La escapada otoñal perfecta se esconde en Cuenca

Como dijo Mario Vargas Llosa, “Cuenca es uno de los casos en los que el mito y la leyenda están a la altura de la realidad”

“En Cuenca hay una enorme paz. Es un paisaje un poco místico, donde uno siente una especie de impulso, de elevación hacia la altura; es un contraste además muy conmovedor el paisaje de Cuenca con esa cosa tan rotunda, tan fuerte, tan áspera de la piedra, y esas notas de verdor, que ponen los árboles y el río. He tenido la suerte de venir en una época en la que los colores están enormemente matizados, diversificados por el otoño”. Así describía el peruano galardonado con el Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa su primer contacto con la ciudad conquense. Lo hacía un otoño, años atrás, desde los ventanales de las Casas Colgadas, y mientras se deleitaba con un paisaje cambiante de hojas doradas y verdes de mil y una tonalidades.

Pero no es el único. Son numerosos los escritores y artistas que le han dedicado palabras de admiración y reconocimiento a la ciudad de Cuenca. Este rincón de La Mancha, que cumple 26 años como Patrimonio de la Humanidad el 6 de diciembre, fue reconocido por la Unesco (en 1994) gracias al cumplimiento de dos de sus criterios de selección: “Exhibir un intercambio de valores humanos dentro de un área cultural del mundo en el desarrollo de su arquitectura, tecnología, artes, urbanismo y diseño paisajístico, además de ser un ejemplo destacado de conjunto arquitectónico que ilustra etapas significativas de la historia de la humanidad”.

El otoño le sienta muy bien a la ciudad. Foto: Turismo de Cuenca.
El otoño le sienta muy bien a la ciudad. Foto: Turismo de Cuenca.

La Catedral, un tesoro histórico y arquitectónico

Cuenca es única. La ciudad amurallada ha conseguido fusionarse con la naturaleza que la rodea, consiguiendo así una combinación perfecta de historia, arquitectura y arte, custodiada sin descanso por las hoces de los ríos Júcar y Huécar. La conservación de su paisaje urbano original mantiene excelentes ejemplos de los siglos XII al XVIII con los que deleitarse paseando tranquilamente por su centro histórico.

Pese a su estilo arquitectónico entre el gótico y el barroco, en la catedral de Cuenca es posible descubrir las rompedoras vidrieras que diseñaron Gustavo Torner, Alfonso Bonifacio, Gerardo Rueda y Henri Dechanet

El más destacado de todos es su Catedral, una “pequeña Notre Dame española” que, además de aunar los estilos gótico, neogótico y barroco, mantiene alguna reminiscencia románica debido a que su construcción se iniciaba al final de esta era. Dedicada a Santa María y a San Julián, se levantaba sobre la antigua mezquita árabe de la ciudad, y se considera como la primera catedral gótica de Castilla.

La pequeña Notre Dame castellanomanchega. Foto Turismo de Cuenca.
La pequeña Notre Dame castellanomanchega. Foto: Turismo de Cuenca.

En su interior, además de albergar los únicos órganos gemelos en funcionamiento de España, protagonistas de los programas anuales Música en la Catedral, es posible admirar los coloridos y polémicos vitrales que marcaron un hito en la tendencia artística del momento.

Fue hace 25 años cuando cuatro artistas contemporáneos –Gustavo Torner, Alfonso Bonifacio, Gerardo Rueda y Henri Dechanet– fueron invitados a realizar con total libertad los diseños de las nuevas vidrieras de la Catedral en torno a “un programa iconográfico de estilo abstracto, pero muy religioso y espiritual”, tal y como explica a Tendencias Miguel Ángel Albares, director del templo religioso. “Se han convertido en el elemento más admirado por los visitantes; toda una apuesta del siglo XX que se suma a los ocho siglos de historia del arte de la Catedral de Cuenca”, asegura.

Arte abstracto y de vanguardia

La genialidad de la ciudad conquense continúa sorprendiendo en el Museo Abstracto Español, abierto al público el 1 de julio de 1966. Gestionado por la Fundación Juan March desde 1980, un año después de su inauguración fue descrito por Alfred H. Barr -fundador y primer director del MOMA de Nueva York– como “el más bello pequeño museo del mundo”.

Las coloridas fachadas de la calle Alfonso VIII. Foto: Turismo de Cuenca.

Ubicado a pocos pasos de la Plaza Mayor, otro de los rincones imprescindibles en toda visita y que permite colorear cada día con las llamativas fachadas que regala la calle Alfonso VIII, este espacio dedicado al arte alberga una exquisita colección de pinturas y esculturas de los autores más representativos del siglo XX en España, especialmente de los años 50 y 60.

En las diferentes salas del espacio, que son auténticas joyas en sí mismas gracias a su iluminación, la disposición y la atmósfera, se alzan orgullosas algunas de las creaciones más destacadas de Gustavo Torner, Antonio Saura, Gerardo Rueda, Martín Chirino, Eduardo Chillida o Antoni Tàpies, así como “proyectos expositivos dedicados a artistas contemporáneos y a las principales tendencias de la modernidad”, indican los responsables del espacio, en línea con la Catedral de la ciudad.

Únicas e imprescindibles: las Casas Colgadas

Como no podía ser de otra manera, el Museo Abstracto Español muestra en su otra cara -desde el exterior- una de las imágenes más icónicas de la ciudad: la de sus Casas Colgadas. Este espacio dedicado al arte está ubicado en una de las tres casas que se mantienen visitables y que en su conjunto fueron -y continúan siendo- un símbolo indiscutible de Cuenca.

