Český Krumlov: tras los pasos de Egon Schiele por la Bohemia

Cuando cambió Praga por Český Krumlov, el ‘enfant terrible’ del expresionismo logró escandalizar hasta el último rincón de este hermoso pueblo bohemio

La relación de Egon Schiele (1890-1918) con su madre, Marie Soukupov, no era especialmente tierna ni cercana. De hecho, se llevaba mejor con su padre, Adolf Schiele, un jefe de estación de la ciudad austriaca de Tulln an der Donau. El artista siempre recordaría con nostalgia cómo mientras de niño dibujaba trenes, su progenitor hablaba con los pasajeros imaginarios que viajaban en sus pinturas.

Tras morir éste, la madre enviaría al joven a Viena con su tio Leopold Czihaczek para que se hiciera cargo de él. El señor Czihaczek, tras intentar vanamente atraerlo a la tradición ferroviaria de la familia y viendo la pasmosa habilidad del joven para el dibujo, le animo y ayudó a canalizar su sueño.

Egon Schiele se instaló en Cesky Krumlov en dos ocasiones. Foto: Getty Images.

El Expresionismo asalta Viena

Viena era en los primeros años del siglo XX era una auténtica explosión de arte y música que abrazaba el recién nacido psicoanálisis de Sigmund Freud, influencia decisiva en la pintura de los grandes expresionistas como Gustav Klimt, Otto Wagner, Oskar Kokoschka o Koloman Moser.

Schielle llegó a ser, junto a Kokoschka y Klimt, una de las principales figuras del expresionismo

También Schiele, que llegaría a ser, junto a Kokoschka y Klimt, una de las figuras primordiales de un movimiento en el que, al contrario del impresionismo, el “yo” era el sujeto artístico. Discípulo de Klimt, su maestro le formó y le apoyó. Así, aunque en un principio su obra provocaba inquietud -se le consideraba el pintor de la fealdad- fue dándose a conocer en la sociedad vienesa.

 El enfant terrible como se le conocía por lo prematuro de su vocación y fama era provocador hasta la médula. Sus temas recurrentes solían ser la locura, el sexo, la maternidad y la muerte, siempre retratados con un lenguaje obsesivo, desgarrador y absolutamente grandioso.

Autorretrato, Egon Schiele. Foto: Foundation Louis Vuitton.

Desde muy joven dibujaba de un trazo y con una decisión poco vistas. A partir de su pincel, las emociones ocultas del ser humano tomaban vida y sentido, como si el subconsciente saliera a la luz gracias a su poderosa mano.

En un pueblecito bohemio

Cansado de Viena, a la que dibujó como ‘Ciudad muerta’ en varios cuadros, Schiele decidió trasladarse una temporada a la tierra natal de su madre, Krumau, a apenas 170 km de Praga y hoy considerada una de las ciudades más bellas de Europa.

A principios de siglo esta joya bohemia envuelta en el meandro del río Moldava, enclave sucesivo de las dinastías Rosenberg, Eggenberg, Schwarzenberg, era un lugar tan hermoso como tranquilo y, en cierto modo, puritano.

Sin previo aviso, el torbellino de Egon Schiele irrumpe en la serena cotidianidad del pueblo. La que sería después Český Krumlov -Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1992- acogió al artista, que se instala con el escenógrafo Ervin Osense, a quien había conocido en Viena en 1910, y con el pintor Anton Peschka.

En su primer estudio Egon realiza una serie de perturbadores autorretratos y retratos de sus amigos, la mayoría con la temática del desnudo sexual, la destrucción del ser humano y la soledad.

Castillo de Cesky Krumlov. Foto: Getty Images.

Wally, su musa

Más tarde conoce en Viena a la que sería su gran amante y musa, la joven pelirroja de grandes ojos azules, Valerie (Wally) Neuzil con quien emprende de nuevo viaje hacia Krumau. Se instalan en la calle Parkan 111 y pronto comienzan a escandalizar la vida del tranquilo pueblo, con Wally posando desnuda y él reclutando jóvenes de Krumau para eternizarles en las poses más imposibles y contorsionadas, como el pintaba el cuerpo que por un lado parecía flexible y por otro electrificado.

Su etapa de Český Krumlov supuso una nueva vida para el pintor de la que también dejó testimonio en cuadros como Casas junto al río 1914  y Casa con ropa tendida en colores 1914, entre otros.

No es difícil imaginarle paseando su enjuta figura por las callejuelas barrocas del pueblo, cruzarse con la gente que le miraría de reojo mientras el desnudaba con sus ojos enormes a ese pueblo y su gente que terminaron por echarle en 1917, acusándole de pervertidor de menores, por lo que incluso estuvo bajo arresto en la cárcel un par de semanas.

Casas junto al rio, Egon Schiele. Foto: © Museo Nacional Thyssen Bornemisza.

Egon Schiele era demasiado para la Český Krumlov de entonces. “¡Reprimir al artista es un delito, es asesinar la vida cuando germina!”, mantenía el artista.

De la deshonra al orgullo

Sus descendientes, sin embargo, hoy se enorgullecen del colosal pintor y muestran su obra en la galería que lleva su nombre, fundada en 1992 por un grupo de checos, austriacos y estadounidenses.

El museo, ubicada en el edificio renacentista de una antigua cervecería, es hoy la institución cultural más importante de la ciudad y, además de conocer su vida y su obra a través de una exposición permanente, ofrece muestras temporales de artistas contemporáneos de la talla de Picasso, Dalí o Klimt.

Recorriendo la coqueta urbe se pasa por el Mueso de Marionetas tan típicas de Bohemia, por tiendas donde adquirir el no menos famoso cristal y se aspira el aroma a guisos sabrosos que sale de las tabernas, siempre con el fondo del omnipresente castillo de corte renacentista -uno de los más visitados de toda Chequia- revestido por hornacinas y trampantojos.

Foto: Egon Schiele Art Centrum.

Tras superar las iglesias de San Justo y San Vito, se cruza el puente de madera Lazebnick sobre el Moldava, camino de la Plaza del Ayuntamiento. Todo responde a un cuadro armónico donde las diferentes influencias arquitectónicas hace tiempo que encontraron su lugar en la localidad y pasaron a formar parte de un conjunto común.

Al doblar una esquina, sin embargo, colgadas de la paredes se ven unas formas de erotismo exagerado que, rayando en lo grotesco, anuncian la del espectacular y único Egon Schiele. La gripe -mal llamada española- segó su vida con apenas 28 años cuando ya tenía en su haber artístico 300 obras y mas de dos mil acuarelas.

Días antes había muerto su esposa Edith, de quien se contagio. Estaba embarazada y uno de los cuadros mas emotivos y fuertes de su obra es La madre muerta donde aparece su fallecida esposa con el bebe vivo en el útero materno.  

La galería acoge regularmente exposiciones de artistas internacionales. Foto: Egon Schiele Art Centrum.

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