Cinco rutas para disfrutar del aceite y el vino de Italia

En el corazón de la península proponemos cinco paseos por las comarcas de la Toscana, para descubrir algunas de las maravillas gastronómicas de Italia

Al oeste de Toscana, de cara al Mar de Liguria, una serie de valles y sierras presentan un abanico de rutas donde las vides y las olivas son las protagonistas.

Estos caminos del vino y el aceite conducen a un despliegue gastronómico que es acompañado por platos típicos con derivados como quesos y embutidos.

Y sin olvidar la generosa propuesta cultural e histórica que se encuentra en cada pueblo, fortaleza, muralla medieval y mercado en la plaza.

Maremma

Los 84 kilómetros del Camino del Vino y los Sabores de Maremma se inician en el pueblo de Grosseto y desciende hacia el sur hasta la isla de Giglio.

En el trayecto se descubren maravillas como el Parque Natural de Maremma, donde hay caballos en libertad, y vacas que pacen sin preocuparse por el mundo exterior; las costas agrestes de Argentario y otras plácidas de arenas como las de Giannella y Feniglia.

Rocca Frascinelo, bodega cercana a Grosseto. Foto: Visit Tuscany
Rocca Frascinelo, bodega cercana a Grosseto. Foto: Visit Tuscany

Entre los platos típicos se encuentran las cecinas de huevos de céfalo de Orbetello y el pescado de Argentario, como los camarones de Porto Santo Stefano, la bacaladilla (pescado azul) y el bonito común.

Esta es la cuna de preparaciones exclusivas como el panficato, un dulce de la Isla de Giglio elaborado con uvas e higos, y platos de carne de vaca y jabalí englobados en la Carne de Maremma.

Arroz y frutos de mar en un plato típico de Argentario. Foto: Visit Tuscany
Arroz y frutos de mar en un plato típico de Argentario. Foto: Visit Tuscany

Las vides de la región cultivan dos DOC blanco de gran calidad como Ansonica dell’Argentario, de sabor vivaz, y el Vermentino di Capalbio.

Pero hay otros caldos de bienvenida presencia, como los Bianco di Pitigliano, Capalbio,  Morellino di Scansano, Parrina y Maremma Toscana blanco y tinto, por citar algunos.

Monteregio

Si el anterior trayecto nos llevó al sur de Grosetto, ahora es hora de poner rumbo al norte.

El Camino del Vino de Monteregio transcurre en los valles superiores de Maremma, plagado de pueblos llenos de historia.

Quesos y miel de la región de Maremma. Foto: Visit Tuscany
Quesos y miel de la región de Maremma. Foto: Visit Tuscany

Es un trayecto en zigzag de 132 kilómetros que, sí o sí, tiene que pasar por Massa Maritima, un pueblo donde se encuentra el centro de información de la ruta, y desde donde salen caminos para ver naturaleza como el Lago Accesa o el Parque Montioni o patrimonios como los castillos de Leceta y Cugnano.

El Museo del Vino y las Uvas de Roccastrada permite conocer la milenaria historia de tintos y blancos en esta región del corazón de Italia

Otro punto clave es el Museo del Vino y las Uvas de Roccastrada, desde donde se puede llegar rápidamente a villas medievales como la de Montemassi.

El punto final es Castiglione della Pescaia, donde un imponente castillo domina la Costa Etrusca.

En estas comarcas se pueden probar los típicos tortelli maremmami (ravioles), sopas espesas como la aquacotta, pappardelle (fetuccinis anchos) con liebre y jabalí con olivas y caracoles; animal que provee de exquisitos embutidos.

Aquacotta, plato típico de Monteregio. Foto: Visit Tuscany
Aquacotta, plato típico de Monteregio. Foto: Visit Tuscany

El queso pecorino es un manjar, y la región abunda en castañas y setas que tienen al otoño como una de sus mejores temporadas para degustarlos.

El vino producido en las Montañas Metalíferas, se presenta en diferentes variedades.

Entre ellas está el tinto de Monteregio, elaborado con vides Sangiovese en un 80% con toques de Novello y Riserva.

El rosado tiene las mismas proporciones, mientras que el blanco se elabora con las uvas Trebbiano, Vermentino, Malvasía, Malvasía di Candia y Ansonica.

Lucca, Montecarlo y Versilia

Los 135 kilómetros del Camino de Vinos y Aceite de Oliva de Lucca, Montecarlo y Versilia atraviesan colinas y planicies.

