Toulouse, la ciudad rosa que huele y sabe a violeta

En parques y museos, pero también en forma de cócteles, platos de alta cocina, perfumes o caramelos, Toulouse se rinde la delicada flor de la violeta

Basta una mirada sobre la ciudad de Toulouse para descubrir por qué se la conoce en todo el mundo como la Ciudad Rosa. Pobre en canteras de piedra pero rica en arcilla, la ciudad a orillas del Garona encontró en el humilde ladrillo el perfecto material constructivo ya en época de los romanos. Hoy sus fachadas siguen cubiertas del conocido como brique foraine que las envuelve en cálidas tonalidades que van del rosa pálido al naranja intenso.

Toulouse es conocida como la Ciudad Rosa. Foto Getty Images.

Basta una mirada sobre la ciudad de Toulouse para descubrir por qué se la conoce en todo el mundo como la Ciudad Rosa. Pobre en canteras de piedra pero rica en arcilla, la ciudad a orillas del Garona encontró en el humilde ladrillo el perfecto material constructivo ya en época de los romanos. Hoy sus fachadas siguen cubiertas del conocido como brique foraine que las envuelve en cálidas tonalidades que van del rosa pálido al naranja intenso.

Sin embargo, el rosa no es el único color que podemos asociar a la ciudad en la que Saint-Exupéry se convirtió en uno de los pioneros de la aviación en la aventura de la Aéropostale que daría lugar a la aviación civil francesa.  De hecho, y especialmente en invierno, un intenso morado irrumpe con fuerza en el paisaje urbano mientras Toulouse huele y sabe a violeta.

De la gastronomía a cosmética y de la perfumería y el folclore, la flor de la violeta se adueña de la coqueta ciudad y se convierte en un motivo más para visitarla.

Basta una mirada sobre la ciudad de Toulouse para descubrir por qué se la conoce en todo el mundo como la Ciudad Rosa. Pobre en canteras de piedra pero rica en arcilla, la ciudad a orillas del Garona encontró en el humilde ladrillo el perfecto material constructivo ya en época de los romanos. Hoy sus fachadas siguen cubiertas del conocido como brique foraine que las envuelve en cálidas tonalidades que van del rosa pálido al naranja intenso.
Rue du Taur. Foto: Boigontier | Turismo de Toulouse.

La violeta en Toulouse

Como toda buena historia, la que une a la violeta con Toulouse también tiene algo de mito detrás. Según nos cuentan en La Maison de la Violette, nacida en 1993 para dar a conocer su historia y promover la artesanía local y los productos elaborados a partir de esta flor -que ya conocían y apreciaban griegos y romanos-, no llegó hasta este rincón del sur de Francia hasta 1854 y en forma de ramillete con el que un soldado piamontés quiso sorprender a su amada. De ahí que se haya asociado siempre con el amor y el romanticismo.

El cultivo de violetas fue un negocio floreciente a partir de mediados del siglo XIX, con alrededor de 600 productores que exportaban flores a Europa y Rusia

De la familia de las violáceas (Violaceae) que cuenta con unas 500 especies y de fácil reproducción por estolones en lugar de semillas (como las fresas), pronto su cultivo se extendió y llegó a generar un importante mercado que abastecía a toda Europa y Rusia, con una exportación, a principios del siglo XX, de más de 600.000 ramos al año.

Sin embargo, los avances en las técnicas de invernadero que permitieron introducir nuevas especies de flores y unos inviernos particularmente fríos estuvieron a punto de acabar con su cultivo a mediados de los años 50 del siglo pasado.

Basta una mirada sobre la ciudad de Toulouse para descubrir por qué se la conoce en todo el mundo como la Ciudad Rosa. Pobre en canteras de piedra pero rica en arcilla, la ciudad a orillas del Garona encontró en el humilde ladrillo el perfecto material constructivo ya en época de los romanos. Hoy sus fachadas siguen cubiertas del conocido como brique foraine que las envuelve en cálidas tonalidades que van del rosa pálido al naranja intenso.
Cultivo de violetas en Toulouse. Foto: Gérard SIOEN | Gamma | Rapho via Getty Images.

La Casa de la Violeta

Tras la crisis, su cultivo quedó mermado y en manos de unos pocos productores, pero la violeta aguardaba su oportunidad para tener una segunda edad de oro, que llegó finalmente de la mano de un ingeniero agrícola, Adrien Roucolle, que en 1985 relanzó su cultivo para evitar su extinción.

En la Maison de la Violette es posible conocer la historia de la flor, tomar un té y comprar todo tipo productos, de cosméticos a velas pasando por jabones y perfumes, con la violeta como protagonista

Como puede descubrirse en la original Casa de la Violeta instalada en una auténtica barcaza de la década de 1930 amarrada en el Canal du Midi, la historia dio un vuelco con la creación de Terre de Violettes, una asociación encargada de reunir a productores y fabricantes de diferentes productos elaborados a partir de su flor.

La asociación también lanzó la Fiesta de la Violeta, que se celebra a finales de enero y principios de febrero (y que este año celebra su decimoquinta edición).
En la actualidad, Toulouse cultiva más de 100 especies de flores de violeta de diferentes colores, que van desde el clásico morado al rosa, el blanco o el naranja y cuenta con alrededor de 2,3 hectáreas de cultivo en invernaderos que pueden visitarse a lo largo del año.

