Sopot: melancolía otoñal en la costa del Báltico

Sopot es una de las villas estivales más sofisticadas de Polonia. Pero en otoño conserva su encanto con sus balnearios termales, sus largas playas y densos bosques

Cuando se visita Polonia por primera vez se suele ir a Varsovia. Buena elección. Un segundo viaje puede ser a destinos como Cracovia o Breslavia.

Pero al norte, en la costa del Báltico, hay tres ciudades lideradas por Gdansk (Danzing) que sorprenden por su arquitectura, oferta cultural y aires aristocráticos.

El paseo costero, con el Grand Hotel como presencia imponente. Foto Oficina de Turismo de Polonia
El paseo costero, con el Grand Hotel como presencia imponente. Foto Oficina de Turismo de Polonia

Estas son las Trójmiasto, la Triciudad, que además de esa ciudad portuaria están las villas de Gdynia (un ave fénix urbano tras 123 años de haber sido borrada del mapa) y la elegante Sopot.

De esta última vamos a hablar.

La riviera polaca

Uno podrá pensar que ramblas como las de la Riviera Francesa solo existen en el Mediterráneo. Error: estas tres ciudades conforman un paseo costero que nada tiene que envidiarles a los de sus primos del sur.

El calor tardío del ‘złota jesień’ (otoño dorado) reviste a Sopot de una encantadora magia

Y quizás más de uno crea que ya no es época para ir visitando esas latitudes norteñas, que en pocos meses los ríos se congelan y las playas lucen blancas de nieve.

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Otro error: esos coletazos estivales que llamamos veranillo de San Miguel y San Martín en Polonia se conocen como złota jesień (otoño dorado).

A mediados del siglo XIX florencieron los grandes baños y spas. Foto Oficina de Turismo de Polonia
A mediados del siglo XIX florencieron los grandes baños y spas. Foto Oficina de Turismo de Polonia

En esos momentos otoñales la localidad de Sopot adquiere un brillo especial, en parte gracias a ese calor inusitado (con temperaturas mediterráneas), y también por la belleza de los bosques que cambian al ocre, en un bonito diálogo cromático con las arenas y el agua del Báltico.

El surgimiento de Sopot

Sopot brilló durante la segunda parte del siglo XIX y principios del XX como un balneario elegido por la aristocracia polaca, así como prusiana y de otras regiones.

La razón fue el descubrimiento de aguas con propiedades curativas en la comarca, potenciado por los beneficios terapéuticos del yodo del mar, lo que llevó al ex militar Jean Georg Haffner a construir un complejo de baños en 1823.

Aquí cambió la historia de la tranquila villa.

Junto con el regalo de la naturaleza crecieron las villas de nobles y magnates, así como grandes complejos como la Casa de Spa, que si no tiene mucho rastros arquitectónicos de haber sido construido en 1824 es porque fue arrasada en la Segunda Guerra.

Mezclas de estilos

El estilo arquitectónico de Sopor es ecléctico y de romanticismo histórico, así como con toques de estilo Secesión; como se ve en las fastuosas Villa Claaszena (actual museo de la ciudad), con sus techos de tejas rojo y sus cúpulas o la Villa Berger, con una elegante decadencia que recuerda a las villas romanas.

La ciudad presenta una diversidad de estilos. Foto Oficina de Turismo de Polonia
La ciudad presenta una diversidad de estilos arquitectónicos. Foto Oficina de Turismo de Polonia

La mansión de Fridrich Wilhelm Juncke, de estilo alpino, simboliza una pauta: gran parte de las residencias de Sopot se construyeron inspiradas en los centros termales de Suiza y Austria.

La aristocracia de Polonia y las grandes fortunas construyeron fastuosas residencias de estilo ecléctico, secesión y hasta alpino

Una excepción son los Baños del Sur, un balneario ubicado al sur de la ciudad edificado en un estilo tradicional noruego, con entrada principal que es rodeada por la arena de la playa.

El hotel más emblemático

En el centro de Sopot la elegante figura del Grand Hotel domina el paseo costero. Aquí se alojaron toda clase de personalidades como Charles de Gaulle, Charles Aznavour, Greta Garbo o Marlene Dietrich o presidentes contemporáneos, que tomaron café y comieron en sus terrazas con vistas al Báltico.

El Grand Hotel, uno de los sitios más emblemáticos de Sopot. Foto: Oficina de Turismo de Polonia
El Grand Hotel, uno de los sitios más emblemáticos de Sopot. Foto: Oficina de Turismo de Polonia

La vida comercial y de ocio transcurre a lo largo de la avenida de los Héroes de Monte Casino, en recuerdo del frente común de polacos y británicos en la batalla de Italia que derrotaron al nazismo.

Allí los bares y restaurante presumen de una sofisticación que presentan pocos sitios turísticos de Polonia, a lo sumo Zakopane, al sur en los montes Tatras, o Kazimierz Dolny, en las márgenes del río Vístula.

Uno de los puntos más divertidos es la inclasificable Krzywy Domek, la casa torcida inspirada en los cómics diseñada por los arquitectos Szotyński y Zaleski. No es una vivienda propiamente dicha, sino un complejo de ocio de 4.000 metros cuadrados con un restaurante, un centro comercial y una sala de juegos.

Vida cultural

La villa es sede de una intensa agenda de actividades culturales, desde que el músico Władysław Szpilman, inmortalizado por Roman Polanski en El pianista del gueto de Varsovia, promoviera el Festival Internacional de la Canción en 1964, que se organiza en el anfiteatro Opera Leśna, en un bosque en las afueras de Sopot.

Krzywy Domek, la casa torcida inspirada en los cómics
Krzywy Domek, la casa torcida inspirada en los cómics

Otros eventos, como festivales de jazz, de cine, literatura, refuerzan la intensa propuesta cultural, a la que se suman galerías de arte como la Państwowa, que aprovechan el paso de importantes fortunas del país para exhibir trabajos de artistas emergentes y consolidados.

Los cambios otoñales

Pero en esta época del año uno de los mayores valores de la ciudad es cómo los bosques derivan a los tonos ocres y amarillos.

Más del 60% de la superficie de la villa son formaciones boscosas, con una gran profusión de hayas, que es cruzada por 200 kilómetros de senderos que se despliegan por la Triciudad.

Los bosques de Sopot en ocres y marrones. Foto: Elnina99-Flickr
Los bosques de Sopot en ocres y marrones. Foto: Elnina99-Flickr

La planicie de la zona costera, con sus cuatro kilómetros de playa, son ideales para transitar en bicicleta, y si uno tiene un poco más de empeño puede animarse a paseos como la Ruta de las Siete Colinas, que abrazan a Sopot y flanquean el norte de Gdansk.

En la playa, cuando se pasea es casi una obligación moral caminar por el muelle de madera de 500 metros, el más largo de Europa, y ver cómo las colinas despliegan un tapiz amarronado que, tras los destellos de los tejados rojos de las villas, se confunde con las playas del Báltico.

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