Elizondo: un viaje al epicentro de la trilogía del Baztán

Elizondo, en el navarro valle del Baztán, es el protagonista de fondo de la exitosa trilogía que firma Dolores Redondo. Tres novelas que se han adaptado al cine, tres películas que se pueden ver en Netflix y con chubasquero

Elizondo es el principal núcleo urbano del valle del Baztán, situado al norte de Navarra, en el occidente de los Pirineos. Una depresión verde que disfruta de un clima suave y unas lluvias rabiosas, salpicada de caseríos de color blanco en los que nació el milenario euskera. Una tierra que alberga extensos hayedos, crestas escarpadas, barrancos, regatas y vallecitos, a la sombra de un puñado de montes. Un valle poblado trabajado y recorrido por artesanos, agotes, contrabandistas, aventureros, señores, hidalgos e indianos, los que a su vuelta se instalaron en las casonas que se construyeron para airear sin disimulo lo bien que les fue en América. También financiaron la construcción de conventos, los que hacían fortuna eran tan ricos como píos, por si acaso.

Elizondo. Foto: Javier Campos | Turismo de Navarra.

El Baztán es un valle, un refugio en el que hay más hayas que robles, castaños, avellanos, fresnos, acebos, olmos, abedules, tilos y coníferas. Tupidos bosques en los que el imaginario popular, además de los reales ciervos, zorros, jabalíes y truchas de río, localiza brujas medievales, oscuras sectas y seres mitológicos con denominación de origen, como el Basajaun.

Un espíritu protector que representa a las fuerzas del bien, esas mismas que tienen que hacer horas extras en la obra de Dolores Redondo, autora de la trilogía del Baztán: El guardián Invisible, El legado en los huesos y la Ofrenda a la tormenta, además de la precuela La cara norte del corazón, ambientada en Nueva Orleans y otras ciudades estadounidenses. En el universo de la escritora de Guipúzcoa afincada en la Ribera Navarra, la Policía Foral y el F.B.I. colaboran física y telepáticamente.

El Baztán, el valle de los escudos

Elizondo es el principal núcleo urbano del valle del Baztán, situado al norte de Navarra, en el occidente de los Pirineos. Una depresión verde que disfruta de un clima suave y unas lluvias rabiosas, salpicada de caseríos de color blanco en los que nació el milenario euskera. Una tierra que alberga extensos hayedos, crestas escarpadas, barrancos, regatas y vallecitos, a la sombra de un puñado de montes. Un valle poblado trabajado y recorrido por artesanos, agotes, contrabandistas, aventureros, señores, hidalgos e indianos, los que a su vuelta se instalaron en las casonas que se construyeron para airear sin disimulo lo bien que les fue en América. También financiaron la construcción de conventos, los que hacían fortuna eran tan ricos como píos, por si acaso.

Elizondo es el principal núcleo urbano del valle del Baztán, situado al norte de Navarra, en el occidente de los Pirineos. Una depresión verde que disfruta de un clima suave y unas lluvias rabiosas, salpicada de caseríos de color blanco en los que nació el milenario euskera. Una tierra que alberga extensos hayedos, crestas escarpadas, barrancos, regatas y vallecitos, a la sombra de un puñado de montes. Un valle poblado trabajado y recorrido por artesanos, agotes, contrabandistas, aventureros, señores, hidalgos e indianos, los que a su vuelta se instalaron en las casonas que se construyeron para airear sin disimulo lo bien que les fue en América. También financiaron la construcción de conventos, los que hacían fortuna eran tan ricos como píos, por si acaso.
Valle del Baztán. Foto: Leyre | Unsplash.

Las casas señoriales y palacios, como el barroco de Arizkunenea, conocido como palacio del Conde o de las Gobernadoras en Elizondo, abundan en el Baztán. Son de muros blancos y sillar rojizo en vanos y esquinas, con balconada de madera en el ático y blasón. Dichos escudos los concedió el rey Sancho el Fuerte de Navarra en 1212 a los habitantes del valle en agradecimiento a los que participaron en la batalla de Las Navas de Tolosa. En el pueblo hay casonas, palacios e inclusos caseríos con esos escudos, lo que muestra el poderío de Elizondo. Nobles eran todos, pero todos no tenían dinero.

Las piedras que empleaban para su construcción las obtenían de las canteras de Almandoz. Los tejados son a dos aguas, llueve con frecuencia y tanta fuerza que a veces se nada más que anda por las calles de Elizondo, según interpreto lo que me cuenta el guía local Juan Mari.

