Linz: arte y cultura a orillas del Danubio

Linz explota sus recursos naturales e intelectuales para estar a la altura del Danubio, el río que atraviesa la ciudad trazando una curva que pasa por ser un monumento más

Linz es un prototipo. Una ciudad experimental que el Danubio corta en dos. Al principio, cuando Linz era un vago proyecto, más que cortar, el río era una frontera geológica a tener en cuenta a la hora de instalarse. A un lado la tierra fértil en la que se asentaron celtas y romanos, al otro lado una tierra granítica en la que era imposible cultivar y hubo quien, con las rocas que extrajo, construyó el horror.

Ars Electronica Center en Linz. Foto: VisitLinz

Linz es un prototipo. Una ciudad experimental que el Danubio corta en dos. Al principio, cuando Linz era un vago proyecto, más que cortar, el río era una frontera geológica a tener en cuenta a la hora de instalarse. A un lado la tierra fértil en la que se asentaron celtas y romanos, al otro lado una tierra granítica en la que era imposible cultivar y hubo quien, con las rocas que extrajo, construyó el horror.

Antes de convertirse en la cabeza visible del partido nacionalsocialista alemán y en un monstruo exterminador, un adolescente Adolf Hitler vivió y estudió, sin graduarse, en Linz. Ciudad de la que se fue y a la que regresó en 1938 vestido de uniforme color pardo y en la que desde el balcón del ayuntamiento proclamó, entre aplausos, la anexión de la Alta Austria a la Alemania del III Reich.

Mientras ponía en marcha sus proyectos de planificación urbanística y planes para convertir la ciudad en un gran centro cultural y de producción de acero, con las rocas de granito de las canteras que había en el entorno construyó en los alrededores el campo de exterminio de Mauthaussen. El complejo, una vez fue liberado el 5 de mayo de 1945, se convirtió en un Memorial denominado Monumento Público de Mauthaussen. El antiguo edificio de la enfermería hoy es un museo en el que se exhiben dos exposiciones permanentes: El campo de concentración de Mauthausen 1938-1945 y Mauthaussen, lugar del crimen – Una búsqueda de huellas.

Linz es un prototipo. Una ciudad experimental que el Danubio corta en dos. Al principio, cuando Linz era un vago proyecto, más que cortar, el río era una frontera geológica a tener en cuenta a la hora de instalarse. A un lado la tierra fértil en la que se asentaron celtas y romanos, al otro lado una tierra granítica en la que era imposible cultivar y hubo quien, con las rocas que extrajo, construyó el horror.
Panorámica de Linz. Foto: Johann Steninger | Turism de Linz.

Una columna por vacuna

La rectangular y medieval Plaza Mayor de Linz es una de las más grandes de Austria. Un tamaño acorde a la esbelta columna de mármol blanco de veinte metros de altura que se eleva en el centro de la misma. Es un monumento dedicado a la Santísima Trinidad para que proteja a la ciudad de guerras, incendios y pestes. Está por ver qué hace contra una pandemia como la que estamos viviendo.

Un recomendable paseo por Linz se hace desde las alturas, recorriendo sus tejados que están conectados por pasarelas, escaleras y rampas

Además de como tótem protector, funciona como punto de encuentro, de descanso y como un mirador de 360 grados desde el que contemplar los históricos edificios color pastel que flanquean la plaza, como el antiguo Ayuntamiento. Un edificio del que llama la atención la torre que tiene anexada a la fachada horadada de ventanas y ventanucos en la última planta, así como el gran mapa de la ciudad que tiene estampado en el suelo del vestíbulo y su patio porticado en el que hay un café y un museo dedicado a la Odontología. Uno no sabe si lo más curioso es lo que exhibe o la ubicación del mismo.

Linz es un prototipo. Una ciudad experimental que el Danubio corta en dos. Al principio, cuando Linz era un vago proyecto, más que cortar, el río era una frontera geológica a tener en cuenta a la hora de instalarse. A un lado la tierra fértil en la que se asentaron celtas y romanos, al otro lado una tierra granítica en la que era imposible cultivar y hubo quien, con las rocas que extrajo, construyó el horror.
Plaza Mayor de Linz. Foto: Volker Preusser | Turismo de Austria.

Alta fidelidad

En Linz, además de subir a la torre de la renacentista Casa Provincial (Landhaus) y ver la ciudad a nuestros pies y contemplar la Catedral Nueva desde su galería interior a quince metros de altura, hay que subir a sus tejados. Antes de hacerlo merece la pena visitar o al menos saber que muy cerca de la primera se encuentra la Casa de Mozart, en la que el músico compuso a la ciudad de Linz una sinfonía y una sonata, en tres días. Otra casa de otro ilustre vecino de Linz es la de Johannes Kepler, alemán que revolucionó la ciencia. En la antigua Catedral se puede escuchar sonar el órgano del también músico Anton Bruckner.

En Linz es posible dar un paseo por los tejados porque están conectados mediante pasarelas, escaleras y rampas. Paseo al que se accede desde el OÖKulturquartier, a pie de calle, y en el que se alternan panorámicas de la ciudad con intervenciones artísticas temporales promovidas por el programa Höhenrausch (manifestación multimedia que se celebra todos los años). Recorrido elevado y alternativo que no quita que se visite el castillo de Linz, en alto y a orillas del Danubio.

