Cinco aviones que nadie entiende cómo pudieron volar

Aeronaves con 6 pares de alas, bombarderos sin fuselaje, híbridos con barcos: a pesar de sus diseños bizarros estos aviones pudieron levantar vuelo

“El abejorro no puede volar, pero no lo sabe”. Este dicho popular sobre la poco aerodinámica forma de ese insecto se puede aplicar a numerosos ejemplos de aviones de diseño extraño, donde se intentó cruzar las fronteras de la ingeniería aeronáutica.

Casi ninguno tuvo un final feliz: entre el exceso de peso, la poca viabilidad del proyecto o las medidas descomunales estos aviones fueron condenados al fracaso.

Pero que se hayan podido construir, y que incluso pudieran volar aunque sea fugazmente, ya es un mérito para destacar.

Repasemos algunos ejemplos de aviones extraños que desafiaron a la ley de la gravedad.

Caproni Ca.60

En la hermosa película El viento se alza (The Wind Rises), de los Estudios Ghibli, el ingeniero italiano Giovanni Batista Caproni aparece varias veces en los sueños del protagonista Hiro.

Y en la animación se ve un gigantesco barco-avión con nueve pares de alas. Uno pensará que es producto de la fantasía pero no: este avión existió.

El Caproni Ca.60, aunque no lo parecía, podía volar. Foto Wikipedia

El Ca.60 fue diseñado por Caproni, uno de los impulsores de la aviación en Italia. Estamos hablando de los años 20, y por ese entonces este ingeniero preveía un futuro donde los aviones llevaran grandes contingentes de pasajeros por largas distancias, describe Aero Time.

El ingeniero italiano Giovanni Batista Caproni diseñó un hidroavión para 100 pasajeros y con 6 pares de alas…en 1921

El C.60, además de su increíble despliegue de seis pares de alas, tenía ocho motores y fue diseñado para llevar 100 pasajeros.

Llegó a volar el 2 de marzo de 1921, y cuando realizó su segundo vuelo, días más tarde, se estrelló en aguas del lago Maggiore.

Por el coste sideral del proyecto quedó abandonado, aunque sus piezas se pueden ver en el Museo de la Aeronáutica Gianni Caproni, en Trento.

Spruce Goose

Howard Hugues fue un millonario, inversionista, filántropo, amante por igual de la aviación y el cine.

Ingeniero autodidacta, el gobierno de EEUU en plena Segunda Guerra Mundial le encargó construir un transporte militar para las tropas de EEUU.

El Spruce Goose en el museo. Foto Jim Culp-Flickr
El Spruce Goose en el museo de Oregon. Foto Jim Culp-Flickr

El proyecto estaba inconcluso cuando la guerra terminó, pero a Hughes no le importó el desdén del Pentágono y siguió adelante.

En 1947 Hugues presentó en sociedad el Spruce Goose, un gigante de 180 toneladas, con 66,65 metros de largo y una envergadura de 97,54 metros.

Tuvo que hacerlo en madera debido a la escasez de aluminio y otros metales por la crisis derivada del conflicto bélico.

Para demostrar su viabilidad el mismo Hugues se sentó frente a los mandos y lo hizo volar. Viajó 1,5 kilómetros durante 26 segundos, y aterrizó, para nunca más volver a despegar.

Sin embargo, hasta la llegada del Stratolaunch, mantuvo el récord como el mayor avión de la historia jamás construido.

Quien esté interesado en verlo, puede viajar a Oregon, donde descansa en el Museo de la Aviación McMinniville en la ciudad de Evergreen.

Kalinin K-7

En realidad este parece más a un tanque de guerra que a un avión. Fue desarrollado por la Unión Soviética en 1930 y fue conocido como la ‘fortaleza rusa voladora’, un híbrido de avión de pasajeros, transporte militar y bombardero.

Tenía una envergadura de 53 metros pero un largo de solo 28 metros. En total, su superficie alar era de 454 metros cuadrados.

Híbrido entre bombardero, transporte de tropas y de pasajeros, el Kalinin K-7 tenía siete motores y una envergadura de 53 metros, pero solo medía 28 metros de largo

Para volar se necesitaba una tripulación de 11 personas, entre pilotos y artilleros.

También se desarrolló una versión para llevar 120 pasajeros o 112 paracaidistas, que viajaban en habitáculos de 2,30 metros ubicados en las alas.  

El Kalinin K-7, la fortaleza voladora rusa. Foto John Bern

En un principio se diseñó con seis motores, pero debido a su excesivo peso se colocó un séptimo motor en la parte central trasera del ala.

El Kalinin K-7 pudo levantar vuelo el 11 de agosto de 1933. En su segundo vuelo, el 21 de noviembre, se estrelló y murieron las 14 personas que iban a bordo.

A pesar que el gobierno soviético había pedido otros dos modelos, el proyecto quedó abandonado dos años más tarde.

Saunders-Roe SR.45 Princess

El Saunders-Roe SR.45 Princess fue el hidroavión construido en metal más grande de la historia.

Fue desarrollado para realizar vuelos transatlánticos entre Southampthon y Nueva York, donde sus 100 pasajeros viajarían en dos niveles de la cabina en condiciones de confort impensables a principios de los años 50.

Tenía 45 metros de longitud y casi 67 de envergadura, poco más que los del Boeing 747, y podía volar a 580 km/h gracias al impulso de diez motores, que movían seis grupos de hélices de cuatro palas.

El Saunders-Roe, SR45 Princess, diseñado para viajes transatlánticos

El 22 de agosto de 1952 el primer prototipo voló durante media hora alrededor de la isla de Wight, y lo siguió haciendo en 46 oportunidades más, hasta totalizar 100 horas de vuelo.

Otros dos prototipos fueron construidos, pero la era de los hidroaviones estaba pasando a la historia y el gobierno británico primero, y varias compañías privadas después, perdieron interés.

Al final, las tres gigantescas aeronaves fueron desguazadas en 1967.

MD-160-Lun

Los ingenieros de la Unión Soviética, presionados por las autoridades militares en las décadas de la Guerra Fría, desarrollaron varios aviones que parecían sacados de las historietas de ciencia ficción.

Uno de ellos es el ekranoplano MD-160-Lun, que con sus 73 metros de largo, 44 metros de envergadura y un peso de 286 toneladas sin carga era más grande que el A380.

El ekarnoplano Lun, olvidado en el Mar Caspio. Foto Getty Images

Dotado de ocho motores en la parte delantera, podía volar gracias al ‘efecto suelo’, un fenómeno aerodinámico que permite crear una especie de colchón que lleva a la aeronave a desarrollar grandes velocidades sin contacto con la superficie, sea el mar o una pradera.

La Unión Soviética creó varios aviones de diseños imposibles que, sin embargo, podían volar, como el ekranoplano MD-160-Lun

En los años ’60 se desarrolló el prototipo KM, que medía 90 metros de largo y 37 de envergadura, que fue abandonado en los ’80 tras un accidente.

Le siguió el citado Lun, que tras varias pruebas se comprobó que era muy difícil de pilotear si había un poco de marejada.

Con el colapso de la URSS el proyecto quedó olvidado y el gigantesco avión terminó sus días abandonado en las costas del Mar Caspio.

Pero hace pocos meses se lo trasladó a la ciudad de Derbent, en el extremo sur de Rusia, para convertirse en la atracción de un futuro parque de atracciones.

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