Encaramadas a la cornisa de la roca sobre la hoz del río Huécar como verdaderas joyas de la arquitectura gótica popular, estas peculiares viviendas están realizadas en mampostería con sillares en las esquinas y asentadas en ménsulas desde las cuales se asoman con balcones voladizos de madera sobre el acantilado.

Las Casas Colgadas desde el puente de San Pablo. Foto: Turismo de Cuenca.

La estampa que ofrecen es única, con el popular Puente de San Pablo como protagonista ante el paisaje y la naturaleza conquense. Una estampa que es posible elevar a su enésima potencia optando por un viaje “A vista de globo”, una iniciativa que ofrece recorridos en globo aerostático sobrevolando la preciosa capital conquense.

Bocanadas de aire fresco

A escasos kilómetros del centro de la ciudad el Parque Natural de la Serranía de Cuenca ofrece todo un abanico de tesoros naturales para descubrir sin prisa dentro de la masa forestal más extensa del país (aproximadamente 73.700 hectáreas).

A sus puertas se encuentra El Ventano del Diablo, un mirador con mucha historia que ofrece una de las vistas más bonitas del lugar. Desde aquí es posible descubrir La Ciudad Encantada, custodiada por sus “gigantes de roca dormidos” hace cinco o seis millones de años y rodeada de frondosos pinares; El Parque Cinegético de El Hosquillo, donde avistar en semilibertad algunas de las especies más representativas de la fauna del lugar como los osos pardos, los lobos o los gamos; o algunas de las maravillas que la fuerza del agua crea en la naturaleza, como Las Lagunas de Cañada del Hoyo, La Balsa de Valdemoro-Sierra, o La Hoz de Beteta.

El Ventano del Diablo. Foto Turismo de Cuenca.

Parajes que complementan su belleza con el sello starlight, un reconocimiento por sus cielos limpios y estrellados, sin contaminación ambiental ni lumínica, donde admirar las noches plagadas de estrellas.

José Ignacio Herráiz se encarga en Raff de crear la fusión perfecta entre la tradición culinaria de la ciudad manchega y la innovación aprendida en el laboratorio de Ferran Adrià en El Bulli

Una gastronomía adaptada a la ciudad

Con Trivio a la cabeza de la gastronomía de la ciudad, como el único restaurante de Cuenca que ha sido condecorado con una estrella Michelin, la oferta hostelera sigue sus pasos con opciones tan interesantes como sorprendentes. Buen ejemplo de ello es Raff San Pedro, capitaneado por José Ignacio Herráiz, quien crea la fusión perfecta entre la tradición culinaria de la ciudad manchega y la innovación heredada de su paso por la cocina de laboratorio de Ferran Adrià en El Bulli.

Raff es honestidad, es humildad, es trabajo constante, es producto -como su propio nombre indica con esta suculenta variedad de tomate- y es hogar. Pero también es un viaje gastronómico por todos aquellos rincones del mundo de los que Herráiz se ha traído su propia visión.

José Ignacio Herráiz está al mando de los fogones de Raff, un imprescindible en Cuenca. Foto: Raff.

Asia está muy presente en su carta, combinando recetas tan caseras como el ajo arriero, el ajo blanco o el rabo de toro guisado con propuestas que bien pueden llevarnos hasta cualquier mercado de Tailandia, como la cigala en secuencia son fideo udon. Sorpresa, sabor y mucho mimo en cada elaboración. Destacan en temporada su potente red grouse, con migas y arándanos; y un capuccino de sopa de ajo para quitar el sentido.

Un equipo consolidado que se atreve a enfrentarse al resto de España en certámenes como Madrid Fusión y Gastronómika, donde fueron finalistas, respectivamente, con un escabeche de tubérculos realizado por Miguel Escutia, y con un plato tradicional vinculado a las raíces de Herráiz: un potaje de vigilia tradición y evolución. Diversión y respeto a partes iguales. El disfrute está más que servido.

A orillas del Júcar

Algo más familiar y distendida se presenta la propuesta de Recreo Peral, sobre todo gracias al enorme espacio que lo conforma a orillas del Júcar, y a las diferentes opciones para disfrutar aquí: barra, jardín, terraza, restaurante y reservados.

Foto: El Recreo Peral
Foto: Recreo Peral.

Con mucho esfuerzo y trabajo, Nacho Villanueva ha conseguido hacerse a sí mismo y regentar lo que podría considerarse su gran sueño: un lugar en el que disfrutar de platos que representan la cocina de su ciudad (zarajos de cordero, callitos de ternera, morteruelos, migas…), que juegan con las temporadas y que, por encima de todo, impulsas a los proveedores locales. De sus brasas salen suculentas piezas de las mejores carnes y pescados del día, así como dignos arroces con los que darse un buen homenaje.

Ángel Álvarez custodia una minúscula cocina en La Ponderosa de la que sale el mejor producto a muchos kilómetros a la redonda

Y como barra, La Ponderosa representa una de las experiencias culinarias más auténticas y disfrutonas de la ciudad. Sin mesas o sillas en su pequeño local, el tapeo y las raciones son la modalidad que ha funcionado desde hace más de 47 años.

La Ponderosa, el bar de toda la vida que sí.
La Ponderosa, el bar de toda la vida que sí.

Ángel Álvarez custodia una minúscula cocina de la que sale el mejor producto a muchos kilómetros a la redonda. Desde sus tomates “especiales”, aderezados con un aceite adictivo y una pizca de sal, hasta los revueltos con huevos de gallinas propias, setas, hongos y hortalizas de temporada, así como chuletillas de cordero, bacalao, ventresca, boquerones… y un sinfín de propuestas de mar que acercan un marisco de excepción hasta este pequeño rincón de Cuenca.

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