Siete reglas de cortesía en los aviones que todos deberían seguir

Los espacios del equipaje, el uso de la ventanilla, la posesión de los apoyabrazos y el momento de reclinar el asiento son momentos de convivencia pasajera que pueden arruinar un viaje. Cómo hacer para evitarlos

En un avión se demuestra el carácter y grado de urbanidad de las personas. Convivir durante dos, cinco o 12 horas en un espacio reducido requiere una cuota de paciencia, respeto y tolerancia que no todo el mundo está dispuesto a ofrecer.

Al volar hay que mantener reglas de urbanidad para la mejor convivencia a bordo. Foto Suhyeon Choi | Unsplash

En un avión se demuestra el carácter y grado de urbanidad de las personas. Convivir durante dos, cinco o 12 horas en un espacio reducido requiere una cuota de paciencia, respeto y tolerancia que no todo el mundo está dispuesto a ofrecer.

Basta ver las fotos de cuentas como Passenger Shaming, donde se ve cómo la grosería llega a grados surrealistas: desde pasajeros que viajan descalzos a los que secan su ropa interior en los expulsores de aire o los que tapan la pantalla de entretenimiento trasera con su cabello.

Sin llegar a esos extremos, siempre es bueno repasar algunas reglas de urbanidad claves para tener un vuelo con tranquilidad.

1. El dueño de la ventanilla

Hace pocos días se hizo viral el video de un pasajero que quería ver el paisaje, pero la pasajera que tenía delante estiraba su mano y se la cerraba para poder dormir (o ver una película, quien sabe)

¿Quién tenía razón?

Técnicamente el pasajero que tiene el asiento adjunto a la ventanilla. Pero también se comprende el fastidio de la señora que estaba delante, que siente un torrente de luz que le molesta.

Quien es ‘dueño’ de la ventanilla tiene que comprender que no puede dejarla abierta cuando la cabina está a oscuras para que los pasajeros puedan dormir, y menos si hay mucha llegada de luz solar.

Lo sugerido es consultar a los pasajeros de la fila si le molesta la apertura de la ventana, y en todo caso, solo abrirla una mínima franja.

2. ¿A quién pertenece el apoyabrazos?

Otra típica guerra fría en el avión es por el uso del apoyabrazos. Las extremidades se rozan, y ese pequeño saliente de plástico y metal es un territorio de conquista silenciosa.

El pasajero de la fila del medio es quien tiene la autoridad para usar el apoyabrazos

En un avión se demuestra el carácter y grado de urbanidad de las personas. Convivir durante dos, cinco o 12 horas en un espacio reducido requiere una cuota de paciencia, respeto y tolerancia que no todo el mundo está dispuesto a ofrecer.
El uso del apoyabrazos genera una de las fricciones más habituales. Foto Abdallahh | Flickr

Pero hay una persona que tiene autoridad sobre él: el pasajero de la fila del medio. Es el asiento más incómodo, apenas tiene lugar para estirar su cuerpo, así que lo menos que se puede hacer es cederle los apoyabrazos.

3. La guerra del equipaje

Muchas aerolíneas, y ya no solo las de bajo coste, han cambiado sus políticas de equipaje para evitar el abuso de muchos pasajeros que subían al avión cargados como si fuera una mudanza.

Una sola pieza del equipaje de mano tiene que estar en el maletero, y a lo sumo se puede llevar un pequeño bolso con elementos indispensables que debe colocarse en la parte inferior del asiento.

En un avión se demuestra el carácter y grado de urbanidad de las personas. Convivir durante dos, cinco o 12 horas en un espacio reducido requiere una cuota de paciencia, respeto y tolerancia que no todo el mundo está dispuesto a ofrecer.
La lucha por guardar el equipaje en cabina se repite cada día y en cada vuelo.

En este bolso hay que colocar aquellos elementos que ayudarán a aliviar las horas de viaje: antifaz para dormir, el cepillo de dientes, un libro, los auriculares, etcétera. Es mejor tener todo a mano y no estar incomodando al pasajero contiguo para buscar esos artículos en la maleta.

