Las aventureras y exploradoras que rompieron las barreras del mundo

Las hazañas de la primera mujer que dio la vuelta al mundo, la que cruzó el Sahara en coche y la que voló el Atlántico en solitario son algunas de las historias que inspiran a derribar barreras

Amelia Breavheart. Foto Granger Historical Picture Archive / Alamy

Amelia Breavheart. Foto Granger Historical Picture Archive / Alamy

Ellas sabían que podían hacerlo. Frente a los que las tildaron de locas, los que las miraron con desdén, los que les reprocharon que esas ideas no eran de mujeres decentes, siguieron adelante con su espíritu aventurero y se lanzaron a lo desconocido y lo imposible, y han creado gestas que persisten en la historia.

Hablamos de personas como Amelie Earhart, la primera mujer que sobrevoló el Atlántico en solitario. O de Nellie Bly, que en 1888 y con poco más de 20 años dio la vuelta al mundo (y en menos de 80 días).

Están los ejemplos de Eva Dickson que en los años ’30 condujo su coche desde Estocolmo a Nairobi…y atravesando el Sahara. O el de Sarah Outen, quien también dio la vuelta al mundo, pero solo impulsada por sus brazos y piernas.

Son heroínas de la vida moderna, mujeres que rompieron barreras y techos de cristal, para demostrar que no hay discriminación que valga cuando se trata de alcanzar una meta.

Protagonistas del libro Expediciones al descubierto (publicado por Anaya Touring), descubrimos sus hazañas.

Más rápido que lo que Verne creía posible

Se llamaba Elizabeth Cochrane pero se presentaba como Nellie Bly. Era periodista, y convenció a su editor de dar la vuelta al mundo más rápido de lo que había hecho Phileas Fogg en la obra de Julio Verne.

Nellie Bly, primer mujer en dar la vuelta al mundo. Foto Getty Images
Nellie Bly, primer mujer en dar la vuelta al mundo. Foto Getty Images-Anaya Touring

“Eso solo lo puede hacer un hombre”, dijo su jefe.
“Usted envíe a un hombre, yo partiré con la ayuda de otro periódico y le ganaré”, respondió.

Son heroínas de la vida moderna, mujeres que rompieron barreras y techos de cristal, para demostrar que no hay discriminación que valga cuando se trata de alcanzar una meta.

Eran los ’80 del siglo XIX, y Bly se sobrepuso a las críticas con la misma entereza con que aguantó los mareos en barco desde Nueva York a Francia.

Visitó a Verne en Amiens y siguió viaje por los mares del planeta atravesando tempestades, camarotes insalubres, trabas burocráticas y un sinfín de problemas.

Pero lo logró: el 25 de enero de 1890 llegó a Nueva Jersey. Había dado la vuelta al mundo en 72 días.

En cuatro ruedas por el desierto

La sueca Eva Dickson es conocida por ser la primera mujer en atravesar el Sahara en coche. Pero también fue modelo de artistas, diseñadora de modas, se codeaba con intelectuales, y con la misma seguridad con que hablaba de literatura piloteaba aviones y competía en carreras ecuestres.

Tras haber participado en varios rallies escudada en un seudónimo masculino, apostó a que podía cruzar desde Nairobi a Argelia en coche. ¿La razón? Plantar cara a un comentario machista que escuchó en el Club Europeo de la capital de Kenia.

Era 1932, y si decidió ser acompañada por el joven keniata Hassan Ali era para tener una cuota de seguridad en los peligrosos parajes desérticos.

Ellas sabían que podían hacerlo. Frente a los que las tildaron de locas, los que las miraron con desdén, los que les reprocharon que esas ideas no eran de mujeres decentes, siguieron adelante con su espíritu aventurero y se lanzaron a lo desconocido y lo imposible, y han creado gestas que persisten en la historia.
Eva Dickson junto con Sven Hedin. Foto Wikipedia

El viaje fue un sinfín de problemas, desde pinchaduras y escasez de agua a serpientes que había que espantar con una Biblia y cabalgatas de dos días para pedir que reparen un puente que se lo había llevado el río.

