Las Grandes Ciudades Balneario de Europa donde el termalismo es arte y cultura

11 ciudades de 7 países europeos, recientemente reconocidas como Patrimonio Mundial de la Unesco, ejemplifican la cultura y la arquitectura desarrolladas en torno al termalismo

Son paisajes pintorescos que encarnan, según la Unesco “el intercambio significativo de valores humanos y los desarrollos en medicina, ciencia y balneología” y a la vez tuvieron un papel fundamental en el desarrollo del turismo moderno, lo que llevó al organismo a inscribir el sitio conjunto, denominado Las Grandes Ciudades Balneario de Europa, en su Listado de Patrimonio Mundial el pasado mes de julio.

Mariánské Lázně. Foto: Ladislav Renner | CzechTourism.

Las ciudades de Bad Ems, Baden-Baden y Bad Kissingen en Alemania, Baden bei Wien en Austria, Spa en Bélgica, Vichy en Francia, Montecatini Terme en Italia, Bath en Reino Unido y Franzensbad, Karlovy Vary y Marienbad en República Checa tienen algo en común: todas ellas se desarrollaron alrededor de manantiales y son cuna del desarrollo de una cultura del termalismo en Europa.

En torno a sus aguas se crearon importantes complejos terapéuticos pero también recreativos que dieron lugar a todo un fenómeno cultural del spa que alcanzó su apogeo entre 1700 y 1930, así como una arquitectura y urbanismo particulares.

Imponentes edificios con galerías, fuentes, columnatas y salas de tratamiento en los que aprovechar las cualidades del agua fueron hermosamente ornamentados y rodeados de otras infraestructuras como jardines, teatros, casinos, hoteles y villas.

Son paisajes pintorescos que encarnan, según la Unesco “el intercambio significativo de valores humanos y los desarrollos en medicina, ciencia y balneología” y a la vez tuvieron un papel fundamental en el desarrollo del turismo moderno, lo que llevó al organismo a inscribir el sitio conjunto, denominado Las Grandes Ciudades Balneario de Europa, en su Listado de Patrimonio Mundial el pasado mes de julio.
Baños romanos de Bath. Foto: VisitBritain.

Son paisajes pintorescos que encarnan, según la Unesco “el intercambio significativo de valores humanos y los desarrollos en medicina, ciencia y balneología” y a la vez tuvieron un papel fundamental en el desarrollo del turismo moderno, lo que llevó al organismo a inscribir el sitio conjunto, denominado Las Grandes Ciudades Balneario de Europa, en su Listado de Patrimonio Mundial el pasado mes de julio.

Bath, la pionera

La candidatura conjunta logró ampliar la presencia de la británica Bath, Patrimonio Mundial desde 1987, a las otras diez ciudades que conforman este sitio transnacional, denominado The Great Spa Towns of Europe.

Ubicada en Somerset, en el suroeste de Inglaterra, a una hora y media en tren desde Londres, los romanos fundaron allí una ciudad precisamente por sus aguas termales en el año 43 d.C. La llamaron Aquae Sulis y construyeron un complejo de termas y un templo alrededor del manantial, en el valle del río Avon.

Son paisajes pintorescos que encarnan, según la Unesco “el intercambio significativo de valores humanos y los desarrollos en medicina, ciencia y balneología” y a la vez tuvieron un papel fundamental en el desarrollo del turismo moderno, lo que llevó al organismo a inscribir el sitio conjunto, denominado Las Grandes Ciudades Balneario de Europa, en su Listado de Patrimonio Mundial el pasado mes de julio.
Thermae Bath SPA. Foto: VisitBritain.

En época georgiana, la ciudad, conocida también por su vinculación con artistas y escritores como Jane Austen, se popularizó enormemente por la calidad de sus aguas y experimentó un enorme desarrollo, así como la creación de infraestructuras que visitaban la realeza y la alta burguesía del país e icónicos edificios que sentaron las bases de otros complejos de este tipo en toda Europa.

