Beacon: ruinas que florecen a orillas del Hudson

A orillas del río Hudson, muy cerca de Nueva York, Beacon tiene un pasado colonial e industrial y un presente artístico y turístico que crece en torno al museo de arte contemporáneo Dia Beacon

Los neoyorkinos que se lo pueden permitir escapan, entre otros lugares, o a los Hamptons, en el noreste de Long Island, o a Beacon, al norte de la ciudad de Nueva York. Entre esa gente más que acomodada no se encuentra Woody Allen.

Main Street, Beacon. Foto: Getty Images.

Los neoyorkinos que se lo pueden permitir escapan, entre otros lugares, o a los Hamptons, en el noreste de Long Island, o a Beacon, al norte de la ciudad de Nueva York. Entre esa gente más que acomodada no se encuentra Woody Allen.

El cineasta de Brooklyn no es que no pueda, es que no le gusta el campo, el aire libre. Aunque la cultura y el arte sí que le atraen, no tiene pensado mudarse a Beacon. Una ciudad que ha cambiado desde que en 2003 abrió sus puertas el museo Dia: Beacon, así como un puñado de galerías de arte y artesanía a su sombra, y en la que actualmente muchos neoyorkinos se han mudado seducidos por unos precios de alquiler algo más baratos que en Nueva York y por su cercanía a esa misma ciudad.

La pandemia y el teletrabajo se han sumado como dos nuevas excusas para que, cada vez más, la gente vea este lugar y sus alrededores como un sitio para vivir y no sólo para disfrutar durante los fines de semana o las vacaciones.

Los neoyorkinos que se lo pueden permitir escapan, entre otros lugares, o a los Hamptons, en el noreste de Long Island, o a Beacon, al norte de la ciudad de Nueva York. Entre esa gente más que acomodada no se encuentra Woody Allen.
Dia Beacon. Foto: Mahdis Mousavi | Unsplash.

Qué es Beacon

Beacon se encuentra en la zona intermedia del valle del Hudson, entre las ciudades de Albany y Nueva York. Un río que con su nombre honra al navegante y explorador inglés Henry Hudson. El viaje en tren desde Nueva York discurre en paralelo al río y justifica el trayecto. Un placer para la vista que dura menos de lo deseable.

La estación de tren de Beacon se encuentra a ras de agua. En esta terminal ferroviaria, junto al muelle del ferry que cruza a Newburgh, al otro lado, se cargaron en los vagones muchos de los miles de sombreros que se manufacturaron en las fábricas que había en Beacon hasta mediados del siglo XX. Este lugar también fue almacén de combustible, reserva de sal y depósito de chatarra de automóviles. Un espacio industrial que en la actualidad es una agradable área de recreo y descanso con unas bonitas vistas al Hudson y el puente que cruza el río.

En Beacon hoy casi nada es lo que fue: una ciudad con una historia colonial e industrial y un presente artístico y turístico

La zona en la que se asienta Beacon en el siglo XVIII la ocupaban dos pueblos levantados por los colonizadores europeos: Matteawan y Fishkill Landing. Dos asentamientos ubicados al este y el oeste del Monte Beacon, respectivamente.

El resultado de su unión fue Main Street, la Calle Principal de Beacon. Este nombre (beacon en inglés es el haz de luz que proyectan los faros) hace referencia a las señales de humo que se hicieron desde la cima de aquel monte para avisar a las fuerzas continentales de la llegada de las tropas británicas en una época en la que los antiguos y diversos colonizadores se cansaron de que la que consideraban su tierra fuera la colonia de un imperio lejano.

Los neoyorkinos que se lo pueden permitir escapan, entre otros lugares, o a los Hamptons, en el noreste de Long Island, o a Beacon, al norte de la ciudad de Nueva York. Entre esa gente más que acomodada no se encuentra Woody Allen.
Beacon. Foto: BRANDUSA.

Pasado industrial

Del belicismo se pasó a la industrialización. En concreto a la fabricación de sombreros, entre otros estilos, el de corte marinero, tan de moda a finales del siglo XIX. Por aquel entonces llegaron a funcionar a la vez cincuenta fábricas, algunas de ellas emplearon a unos cuatrocientos trabajadores. Los años más productivos fueron los comprendidos entre 1920 y 1940; a partir de entonces la producción comenzó a languidecer y las fábricas se abandonaron y se convirtieron en ruinas.

La mayoría se demolieron, excepto alguna que se ha remodelado y convertido en un edificio de apartamentos. La renovación urbana de mediados del siglo XX se tradujo en la destrucción de edificios históricos. Los que salvaron y permanecen en pie se han convertido en iconos de Beacon y en museos, como el Madam Brett Homestead (50 Van Nydeck Avenue), el edificio más antiguo del condado de Dutchees.

A la instalación del museo Dia: Beacon en 2003 le siguieron galerías de arte y artesanías, un Mercado de Pulgas donde solo se venden productos hechos a mano y festivales de música o gastronómicos

Otros siguen desempeñando sus funciones originales: la Oficina de Correos de Main Street, un edificio de piedra de estilo del renacimiento colonial holandés que data de 1930. En la misma calle se encuentran el Centro Cultural Howland o la Biblioteca Howland, construcción que se remonta al año 1872, la Iglesia Reformada, ubicada en un alto y con vistas al Hudson y Eustatia (Monell Place), una cabaña de ladrillos de estilo gótico victoriano construida en 1867. Muy cerca de este lugar está la casa Bogardus-DeWindt (Tompkins Avenue), vivienda típica de la zona construida entre los años 1750 y 1830.

