Cinco librerías históricas de Portugal para enamorarse

En Lisboa, Oporto y Funchal se descubren centenarias librerías que invitan a viajar en el tiempo rodeados de anaqueles, ediciones únicas, ejemplares extraños y obras de arte

Muchos rincones de Portugal son como un viaje en el tiempo. La cantidad de tiendas centenarias, o con más de dos siglos a cuestas, sorprende al visitante; no solo por la resistencia frente al paso de los años, sino por el cuidado del patrimonio de su arquitectura interior y exterior.

Un buen ejemplo son las librerías y papelerías que hay en Lisboa, Oporto, Funchal y otras ciudades de la geografía lusitana.

Entre ellas se encuentra la librerías más antigua del mundo, según certifica el libro Guinness, junto con locales que acercan la cultura desde principios del siglo XIX y que siguen en pie.

Entramos en algunas de ellas para conocer sus secretos.

Muchos rincones de Portugal son como un viaje en el tiempo. La cantidad de tiendas centenarias, o con más de dos siglos a cuestas, sorprende al visitante; no solo por la resistencia frente al paso de los años, sino por el cuidado del patrimonio de su arquitectura interior y exterior.
Librería Bertrand, en el barrio de Chiado

Librería Bertrand (Lisboa)

Si hay que comenzar por alguna, tiene que ser por la más antigua: Librería Bertrand. Abierta en 1732 en Lisboa, y desde 1773 en la rua Garrett 73-75 del barrio de Chiado, podemos asegurar que la historia de país pasó por sus salas y pasillos, ya que fue centro de reunión de opositores a la dictadura de Salazar y punto de encuentro de la intelectualidad lisboeta durante décadas.

La Librería Bertrand nació en 1732, y actualmente es un grupo comercial y editorial con 52 locales

El famoso libro de los récords confirmó que es la más longeva no solo de Portugal sino de todo el planeta. Como si fuera un árbol, las raíces que echó Pedro Faure en el siglo XVIII han crecido hasta formar un grupo comercial y editorial con 52 sucursales en el país.

Librería Bertrand, la más antigua del mundo.
Librería Bertrand, la más antigua del mundo.

Esta casa entre 1899 y 1969 editó el Almanaque Bertrand, un catálogo de datos útiles y efemérides que volvió a publicarse desde 2011; además de imprimir numerosas revistas de cultura y literatura a través de los años.

El local de Chiado resalta por su fachada lateral de azulejos y sus estantes de madera, alguno con reloj adosado, con su anuncio esculpido en la piedra en estilo art-nouveau.

Librería Lello (Oporto)

La decoración gótica de su fachada y las salas, las escaleras de madera elaboradas con exquisito gusto, la alfombra roja de las estancias y el vitral de colores del techo daban la atmósfera de los interiores medievales de Hogwarts.

Y como la autora de Harry Potter vivió dos años en Oporto, se creó el mito que J.K.Rowling se había inspirado en la Librería Lello para recrear el colegio del niño mago.

A pesar de la leyenda urbana miles de personas cada año visitan esta librería, al punto que sus dueños implementaron una entrada de cinco euros para los que solo llegan, sacan fotos y se van. Si alguien quiere llevarse un libro, el monto se descuenta de la compra.

Muchos rincones de Portugal son como un viaje en el tiempo. La cantidad de tiendas centenarias, o con más de dos siglos a cuestas, sorprende al visitante; no solo por la resistencia frente al paso de los años, sino por el cuidado del patrimonio de su arquitectura interior y exterior.
Se dice que la Librería Lello es las más bonita del mundo. Es posible

El local abrió en 1906, pero el negocio ya había sido impulsado por los hermanos José y António Lello en 1881.

Entre sus salas la más importante es Gemma, donde se encuentran primeras ediciones, libros firmados por sus autores, ejemplares raros y presentaciones de lujo.

Librería Académica (Oporto)

La fachada de la Librería Académica honra a la tradición costumbrista de Oporto, con su color blanco y los detalles de piedra pulida y flores en las ventanas. Parece una casa más que una librería

Libreria Academica, en Oporto
Libreria Académica, en Oporto

Da gusto entrar y contemplar, en silencio, la precisa simetría de cientos de libros ordenados con precisión en los anaqueles de madera, casi todos ellos ejemplares antiguos, raros, de ediciones únicas y que solo se pueden conseguir allí.

Había tanta gente que llegaba a la Librería Lello solo para sacar fotos que sus dueños impusieron una entrada de cinco euros

Fundada en 1912, desde 1972 Nuno Canavez está al frente del negocio, quien en 1948, cuando era un adolescente, entró a trabajar como dependiente.

Librería Esperança (Funchal)

La Librería Esperança es una de las más grandes de Portugal: se encuentra en un antiguo palacio del siglo XVI de la familia Carvalhal en la Rua dos Ferreiros, en la ciudad de Madeira, que presenta una superficie de 1.200 metros cuadrados para disponer de un catálogo de 96.000 títulos.

Libreria Esperança, ubicada en un palacio del siglo XVI. Foto Comercio com historia
Libreria Esperança, ubicada en un palacio del siglo XVI. Foto Comercio com historia

Su decoración rebosa refinamiento, como los techos decorados con madera dorada, estuco blanco y parte del suelo original del palacio. La entrada tiene una puerta de hierro fabricada en 1930, que pertenecía al cuartel que se encuentra del otro lado de la calle.

La librería tiene sus orígenes en 1886, y ha pasado por cuatro cambios de localización hasta su actual morada.

Au Petit Peintre (Lisboa)

Es cierto, esta no es una librería, sino una tienda especializada en material para pintura artística, grabado y artes de la impresión, como tintas, papeles químicos, cuadernos de arte, etcétera.

Au Petit Peintre, tienda de cuadros y arte en Lisboa. Foto: Foto Comercio com historia
Au Petit Peintre, tienda de cuadros y arte en Lisboa. Foto: Foto Comercio com historia

Cuando se entra pareciera que haya espacio para circular: por donde se mire en el pequeño local hay óleos, grabados, litografías, carteles pintados, marcos, ediciones únicas exhibidas en atriles de hierro y elementos de oficina de los años ’50.

Pero donde hay que prestar atención es en el suelo, porque la mirada atenta descubrirá las huellas de pezuñas de vaca, de cuando en el lugar funcionaba una granja donde vendían leche directamente del animal al consumidor.

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