El móvil avisa: “Pierde el 14% de su tiempo frente a la pantalla”

Cada vez pasamos más horas conectados a internet y en redes sociales. El móvil ofrece herramientas para gestionar mejor el tiempo de uso, pero ¿son la solución?

Es domingo por la tarde, fin del fin de semana. Desbloqueo el móvil, accedo al menú de configuración para ver las estadísticas de uso y leo el mensaje: “Pierde el 14% de su tiempo frente a la pantalla”. Hay más: 1.200 desbloqueos de pantalla en una semana, uno cada siete minutos. Cifras que dan cuenta de hasta qué punto los dispositivos, e internet, han pasado a ocupar una parte importante de nuestras vidas.

Son cifras que no retratan un caso extremo sino más bien a un ciudadano promedio. Y el confinamiento de la pasada primavera alimentó aún más esa tendencia en España: en abril los españoles pasaron de media 79 horas a la semana (más de tres días completos) conectados a internet, según datos del estudio Digital Consumer 24 Hours Indoors, de la consultora Nielsen. Esto es, un 7 % más que antes de la cuarentena.

Buena parte de ese tiempo en línea transcurre delante de la pantalla del smartphone, concretamente 22 horas semanales. Casi un día completo frente al móvil consultando webs, viendo vídeos, comprando, actualizando redes sociales, chateando…

Dispersión vs capacidad multitarea

Son muchos los expertos que han alertado de las consecuencias para el cerebro de pasar cada vez más horas frente a una pantalla. El cerebro, gracias a su plasticidad, se transforma. El escritor norteamericano Nicholas Carr describía en detalle hace ya una década (en su libro Superficiales, que está haciendo internet con nuestras mentes) esos efectos que internet causa sobre la atención y cómo altera las capacidades cognitivas. Se había vuelto más disperso.

Los propios fabricantes incluyen dentro del menú Configuración herramientas para limitar el uso del móvil

En el camino, posiblemente haya ganado capacidad multitarea, pero a cambio, sostenía Carr, había perdido la capacidad de concentrarse sin interrupciones, de enfrentarse a un texto escrito durante al menos media hora sin levantar la vista del papel.

Tesis en las que ahonda también, la profesora Maryanne Wolf. Directora del Centro para la Dislexia, Estudiantes Diversos y Justicia Social de la Universidad de California, Wolf -tras más de 15 años de estudios sobre hábitos de lectura y cerebro- defiende en su obra Lector vuelve a casa la necesidad de no perder la lectura en papel como forma de no privar de sus beneficios a nuestro cerebro. No se trata de condenar la pantalla, sino de reequilibrar el tiempo que dedicamos a cada actividad en un momento en el que las pantallas son omnipresentes.

Pero ¿cómo se han adueñado del tiempo de la gente?

Cómo nos engancha las redes sociales

Son muchos los artículos y noticias que recogen opiniones de expertos sobre cómo las redes enganchan ofreciendo contenido banal para los ratos muertos. Sean Parker, presidente de Facebook en su etapa inicial, reconocía en una entrevista hace unos años que la plataforma sacaba partido a una vulnerabilidad de la psicología humana. Otros, también ex ejecutivos de Facebook criticaron también el poder de adicción de algunas de sus creaciones.

En abril cada español pasó 79 horas a la semana en internet. Foto: Getty Images.

El profesor de estudios de medios de la Universidad de Virginia Siva Vaidhyanathan lo resume así en su libro Anti-Social Media: “podríamos conectarnos a Facebook en un momento de aburrimiento y levantar los ojos una hora después, preguntándonos dónde se fue esa hora y por qué la gastamos en una experiencia tan poco interesante y a la vez no desagradable”.

Somos conscientes, pero no le ponemos fin. “Sabemos que estamos distraídos, y aun así continuamos siendo distraídos: es la distracción 2.0”, concluye Geert Lovink, teórico de medios y fundador del Instituto de Culturas de la Red en la Universidad de Ciencias Aplicadas de Amsterdam en su ensayo Tristes por diseño: las redes sociales como ideología. Esa distracción continua hace a los ciudadanos incapaces de reaccionar y disuelve lo social.

¿Puedo gestionar mejor el tiempo que paso online?

El propio smartphone quiere ser parte de la solución. Junto con las estadísticas de tiempo de uso que muestran los dispositivos de diferentes marcas (accesibles en Android y iPhone a través del menú Configuración/Ajustes) se encuentran también herramientas para la gestión del tiempo que los usamos.

El móvil nos manda mensajes motivacionales: “deja el teléfono a un lado y disfruta de otra cosa que te guste”, “recuerda prestar atención a la persona con la que estás” o “ponte a prueba hoy y haz un buen uso del teléfono”

Uno de los principales fabricantes llama a ese apartado “Salud digital” y da la bienvenida al usuario que accede al menú con mensajes como “deja el teléfono a un lado y disfruta de otra cosa que te guste”, “recuerda prestar atención a la persona con la que estás” o “ponte a prueba hoy y haz un buen uso del teléfono”.

Más allá de los mensajes motivadores, las posibilidades pasan para gestionar el uso del móvil son variadas, desde el bloqueo de determinadas apps durante una franja determinada (por ejemplo, en la noche o durante el trabajo), hasta fijar un límite de minutos u horas para una aplicación en concreto, o también establecer un pin parental como única posibilidad de extender ese límite.

Reinventar la relación

Algunas aplicaciones como Instagram también ofrecen por su cuenta opciones similares. Además de mostrar estadísticas del tiempo de uso diario (y calcular la media semanal) permite establecer una alerta que salta cuando se superen X minutos. Un recordatorio que puede hacer consciente al usuario del tiempo que ha pasado en redes y hacerle trasladar su atención, al menos por un tiempo, más allá de la pantalla.

Son una posibilidad por explorar. Lovink va más allá. Para el teórico holandés, estas opciones aparentemente bienintencionadas no son la solución, aunque puedan parecerlo, y serían un señuelo que desactivaría una aproximación más radical.

Para Lovink, el enfoque que nos trata como adictos y propone estrategias para reducir su uso es un error. En su lugar, propone, una vez cansados de las redes sociales, actuar colectivamente para hacer una enmienda a la totalidad de su lógica y superarlas.

Llegados a ese punto, quizás recuperaríamos parte de ese 14% de nuestro tiempo y podríamos aventurarnos abrazar sin miedo el aburrimiento.

a.
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