En barco o en bici: descubre el Canal du Midi en clave slow

El canal navegable en funcionamiento más antiguo de Europa es también la mejor opción para saborear cada uno de los 240 km que separan Sète y Toulouse

Construido en 1666 por Pierre-Paul Riquet por orden de un Luis XIV ansioso por dejar huella de su reinado con una fastuosa obra –mejor aún si lograba cumplir el viejo anhelo francés de comunicar sus dos costas por el sur del país- el Canal du Midi no recibe en sus aguas los elegantes y modernos cruceros que sí recorren el Danubio, el Rin o el Duero. Y, sin embargo, es conocido como la ‘vía regia’ del turismo fluvial en Europa.

Canal du Midi. Foto Turismo de Toulouse.

Construido en 1666 por Pierre-Paul Riquet por orden de un Luis XIV ansioso por dejar huella de su reinado con una fastuosa obra –mejor aún si lograba cumplir el viejo anhelo francés de comunicar sus dos costas por el sur del país- el Canal du Midi no recibe en sus aguas los elegantes y modernos cruceros que sí recorren el Danubio, el Rin o el Duero. Y, sin embargo, es conocido como la ‘vía regia’ del turismo fluvial en Europa.

Patrimonio Mundial por la Unesco desde 1996, el canal fue una grandiosa obra de ingeniería que requirió de 15 años de construcción y el trabajo de 12.000 personas. Su mayor impulsor, Riquet, que incluso sufragó el 20% de los 17 millones de libras de la época que costó hacerlo, murió en Toulouse un año antes de que la vía se abriese a la navegación, en 1861. El sueño completo, la conexión entre Atlántico y Mediterráneo que supone el Canal de los Dos Mares, no llegaría hasta el siglo XIX con la inauguración de la vía fluvial que une el Atlántico y el Mediterráneo

Construido en 1666 por Pierre-Paul Riquet por orden de un Luis XIV ansioso por dejar huella de su reinado con una fastuosa obra –mejor aún si lograba cumplir el viejo anhelo francés de comunicar sus dos costas por el sur del país- el Canal du Midi no recibe en sus aguas los elegantes y modernos cruceros que sí recorren el Danubio, el Rin o el Duero. Y, sin embargo, es conocido como la ‘vía regia’ del turismo fluvial en Europa.
Ponts jumeaux. Foto: Patrice Thébault | ©CRT Occitanie.

Hoy, 160 años después de que los barcos comenzasen a recorrer el Canal du Midi, deslizarse por sus 240 km y 63 esclusas sigue siendo un placer que se disfruta (más) de manera lenta, admirando sus paisajes, zambulléndose en su historia y paladeando su gastronomía.

En barco o en bici (por el carril verde, los antiguos caminos de sirga o los itinerarios adaptados a ciclistas) nos dejamos arrullar por el murmullo del agua para descubrir desde otra perspectiva la hermosa Toulouse.

Construido en 1666 por Pierre-Paul Riquet por orden de un Luis XIV ansioso por dejar huella de su reinado con una fastuosa obra –mejor aún si lograba cumplir el viejo anhelo francés de comunicar sus dos costas por el sur del país- el Canal du Midi no recibe en sus aguas los elegantes y modernos cruceros que sí recorren el Danubio, el Rin o el Duero. Y, sin embargo, es conocido como la ‘vía regia’ del turismo fluvial en Europa.
Canal du Midi en bici. Foto: ©HapTag.

Canal du Midi en barco

Las opciones para un recorrido fluvial incluyen desde paseos de unas pocas horas al alquiler completo de un barco (tranquilo, no se exige título de patrón de barco y unas pocas indicaciones de la compañía seleccionada serán suficientes para dominar las maniobras de pilotaje y de atraque). Desde Port-Lauragais, Negra, Castelnaudary, Carcasona, Argens, Lattes y en el puerto del Somail se pueden alquilar barcos de compañías como Le Boat, Nicols, Les Canalous y Locaboat Holidays.

Aunque se sugieren itinerarios y paradas, el viaje es totalmente libre y se puede extender de un par de días hasta las dos semanas, por supuesto, con paradas en lugares como Castelnaudary, Béziers, Narbona o la espectacular Carcasona.

Otra opción son los Bateaux Toulousains que parten de Toulousse para realizar excursiones de varias horas o un día completo con paradas en algunos de los lugares clave de la capital de Occitania como las esclusas, el Pont Neuf, el Pont Saint-Pierre o el Hôtel Dieu Saint Jacques.

Construido en 1666 por Pierre-Paul Riquet por orden de un Luis XIV ansioso por dejar huella de su reinado con una fastuosa obra –mejor aún si lograba cumplir el viejo anhelo francés de comunicar sus dos costas por el sur del país- el Canal du Midi no recibe en sus aguas los elegantes y modernos cruceros que sí recorren el Danubio, el Rin o el Duero. Y, sin embargo, es conocido como la ‘vía regia’ del turismo fluvial en Europa.
Canal du Midi. Foto: ©Oficina de Turismo de Toulouse.

