Banwol: por qué en este pueblo de Corea todo es de color púrpura

Las casas, los puentes, los coches y hasta las cabinas telefónicas están pintadas de morado en Banwol, en Corea del Sur. ¿A qué viene la pasión por este color?

Al suroeste de Corea del Sur, en la provincia de Jeolla del Sur, la pequeña isla de Banwol decidió reinventarse para ser exactamente eso. En 2018 se pintaron 400 tejados y sus correspondientes edificios de morado, una capa de color que se extendió a aceras, vehículos, bancos, cabinas telefónicas y el puente que la conecta con la vecina isla de Parkji, que se ha convertido ya una de las atracciones más deseadas para los visitantes

Las ciudades de colores no son un invento actual. Por motivos históricos, constructivos de salubridad o, incluso, de necesidad, las hay azules como Chefchaouen en Marruecos o la española Júzcar (la ciudad pitufo), rosas como Toulouse y Jaipur o amarillos como Izamal, también llamada la Ciudad Dorada del Yucatán. Sin embargo, en la era de Instagram, un pueblo monocolor se convierte en el escenario perfecto del selfie más deseado.

Al suroeste de Corea del Sur, en la provincia de Jeolla del Sur, la pequeña isla de Banwol decidió reinventarse para ser exactamente eso. En 2018 se pintaron 400 tejados y sus correspondientes edificios de morado, una capa de color que se extendió a aceras, vehículos, bancos, cabinas telefónicas y el puente que la conecta con la vecina isla de Parkji, que se ha convertido ya una de las atracciones más deseadas para los visitantes

Sin más razón que el marketing – y quizás las campanulas, las flores de intensa tonalidad lila muy frecuentes en todo esta zona del sudeste asiático-, el pueblo entero se volvió púrpura.

La ciudad púrpura

Hasta entonces una localidad fundamentalmente agrícola en el condado de Shinan y con menos de 200 habitantes, desde que se convirtió en el sueño de cualquier cazador de likes, ha sido visitado por 490.000 personas.

Ni siquiera la pandemia ha frenado su popularidad: las restricciones a los viajes internacionales y las cuarentenas a la vuelta la han colocado en el radar de los viajeros locales y, según CNN, los visitantes han crecido. Solo entre junio y agosto de 2020 llegaron más de 100.000 personas al destino, lo que significa un aumento del 20% respecto al año anterior.

Para dar forma al proyecto, que se inspira, como decíamos, en la campanillas salvajes de la región, y “crear atractivos en destinos insulares”, un plan turístico implementado a partir de 2015, se plantaron 21.500 m2 de campos de lavanda y 30.000 ásteres de Nueva Inglaterra que florecen en vistosos tonos morados. Además, se incentivó entre los agricultores locales el cultivo de vegetales de la misma familia cromática como la remolacha y el colinabo.

Desde que en 2018 las dos localidades conectadas por un puente se pintaran de morado ya las han visitado 490.000 personas

Qué hacer en la ciudad morada

A unas seis horas de Seúl, para acoger a los visitantes se ha desarrollado también un hotel -aunque es posible hospedarse en casas de los habitantes de Banwol y Parkji- y varios restaurantes que sirven todo tipo de especialidades con marsico y carne de cerdo -por supuesto, con vajilla a tono con el resto del municipio-, además de coquetos cafés en foodtrucks y una empresa de alquiler de bicicletas.

Además de llenar el carrete de la cámara de fotos y buscar los mejores encuadres en la cabina de teléfono morada, colgarse de una farola morada o cruzar el ya icónico puente morado entre Banwol y Parkji, una excursión en la zona debe pasar por los campos de lavanda o colinabos y, por supuesto, admirar al atardecer la iluminación de la zona en tonalidades púrpuras.

Una sencilla caminata al monte Eoggae, de unos 200 metros de altura, permite obtener además una panorámica de estos dos pueblos y la vegetación que los rodea. Además, una completa red de senderos recorre las dos islas de Banwol como Bakji (de punta a punta no hay más de 6 kilómetros entre ambas) lo que las hace perfectamente accesibles, más aún si se lleva algo de ropa o algún complemento morado para integrarse a la perfección en el entorno.

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