Glasgow, el garaje musical del indie y el rock del Reino Unido

De Barrowland a King’s Tut, nos zambullimos en los templos musicales de Glasgow donde debutaron algunas de las mejores bandas internacionales del rock y el indie-pop de las últimas décadas

Nada más bajar del autobús del aeropuerto y echar a andar mis primeros pasos por la concurrida plaza de George Square, tuve claro que dos de las cosas que me habían contado sobre Glasgow eran totalmente ciertas. Irrefutables, incluso. Hace mucho frío en invierno y la gente habla la lengua de Shakespeare con un acento prácticamente incomprensible para un oído poco entrenado.

Sin embargo, en un simple viaje de cinco días destrocé el resto de mitos y opiniones ancladas en la época industrial y oscura de una ciudad que ofrece un taimado y esplendoroso universo cultural a aquellos que saben, y quieren, buscarlo.

Y en el centro de ese bello universo se encuentra el cuarto arte: la música.

La céntrica George Square. Foto: ©Glasgow Life.

Glasgow, Ciudad de la Música

En cierto modo es normal este desconocimiento pues, a pesar de que Glasgow ha sido declarada Ciudad de la Música por la Unesco y que alberga la Ópera Escocesa, el Ballet de Escocia y el Teatro Nacional de Escocia, nadie anuncia a bombo y platillo que en la urbe más grande de Escocia nacieron talentos como los hermanos Angus y Malcolm Young (AC/DC), Alex Kapranos (Franz Ferdinand), Mark Knopfler (Dire Straits), Bobby Gillespie (Primal Scream y The Jesus & Mary Chain), Francis Healy (Travis), Jim Kerr (Simple Minds) o Stuart Murdoch (Belle and Sebastian).

Los hermanos Angus y Malcolm Young, Alex Kapranos, Mark Knopfler, Bobby Gillespie, Francis Healy, Jim Kerr o Stuart Murdoch son solo algunos de los artistas nacidos en Glasgow

Tras hablar con algunos contactos de la ciudad, deduje que la mejor forma de impregnarse del verdadero ambiente electrizante y bohemio que había servido de caldo de cultivo para algunas de las mejores bandas internacionales del rock y el indie-pop de las últimas décadas era visitando algunos de los templos musicales de Glasgow, pero también esos lugares prácticamente desconocidos que esconden gemas de gran valor.

The Old Fruitmarket. Foto: McAteer Photograph.

De viejos mercados y salas de conciertos

Fue así como encontré The Old Fruitmarket. Situado en el mismo lugar que el Ayuntamiento de la ciudad (City Halls), este mercado de frutas y verduras del siglo XIX mantiene su romántico aspecto para acoger grandes conciertos de todo tipo de música.

Más antigua aún es la joya que encontré tras entrar por la puerta trasera de un edificio anodino y anónimo de New Wynd Lane, y ascender unas escaleras que se encontraban en lamentable estado. Al levantar la mirada del último escalón, sentí haber entrado en el Mundo de Oz. 

El teatro Britannia Panopticon está considerado como la sala de espectáculos en activo más antigua del mundo. Abrió sus puertas a mediados del siglo XIX y sobre sus tablas de madera han desfilado comediantes, cantantes, bailarines y toda clase de artistas. Era un teatro popular en el que corría la cerveza y la gente gritaba, insultaba e incluso tiraba excrementos de caballo a los artistas si su actuación no era del agrado del vulgo.

The Britannia Panopticon. Foto: Jeff J Mitchell | Getty Images.

Y es que la cerveza y la música están completamente ligadas en Glasgow. Siendo así, no es de extrañar que la historia de bandas como Franz Ferdinand o Snow Patrol se lanzara tras empuñar el micrófono en el pequeño escenario del famoso pub King Tut´s Wah Wah Hut, ubicado en el número 272A de la calle St. Vincent.

Mientras apuro mi pinta de cerveza negra, un dicharachero camarero me cuenta que en un oscuro rincón de la que, para muchos, es la mejor sala de conciertos del Reino Unido, se firmó el contrato millonario que lanzó a la banda Oasis y los hermanos Gallagher al estrellato. En honor a tal empresa, el baño de los hombres aquí tiene el nombre de Wonderwall, uno de los grandes éxitos del grupo. Una pinta más tarde, comprobaba que este detalle era cierto.

King Tut’s Wah Wah Hut. Foto: ©Glasglow Life.

Conciertos en una iglesia

No son de tanto renombre las bandas que pasan por otro de los mejores pubs para escuchar música en Glasgow. Se trata de St. Luke’s, y aquí es su dueño, Michael, quien me cuenta que a algunos feligreses les chocó ver convertida, en 2012, su iglesia habitual (desde 1836) en una espectacular sala de conciertos adherida a un pub en el que no se consagraba la cerveza servida.

Aquí dan la oportunidad de tocar a bandas emergentes de distintos tipos de estilos, pero principalmente indie y rock.

Muchos de los locales de música en vivo como Mono, Saint Luke’s o 13th Note ofrecen también suculentas propuestas gastronómicas

Mono es, también, un buen lugar para aquellos músicos que están empezando. Se trata de una especie de mix entre antigua tienda de vinilos, restaurante vegetariano, taller de cervezas artesanales y sala de concierto. ¿Alguien da más?

Foto: Saint Luke’s.

Garage musical del Reino Unido

A principios de los años 90, por esas mismas calles del centro de Glasgow, en las que estaba consiguiendo desentrañar el secreto del garaje musical más próspero del Reino Unido, vagaba Stuart Murdoch. El cantante de Belle and Sebastian buscaba integrantes para formar su banda.

Ellos tocarían en The 13th Note (King Street), otro bar con sala de conciertos cuyo propietario es Alex Kapranos. Fue aquí donde Kapranos conoció a Bob Hardy, el bajista de Franz Ferdinand, quien a principios del nuevo milenio estudiaba pintura en la Escuela de Arte de Glasgow y dejó los pinceles para aprender a tocar el bajo.

Preguntándome si mi incapacidad con los pinceles podía tener alguna relación con mi nulo talento para tocar un bajo o una guitarra, me encontré paseando sobre los nombres de algunos de los conciertos más importantes que se han celebrado en Glasgow. Están inscritos sobre los coloridos lomos de antiguos vinilos, formando un mosaico pintado sobre el suelo del parque de Barrowlands Park.

Barrowland Ballroom es la sala de conciertos más importante de la ciudad. Foto: ©Glasgow Life.

Barrowland

Esos grandes espectáculos tuvieron lugar en Barrowland Ballroom, la sala de conciertos más importante de la ciudad. La fachada del edificio de Barrowland es gris y luce un enorme cartel de neón rodeado de estrellas. Su aspecto es decadente y ochentero, dejando bien a las claras que aquel edificio no nació para catapultar el talento, sino para albergar los grandes almacenes del centro de una ciudad industrial.

Pero es que en Glasgow nada es lo que parece. En ella, las leyendas oscuras se transforman, con la ayuda de batería, bajo, guitarra, algún que otro teclado y voces y letras con personalidad, en himnos para la posteridad.

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