Estos son los pueblos donde todo el año es Navidad

De Alaska a la Laponia finlandesa y de Baviera a Indiana pasando por Alsacia, hay destinos que viven en una eterna Navidad

Hay ciudades a las que les sienta bien la Navidad: se visten de luces, decoran sus calles con guirnaldas, despliegan encantadores mercados y puestos de vino caliente o nos asombran con sofisticados árboles. Viena, Praga, Nueva York, Salzburgo, Brujas o Bratislava se convierten en perfectos escenarios de un cuento navideño. Pero hay otras que, sencillamente, viven instaladas en una perpetua Navidad.

Y aunque este año más que viajar nuestros planes pasarán por cocinar galletas de jenibre, hacer un maratón de películas o acurrucarnos frente a la chimenea, siempre podemos dejar volar la mente a estos rincones del mundo que, por su ubicación, por sus costumbres o por su arquitectura, parecen congelados en una Navidad eterna.

Polo Norte, Alaska

Sí, Polo Norte es una ciudad real que se ubica exactamente en las coordenadas en las coordenadas 64°45′10″N 147°21′46″O, en el estado de Alaska (EE UU) y a unos 2.700 km del Polo Norte geográfico, dos horas al sur del de Círculo Ártico. Con poco más de 2.000 habitantes, tiene su Casa de Santa Claus, sus calles Muñeco de Nieve y San Nicolás y una escultura de Papá Noel que se jacta de ser la más grande del mundo hecha de fibra de vidrio.

Casa de Santa Claus en Polo Norte. Foto: Getty Images.

También es el destino de cualquier carta que se envíe en los EE UU con la dirección ‘Santa Claus, Polo Norte’, que un grupo de voluntarios se encarga de recoger y responder.

Aunque cuenta con inviernos duros, en los que la temperatura llega a -25º y apenas hay cuatro horas de sol al día, sus habitantes y también los viajeros pueden disfrutar del espectáculo de las auroras boreales con frecuencia.

En el pueblo Polo Norte, en Alaska, se encuentra la escultura de fibria de vidrio de Santa Claus más grande del mundo

La gente esquía, pesca en el hielo y, básicamente, vive todo el año como si fuera Navidad.

Rovaniemi, Finlandia

Aunque en la mayoría de ciudades del mundo la Navidad llega una vez al año, en Rovaniemi, oficialmente la ciudad natal de Santa Claus desde 2010, es posible celebrarla todos los 365 días. La aldea de Santa Claus, en el Círculo Polar Ártico, atrae anualmente a más de 500.000 viajeros de todos los rincones del mundo dispuestos a conocer a su habitante más famoso.

La aldea de Santa Claus en Rovaniemi. Foto: Getty Images.

En realidad, la ubicación exacta de su casa (Korvatunturi) es un misterio tan solo conocido por unos pocos elegidos y en 1985 se decidió establecer una “oficina” en Rovaniemi, la capital de la Laponia finlandesa, abierta todos los días del año y a tan solo 3 km del aeropuerto de la ciudad. Desde entonces, Santa Claus ha recibido más de 18 millones de cartas procedentes de 199 países y sus alegres elfos carteros que las gestionan atienden también a los visitantes que se acercan en persona.

Además de visitar la casa de uno de los personajes más famosos -y probablemente queridos- del mundo, en Rovaniemi se puede también disfrutar de todo tipo de actividades como paseos en trineos de huskies y renos, excursiones en moto de nieve, construcciones con hileo, un hotel iglú y todo tipo de tiendas de artesanías, restaurantes y cafeterías.

Los ayudantes de Santa en Rovaniemi clasifican y responden las cartas. Foto: Getty Images.

Santa Claus, Indiana (EE UU)

En el condado de Spencer, en el estado de Indiana (EE UU) existe un pueblo llamado Santa Claus. La primera comunidad se estableció en 1846 con el nombre de Santa Fee y la curiosa historia de cómo llegó a llamarse Santa Claus se mueve entre la realidad y la leyenda, pero se relaciona con una denegación en la solicitud de instalación de una oficina postal (quizás porque el nombre era demasiado parecido al de Santa Fe, en Nuevo México, 300 km al sur).

A partir de 1920 la ciudad comenzó a promocionarse turísticamente y empezaron a llegar miles de cartas con las peticiones de los niños a Papá Noel -que aún hoy responden voluntarios que se conocen como elfos-.

La mayoría de sus alrededor de 2.000 habitantes reside en la zona de Christmas Lake Village, cuya avenida central se llama, claro, Bulevar Navidad, aunque también dedica otras a los tres reyes magos: Melchor, Gaspar y Baltasar. Además de volcarse con estas fechas con desfiles, decoraciones y espectáculos de lunes, existe un parque de atracciones con temática navideña, Holiday World.

Rothenburg, Alemania

Oficialmente Rothenburg ob der Tauber (Fortaleza Roja sobre el Tauber), en el estado de Baviera, es posiblemente uno de los pueblos más hermosos de Alemania. Fundada en el año 1170 y de apenas 10.000 habitantes, parece haberse quedado suspendida en el tiempo, concretamente en la Edad Media, con un casco histórico de casas antiguas con entramados de madera, tan típicas de Baviera, calles adoquinadas, plazoletas, fuentes, arcos, una muralla y hasta 42 torres.

Rothenburg ob der Taube. Foto Getty Images.

En Navidad, un mercado con más de 500 años de historia se apodera del centro. El entorno se mimetiza a la perfección con estas fiestas y, de hecho, es conocida como la ‘ciudad de la navidad eterna’, con una tienda, Käthe Wohlfahrt (con delegación, por cierto, en el centro de Barcelona, en Banys Nous 15), que presume de tener la selección de artículos navideños más grande del mundo elaborados en su propio taller artesano y que vende durante todo el año.

Colmar, Francia

Aunque es difcíl quedarse con uno solo de los pueblos alsacianos, quizás Colmar sea una de las que más brille en estas fechas. De por sí conocida por su impresionante iluminación nocturna, en estas fechas despliega todo un espectáculo de luz con más de 1.000 puntos repartidos en toda la ciudad que se controlan desde un mismo punto para crear increíbles efectos jugando con colores e intensidades.

La bellísima Colmar, aún más hermosa en Navidad. Foto: GettyImages.

Su arquitectura tradicional con coloridas casas de madera -estos días decoradas con acebo, guirlandas, bolas y luces- y sus canales (es otra de las Pequeñas Venecias del mundo), sus edificios de estilo gótico, renacentista o barroco, contribuye a crear un efecto wow especialmente en Navidad, cuando se celebra tradicionalmente un mercado que deja decenas de coquetos puestos y las nevadas cubren con una capa blanca toda la localidad.

a.
Ahora en portada