Biarritz: claves para una encantadora escapada invernal

La villa costera de Biarritz mantiene su magia con un océano que desafía al surf, una gastronomía pensada para entrar en calor y el encanto de sus residencias

Es Francia, sí, pero también es el País Vasco francés, región con una identidad muy definida que gracias a su cercanía a San Sebastián y otros puntos turísticos de España se convierte en una excelente opción para una escapada. Aunque sea en invierno.

Porque por más que el clima de ese rincón de Aquitania, más concretamente en el departamento de los Pirineos Atlánticos, sea duro en estos meses, la ciudad de Biarritz y las villas que lo rodean despliegan un buen número de alternativas que van más allá de salir a caminar por la playa.

Atardeceres, faros y acantilados

No vamos a negar que el mar, aunque tenga esos arrebatos de furia invernal, presenta un magnetismo difícil de esquivar.

Faro de Biarritz. Foto Dani Fuentes Ortiz-Unsplash

Es cuestión de calzar un buen abrigo y poner rumbo a diferentes puntos de los 40 kilómetros del litoral costero que van desde Hendaya hasta Anglet.

Biarritz, más concretamente la playa de la Costa de los Vascos, se considera la cuna del surf de Francia, desde que se empezó a practicar en 1956

En Biarritz mismo está la famosa cornisa de la Costa de los Vascos, cuna del surf en Francia (ya volveremos sobre ello).

Allí se pueden ver hermosas puestas de sol en los bares de la zona, de los que algunos tienen varias generaciones ofreciendo sus sofisticadas creaciones.

La roca de la Virgen. Foto Moibtz – Pixabay

En Anglet se encuentra el faro de Biarritz, una de las postales costeras más famosas de la región. Así como en San Juan de Luz hay que descubrir la punta de Sainte-Barbe, que permite ver los meandros de la bahía desde Ciboure hasta la montaña de La Rhune.

Quien se anime a subir hasta los 905 metros de la cima estará bien recompensado por unas hermosas vistas en 360 grados del Atlántico y la comarca.

La cuna del surf

Habíamos hablado del surf. Pues Biarritz se puede considerar la meca de este deporte acuático, sobre todo en invierno, donde legiones de aficionados desafían al frío con tal de aprovechar las olas que regala el océano.

En la cercana San Juan de Luz se encuentra el arrecife de Belharra, que genera una famosa ola que en tiempo de marejada puede oscilar entre los 8 y los 15 metros.

Biarritz, la cuna del surf francés. Foto Emma Paillex-Unsplash

Pero eso queda para expertos, porque el sector de las playas urbanas de Biarritz, como el de la citada Costa de los Vascos, es un buen campo de pruebas para los que se quiera iniciar en el surf, sobre todo cuando está la marea baja.

Las playas de Anglet, de unos 4,5 kilómetros de extensión, también son recomendadas, sobre todo las de la Chambre d’Amour y su hermana pequeña del mismo nombre, donde se encuentran varias escuelas de surf.

Aires aristocráticos

Biarritz fue uno de los balnearios preferidos por la aristocracia francesa a fines del siglo XIX, quienes han dejado monumentales edificios que recuerdan sus años de oro.

La elegante arquitectura de Biarritz. Foto Yezro-Pixabay

A lo largo de la carretera de la cornisa, que transcurre desde San Juan de Luz hasta Hendaya, mientras se viaja en bicicleta (si el viento lo permite) se descubren el elegante Hôtel du Palais, la estructura art-decó del casino o del cine Le Royal y palacetes como los del Puerto Viejo.

La elegancia del Hôtel du Palais y del casino recuerdan por qué Biarritz fue el sitio elegido por parte de la aristocracia francesa para descansar

Los paseos por la ciudad tienen que pasar, sí o sí, por la Roca de la Virgen a la que se llega por una pasarela diseñada por Gustav Eiffel que se adentra 200 metros en el mar, y el encantador Puerto de los Pescadores, en cuyos restaurantes cercanos se encuentran auténticas maravillas gastronómicas del mar.

Maravillas de la gastronomía

Ya que hablamos de gastronomía local, hay tres imprescindibles. Uno es probar las guindillas de Espelette, las únicas de Francia con denominación de origen controlado.

Este condimento, de un rojo tan intenso como su picor, se usa para sazonar platos típicos como la piperade (revuelto de tomates y pimientos) o la axoa (picadillo de ternera).

En otoño, las casas de Biarritz suelen colgar racimos de guindillas en sus puertas, para recordar la tradicional época de secado de este fruto.

Otro es el biskotxak, un pastel que nació en el cercano pueblo de Cambo-les-Bains, o que más bien, a principios del siglo XX fue popularizado por las hermanas Bisktox.

Las guindillas del pueblo de Espelette son un recomendado condimento para platos de la gastronomía vasca francesa, como el picadillo de ternera llamado ‘axoa’.

Su relleno habitual es mermelada de cerezas negras o crema pastelera, aunque cada pastelero también es libre de añadirle desde cítricos a avellanas o chocolate.

Las famosas guindillas de Espelette

 Y el tercer manjar es, precisamente, este derivado del cacao que llegó a Francia a través de los judíos expulsados de la Península Ibérica en el siglo XVII por la Inquisición.

El Taller de Chocolate de Bayona permite descubrir sus secretos, que se perpetúan en diversas pastelerías de Biarritz. Entre las más legendarias se encuentran Maison Pariès (con más de 125 años de historia) y Maison Adam, cuyos famosos macarones ya habían sido probados por Luis XIV.

Masajes y relax

Que el frío no nos quite las ganas de recibir la bendición del agua. Por supuesto que no será la del océano, sino de los diferentes centros de wellness que hay en Biarritz, con una tradición de talasoterapia que se remonta al Segundo Imperio, a mediados del siglo XIX.

Relax en el Sofitel Biarritz Le Miramar Thalassa Sea & Spa

Entre los más importantes están el Sofitel Biarritz Le Miramar Thalassa Sea & Spa, que ofrece baños hidratantes con mantequilla de karité sobre arena caliente (¡!); el Thalasso Blanco Hendaye especializado en masajes del mundo, sobre todo de Asia; el Hotel Atlanthal de Anglet que mantiene una estética zen; y el Thalmar Biarritz que presentan tratamientos con marchas dinámicas y el relax de la talasoterapia.

Una buena forma de descansar el cuerpo y la mente tras tantas actividades en esta villa del País Vasco francés.

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