Vienne, la desconocida perla de la Galia

Cerca de Lyon, la villa de Vienne esconde una de las urbes más importantes del pasado romano, ciudad medieval y cuna del ‘bon vivant’ francés

Para muchos, las vacaciones de 2020 se han convertido en las más atípicas. Y no falta quien las vive como un desafío a su alma de viajero empedernido. Para estos últimos, es el momento de ir un poco más allá de los circuitos habituales, pero con la dificultad extra añadida de que tenemos que ajustarnos a restricciones de movimiento de fronteras.

Así, nuestros países vecinos, visitables incluso en coche desde la península, se han convertido en los favoritos; y las escapadas a sus ‘rincones secretos’ aun más.

Si hay un lugar en Francia que merece la pena descubrir, y que pocos saben de su existencia más allá de los propios franceses, ése es Vienne.

Puente colgante sobre el Ródano en Vienne. Foto: Getty Images.

Vienne romana (y medieval)

Situada en el departamento de Isère, en la región de Ródano-Alpes, esta pequeña villa de menos de 30.000 habitantes a la orilla del Ródano se encuentra a apenas 30 km de Lyon, lo que la convierte en un destino perfecto para los que visiten la gran ciudad del centro de Francia o quieran hacer allí base y, desde Vienne, descubrir toda la región.

Vienne Francia
Detalle del templo de Augsto y Livia en Vienne. Foto: Flickr Creative Common.

De hecho, su rivalidad con Lyon es histórica, pues ambas se disputaban en tiempos romanos quién era el centro de poder más importante de esa parte de la Galia.

Además de sus vestigios romanos y medievales, Vienne es una sabrosa ciudad con dos restaurantes estrella Michelin y muchos sabores por descubrir

Precisamente por la perfecta conservación de su pasado romano (y también el medieval posterior), Vienne está considerada una villa histórico-artística. Una ruta de apenas 3 km llamada Patrimonio de Vienne nos permitirá acercarnos una a una a todas las maravillas que llevan allí desde el siglo III a.C. hasta nuestros días.

Por ejemplo el imponente templo de Augusto y de Livia (siglo I a.C., en la plaza Charles de Gaulle), en el que fuera el antiguo foro y que fue restaurado en la segunda mitad del siglo XIX (sólo existe un edificio similar en Francia, en Nimes), y sus columnas llaman mucho la atención.

Festival de Jazz de Vienne. Foto: Turismo de Francia.

El enorme teatro romano es posterior, del siglo I d.C., y es uno de los más grandes de los que se levantaron en la Galia romana. Situado en la rue de Cirque y con un aforo estimado de 13.000 espectadores, fue restaurado en 1938 y hoy sigue albergando espectáculos que incluyen, entre otros, el Festival de Jazz de la villa. Un consejo: cuando lo visitemos, hay que subir a la última de las gradas para disfrutar de la mejor vista en altura de la ciudad y el Ródano a los pies.

Secretos de Vienne

Una de las características que hace de Vienne una escapada agradable y tranquila es que la ciudad es muy peatonal, con amplias zonas sin coches. Así, podemos acercarnos en un paseo a la iglesia de Saint Pierre, que es de las más antiguas de Francia (siglo VI). Aunque de su estructura original se conservan solo su planta basilical y una nave, no deja de ser interesante, así como ver su campanario del siglo XII (hoy alberga un museo).

Claro que el edificio religioso más imponente es la cercana catedral de San Mauricio, que se terminó de levantar en el siglo XVI y que une un edificio románico con una fachada gótica, con tres pórticos con tímpanos y arquivoltas que nos hará, seguro, tener un efecto wow casi instantáneo.

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Catedral de San Mauricio. Foto: Flickr CC.

Casi todo se encuentra en el barrio antiguo o Vielle Ville, que es donde tendremos que disfrutar del mercado tradicional. Este se celebra a diario en la plaza François Miterrand, frente al Ayuntamiento, pero son los sábados por la mañana cuando tiene lugar el segundo mercado más grande de Francia. Una línea recta de 5 km de puestos nos permitirá degustar todo tipo de productos de proximidad.