4. Reclinar el asiento

En algunas aerolíneas viajar en clase turista es como ir en un tren de Cercanías al volver del trabajo. El espacio entre filas es mínimo, y cualquier reclinación puede hacer saltar chispas.

Si uno mide más de 1,80 mts, lo mejor es comprar asientos en la fila del pasillo, para poder estirar las piernas y no molestar con las rodillas al pasajero de adelante cuando recline su respaldo.

En un avión se demuestra el carácter y grado de urbanidad de las personas. Convivir durante dos, cinco o 12 horas en un espacio reducido requiere una cuota de paciencia, respeto y tolerancia que no todo el mundo está dispuesto a ofrecer.
Antes de reclinar el asiento hay que consultar con el pasajero de atrás. Foto Qantas

Hay que respetar a rajatabla el pedido de los tripulantes de mantener los asientos rectos al momento de servir la comida.

Antes de volver a reclinarlo, se debe consultar al pasajero de atrás si terminó de comer y verificar que se le haya retirado la bandeja.

5. ¿Hablamos o no?

Las conversaciones de avión son como las del ascensor: rápidas y triviales. Pero es posible que entre pasajeros haya química y puedan mantener una agradable y larga charla.

Es de muy mal gusto empezar una conversación en un avión criticando a la aerolínea o al trabajo de los tripulantes de cabina

Detalles como que el pasajero se coloque sus auriculares ni bien pueda, o que no quite la vista de su libro o tableta electrónica, evidencia que las ganas de conversación son prácticamente nulas.

En un avión se demuestra el carácter y grado de urbanidad de las personas. Convivir durante dos, cinco o 12 horas en un espacio reducido requiere una cuota de paciencia, respeto y tolerancia que no todo el mundo está dispuesto a ofrecer.
No todo el mundo tendrá ganas de conversar en un vuelo. Foto Pxhere

Es de muy mal gusto exponer los miedos a volar, hablar de accidentes aéreos o criticar la aerolínea y el trabajo de los tripulantes ni bien se entra en contacto.

Y si se tiene la suerte de encontrar un pasajero amigable, por favor hagan silencio cuando la cabina se ponga oscura que es hora de dormir.

6. Olores y aromas

Si uno tiene problemas de sudoración tenga a mano desodorantes de crema o bolilla, pero no los de aerosol (que seguramente serán retenidos en el control de seguridad).

En un avión se demuestra el carácter y grado de urbanidad de las personas. Convivir durante dos, cinco o 12 horas en un espacio reducido requiere una cuota de paciencia, respeto y tolerancia que no todo el mundo está dispuesto a ofrecer.
Muchos pasajeros en un espacio reducido genera toda clase de aromas. Foto Pxhere

En un avión cambia la percepción de los aromas, por ello se sugiere no sumergirse en un baño de perfume que después sus compañeros de viaje tendrán que soportarlo.

7. El baño, como el de casa

Antes de abordar el avión hay que ir al baño. Aunque no se tenga ganas. En el vuelo se debe evitar tomar demasiado líquido que luego llegan las ganas de ir al lavabo una y otra vez.

Si se viaja en la ventanilla o en el asiento del medio se sugiere coordinar con el pasajero de la fila del pasillo para molestarlo lo menos posible: cuando este quiera ir al baño, siga sus pasos.

En un avión se demuestra el carácter y grado de urbanidad de las personas. Convivir durante dos, cinco o 12 horas en un espacio reducido requiere una cuota de paciencia, respeto y tolerancia que no todo el mundo está dispuesto a ofrecer.
Hay que dejar el lavabo en las mismas condiciones en que se encontró. Foto Airbus

De ninguna manera hay que tratar de saltar sobre los pasajeros como si fuera una carrera de obstáculos: es más educado despertarlos y esperar que se levanten.

El baño tiene que quedar en las mismas condiciones. Si uno causa salpicaduras, se limpian. Las servilletas de papel no van en el váter, y está terminantemente prohibido fumar dentro de él (aunque haya ceniceros en su interior).

Si hay algún problema o el baño no está en condiciones, se debe llamar a los tripulantes de cabina. Y no hacerse el distraído.

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