d’es Camp, con las calles de Sòl (donde una placa indica el acceso a la judería), Montisión (derivado de Monte Sión) y del Seminari Vell como alguna de las arterias más importantes.

Una de las puertas a la Almudaina dels Jeus (ciudadela de los judíos), ya desaparecida, se encontraba en la actual calle de la Victoria.

En su interior se encuentran edificios emblemáticos de la capital como el Palacio de la Almudaina y la Biblioteca March.

Durante la Edad Media Palma acogió una de las comunidades judías más numerosas de España, donde convivían con los habitantes cristianos antes de que llegue la invasión musulmana a la isla de Mallorca.
Plaça de Sant Jeroni. Foto Visit Palma

Para interpretar la historia judía

Precisamente en la calle Almudaina 9, tras pasar un antiguo arco, se encuentra el Centro Maimó Ben Faraig.

Este museo es una parada obligatoria para conocer la historia de la comunidad hebrea, donde se puede divisar esa puerta, cuyo origen podría ser romano aunque tiene trazas de la época islámica, y que era uno de los accesos a la villa medieval.

Dentro del centro se pueden ver restos de las antiguas murallas romanas y de mapas que permiten contextualizar cómo era el trazado de los dos call judíos.

Porque también hubo un call menor, que data del primer tercio del siglo XIII, creado varias décadas antes que el mayor.

Durante la Edad Media Palma acogió una de las comunidades judías más numerosas de España, donde convivían con los habitantes cristianos antes de que llegue la invasión musulmana a la isla de Mallorca.
El Centro Maimó Ben Faraig conserva la historia de la comunidad judía. Foto Visit Palma

Las calles Sant Bartomeu, Argenteria, Bossera y la Plaza Mayor son algunas de las arterias y puntos históricos que lo englobaban.

De su presencia no ha quedado casi nada, excepto por la casa con patio gótico de la calle Las Monjas, que fue habitada por herederos convertidos entre los siglos XIV y XV.

Derribo tras derribo

Muchos edificios judíos fueron derribados y sus estructuras usadas como base para nuevas construcciones, como el actual Parlamento de las Islas Baleares, levantado en el antiguo convento de Santo Domingo; que había sido edificado entre las casas de la comunidad judía.

Muchos edificios judíos fueron derribados y sus estructuras usadas como base para nuevas construcciones

Asimismo la actual iglesia de Montesión se erigió entre los restos de la sinagoga mayor, una de los tres que hubo en la ciudad.

Durante la Edad Media Palma acogió una de las comunidades judías más numerosas de España, donde convivían con los habitantes cristianos antes de que llegue la invasión musulmana a la isla de Mallorca.
Escultura del cartógrafo Jafuda Cresques. Foto IMTUR-Ajuntament de Palma

La herencia

Del antiguo templo solo ha sobrevivido la base que va desde la fachada hasta la parte trasera. Si se mira con atención se verá que, al día de hoy, todavía hay personas que dejan papeles con deseos, tal como es tradición en el Muro de los Lamentos de Jerusalén.

Aunque las conversiones forzosas, expulsiones y muertes hayan diluido gran parte de la herencia judía, cabe recordar que muchos apellidos típicos de Mallorca como Miró, Pinya, Fortesa, Pomar o Aguiló descienden de aquellos chuetas, cuya historia debe ser rescatada.

a.
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