Naturaleza, arte y arquitectura

Las orillas del Canal du Midi ofrecen un paisaje hermoso en todas las estaciones del año, con sus plataneros centenarios, los árboles frutales o los cipreses, que fusionan sus verdes reflejos en el agua con las flores multicolores de sus orillas. En los alrededores de Toulousse merece la pena el Jardin de Compans Caffarelli, hogar de patos y aves de múltiples especies así como de un coqueto Jardin Japonais.

Pero el canal da para mucho más: desde el agua se pueden observar también grandes obras de arte y arquitectura entre las que destacan el Museo George-Labit, que acoge una colección de arte asiático única; o el Archivo Departamental, diseñado en 1952 y reconocido como Patrimonio del siglo XX a pesar del escándalo que ocasionó entonces debido a su moderno aspecto. La Residencia La Comtale, del arquitecto Maurice Zavagno, es todo un símbolo arquitectónico ennoblecido por la exuberante vegetación que lo cubre casi en su totalidad.

Construido en 1666 por Pierre-Paul Riquet por orden de un Luis XIV ansioso por dejar huella de su reinado con una fastuosa obra –mejor aún si lograba cumplir el viejo anhelo francés de comunicar sus dos costas por el sur del país- el Canal du Midi no recibe en sus aguas los elegantes y modernos cruceros que sí recorren el Danubio, el Rin o el Duero. Y, sin embargo, es conocido como la ‘vía regia’ del turismo fluvial en Europa.
Dôme de la Grave. Foto: ©Meritxell Baldello.

Dos apuntes más para comprender la importancia del canal y de su creador, Pierre-Paul Riquet: la Cathedrale Saint-Etienne, donde yace su cuerpo, y la escultura en piedra ubicada en las Allees Jean Jaurès.

De péniche en péniche

Inspirados en las barcazas que se construyeron para transportar mercancías por el canal a partir de 1880, las péniches son uno de los símbolos del canal que, además, ofrecen sorprendentes propuestas de ocio.

Es el caso de la Maison de la Violette, una suerte de museo y tienda de productos gourmet, dulces y salados, así como cosméticos y fragancias, todo ello elaborado a partir del la flor tolosana por excelencia, la violeta. En la Maison Nougaro, por su parte, es posible descubrir la historia y el legado del cantante local Claude Nougaro, mientras que en la barcaza La Classe des Gourmands se imparten clases de cocina y otras actividades culinarias. ¿Crees haberlo visto todo? Súbete a la péniche Moving Yoga para disfrutar de clases, cursos y talleres de yoga sobre el agua.

Construido en 1666 por Pierre-Paul Riquet por orden de un Luis XIV ansioso por dejar huella de su reinado con una fastuosa obra –mejor aún si lograba cumplir el viejo anhelo francés de comunicar sus dos costas por el sur del país- el Canal du Midi no recibe en sus aguas los elegantes y modernos cruceros que sí recorren el Danubio, el Rin o el Duero. Y, sin embargo, es conocido como la ‘vía regia’ del turismo fluvial en Europa.
La Casa de la Violeta ocupa una barcaza anclada en el Canal du Midi. Foto: © Maison de la Violette.

Por supuesto, hay opciones especializadas en torno a la gastronomía. A lo largo de las orillas del Canal du Midi se puede disfrutar de la comida del restaurante La Maison du Vélo o en Le Bistrot du Port; pero nada como subirse al inimitable L’Occitania, el único barco-restaurante que navega a lo largo del canal, con una propuesta excelente para degustar algunas de las recetas francesas más tradicionales.

Sueños sobre el agua

Otra alternativa es escoger una de ellas como alojamiento y experimentar un sueño reparador sobre el agua. En Péniche Amboise o Bel’Import es posible sentirse como en casa mientras se navega (o no) por las aguas de Midi.

Construido en 1666 por Pierre-Paul Riquet por orden de un Luis XIV ansioso por dejar huella de su reinado con una fastuosa obra –mejor aún si lograba cumplir el viejo anhelo francés de comunicar sus dos costas por el sur del país- el Canal du Midi no recibe en sus aguas los elegantes y modernos cruceros que sí recorren el Danubio, el Rin o el Duero. Y, sin embargo, es conocido como la ‘vía regia’ del turismo fluvial en Europa.
Canal du Midi en bici. Foto: ©HapTag.

El Canal du Midi en bici

Si hemos optado por recorrer las orillas en bici, un itinerario que que puede hacer fácilmente al completo entre 4 y 6 jornadas, también hay algunos sitios que no te debes perderse. Uno es la mencionada Maison du Velo donde se venden todo tipo de piezas piezas y bicis de segunda mano, se alquilan y se reparan, pero también se organizan visitas guiadas (en francés), se dan cursos y se puede reponer fuerzas en Le Vélo Sentimental, que es café, restaurante y salón de té.

Desde su web, además, se pueden descargar mapas con rutas ciclistas, así como la aplicación Geovelo, que permite seguir las rutas en tiempo real.

Para un viaje más organizado, agencias como Le Petit Cyclo brindan todas las facilidades para el alquiler de bicicletas por días y el diseño de etapas.

a.
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