Cinco secretos de los lagos de Lombardía para descubrir en otoño

Diferentes recorridos para conocer los valles, lagos, castillos y pueblos lombardos

Antes de que las bajas temperaturas conquisten los valles lombardos, hay que apurarse a descubrir la belleza que se extiende por sus tres lagos más famosos, parajes donde el lujo de las residencias lacustres contrasta con el toque tradicional de sus poblados.

Siguiendo la recomendaciones de la Dirección de Turismo de Lombardía, la idea es descubrir pequeñas gemas en torno a los lagos de Como, Garda y Mayor; que puedan alegrar a los partidarios del turismo activo, a los que solo buscan relajarse, y a quienes prefieran explorar la historia de las comarcas.

Arte y juguetes en el castillo del Lago Mayor

Se llama Lago Mayor, pero no es el más grande de la comarca, porque a pesar de tener 212 kilómetros cuadrados, es superado por el cercano Lago de Garda.

Esta formación de origen glaciar tiene innumerables puntos panorámicos, pero uno de los más buscados es el de Rocca di Angera, una antigua fortaleza medieval construida sobre un saliente rocoso que domina la cara sur del lago.

Pero no todo son paisajes, porque allí se pueden descubrir los frescos que adornan los salones históricos y es posible pasear por los jardines protegidos por las murallas que se extienden por 2.000 metros cuadrados.

La imponente figura del castillo de la Rocca di Angera
La imponente figura del castillo de la Rocca di Angera

Lo que uno no espera encontrarse es un museo de muñecas y juguetes. Pues aquí está, y es el más grande de Europa de su tipo.

Y en un sector del Castillo Borromeo, como también se lo conoce, se despliega el Ala Scaligera, donde se exhiben obras de arte contemporáneo.

El sitio favorito de D’Annunzio

En el Lago de Garda se encuentra el encantador pueblo de Gardone Riviera, famoso por sus jardines y la elegancia de su paseo lacustre, ricamente engalanado con palmeras y naranjos.

Desde las cafeterías que se despliegan en este circuito se puede contemplar la silueta del Monte Baldo, que con casi 2.000 metros de altura se eleva como la montaña más alta de la región.

El paseo lacustre de Gardone Riviera Foto Terry Clinton
El paseo lacustre de Gardone Riviera. Foto Terry Clinton-Flickr

Uno de los paseos más recomendados es el Jardín Botánico Hellen-Hruska, que presenta una colección de plantas de los cincos continentes, donde se encuentran esculturas de estética clásica y otras modernas como una pieza de Roy Lichtenstein.

Otro punto que otorga fama a Gardone Riviera en toda Italia es la residencia Vittoriale, que fue el último hogar del poeta y novelista Gabriele D’Annunzio.

El paseo lacustre de Gardone Riviera, sobre el Lago de Garda, es uno de los más bonitos de la región. Así lo sabía Gabrielle d’Annunzio, que eligió este lugar para pasar sus últimos años.

Allí se encuentra un museo sobre su vida y obra, con más de 10.000 objetos personales y una inmensa biblioteca de 33.000 volúmenes.

Arte e historia en la isla mínima

El Lago de Como es conocido por concentrar hoteles de lujo, fastuosas residencias y elegantes tiendas que atraen a fortunas de Italia y todo el mundo.

Pero no todo es glamour y sofisticación, porque en el lugar también se pueden descubrir perlas históricas.

Algunas de ellas se encuentran en la pequeña Isola Comacina, que sorprende por sus ricos yacimientos arqueológicos.

La isla se recorre en poco tiempo, solo tiene 600 metros de largo por 200 de ancho, en un terreno con abundante vegetación de laureles, tilos, olivos y moreras, entre otras especies.

Isola Comancina Foto Daniele Marucci
La diminuta Isola Comancina. Foto Daniele Marucci

Allí se encuentra las ruinas de la basílica de Santa Eufemia, de estampa románica, con sus rocas tapizadas de musgos; y la iglesia de San Giovanni Battista, con una interesante columnata de mármol.

En esta pequeña isla, que durante 1919 tuvo soberanía belga (esos intercambio de favores entre casas reales), cuenta con solo tres casas. Pero no son cualquier tipo de vivienda.

Se trata de tres residencias de estilo racionalista construidas en 1940 con influencias de Le Corbusier, destinadas para artistas que llegan a este hermoso paraje en búsqueda de inspiración y silencio. Y todavía están en activo.

A pedalear por el Lago Iseo

Si las temperaturas son agradables una de las mejores formas de admirar la belleza del Lago Iseo es en bicicleta, una manera saludable y distendida de contemplar los bosques que pasan del verde al marrón, amarillo y ocre.

El circuito dura 65 kilómetros, pero se puede realizar más cómodamente por tramos. Uno de los sectores más bonitos es la vía que une a Paratico con la ciudad de Brescia, que permite dirigirse a la Reserva Natural Torbiere del Sebino y explorar puntos históricos como el Monasterio de San Pietro, en Lamosa.

Más intenso es el itinerario de Franciacorta Brut, que también parte desde la villa de Paratico y que atraviesa viñedos, pueblos, ermitas solitarias y restos de castillos medievales; siempre con el lago como telón de fondo.

Paseo por los viñedos en el circuito de Franciacorta Brut
Paseo por los viñedos en el circuito de Franciacorta Brut. Foto Visit Lake Iseo

Si se trata de cambiar de paisaje, una visita sugerida es navegar hasta la pequeña ciudad de Montisola, que se divide entre una isla y dos islotes vecinos. Allí también se puede pedalear por la franja costera o la montaña, en un circuito donde nadie se cruzará con un coche porque los vehículos a motor están prohibidos.

El lago esmeralda

Un circuito para los amantes de la naturaleza es el que ofrece el Valle de Mello, adyacente al Valle Masino.

Los senderistas suelen dejar sus coches en el pueblo de San Martino, donde las leyendas dicen que vive el gigiat, una criatura gigantesca que vigila el valle.

El Vall di Mello en otoño
El Vall di Mello en otoño.

Desde allí se emprende la caminata de 17 km (entre ida y vuelta) que acompaña al curso de un arroyo.

La recompensa es un pequeño lago con aguas verdes, que los alpinistas que escalan los picos lo contemplan como si fuera una esmeralda gigantesca ahí perdida.

Los amantes del senderismo suelen recorrer la escarpada geografía del Valle de Melo, donde se encuentra un pequeño lago de aguas verdes que recuerda a una esmeralda

En el cercano refugio de Rasega los excursionistas recargan energías con platos de polenta, convenientemente sazonados con salsa de tomate y carne.

A lo largo del trayecto el paisaje de coníferas entra en una zona de transición cromática, donde entre las paredes de granito irrumpe una bonita cascada que le da un toque de belleza agreste al lugar.

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