Sin límites para la aventura

Pero Dickson llegó a Argel. Ganó su apuesta y conquistó el olimpo. Pero no se quedó en la ciudad mediterránea: siguió viaje con su acompañante hasta la fría Estocolmo.

Este espíritu inquieto en 1937 partió desde la capital sueca rumbo a Pekín. La hazaña tuvo que terminar en India por el cierre de fronteras. Y cuando volvía a toda velocidad a Londres, a la altura de Bagdad su coche salió de la carretera y murió. Solo tenía 33 años.

La vuelta al mundo…en coche

La alemana Clärenore Stinnes sabía que el rechazo familiar sería el primer obstáculo a su sueño: ser la primera mujer en circunnavegar el mundo en coche.

Clärenore Stinnes con Carl-Axel Söderström tardaron 25 meses en dar la vuelta al mundo en coche. Realizaron casi 46.300 km

Era 1927, y tras adquirir un Standar 6 de dos toneladas, partió con el director de cine Carl-Axel Söderström y dos mecánicos en un vehículo de apoyo desde Fráncfort hacia el este.

Ellas sabían que podían hacerlo. Frente a los que las tildaron de locas, los que las miraron con desdén, los que les reprocharon que esas ideas no eran de mujeres decentes, siguieron adelante con su espíritu aventurero y se lanzaron a lo desconocido y lo imposible, y han creado gestas que persisten en la historia.
Clärenore Stinnes, en su travesía por el mundo.

Un sinfín de problemas mecánicos se sumaron al milagro de salvarse de varios accidentes, además de la proeza por transitar en caminos inexistentes, ya sea bajo un sol a 54º en Irán o en medio de un frío glaciar en Siberia, donde la expedición esperaba semanas a que los lagos se congelaran para seguir viaje.

Un final doblemente feliz

Tuvieron que sofocar incendios de los motores, evitar que los señores del desierto en China los mataran y usar dinamita para abrir sendas en los Andes.

Finalmente el 24 de junio de 1929 llegaron a Berlín como héroes. Habían hecho 46.298 kilómetros por 23 países tras 25 meses de viaje.

Ellas sabían que podían hacerlo. Frente a los que las tildaron de locas, los que las miraron con desdén, los que les reprocharon que esas ideas no eran de mujeres decentes, siguieron adelante con su espíritu aventurero y se lanzaron a lo desconocido y lo imposible, y han creado gestas que persisten en la historia.
El viaje de Clärenore Stinnes estuvo plagado de problemas.

La proeza tuvo otra recompensa: al año siguiente Söderström se divorció y se casó con Stinnes, quien vivió hasta los 89 años.

El espíritu del aire

A los seis años Amelia Earhart supo que quería volar. Era 1903 y la aviación daba sus primeros pasos.

En 1921 compró un biplano Kinner Airster y 21 meses después de su primera lección batió el récord de altitud entre las mujeres: 4.621 metros.

Atravesó el Atlántico en 1928 en avión como encargada del cuaderno de bitácora, pero se sintió tan útil “como un saco de patatas”.

Ellas sabían que podían hacerlo. Frente a los que las tildaron de locas, los que las miraron con desdén, los que les reprocharon que esas ideas no eran de mujeres decentes, siguieron adelante con su espíritu aventurero y se lanzaron a lo desconocido y lo imposible, y han creado gestas que persisten en la historia.
Amelie Earhart, pionera de la aviación

Y se propuso cruzar el océano en solitario, hazaña que logró en 1932.

Tres años más tarde voló, también en soledad, 3.860 kilómetros sobre el Pacífico, desde California hasta Hawái.

Ya tenía siete récords de velocidad y se propuso un desafío mayor: dar la vuelta al mundo pero por el ecuador: nada menos que 46.670 km.