Nuestro paseo por las diferentes callejuelas de esta parte de la ciudad nos permitirá ver casas burguesas y nobles de los siglos XVI y XVII bien conservadas, con ventanas tal cual en el medievo, escaleras de caracol, las puertas del siglo XVII restauradas…

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Centro medieval de Vienne. Foto: Simon | Flickr.

La sensación de que Vienne es un parque temático de historia romana y medieval cobra más sentido que nunca al pasear por esta parte de la villa.

Cuna del ‘bon vivant’

En torno a la plaza de la República, en pleno centro, se encuentran las calles comerciales, con decenas de pequeñas tiendas de moda, que también se despliegan junto al jardín de Cibeles y el teatro de Vienne, un poco más al norte. También los restaurantes, que son mucho más interesantes, en tanto que Vienne es una de las cunas gastronómicas de Francia.

Destaca especialmente el restaurante de Patrick Henriroux, con dos estrellas Michelin. Se llama La Pyramide y forma parte de Relais & Chateaux. En un ambiente de gran lujo, con una sala de comedor exquisita (también se puede optar por un menú más económico en su bistrot), se van sucediendo platos en sus menús como la crema suflé con caviar, cangrejo desmenuzado y alcachofa crujiente de la Provenza.

La Pyramide, Vienne.
La Pyramide atesora dos estrellas Michelin en Vienne.

Considerado uno de los cocineros más creativos, su cava con más de 1.000 referencias, entre las que no faltan Grands Crus y la mejor colección de licores de Chartreuse, hará las delicias de los amantes del vino.

Al sur de la Vienne se encuentra otro estrella Michelin: el restaurante del chef Philippe Girardon, situado en la exquisita mansión de la Domaine de Clairefontaine. El menú degustación ronda los 80 € y se disfruta en una casona del siglo XVIII con un parque de tres hectáreas alrededor en donde disfrutar de un agradable paseo o sobremesa.

Es de los mejores rincones en los que disfrutar de la trucha del Isère, que aquí se sirve con caviar y confitada con cítricos.

Domaine de Clairefontaine, Vienne.
Domaine de Clairefontaine, en Vienne.

Paseos entre viñedos

Por cierto, si queremos visitar los viñedos y las bodegas de esta parte del Ródano, tendremos la posibilidad de hacerlo de muchas maneras: en bicicleta, en segway, en mini excursiones personalizadas, mediante catas…

Y es que los valles de viñedos están a un paso y son muy accesibles. Para muchos, el paisaje se asemeja tanto a la Toscana que no dudan en hablar de que es su homóloga francesa.

Las botellas de vino las podremos maridar con quesos locales. En Vienne destaca el Rigotte de Condrieu, un queso de pequeño formato elaborado con leche cruda de cabra y aromas a avellana. Una copa de vino, un poco de queso, una baguette y manzanas de Pilat, que llegan del valle del Ródano, son suficientes para un auténtico picnic de Vienne junto al río.

Vienne desde los viñedos. Foto: Turismo de Vienne Condrieu.

También en clave dulce

Y si queremos probar un bocado dulce, entonces tenemos que ir a Panel, la chocolatería artesana más afamada de la región. Abierta a un paso de la catedral en 1905, sigue siendo un negocio familiar, con Géraldine y Charlotte Panel actualmente al frente de la misma (tercera generación).

Allí no falta la Galet du Rhone, uno de los dulces típicos, pero son sus bombones los que gozan de fama en todo el país.

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Galet du Rhone en Chocolatería Panel.

Perfecta para una escapada de fin de semana o para descubrir toda la región del Alto Ródano, Vienne es la perla desconocida que aspira a dejar de serlo más allá de las fronteras galas. Un pasado y un presente que hay que descubrir.

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