Basta una mirada sobre la ciudad de Toulouse para descubrir por qué se la conoce en todo el mundo como la Ciudad Rosa. Pobre en canteras de piedra pero rica en arcilla, la ciudad a orillas del Garona encontró en el humilde ladrillo el perfecto material constructivo ya en época de los romanos. Hoy sus fachadas siguen cubiertas del conocido como brique foraine que las envuelve en cálidas tonalidades que van del rosa pálido al naranja intenso.
La Casa de la Violeta ocupa una barcaza anclada en el Canal du Midi. Foto: ©Maison de la Violette.

Cosmética con olor a violeta

Mientras tomamos un té aromatizado en la Maison de la Violette, y después de conocer su espacio de taller, exposición y tienda, es la hora de conocer cómo las propiedades de la flor de la violeta -y que van más allá de su embriagador perfume- son idóneas para la creación de cosméticos. Vinculado a este proyecto, y obra también de su fundadora, Hélène Vié, Jardin Confidentiel es la primera firma cosmética con extracto natural de violeta.

Parfums Berdoues formula, desde 1902, aromas y tratamientos basados en la violeta a los que incorporó, en 2018, una línea de cuidado corporal ecoresponsable

Fruto de ocho años de investigación y desarrollo y nacida en medio de la pandemia mundial que paraliza el mundo, concretamente en noviembre de 2020, la compañía elabora sus productos en la región de Occitania con extractos naturales de violeta y productos cien por cien locales con los que ensalza las propiedades medicinales de esta flor a través de delicados jabones, aceites, emulsiones y lociones corporales.

Basta una mirada sobre la ciudad de Toulouse para descubrir por qué se la conoce en todo el mundo como la Ciudad Rosa. Pobre en canteras de piedra pero rica en arcilla, la ciudad a orillas del Garona encontró en el humilde ladrillo el perfecto material constructivo ya en época de los romanos. Hoy sus fachadas siguen cubiertas del conocido como brique foraine que las envuelve en cálidas tonalidades que van del rosa pálido al naranja intenso.
Maison de la Violette. Foto: ©Emilie Eychenne.

En esta línea destacan también los perfumes de Parfums Berdoues, todo un clásico que, desde 1902, formula aromas y tratamientos sencillos y auténticos y que, desde 2018, ofrece también líneas de cuidado corporal elaboradas de forma ecoresponsable.

Violetas para comérselas

Si las violetas son deliciosas para la piel, también lo son transformadas en propuestas culinarias. Las más famosas, sin duda, tienen forma de flores de caramelo y se pueden en encontrar en prácticamente todas las confiterías de la ciudad. Entre las más recomendadas por los tolosanos están Les Trésors de Violette y Le Paradis Gourmand.

Sin salir de los sabores dulces, en la emblemática pastelería Maison Pillon elaboran un delicioso brioche relleno de crema pastelera con violetas y castañas confitadas que recibe el nombre de brioche marron violette.

Basta una mirada sobre la ciudad de Toulouse para descubrir por qué se la conoce en todo el mundo como la Ciudad Rosa. Pobre en canteras de piedra pero rica en arcilla, la ciudad a orillas del Garona encontró en el humilde ladrillo el perfecto material constructivo ya en época de los romanos. Hoy sus fachadas siguen cubiertas del conocido como brique foraine que las envuelve en cálidas tonalidades que van del rosa pálido al naranja intenso.
Imposible resistirse los macarons de violeta de Maison Pillion. Foto: ©Emilie Gentils | The Food Eye.

En Pâtisserie Conté, por su parte, han sabido plasmar la esencia de la violeta en exquisitos macarons, mientras que en de Bello & Angeli la encontramos en forma de deliciosos chocolates y helados artesanos.

En forma de platos más contundentes, la violeta se hace fuerte en la mesa, por ejemplo en las recetas que ofrece La Maison de la Violette creadas por el chef con una estrella Michelin Thierry Merville como el carpaccio de Saint Jacques a la violeta o el filet mignon de ternera a la violeta y puré de patata vitelotte.

También podemos probar platos que incorporan la delicada flor en el restaurante del chef Michel Sarran (21 Boulevard Armand Duportal) y en La Cénacle, el restaurante del hotel La Cour des consuls cuyos fogones dirige Thomas Vonderscher.

Las últimas tendencias en coctelería también recogen el guante de la tradición local: es el caso del Kir Royal ou impérial à la violette, que reversiona el clásico cóctel francés Kir Royal con champagne y crema de casis añadiéndole el toque dulce de la violeta.

Basta una mirada sobre la ciudad de Toulouse para descubrir por qué se la conoce en todo el mundo como la Ciudad Rosa. Pobre en canteras de piedra pero rica en arcilla, la ciudad a orillas del Garona encontró en el humilde ladrillo el perfecto material constructivo ya en época de los romanos. Hoy sus fachadas siguen cubiertas del conocido como brique foraine que las envuelve en cálidas tonalidades que van del rosa pálido al naranja intenso.
Chocolates Bello & Angeli. Foto: ©Sébastien Ognier.

a.
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