Leyendas y belleza agreste en las costas de Bretaña

Es Francia, pero parece otro país. La accidentada geografía de la península bretona contrasta con el encanto de sus pueblos

Foto Alexandre Lamoureux - Turismo de Bretaña

Foto Alexandre Lamoureux – Turismo de Bretaña

La península de Bretaña, una cuña de tierras galas entre el Canal de la Mancha y el Golfo de Vizcaya, está plagada de historias teñidas de leyendas.

Desde los campos de megalitos a la herencia de la cultura celta, pasando por el mito del Rey Arturo y la búsqueda del Santo Grial, los bretones desarrollaron una cultura autóctona que presenta interesantes diferencias con el resto de Francia.

Su costa de perfiles agrestes, de acantilados donde las olas rompen con furia, contrasta con la placidez de su campiña, donde se encuentran encantadores pueblos y ciudades de gran valor histórico como Brest.

Seguimos las sugerencias del periodista y fotógrafo Sergi Reboredo, quien en su libro 101 Lugares sorprendentes de Francia (Anaya Touring) despliega diferentes recomendaciones para descubrir el país vecino “en cámara lenta”.

La península de Bretaña, una cuña de tierras galas entre el Canal de la Mancha y el Golfo de Vizcaya, está plagada de historias teñidas de leyendas.
Portada de 101 Lugares de Francia sorprendentes. Foto Anaya Touring

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Rodear la costa

El recorrido que propone el autor es bordear las costas de Bretaña en el sentido de las agujas del reloj, con algún ocasional desvío al interior de la península.

El punto inicial es en su extremo sur, en el golfo de Morbihan. Su nombre deriva del bretón ‘mar pequeño’, y es el despliegue de 50 islas e islotes buscados por los amantes de la náutica y la gastronomía marina, servida en los restaurante de los pueblos de pescadores.

Foto Aurelie Stapf - Turismo de Bretaña
El centro histórico de Vannes. Foto Aurelie Stapf – Turismo de Bretaña

Las maravillas gastronómica de Bretaña se pueden encontrar en los pueblos pescadores como el de Vannes, o en las ostras de Saint-Malo

La base para explorar la comarca es la encantadora villa de Vannes, con sus casas de entramado rojo o naranja, y entre sus atractivos está el despliegue de aves de las marisma de Séné.

Los misterios de los menhires

A poca distancia se encuentra el misterioso campo de menhires de Carnac, donde nada menos que 3.000 gigantescas rocas se levantan como si brotaran de la tierra.

Foto Marc Schaffner - Turismo de Bretaña
Los alineados menhires de Carnac. Foto Marc Schaffner – Turismo de Bretaña

Estos monumentos megalíticos, levantados hace 6.000 años, se extienden por cuatro kilómetros. Algunos llegan hasta los 6,5 metros de alto. ¿Quién los hizo, por qué razón? Y sobre todo, ¿cómo lograron levantar semejantes moles pétreas?

Algunas respuestas o teorías se pueden encontrar en el cercano Museo de la Prehistoria.

La isla bonita

El nombre de esta isla, Belle-Île-en-Mer, no cae en la falsa modestia. A 15 km de la costa bretona cuenta con hermosas vistas que se pueden capturar en la cueva de la Botica, en las formaciones rocosas de Port-Coton o en las feroces costas de Pointe des Poulains.

La península de Bretaña, una cuña de tierras galas entre el Canal de la Mancha y el Golfo de Vizcaya, está plagada de historias teñidas de leyendas.
El puerto de Belle-Île-en-Mer. Foto Marc Schaffner – Turismo de Bretaña

La magia de las poblaciones de Le Palais y Sauzon atrapan al visitante, tal como hicieron con Claude Monet hacia 1886, quien no encontraba adjetivos para describir la belleza de las costas.

Reservas naturales

Más pequeñas aún son las islas Glénan, frente al pueblo pesquero de Concarneau. El lugar presume de un impacto visual con sus aguas turquesas y sus playas, entre ecosistemas de gran valor para los apasionados por la ornitología.

El archipiélago de Glenan. Foto Nicolas Job - Turismo de Bretaña
El archipiélago de Glénan. Foto Nicolas Job – Turismo de Bretaña

Las islas de Glénan y la de Belle-Île-en-Mer presentan pueblos encantadores y parajes de gran valor natural

Gran parte del archipiélago está vedado a las personas, pero las vistas a bordo de pequeñas embarcaciones justifican las salidas al mar.