La versión más moderna viene representada por Thermae Bath SPA, con tres piscinas termales entre las que destaca The New Royal Bath, que corona el edificio.

Spa, la original

Hay quien dice que el término moderno de termalismo, spa, deriva directamente de esta ciudad ubicada en la región de Valonia (Bélgica). Conocida por las cualidades de sus aguas ferruginosas ya desde la época romana, en el siglo XVIII sus fuentes termales se convirtieron en lugar de peregrinación para la realeza europea.

El zar Pedro I de Rusia estuvo en 1717 y, en su honor, la fuente de Spa más conocida lleva el nombre de Fuente mineral ferruginosa Pedro el Grande. Otra está dedicada a la reina María Enriqueta de Habsburgo-Lorena, que se refugió en este lugar donde acabaría falleciendo en 1902.

Son paisajes pintorescos que encarnan, según la Unesco “el intercambio significativo de valores humanos y los desarrollos en medicina, ciencia y balneología” y a la vez tuvieron un papel fundamental en el desarrollo del turismo moderno, lo que llevó al organismo a inscribir el sitio conjunto, denominado Las Grandes Ciudades Balneario de Europa, en su Listado de Patrimonio Mundial el pasado mes de julio.
Termas de Spa. Foto: Fabrice Debatty.

También conocida como ‘La Perla de las Ardenas belgas’ y el ‘Café de Europa’, a su fastuoso balneario de estilo clasicista del siglo XIX se ha unido después un moderno centro termal con vistas a la ciudad.

Baden bei Wien, spa de emperadores

Muy cerca de Viena, sede histórica de una de las mayores dinastías imperiales del mundo: los Habsburgo, Baden fue durante mucho tiempo su lugar de veraneo predilecto, lo que la convirtió en algo así como un ‘balneario de emperadores’ (y también un centro mundial de política).

Aunque los romanos ya conocían los beneficios de sus aguas termales, se desarrollaron especialmente a partir del siglo XV, bajo el reinado de los Habsburgo, que la convirtieron a finales del siglo XVIII en el principal balneario de Austria.

En aquella época florecieron la arquitectura, el arte y la cultura de los jardines. Las casas burguesas, los palacios y las plazas diseñados por arquitectos como Carl von Moreau, Josef Kornhäusel y Otto Wagner siguen siendo testigos únicos del esplendor de Baden, que alcanzó la fama mundial.

Son paisajes pintorescos que encarnan, según la Unesco “el intercambio significativo de valores humanos y los desarrollos en medicina, ciencia y balneología” y a la vez tuvieron un papel fundamental en el desarrollo del turismo moderno, lo que llevó al organismo a inscribir el sitio conjunto, denominado Las Grandes Ciudades Balneario de Europa, en su Listado de Patrimonio Mundial el pasado mes de julio.
Eugenvilla, Baden bei Wien. Foto: Romana Fürnkranz | Stadtgemeinde Bade.

Con 14 fuentes termales, el distrito de spa se centra en el jardín del spa que contiene el grupo arquitectónico de Kurhaus, Trinkhalle, Sommerarena y el pabellón de música. Más allá, un cinturón de villas o sommerfrische se extiende por un terreno de colinas y valles.

Compositores y artistas como Wolfgang Amadeus Mozart, Ludwig van Beethoven -que compuso aquí su Novena Sinfonía, el Himno de la Alegría-, Johann Strauss padre e hijo o Franz Grillparzer residieron y trabajaron regularmente en Baden, lo que ha vinculado para siempre la ciudad con la música.

Vichy, la reina de las ciudades balneario

Ubicada en la región Auvernia-Ródano Alpes, Vichy es una elegante ciudad termal conocida desde la época galorromana por sus fuentes con propiedades beneficiosas y terapéuticas.

Conocida como ‘reina de las ciudades balneario’, contribuyó además a la creación de una cultura termal en Europa en el siglo XIX, un proceso en el que Francia jugó un papel fundamental.