Las novelas de Dolores Redondo han sido uno de los fenómenos literarios en castellano más importante de los últimos años con 2,5 millones de lectores y traducidas a 35 lenguas

No es descabellado que pronto algún emprendedor sea el primero en abrir un centro de buceo, o junto al puente de piedra que cruza el río Baztán o en los soportales del Ayuntamiento. Muy cerca de la Casa Consistorial se encontraba la antigua iglesia. Templo que se vio afectado por una gran inundación en 1913 (hubo otra en 2013), por lo que hubo que construir una nueva. En Elizondo hay una placa que indica hasta dónde llegó el agua en aquella inundación de 1913.

Elizondo es el principal núcleo urbano del valle del Baztán, situado al norte de Navarra, en el occidente de los Pirineos. Una depresión verde que disfruta de un clima suave y unas lluvias rabiosas, salpicada de caseríos de color blanco en los que nació el milenario euskera. Una tierra que alberga extensos hayedos, crestas escarpadas, barrancos, regatas y vallecitos, a la sombra de un puñado de montes. Un valle poblado trabajado y recorrido por artesanos, agotes, contrabandistas, aventureros, señores, hidalgos e indianos, los que a su vuelta se instalaron en las casonas que se construyeron para airear sin disimulo lo bien que les fue en América. También financiaron la construcción de conventos, los que hacían fortuna eran tan ricos como píos, por si acaso.
Foto: Francis Vauero | Turismo de Navarra.

Y el turismo hizo boom

La población local vive de las actividades industriales, como la extracción de piedra, el metal, la construcción y la alimentación, y de la agricultura y de la ganadería (bovina y ovina). Estas dos últimas actividades están centradas en los caseríos y a modo de explotación familiar. Hay caseríos que se han reconvertido en casas rurales. Desde el 2000 el turismo se ha convertido en una importante fuente de ingresos, en parte debido al auge del turismo rural.

En los últimos años son muchas personas las que visitan Elizondo atraídos por la lectura de la trilogía del Baztán de la autora Dolores Redondo. Libros que han hecho que el que visita Elizondo lo vea de otra manera. Las novelas han sido uno de los fenómenos literarios en castellano más importante de los últimos años. Las tres han llegado a dos millones y medio de fieles lectores y se han traducido a 35 lenguas.

El consecuente boom turístico estalló en plena crisis de 2013 y, desde entonces, con el paréntesis obligado de la pandemia, ha hecho que Elizondo, en vez de ser un lugar de turismo de temporada, lo sea durante todo el año. Juan Mari dice que a Dolores Redondo hay que hacerle un monumento en el pueblo.

Un lugar siniestro y lluvioso

Dolores Redondo sitúa la acción de su trilogía del Baztán en el valle en general y en Elizondo en particular. Un escenario que ha encajado con el género del suspense y con el del terror, más sugerido que desarrollado. La autora se inspiró y se apoyó en un suceso real, la ‘Operación Ainara’.

Elizondo es el principal núcleo urbano del valle del Baztán, situado al norte de Navarra, en el occidente de los Pirineos. Una depresión verde que disfruta de un clima suave y unas lluvias rabiosas, salpicada de caseríos de color blanco en los que nació el milenario euskera. Una tierra que alberga extensos hayedos, crestas escarpadas, barrancos, regatas y vallecitos, a la sombra de un puñado de montes. Un valle poblado trabajado y recorrido por artesanos, agotes, contrabandistas, aventureros, señores, hidalgos e indianos, los que a su vuelta se instalaron en las casonas que se construyeron para airear sin disimulo lo bien que les fue en América. También financiaron la construcción de conventos, los que hacían fortuna eran tan ricos como píos, por si acaso.
Foto: Francis Vaquero | Turismo de Navarra.

El 30 de octubre de 2011 el diario ABC decía al respecto en uno de sus titulares que «La Guardia Civil investiga el asesinato de una bebé a manos de una secta en Lesaka (Navarra)». La noticia contaba que los propios padres ofrecieron a su hija en sacrificio a su comunidad. Noticia que se dio y conoció en el momento que un presunto antiguo miembro de dicha secta lo denunció.

Los tres libros comparten cimientos. Cada volumen, más que un argumento propio, repite el mismo, pero extendido. Explotado. Son común a todos ellos el escenario, la ambientación oscura y lluviosa, la inspectora Amaia Salazar, interpretada en la versión cinematográfica por Marta Etura, unos crímenes tan siniestros como enigmáticos son algunos de los personajes secundarios de cada volumen. En todos los libros que conforman la trilogía, así como en la precuela, la protagonista tiene que regresar a Elizondo, lugar del que lleva huyendo desde que es una niña.

Juan Mari, antes de iniciar el recorrido por el pueblo de Elizondo haciendo parada en aquellos lugares que aparecen en la trilogía del Baztán, aconseja ver las películas con el pis hecho. En la adaptación dirigida por Fernando González Molina y con guion de Luiso Berdejo, siempre llueve de manera torrencial y la figuración la realizan vecinos del pueblo. Las tres películas se pueden ver en Netflix.