Los neoyorkinos que se lo pueden permitir escapan, entre otros lugares, o a los Hamptons, en el noreste de Long Island, o a Beacon, al norte de la ciudad de Nueva York. Entre esa gente más que acomodada no se encuentra Woody Allen.
Dia Beacon. Foto: BRANDUSA.

Fuera del núcleo urbano, en la península Denning´s Point, se alza el Instituto Beacon de Ríos y Estuarios, un lugar en el que en el pasado había fábricas de ladrillo.

Refugio de artistas y artesanos

El cese de gran parte de la actividad industrial y comercial de la ciudad se tradujo en una severa recesión económica. La imagen que proyectó aquel panorama fue la de locales comerciales y fábricas vacías. Hasta que a finales del siglo XX y principios del XXI se abrió un museo de arte contemporáneo en una de esas antiguas, abandonadas y vacías fábricas.

El Dia: Beacon es un lugar interesante por dentro y por fuera. Una construcción de ladrillo, acero, hormigón y vidrio, un hito de la arquitectura industrial de principios del siglo XX. En ella hoy se exhiben, en espacios diáfanos e iluminados por la luz que se cuela a través de las claraboyas y en el jardín colindante, colecciones de arte de los años sesenta del siglo pasado hasta la actualidad. Hay obras de Louise Bourgeois, Warhol, Gerhard Richter, On Kawara y Dan Flavin, entre otros artistas. Con el Dia: Beacon la ciudad comenzó un renacimiento artístico y comercial.

A rebufo del mismo han ido abriendo galerías de arte y artesanías, un Mercado de Pulgas (Henry Street), una especie de rastro en el que la única norma que hay es que todo lo que se vende tiene que haberse hecho con las manos y tiene que ser auténtico, y festivales como el que se celebra el segundo sábado de cada mes en el que hay programadas exhibiciones, conciertos y degustaciones gastronómicas durante todo el día (esto era así antes de la pandemia). Que ahora este tipo de actividades o no se puedan hacer o estén más limitadas, no significa que Beacon no tenga ni encanto ni interés.

Un paseo por esta ciudad es como abrir un libro de historia, aunque algunos capítulos hoy sean de ficción. Los perezosos o los que no dispongan de mucho tiempo pueden hacer la visita en el autobús Free Loop, que para en los principales lugares de interés turístico.

Los neoyorkinos que se lo pueden permitir escapan, entre otros lugares, o a los Hamptons, en el noreste de Long Island, o a Beacon, al norte de la ciudad de Nueva York. Entre esa gente más que acomodada no se encuentra Woody Allen.
Interior del museo Dia Beacon. Foto: Bill Jacobson.

Es probable que muchos residentes de Beacon eviten, sobre todo los fines de semana y festivos, la Main Street. Sin embargo, no hay visitante que no recorra la principal calle de la ciudad. Una vía de un kilómetro de largo en la que se alternan tiendas, bares, restaurantes y emblemáticos edificios, como el Beacon Hotel de ladrillo rojo, el Teatro Beacon y la Hudson Beach Glas, una antigua estación de bomberos reconvertida en una tienda taller de vidrio.

Un paseo por esta ciudad es como abrir un libro de historia, aunque algunos capítulos hoy sean de ficción

Galo Martín Aparicio

En dirección este Main Street da a parar al canal de Fishkill. A lo largo del mismo se suceden el Round House, un hotel boutique que conserva el pasado industrial de la ciudad y con vistas a una cascada. Corriente abajo se encuentra el parque Madam Brett, junto a las ruinas de la fábrica de sombreros Tioronda.

Monte Beacon

En el lado oriental del canal de Fishkill se eleva el Monte Beacon. Se puede coronar caminando un sendero habilitado y que arranca en el punto en el que antiguamente se recogía a los huéspedes que se alojaban en el hotel que había en dicho monte. Del mismo hoy sólo quedan sus ruinas, junto a las del casino, además de otras ruinas que hacen parte de una de las varias cabañas en las que se instalaron, a principios del siglo XX, una veintena de familias para disfrutar del aire fresco de este monte. Monte salpicado de miradores desde los que se alcanza a ver el Hudson. Río en el que flota la isla de Bannerman y en la que se encuentran otras ruinas, las del castillo del mismo nombre.

Los neoyorkinos que se lo pueden permitir escapan, entre otros lugares, o a los Hamptons, en el noreste de Long Island, o a Beacon, al norte de la ciudad de Nueva York. Entre esa gente más que acomodada no se encuentra Woody Allen.
Vistas desde el Monte Beacon. Foto: BRANDUSA.

Si el ave fénix renació de sus cenizas, la ciudad de Beacon lo ha hecho de sus ruinas. Ruinas que se corresponden con el esqueleto de la que fuera una ciudad industrial y manufacturera para convertirse en artística, turística y residencia de los que deciden escapar de la gran ciudad.

a.
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