Son paisajes pintorescos que encarnan, según la Unesco “el intercambio significativo de valores humanos y los desarrollos en medicina, ciencia y balneología” y a la vez tuvieron un papel fundamental en el desarrollo del turismo moderno, lo que llevó al organismo a inscribir el sitio conjunto, denominado Las Grandes Ciudades Balneario de Europa, en su Listado de Patrimonio Mundial el pasado mes de julio.
Vichy. Foto: Christian Parisey | Région Auvergne-Rhône-Alpes.

Situada en una llanura junto al río Allier, combina los principios urbanos parisinos con un paseo balneario dentro de la ciudad. Napoleón III alentó la construcción de parques y bulevares, complejos de baños, salas de bombas conectadas por paseos cubiertos, casino y teatro, hoteles y villas.

Tras la Segunda Guerra Mundial, recuperó su estatus, mientras que su agua embotellada continúa exportándose a todo el mundo.

Montecatini Terme, el balneario toscano

Entre Pistoia y Lucca, Montecatini Terme es el centro termal por excelencia en la Toscana (con el permiso de las Termas de Saturnia), no solo por su historia vinculada a las aguas que manan de la tierra, sino por su esfuerzo en la creación de un importante complejo a finales del siglo XVIII que vino aparejado a la introducción de nuevos tratamientos.

Son paisajes pintorescos que encarnan, según la Unesco “el intercambio significativo de valores humanos y los desarrollos en medicina, ciencia y balneología” y a la vez tuvieron un papel fundamental en el desarrollo del turismo moderno, lo que llevó al organismo a inscribir el sitio conjunto, denominado Las Grandes Ciudades Balneario de Europa, en su Listado de Patrimonio Mundial el pasado mes de julio.
Fachada de la Kursaa, Montecatini. Foto: Comune Montecatini Terme.

La arquitectura monumental, con muchos y ostentosos edificios, y sus termas, la mayoría ubicadas en el Parque delle Terme, se rodea de un oasis de jardines, zonas verdes y paseos que sedujo a intelectuales y artistas como Verdi, Puccini y Leoncavallo.

Ciudades balneario alemanas

Bad Ems, Baden-Baden y Bad Kissingen son las ciudades alemanas incluidas en el sitio The Great Spa Towns of Europe.

Bad Ems, en el Estado federado de Renania-Palatinado, ya era considerado en los siglos XVII y XVIII como uno de los balnearios más famosos de Alemania, si bien alcanzó su punto álgido en el siglo XIX, cuando se convirtió en la residencia de verano de monarcas y artistas, incluido el káiser Guillermo I de Alemania, los zares Nicolás I y Alejandro II de Rusia, Richard Wagner, Fiódor Dostoyevski y Vasili Vereschaguin.

Son paisajes pintorescos que encarnan, según la Unesco “el intercambio significativo de valores humanos y los desarrollos en medicina, ciencia y balneología” y a la vez tuvieron un papel fundamental en el desarrollo del turismo moderno, lo que llevó al organismo a inscribir el sitio conjunto, denominado Las Grandes Ciudades Balneario de Europa, en su Listado de Patrimonio Mundial el pasado mes de julio.
Bad Ems. Foto: Dominik Ketz.

En el extremo occidental de la Selva Negra, Baden-Baden se alzó con el título de capital de verano de Europa en el siglo XIX gracias a uno de los spas más grandes del continente y a la afluencia de personalidades de la élite política y cultural.

La tercera gran ciudad-balneario alemana es Bad Kissingen, en Baja Franconia, una de las siete regiones administrativas bávaras. Su nombre está unido al del arquitecto Max Littmann, responsable de la infraestructura en torno al termalismo levantada en el siglo XIX, con ejemplos como la sala de bombas de Wandelhalle, la estructura más grande de su tipo en el mundo, que conquistó a la élite, comenzando por el canciller imperial alemán Otto von Bismarck.

