Ha muerto Diana Rigg, diva de la televisión: de ‘Los vengadores’ a ‘Juego de Tronos’

Diana Rigg pasó de icono del Swinging London a villana en la serie más popular de HBO. En medio fue la esposa de James Bond y la hija de Vincent Price en 'Matar o no matar, esa es la cuestión'

La actriz británica, que acaba de fallecer a los 82 años, llegó a la televisión sin tener demasiada fe en ella. Diana Rigg hacía teatro y, claro, no tenía mucho dinero a pesar de que estaba en la Royal Shakespeare Company, así que cuando la llamaron no se lo pensó. Junto a Patrick McNee y su inseparable bombín, se convirtió en uno de los iconos de los años 60 como la agente karateka Emma Peel, a lo largo de medio centenar de episodios de Los Vengadores

Aquellos tres años no fueron sin embargo un camino de rosas. Cuando se enteró que cobraba menos que el cámara, pidió un aumento, que finalmente le concedieron, ganándose la antipatía de los productores, y al final tuvo que irse. En la serie, se explicaba que dejaba el servicio secreto para vivir con su marido. Más adelante, cuando le ofrecieron volver, declinó la oferta. 

Los más jóvenes la recordarán sin embargo más por haber sido la malvada Olenna Tyrell en Juego de Tronos, una serie que ya le traía sin cuidado, porque no le iba la fantasía, y que ni siquiera veía. Como espectadora, prefería la inteligencia de Fleabag. Pero, ¿qué fue de ella entre tan sonados momentos televisivos?

Su carrera tampoco fue un camino de rosas, apenas si salió de la pequeña pantalla, que no estaba tan bien considerada como ahora. Aunque llegó a ser la única chica Bond capaz de llevar al altar a 007. Eso sí en la película que más se apartaba de la saga, 007 al servicio secreto de su Majestad (Peter R. Hunt, 1969), la única protagonizada por George Lazenby, aunque con una de las más épicas partituras de John Barry, años después remezclada por Propellerheads para la pista de baile. 

También hay quien la recordará como la hija de Vincent Price en ‘Theater of Blood (a la izquierda en la imagen).

Para el cinéfilo, ninguno de estos tres papeles, sin duda los más representativos, es el que más anclado ha quedado en la memoria. Yo siempre la recordaré como la hija de Vincent Price en Theater of Blood (Douglas Hickox, 1973), aquí traducida con el ocurrente título de Matar o no matar, esa es la cuestión. Price era un actor shakespeareano que había sido desahuciado por la crítica. Ayudado por su preciosa hija, que aparecía con un inquietante disfraz, eliminaba uno a uno a todos esos críticos que le habían despreciado, orquestando retorcidos asesinatos inspirados en las obras del bardo. Robert Morley era por ejemplo obligado a comerse a sus caniches, como si fueran sus propios hijos. 

Una perturbadora manera de reconectar con sus shakespereanos orígenes sobre las tablas, además de en el cine y en la televisión, ya que los primeros trabajos de Diana Rigg en estos dos medios fueron sendas adaptaciones de El sueño de una noche de verano. 

Para la actriz, que también fue Portia en El asesinato de Julio César (Stuart Burge, 1970), Matar o no matar era su mejor película. Y eso que en total llegó a participar en 70 producciones de cine y televisión a lo largo de 60 años de carrera, además de en innumerables obras teatrales. Nombrada Dama del Imperio Británico en 1994, ese mismo año obtuvo por fin el Tony por un montaje de Medea y en 2014, la Shakespeare Theatre Company le concedió el Premio Will, el galardón reservado a los más shakespereanos.

a.
Ahora en portada