Linz es un prototipo. Una ciudad experimental que el Danubio corta en dos. Al principio, cuando Linz era un vago proyecto, más que cortar, el río era una frontera geológica a tener en cuenta a la hora de instalarse. A un lado la tierra fértil en la que se asentaron celtas y romanos, al otro lado una tierra granítica en la que era imposible cultivar y hubo quien, con las rocas que extrajo, construyó el horror.
Hoehenrausch. Foto: Turismo de Linz.

A los pies del castillo se encuentra la que fuera la Oficina de la Sal (Obere Donaulände 15). Sustancia que en el medievo era oro blanco para Linz y que almacenaban en este lugar hasta el momento de transportarla a Bohemia y Moravia. Aquel antiguo almacén en la actualidad es un centro de intercambio cultural para artistas. Si la sal se le consideraba oro, el acero era plata. La aleación de hierro y carbono está muy ligado al pasado industrial de la ciudad, de ahí ese espacio interactivo y multimedia dedicado al mismo, El Mundo del Acero de Voestalpine.

El castillo de Linz, situado en un alto y a orillas del Danubio, es una construcción de origen medieval que a lo largo de su historia ha cambiado su fisonomía y funciones. Primero fue una fortaleza, después un cuartel, un hospital, e incluso ha sido una cárcel, actualmente es el Museo de Arte e Historia Natural. La moderna pasarela acristalada y balconada que hoy se ve es el resultado de los trabajos de restauración que se tuvieron que hacer a raíz de un incendio que quemó y destruyó el ala sur del castillo en el siglo XIX.

Linz es un prototipo. Una ciudad experimental que el Danubio corta en dos. Al principio, cuando Linz era un vago proyecto, más que cortar, el río era una frontera geológica a tener en cuenta a la hora de instalarse. A un lado la tierra fértil en la que se asentaron celtas y romanos, al otro lado una tierra granítica en la que era imposible cultivar y hubo quien, con las rocas que extrajo, construyó el horror.
Museo de arte Lentos. Foto: Volker Preusser | Turismo de Linz.

En la misma orilla, pero al este del puente de los Nibelungos, se encuentra el Museo de Arte Lentos. Su nombre es el de la curva pronunciada que hace el Danubio a su paso por Linz. El museo Lentos es tan icónico como luminoso, gracias a su vidriosa y transparente fachada. Un marco gigante desde el que contemplar la vecina Pöstlinberg. Una colina que se eleva 539 metros de altura y a la que se puede visitar tomando el tranvía que sale desde la Plaza Mayor y que dicen que es uno de los más empinados del mundo.

A los pies de la colina hay un bosque que oculta a la basílica de la Peregrinación. Lentos, si por fuera llama la atención, por dentro cumple las expectativas. En sus paredes cuelgan obras de arte moderno y contemporáneo de artistas como Klimt, Schiele y Kokoschka, por citar a tres.

Linz es un prototipo. Una ciudad experimental que el Danubio corta en dos. Al principio, cuando Linz era un vago proyecto, más que cortar, el río era una frontera geológica a tener en cuenta a la hora de instalarse. A un lado la tierra fértil en la que se asentaron celtas y romanos, al otro lado una tierra granítica en la que era imposible cultivar y hubo quien, con las rocas que extrajo, construyó el horror.
Mundo del Acero de Voestalpine. Foto: Robert Josipovic | Turismo de Linz.

Cenizas industriales

No muy lejos de ese entorno ribereño se encuentra una antigua fábrica de tabaco reconvertida en un centro cultural, creativo y de ocio. Un monumento en pie como homenaje y respeto a la arquitectura industrial de los años treinta del siglo XX. 80 mil metros cuadrados en constante transformación y desarrollo en los que se mezcla la gente que aquí trabaja con los que visitan el lugar. Personas que casi seguro se acercaran a los viejos y abandonados hangares de los muelles de la ciudad.

Almacenes, grúas y chimeneas en los que un puñado de artistas ha visto un lienzo en el que plasmar sus obsesiones y que han convertido en el Mural Harbor Gallery. Una especie de museo portuario en el que hay expuestos unos trescientos grafitis.

El puente que comunica el mundo analógico con el digital

De esa orilla portuaria en la que hoy no hay rastro herrumbroso se puede cruzar a la otra a través de tres puentes. Al hacerlo por el puente de los Nibelungos después de la II Guerra Mundial había que presentar un pasaporte que autorizase cruzarlo.

Un puesto de control fronterizo que hoy no existe y que da acceso a quienes lo cruzan al edificio más fotografiado de Linz, el Ars Electronica Center. Un centro de arte mediático interactivo en el que confluyen el arte, la tecnología y la sociedad. Un innovador espacio que ayuda a entender la conexión entre lo cotidiano y el mundo digital. Un edificio que gana por la noche, cuando su fachada de luces LED se enciende y se ilumina a orillas del Danubio, un río que maquilla y embellece.

Linz es un prototipo. Una ciudad experimental que el Danubio corta en dos. Al principio, cuando Linz era un vago proyecto, más que cortar, el río era una frontera geológica a tener en cuenta a la hora de instalarse. A un lado la tierra fértil en la que se asentaron celtas y romanos, al otro lado una tierra granítica en la que era imposible cultivar y hubo quien, con las rocas que extrajo, construyó el horror.
Ars Electronica Center. Foto: Volker Preusser | Turismo de Linz.

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