Son paisajes pintorescos que encarnan, según la Unesco “el intercambio significativo de valores humanos y los desarrollos en medicina, ciencia y balneología” y a la vez tuvieron un papel fundamental en el desarrollo del turismo moderno, lo que llevó al organismo a inscribir el sitio conjunto, denominado Las Grandes Ciudades Balneario de Europa, en su Listado de Patrimonio Mundial el pasado mes de julio.
Bad Kissingen. Foto: David Laudien | Stadtarchiv Bad Kissingen.

El Triángulo Balneario de Chequia

Con otras tres ciudades en este sitio transnacional, Chequia se consolida como gran referente en el termalismo europeo.

Su triángulo termal está integrado por las ciudades de Karlovy Vary, Mariánské Lázně y Františkovy Lázně, se desarrolló a partir del siglo XVIII en torno a los manantiales de agua termal y el desarrollo de balnearios destinados a tratar diversas dolencias. Allí encontraban, además, propuestas recreativas acordes al estatus social de su acomodada clientela, venida de toda Europa, por lo que no faltaban casinos, teatros, mansiones, jardines y paseos.

Son paisajes pintorescos que encarnan, según la Unesco “el intercambio significativo de valores humanos y los desarrollos en medicina, ciencia y balneología” y a la vez tuvieron un papel fundamental en el desarrollo del turismo moderno, lo que llevó al organismo a inscribir el sitio conjunto, denominado Las Grandes Ciudades Balneario de Europa, en su Listado de Patrimonio Mundial el pasado mes de julio.
Karlovy Vary. Foto: Renner Ladislav.

Las opciones van desde el ambiente señorial y elegante de Karlovy Vary, cuyo nombre deriva de Carlos IV, que la habría fundado en el siglo XIV y que también, según la leyenda, habría descubierto fortuitamente las propiedades de sus aguas durante una cacería.

Menos conocida que la anterior, Mariánské Lázně es uno de los grandes secretos termales de Chequia, con su elegante arquitectura, teñida de blanco y amarillo, que se prodiga en casas de baños, hoteles, columnatas y templos. Personalidades como Chopin, Goethe o Wagner eran sólo algunos de sus asiduos y fue también lugar de encuentro del rey británico, Eduardo VII, y el emperador austrohúngaro Francisco José I.

Son paisajes pintorescos que encarnan, según la Unesco “el intercambio significativo de valores humanos y los desarrollos en medicina, ciencia y balneología” y a la vez tuvieron un papel fundamental en el desarrollo del turismo moderno, lo que llevó al organismo a inscribir el sitio conjunto, denominado Las Grandes Ciudades Balneario de Europa, en su Listado de Patrimonio Mundial el pasado mes de julio.
Mariánské Lázně. Foto: Renner Ladislav.

En este caso fue un médico, Johann Josef Nehr, quien descubrió los beneficios de los más de 160 manantiales de la zona. Hoy, sus más de 50 fuentes minerales de agua fría ofrecen agua con propiedades beneficiosas para tratar dolencias digestivas, respiratorias, nerviosas o renales.

Františkovy Lázně es la más pequeña de este triángulo ubicado en Bohemia Occidental aunque no tiene nada que envidiar a sus hermanas mayores: el poeta alemán Goethe la calificó como el “paraíso terrenal”.

Son paisajes pintorescos que encarnan, según la Unesco “el intercambio significativo de valores humanos y los desarrollos en medicina, ciencia y balneología” y a la vez tuvieron un papel fundamental en el desarrollo del turismo moderno, lo que llevó al organismo a inscribir el sitio conjunto, denominado Las Grandes Ciudades Balneario de Europa, en su Listado de Patrimonio Mundial el pasado mes de julio.
Františkovy Lázně. Foto: Renner Ladislav.

Recibe este nombre en honor al emperador austríaco Francisco I, que la fundó a finales del siglo XVIII. El efecto terapéutico del agua termal y de la turba (aquí se fundó el primer balneario del mundo que empleaba la turba con fines terapéuticos) impulsaron el crecimiento de elegantes paseos y arcadas clasicistas en la población.

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