París: los mejores cafés para atrapar la inspiración literaria

Recorremos las calles de París para encontrar los cafés y bistrós que han sido como el segundo hogar para grandes escritores y filósofos

¿A quién no le gustaría ser como Gil Prende, el personaje de Owen Wilson de Medianoche en París que viaja en el tiempo y descubre, con solo girar la cabeza, a grandes plumas de la literatura universal discutiendo en torno a una mesa de café?

Esa fantasía no es posible, pero sí se puede tomar un expreso o un té en algunas de las cafeterías parisinas que han sido punto de reunión a grandes maestros de las letras en los siglos XIX y XX.

La conquista de la margen izquierda

Si los artistas como Picasso conquistaron Montmartre, los creadores de ficciones, ensayos y poesías tuvieron su plaza de armas en el VI Distrito, en la margen izquierda del Sena y alrededor de los jardines de Luxemburgo.

Entre la bohemia y la elegancia, en medio de nubes de tabaco y con los sentidos algo adormecidos por la noche tras whiskies y absentas, las mesas de estos cafés protagonizaron veladas literarias, enconados debates, desvaríos filosóficos y mil y un propuestas para cambiar del mundo.

Repasamos algunas de las cafeterías literarias más importantes de la capital francesa.

Le Procope

Seguramente este es el restaurante más antiguo de París. Abierto en 1609 por el italiano Francesco Procopio dei Coltelli, al entrar en su elegante sala uno se encuentra con un sombrero de dos picos que, dice la leyenda, se le olvidó a Napoleón Bonaparte.

En el antiguo ‘Le Procope’ Diderot y D’Alembert dieron forma a la enciclopedia y Benjamin Franklin esbozó las líneas de la constitución de EEUU

Si entra en la lista es porque antes de restaurante fue café, donde Voltaire y Jean-Jacques Rousseau frecuentaban sus círculos sociales tras concurrir a la Comedia Francesa.

Un café testigo de la historia. Foto: Le Procope

Aquí Diderot y D’Alembert dieron forma a la primera enciclopedia, Balzac buscaba detalles para sus novelas y Víctor Hugo solía disfrutar de una buena comida.

Si cada tanto se ve a estadounidenses mirando por los rincones se debe a que Benjamin Franklin pasaba largas horas en estas mesas redactando el boceto de la futura constitución de EEUU.

Café de Flore

Entre su apertura en 1887 hasta la Segunda Guerra fue una de las mecas del movimiento surralista y dadaísta que tenía a París como faro, con clientes como Picasso, los hermanos Giacometti, Apollinaire, Max Jacob y André Breton.

Pero desde 1939 este coqueto café, en una esquina ideal para ver y ser visto, pasó a manos de escritores y filósofos, como la pareja de Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir que tenían una mesa fija.

El otro café literario de Saint-Germain-des-Prés. Foto: Café de Flore

Boris Vian no faltaba casi nunca, y por allí también mataron las horas Ernest Hemingway, Truman Capote, Marguerite Duras y Lawrence Durrell.

El lugar ofrece una selección de platos de bistró típico, con desayunos con tortilla francesa y café que se pueden degustar mientras se mira el dibujo que el ilustrador Sempé hizo para los manteles.

Les Deux Magots

Era como un derby del barrio Saint-Germain-des-Prés: o se era del Café del Flore o de Les Deux Magots, locales separados por la pequeña Rue Saint-Benoit. Pero muchos intelectuales, como los existencialistas liderados por Sartre, no tenían problema en alternar entre uno y otro.

James Joyce, Gertrude Stein, Bertold Brecht y Albert Camus fueron algunos de los pensadores y escritores que preferían compartir momentos en las banquetas de terciopelo rojo, bajo la mirada de los dos mandarines que son el símbolo del establecimiento.

Les Deux Magots, con una terraza para ver y ser visto. Foto: Les Deux Magots.

El café es citado en la novela Lolita de Nabokov, y para mantener su aura intelectual, desde 1933 el establecimiento auspicia un importante premio de literatura.

La Closerie des Lilas

Sobre la Rue Montparnasse se encuentra este café en el que Max Jacob y Paul Fort se retaban en un interesante duelo de poesías, mientras que por la noche era uno de los sitios favoritos de los novelistas estadounidenses.

En La Closerie des Lilas Scott Fitzgerald enseñó a Hemingway los originales de ‘El Gran Gatsby’.

Se dice que aquí Francis Scott Fitzgerald enseñó a Hemingway los originales de su obra cumbre, El Gran Gatsby, y Baudelaire redactó algunos de los versos que espantarían a la sociedad parisina de mediados del siglo XIX.

Intelectualidad y sofisticación en este café de París. Foto: La Closerie des Lilas

Verllaine, Gautier, Apollinaire, Oscar Wilde y Emile Zola estaban entre sus parroquianos, en los años en que tomar un café era más barato que pagar la calefacción de un apartamento minúsculo.

Incluso allí Vladimir Lenin jugaba al ajedrez años antes de tomar un tren hacia Rusia y agitar el avispero revolucionario.

Para los que buscan retratar recuerdos el local tiene plaquetas que marcan dónde se sentaban sus clientes más famosos. En el caso de Hemingway (¿qué café no visitó este hombre?) es de otro nivel, porque su nombre bautiza al bar de La Closerie.

Café de la Paix

Bueno, este café que en realidad es uno de los restaurantes más emblemáticos no está en el VI Distrito sino en la margen derecha del Sena, a pocos pasos de la Ópera.

La elegante decoración del Café de la Paix, más bien un restaurante monumental. Foto: Café de la Paix.

Por esta razón era frecuentado por Oscar Wilde, Marcel Proust, Guy de Maupassant y Emile Zola, además de músicos como Piotr Ilich Chaikovski y Jules Massenet y personalidades como el rey británico Eduardo VII.

El lugar fue catalogado como monumento histórico gracias a su elegante decoración de estilo Napoleón III

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