Además de la citada Lucca, rica en iglesias y palazzos medievales, se encuentran las villas portuarias de Fort dei Marmi y Viareggio, abrazadas por los Alpes Apuanos donde se extrae un mármol de alta calidad, y pueblos históricos como Seravezza, Pietrasanta, Camaiore y Massarosa.

Los viñedos y olivares tapizan las tierras de esta comarca, la Lucchesia, donde destacan los vinos blancos de Montecarlo, que se puede degustar en los bares de las plazas del pueblo con su iglesia a juego.

Vinos, quesos, panes y embutidos cercanos a Lucca. Foto: Visit Tuscany
Vinos, quesos, panes y embutidos cercanos a Lucca. Foto: Visit Tuscany

Tras la llanura las colinas ganan en altura en dirección a Barga y Castelvecchio Pascoli, donde los platos locales se elaboran con castañas, embutidos, setas, minestrone de espelta y miel; mientras que en los alrededores de Versilia, ya en la costa, mandan los frutos del mar.

Además del citado Montecarlo, otro blanco DOC recomendado es el Colline Lucchesi, que se degusta con aceite de oliva extra virgen de Lucca.

Vino blanco de Montecarlo. Foto: Visit Tuscany
Vino blanco de Montecarlo. Foto: Visit Tuscany

Si hay que probarla, que sea con el pan de Altopascio, que no tiene rival; y con los embutidos de Gombitelli, elaborado en las granjas de las montañas.

Monte Pisano

El macizo del Monte Pisano divide a las llanura de Lucca de la de Pisa. En la cara de esta última se encuentra una ruta de 29 kilómetros que cruza cinco pueblos, donde se produce una de las mejores aceites de oliva de la región.

Bruschetta, o sea pan con aceite y ajo. Foto: Visit Tuscany
Bruschetta, o sea pan con aceite y ajo. Foto: Visit Tuscany

Aquí las olivas se recogen y clasifican a mano, como hace cientos de años, en un proceso largo y preciso que garantiza la calidad del producto.

En los pueblos de Monte Pisano el aceite de oliva se produce a mano, en un proceso que apenas cambió en generaciones

Uno de los lugares donde se obtiene una de las mejores muestras es Buti, rodeado de olivos que crecen en terrazas adaptadas a las laderas de la montaña, una técnica que se remonta a la Edad Media.

Pero también se encuentran fincas productoras en los pueblos de Lari, Fauglia, Peccioli y Terricciola.

La tradición manda que el aceite se degusta mojando el oro amarillo en pan, en presentaciones conocidas como bruschetta, fettunta (aunque tenga gusto similar, este no es pan de ajo. Su comparación ofende) o crogiantina (en un panificado más crocante).

Además de su despliegue de pastas, castañas y setas, en estas tierras es tradicional la sopa de repollo y dulces como la torta co’bischeri, elaborada con chocolate, arroz y piñones.

Orcia

La Ruta del Vino de Orcia atraviesa una docena de municipios rurales enclavados en las montañas de Crete, al sur de Siena, donde los viñedos y olivares, con algunos retazos de campos de cereales, se intercalan con bosques de robles y castaños.

Viñedos en el valle de Orcia. Foto: Visit Tuscany
Viñedos en el valle de Orcia. Foto: Visit Tuscany

De estos árboles se produce una harina que se elabora en un amplio catálogo de panificados.

La zona es un despliegue de enclaves históricos como la Abadía San Salvatore, el fuerte Castiglion d’Orcia, el pueblo de Montalcino vigilado por una fortaleza del siglo XIV, otro castillo en San Giovanni d’Asso y las calles sinuosas de la villa de Pienza.

El vino DOC Orcia se elabora, sobre todo, con las uvas Sangiovese y Trebbiano; también usadas para el clásico Orcia Rosso.

Las variedades Novello y Vin Santo deriva en vinos tintos y blancos de larga tradición.

Pero hay más: los embutidos tienen una merecida fama, como la cinta senese, que maridan con el azafrán que poco a poco está descollando en la región.

Vinos y quesos en el Valle de Orcia. Foto: Visit Tuscany
Vinos y quesos en el Valle de Orcia. Foto: Visit Tuscany

En tanto el queso pecorino de Pienza brilla como las castañas y las setas de la Montaña Amiata, o gemas como las trufas de Creta Senesi.

Y claro, tampoco hay que olvidarse del aceite de oliva virgen extra, que se produce en frío con las variedades Moraiolo, Frantoio y Leccino. Al degustarla se percibe su aroma afrutado, con un sabor amargo y ligeramente picante.

a.
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