Para qué usar coche si el transporte público es gratuito

En Europa hay una docena de ciudades (y algún país entero) que ofrecen transporte público gratis para promover una movilidad más sostenible

Varias ciudades del mundo, e incluso algún país entero, ofrecen servicios de transporte público gratuito para sus residentes (o en ocasiones, para cualquiera que pise el territorio). Además de promover razones ecológicas, es una estrategia para dejar de usar el coche privado y de paso aliviar el bolsillo de los usuarios.

Un país donde nadie paga por viajar

El caso más emblemático es el de Luxemburgo. El pequeño país centroeuropeo implementó la gratuidad en toda su red de transporte público, ya sean autobuses, tranvías y trenes.

La alta renta per cápita de Luxemburgo permite a su gobierno subvencionar el 100% de la red de transporte público

El sistema se puso en marcha para apoyar a los ciudadanos con menores ingresos, dijo el ministro de transporte Francois Bausch cuando se presentó el nuevo sistema a fines de febrero de este año.

La red de transporte en todo Luxemburgo es gratuita.

Este reino tiene una población de 600.000 habitantes, y presenta una de las rentas per cápita más altas de Europa, con lo cual las voces críticas argumentan que el beneficio para los sectores más desfavorecidos es relativo. De hecho los billetes ya tenían una subvención del 90% del gobierno.

Pero también hay razones ambientales: unas 214.000 personas cada día salen de Luxemburgo para trabajar en Suiza o Alemania, lo que causa kilométricas colas en las serpenteantes carreteras de montaña porque casi todo el mundo prefiere usar su coche.

La causa de elegir el vehículos privado sobre el transporte público no es económica, sino de comodidad y rapidez.

La pionera

En Europa podemos encontrar muchos casos de ciudades que subvencionan el 100% del transporte público.

Una de las pioneras es Compiègne, una ciudad francesa de 40.000 habitantes ubicada en la región de Hauts-de-France, que en 1975 lanzó un sistema gratuito.

Lo llamativo es que su financiación no corre por cuenta de los impuestos locales sino de las compañías instaladas en el ejido urbano, donde cada una paga una cuota proporcional a la cantidad de empleados.

Nuevas políticas

La llegada del nuevo siglo llegó acompañada de nuevas políticas en búsqueda de la movilidad sostenible. Mairehamn en Finlandia, en el 2000 lanzó el servicio gratuito ofrecido por la compañía Rörde Orm, a las que le siguió Akureyri (Islandia) en 2007, que presenció un incremento del 78% en los usuarios de los buses.

Desde 1975 los buses de Compiègne son gratuitos.

También en Avesta, Suecia, la propuesta de viajar sin pagar llevó a que la red de transporte público tenga un 200% más de usuarios.

En ciudades como Avesta, en Suecia, los transporte público tienen un 200% más de usuarios desde que son gratuitos

Velenje (Eslovenia) desde el 2008 ofrece cinco rutas sin cargo en los buses municipales y Dewsbury (Reino Unido), al año siguiente, lanzó el servicio Free Town Bus que conecta la estación de trenes con el centro comercial, iniciativa que al poco tiempo imitaron los pueblos y ciudades pequeñas de West Yorkshire County.

Más impuestos para las arcas

En el 2013 Tallín, en Estonia, se convirtió en la primera capital en sumarse a esta propuesta.

Si bien el consistorio tuvo que destinar más partidas para subvencionar a la red de buses urbanos y tranvías el presupuesto se equilibró con el incremento de residentes de localidades vecinas que se empadronaron en la ciudad, lo que permitió aumentar la recaudación en 38 millones de euros anuales.

En Cascais, Portugal, la red de transporte gratuita para residentes se financia con los 12 millones de euros que se recaudan del pago por aparcar en las calles.

Arroe, una isla en Dinamarca, promueve una red integral de transporte sostenible donde los buses gratuitos tienen espacios para subir bicicletas.

En España

En España la villa de Manises, en Valencia, en el 2012 lanzó un servicio de buses gratuitos para sus 30.000 habitantes, que es subvencionado al 100% por el ayuntamiento.

Desde el 2012 el ayuntamiento de Manises subvenciona el transporte.

Hace pocos meses, cuando el confinamiento era más restrictivo, Transportes Metropolitanos de Barcelona permitió que se pueda viajar gratis en la capital catalana y las ciudades de los alrededores. Pero no fue una iniciativa para promover los paseos, sino que estaba dirigida a los trabajadores -sobre todo los sanitarios- que tenían que cumplir con sus labores en el pico de la pandemia.

Un arma de doble filo

La idea de ofrecer un servicio de estas características puede ser tentador, pero solo es viable si hay frecuencias de paso, comodidad a bordo y una extensión de la red que justifique su uso.

Paradójicamente ofrecer transporte público gratuito puede ser perjudicial para las iniciativas que promueven el uso de bicicletas y la costumbre de caminar

O sea, la gran mayoría de las personas no usan el transporte público porque sea más barato, sino porque les permite llegar más rápido que en coche.

En las grandes ciudades como Barcelona y Madrid los billetes del metro, autobús y tranvía tienen una subvención del 50%, pero plantear en que sea gratuito puede implicar un aumento del presupuesto municipal de 800 a 1.000 millones de euros anuales dijo Adrián Fernández, especialista en Transporte y responsable de Movilidad en Greenpeace España a El Correo.

Una de las contras de este sistema, indica este experto es que el transporte público puede frenar las iniciativas de una vida más saludable: si el autobús gratuito justo pasa cuando uno salió a la calle, ¿para qué caminar?

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