La hazaña que terminó trágicamente

El 1 de junio de 1937 junto con Fred Noonan despegaron desde Miami. El Atlántico lo atravesaron desde Brasil a Senegal, y a la semana, atravesaron el Mar Rojo desde el cuerno de África hacia la India.

Ellas sabían que podían hacerlo. Frente a los que las tildaron de locas, los que las miraron con desdén, los que les reprocharon que esas ideas no eran de mujeres decentes, siguieron adelante con su espíritu aventurero y se lanzaron a lo desconocido y lo imposible, y han creado gestas que persisten en la historia.
La última fotografía de Amelie Earhart. Fuente: The U.S. National Archives

Llegaron a Darwin, Australia, el 29 de junio, y desde Papúa Nueva Guinea quedaba el último tramo, 4.124 km en la soledad del Pacífico. Pero en algún punto en el viaje a la remota isla de Howland se cortó la transmisión. Lo último que se supo eran los intentos desesperados de Earhart de precisar la ubicación con el depósito casi agotado.

Tres años más tarde se encontraron restos humanos en un atolón, a 644 km del destino esperado. Y en el 2001 se hallaron enseres personales que pertenecían a la intrépida aviadora. Allí descansaba el alma de Earthart.

No hay excusas para abandonar

La británica Sarah Outen rompía una marca tras otra. Fue la persona más joven (y la primera mujer) en cruzar el Índico en solitario en 2009.

Y dijo que era posible atravesar el Atlántico y el Pacífico a remo, y cruzar las masas continentales en bicicleta. Casi nada.

Ellas sabían que podían hacerlo. Frente a los que las tildaron de locas, los que las miraron con desdén, los que les reprocharon que esas ideas no eran de mujeres decentes, siguieron adelante con su espíritu aventurero y se lanzaron a lo desconocido y lo imposible, y han creado gestas que persisten en la historia.
Sarah Outen en su travesía del Atlántico, en 2015. Foto Sarah Outen-Anaya Touring

El 1 de abril de 2011 partió desde Londres en un viaje de 40.000 km, con tres días remando hacia Francia, y en Europa llegó a hacer 145 km diarios para poder recorrer las infinitas extensiones rusas antes del invierno.

Sarah Outen logró dar la vuelta al mundo en bicicleta, kayak y una pequeña embarcación. Le llevó cuatro años, pero lo logró

Dormía donde podía, pedaleaba incluso allí donde no había carreteras, combatía mosquitos y toda clase de alimañas y en julio llegó a China, donde un joven desconocido la acompañó en los 4.800 km hasta Pekín.

Remó por aguas heladas desde Rusia a Japón y en el archipiélago nipón dejó pasar el invierno antes de emprender la travesía de 7.250 km de Pacífico Norte en una pequeña embarcación.

Ni los huracanes la frenaron

Aguanto tormentas, vientos huracanados, pero tuvo que volver a Inglaterra por una rotura irreparable del casco. Pero al año siguiente, el 27 de abril de 2012, volvió a ponerse en marcha desde Japón a Canadá, 251 días navegando.

Desde allí atravesó Norteamérica en su bicicleta de 14 marchas durante siete meses, incluyendo uno de los peores invierno de la historia.

Ellas sabían que podían hacerlo. Frente a los que las tildaron de locas, los que las miraron con desdén, los que les reprocharon que esas ideas no eran de mujeres decentes, siguieron adelante con su espíritu aventurero y se lanzaron a lo desconocido y lo imposible, y han creado gestas que persisten en la historia.
Sarah Outen al llegar a Londres. Foto James Sebrigh

Tras remar en solitario cuatro meses en el Atlántico Norte, su embarcación fue destrozada por un huracán a 1.600 km de Irlanda

No se rindió: en octubre de 2015 partió desde Falmouth, en Cournalles, y el 3 de noviembre llegó a Londres en su kayak. Habían pasado cuatro años desde su salida.

Foto de portada: Granger Historical Picture Archive-Alamy / Anaya Touring

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