La furia del mar

El carácter algo huraño de los bretones tiene su analogía geográfica en la Punta de Raz, una formación rocosa que recuerda al casco de un barco, rodeada de acantilados de 70 metros de altura castigados por la furia de las olas.

La costa de la Punta de Raz. Foto Emmanuel Berthier - Turismo de Bretaña
La costa de la Punta de Raz. Foto Emmanuel Berthier – Turismo de Bretaña

Las leyendas de naufragios se acumulan en estos espolones rocosos que tienen algunas de la corrientes más peligrosas entre los mares.

Sino, basta averiguar por qué la Baie des Trépassés (Bahía de los muertos) lleva ese funesto nombre.

Leyendas y mitos

Más protegido está el puerto de Brest, de gran importancia en el siglo XVIII en plena revolución industrial, aunque su valor estratégico desde la Edad Media queda certificado con los muros del castillo de la ciudad, en la desembocadura del río Penfeld.

Puerto de Brest. Foto Eugenie Ragot - Turismo de Bretaña
Puerto de Brest. Foto Eugenie Ragot – Turismo de Bretaña

Esta ciudad es la puerta de entrada al Pays de Abers, a 25 km, una combinación de ensenada y fiordo que se recorren en diferentes rutas de senderismo, y que están plagadas de leyendas como la de los caballeros que lanzaban dragones al mar para evitar tempestades, que dio origen al particular color azul intenso de las aguas.

El bosque encantado

Más mitos surgen del bosque de Huelgoat, a 70 kilómetros tierra adentro hacia el este, en el parque natural regional de Armorique.

Cuando se camina por la densa trama forestal, con los musgos y arbustos que trepan por las rocas de granito o las raíces de los árboles de tiempos ancestrales, uno entiende que está en el escenario ideal para recrear leyendas como la del tesoro de Merlín o la de los desplazamientos por la furia del gigante Gargantúa.

Foto Yvon Boelle - Turismo de Bretaña
El bosque de Huelgoat. Foto Yvon Boelle – Turismo de Bretaña

La cascada de Moulin du Chaos y el tembloroso peñasco de la Pierre Tremblante (piedra movediza) son algunos de los atractivos más interesantes del bosque.

Las rocas que cambian de color

En la franja norte de Bretaña se encuentra la Costa de Granito Rosa, una formación rocosa de 10 kilómetros donde los vientos y el mar la moldean con manos de gigantes, para crear figuras que invitan a un juego de imaginación.

Las formaciones de la Costa de Granito Rosa cambian de color según la hora del día en que se la visite

El granito rosa de las rocas se ve diferente al amanecer que al mediodía o cuando cae el sol, en un despliegue cromático que hay que contemplar con el único sonido de las olas que siguen su tarea de alfareras.

Foto L'oeil de Paco - Turismo de Bretaña
El faro de Men Ruz. Foto L’oeil de Paco – Turismo de Bretaña

El Sendero de los Aduaneros es el camino más habitual para descubrir estas costas, en un camino que se corona con la visita al pueblo costero de Perros-Guirec, cerca del emblemático faro de Men Ruz.

La joya bretona

Este recorrido costero por Bretaña culmina en uno de los pueblos más encantadores de la península, Saint-Malo.

Las murallas del siglo XII son testigos de su importancia estratégica, al ser construida en un islote de granito, con sus puertos y diques bien protegidos por bastiones y torres de defensa.

La Costa Esmeralda de Saint Malo. Foto Jerome Sevrette
La Costa Esmeralda de Saint Malo. Foto Jerome Sevrette

El casco antiguo es un bonito laberinto de calles empedradas, por donde pasaron piratas, contrabandistas, pescadores, armadores y miles de personas que zarparon al Nuevo Mundo en búsqueda de un futuro.

Su castillo, la catedral de Saint-Vincent (del siglo XVIII) y las antiguas residencias fueron reconstruidas tras los feroces bombardeos de la Segunda Guerra.

Pasear por Saint-Malo es un viaje en el tiempo, que se combina con la hermosa imagen de la Costa Esmeralda que rodea a la ciudadela, donde se recolectan las ostras que han fascinado a reyes como Luis XIV.

Foto de portada: Alexandre Lamoureux – Turismo de Bretaña

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