Relax, música y una copa en siete patios ocultos de Oslo

Son un secreto a voces: varios bares de Oslo se encuentran ocultos a la vista, donde se puede tomar algo y escuchar música aislados del resto de la ciudad

La primera vez nadie adivina que detrás de ese pequeño callejón de ladrillos, o tras sortear el mobiliario de un bar de dimensiones minúsculas, se despliegue un espacio con sillones, mesas, luces, árboles y quién sabe qué otros accesorios más donde se puede escuchar música y tomar algo en un ambiente relajante. O de diversión.

Son los patios ocultos de Oslo, algunos con siglos de historia, pero en su mayoría centros de modernidad y diversión donde se puede participar en fiestas en petit comité.

Siguiendo las recomendaciones de Visit Oslo recorremos siete de estos patios secretos más emblemáticos.

Bare Jazz

La mejor forma de encontrar el patio de este club de jazz es seguir a las melodías, como si uno fuera una versión moderna del flautista de Hamelín.

Al Bare Jazz se accede tras sortear un delgado callejón que nace en la calle Grensen, en el centro de la capital noruega.

Bare Jazz: relax en la parte trasera de un bar musical. Foto: Bare Jazz
Bare Jazz: relax en la parte trasera de un bar musical. Foto: Bare Jazz

Allí esperan pequeñas tablas y bancos como los de los parques, decorado con lámparas y linternas con una generosa dotación de plantas que crean una atmósfera cálida y relajante.

En el interior del local se venden discos y si el clima no ayuda para esta en el exterior se puede subir a tomar un café en la planta superior.

Asylet

Detrás de la casa de madera más antigua de Oslo se encuentra el restaurante Asylet, construida por un importante comerciante hacia 1730.

Allí se honra las tradiciones, como se ve en sus platos típicos, los refrescos servidos en botellas de vidrio y la cerveza tirada de barril.

El bar Asylet se encuentra en la parte trasera de la casa de madera más antigua de Oslo, construida en 1730

El patio trasero parece detenido en el tiempo: allí la gente comparte espacios en grandes mesas con bancos, mientras que en las tablas siempre hay flores para decorar.

Abundancia de árboles en el patio del Asylet. Foto: Asylet
Abundancia de árboles en el patio del Asylet. Foto: Asylet

En el centro de la estancia un gran árbol impone su presencia; en una postal que es más bonita de noche cuando se ilumina de luces.

En el lugar se suelen realizar conciertos de jazz en el verano, y si no hay música en vivo, los únicos sonidos que se escuchan son los de las aves o los parroquianos dejando pasar el tiempo.

Prindsen Hage

El clima de Prindsen Hage parece ser de alegría perpetua. El lugar está decorado con guirnaldas de luces, banderines de colores, mesas comunitarias y hamacas, con un ambientación más propia de un ambiente rural que urbano.

Ubicado entre dos viejos edificios en la céntrica calle de Brugata, sorprende que en medio del casco comercial e histórico se despliegue este espacio de 4.000 metros cuadrados.

Prindsen Hage: un rincón verde en pleno centro. Foto: Prindsen Hage
Prindsen Hage: un rincón verde en pleno centro. Foto: Prindsen Hage

La comida que manda es la callejera, elaborada por un par de food trucks, que se puede disfrutar mientras se camina descalzo por el césped, se juega petanca o se lee plácidamente en una tumbona.

Angst Bar

No hay manera de encontrar este bar desde la calle. Para acceder hay que entrar en el callejón Stroget, que conduce a un espacio coqueto e íntimo.

Allí la gente toma algo en pequeñas mesas circulares, todas con su correspondiente vela.

Cada fin de semana los noruegos invaden las mesas de estos bares ubicados en los patios traseros, cuya existencia es un secreto a voces

Alrededor se encuentran obras de arte contemporáneo, mientras que por los altavoces suenan ritmos de música urbana.

Hasta en las sombrillas protectoras hay arte. Foto: Angst Bar
Hasta en las sombrillas protectoras hay arte. Foto: Angst Bar

Las paredes originales están recubierta de plantas como enredaderas, para darle un toque más natural a un espacio que es muy popular entre los noruegos los fines de semana.

Stortorvets Gjæstgiveri

Este lugar es más que un clásico: ya diríamos que es una reliquia, porque el espacio existe desde el 1700.

Stortorvets Gjæstgiveri se encuentra muy cerca del mercado de flores local. Pero a pesar de su centenaria historia y del mobiliario retro del interior presenta una estética moderna con sus parasoles, mesas y sillas de color amarillo.

Es un lugar muy concurrido, sobre todo los fines de semana, y bastó que sea recomendado por un par de guías que se convirtió en el lugar-que-hay-que-ver entre los turistas.

Espacio gastronómico en un lugar emblemático. Foto: Stortorvets Gjæstgiveri
Espacio gastronómico en un lugar emblemático. Foto: Stortorvets Gjæstgiveri

El lugar se combina con la sala de conciertos Gamla, por que las noches cambia a un ambiente más festivo y de marcha.

Dattera til Hagen

Este es uno de los patios de Oslo con más espíritu de fiesta. Para llegar hay que seguir el trazado de un callejón iluminado con guirnaldas, y se despliega un escenario impensado.

Allí se encuentran altas palmeras, sillas de colores y viejos ciclomotores que le dan un aire exótico.

Algunos apacibles patios como el Dattera til Hagen de noche se transforman en una discoteca urbana

 Rodeado de antiguos edificios de ladrillo, hay que mirar con atención los detalles, como los asientos construidos en los troncos de los árboles.

Color y naturaleza en Dattera til Hagen.
Color y naturaleza en Dattera til Hagen.

Cada fin de semana las sesiones musicales en vivo presentan un aire de pequeña discoteca.

Haandslag

Se define como un ‘oasis secreto’, denominación que bien alcanza a cualquier otro de estos locales.

Rodeado de grandes edificios el Haandslag se presenta con su suelo alfombrado, almohadones y un aire lounge donde reina un agradable clima de sociabilidad.

Allí se suele escuchar funk, soul y música disco, agradecido por los amantes de lo retro. Cada fin de semana, un DJ invita a bailar con viejas glorias musicales.

Un oasis secreto en Oslo. Foto: Haandslag
Un oasis secreto en Oslo. Foto: Haandslag

Rodeado de plantas, varios árboles sostienen guirnaldas y luces que crean una atmósfera muy particular.

Además de su clásica oferta de snacks y copas, el lugar destaca por sus pasteles caseros.

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