Elizondo de libro y de película

Las dos calles más antiguas de Elizondo son Braulio Iriarte, antes del Sol, y Jaime Urrutia, antes Mayor. En la primera se suceden los caseríos que en su parte posterior tienen huertos. Por este lado del río destacan las casas Txarrenea y Puriosenea, convertida hoy en un museo, así como un trinquete, un pequeño frontón que también es un bar y un hotel, y el Cuartel de la Policía Foral, posiblemente el más fotografiado de Navarra y de toda España. Es un edificio moderno, situado en un alto, que contrasta con las construcciones típicas del valle. En el interior del mismo hay un despacho con una placa en honor a los libros de Dolores Redondo, en este cuartel es donde trabaja, cuando regresa a Elizondo, la inspectora Amaia Salazar

Elizondo es el principal núcleo urbano del valle del Baztán, situado al norte de Navarra, en el occidente de los Pirineos. Una depresión verde que disfruta de un clima suave y unas lluvias rabiosas, salpicada de caseríos de color blanco en los que nació el milenario euskera. Una tierra que alberga extensos hayedos, crestas escarpadas, barrancos, regatas y vallecitos, a la sombra de un puñado de montes. Un valle poblado trabajado y recorrido por artesanos, agotes, contrabandistas, aventureros, señores, hidalgos e indianos, los que a su vuelta se instalaron en las casonas que se construyeron para airear sin disimulo lo bien que les fue en América. También financiaron la construcción de conventos, los que hacían fortuna eran tan ricos como píos, por si acaso.
Foto: Marc Pascual | Pixabay.

A la calle Jaime Urrutia se puede llegar cruzando el puente de piedra de Muniartea, desde el que se puede ver la presa de Txokoto, una de las imágenes más repetidas en la trilogía del Baztán. A este lado del río se encuentran las casonas y los palacios señoriales, como la Casa de la Cultura. Muy cerca de la misma se encuentra el Ayuntamiento y sus arqueados soportales, que tanto sirven para dar sombra como para resguardarte de la lluvia.

Cuando procede, Juan Mari, para refrescar la memoria de los turistas, lee pasajes del libro que se corresponden con el lugar que se está viendo. Por delante de la segunda iglesia, la que se construyó después de que se inundara la primera, pasa la calle Santiago, antigua zona de huertas en la que todavía queda alguna casa de indianos. Esta iglesia la financió Braulio Iriarte, el que da nombre a una de las dos calles más importantes de Elizondo, el mismo que fundó la cerveza Corona, además de un frontón y un hospital.

Detrás de la iglesia se encuentra la panificadora Baztanesa, en la ficción de Dolores Redondo se llama Mantecadas Salazar. A día de hoy conserva el atrezo que se usó durante el rodaje de las tres películas. En esa panificadora, en la primera novela, se hace un postre que el asesino deposita en el pubis de sus víctimas a modo de firma. Este dulce, que se ha puesto de moda a raíz de las películas, se conoce como Txantxigorri y está hecho con manteca de cerdo, chicharrón, un poco de anís y canela. Antes se hacía en los propios caseríos y no en las pastelerías.

Elizondo es el principal núcleo urbano del valle del Baztán, situado al norte de Navarra, en el occidente de los Pirineos. Una depresión verde que disfruta de un clima suave y unas lluvias rabiosas, salpicada de caseríos de color blanco en los que nació el milenario euskera. Una tierra que alberga extensos hayedos, crestas escarpadas, barrancos, regatas y vallecitos, a la sombra de un puñado de montes. Un valle poblado trabajado y recorrido por artesanos, agotes, contrabandistas, aventureros, señores, hidalgos e indianos, los que a su vuelta se instalaron en las casonas que se construyeron para airear sin disimulo lo bien que les fue en América. También financiaron la construcción de conventos, los que hacían fortuna eran tan ricos como píos, por si acaso.
Caserío Barrio de Beartzun. Foto: Alkaxuri | Turismo de Navarra.

Lo que sí es auténtico y nunca pasa de moda, es la chuleta de ternera que preparan María y Txus en su Asador de Ordoki, en Arizkun, muy cerca de Elizondo. Un sitio al que se va a comer carne. Una carne tan buena que no hay que hacerla, como dice María, quien me dice que no olvide que la han dejado madurar cuarenta días. Su menú sidrería incluye tortilla de bacalao o bacalao frito, chorizo a la sidra y chuleta. O unos pimientos y un chuletón. Poca broma.

Sin Elizondo no hay trilogía del Baztán y sin chuleta no hay motivo por el que regresar a ese valle del que siempre acaba volviendo la inspectora Amaia Salazar.

(Foto de portada: Javier Campos | Turismo de Navarra).

a.
Ahora en portada