Tablaos flamencos: sobrevivir sin japoneses

El sector del flamenco, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, pone el cante en el cielo por su supervivencia en una España vaciada de turismo

Ni palmas ni taconazos han conseguido ahuyentarlo. El virus que asola el mundo, también se ha empeñado en ahogar al duende. La desaparición de viajeros internacionales en Madrid y Barcelona y las restricciones impuestas a la actividad cultural ponen en jaque la vida de los tablaos flamencos. Y al duende, contra las cuerdas.

Desde que la vorágine de la pandemia arrasara con la realidad tal y como la conocíamos, el sector de la cultura y los espectáculos ha sido uno de los más castigados.

Y en esta debacle, los tablaos flamencos, los escenarios en los que se forja día a día el gran patrimonio musical español, están pasando auténticas fatigas. Su profunda dependencia del turismo internacional y las restricciones sanitarias que limitan su ya de por sí reducido aforo, han hecho inviable la vuelta a la actividad.

Nueva normalidad (sin japoneses)

Federico Escudero, presidente de la Asociación Nacional de Tablaos Flamencos de España (ANTFES) y fundador del emblemático tablao madrileño Torres Bermejas, declara con preocupación “Lo más desolador es que hay unas 3.400 familias que viven de la actividad de los 97 tablaos flamencos repartidos por España”.

El flamenco cautiva a unos 6 millones de turistas al año, con una facturación de 340 millones de euros. Foto: Torres Bermejas.

Creada en mayo de 2020 con el fin de visibilizar su dramática odisea y de reclamar ayudas públicas, la asociación que preside Escudero recuerda que son casi seis millones de turistas, que facturan 340 millones de euros, los que atrae el cante jondo en España, y, a su vez, el 90% de los artistas flamencos viven de ellos.

“Por ahora no tenemos ninguna vía de reinvención alternativa. Se solicitan terrazas para poder dar algún bolo en verano… son parches. La mayoría de nuestros artistas están en ERTE, por eso le pedimos al gobierno ayudas para poder prolongar su situación, al menos, hasta 2021”, se lamenta Escudero.

Para David López, escritor y periodista especializado en el arte flamenco, el desastre se venía gestando desde hacía décadas: “Se dan dos problemas de difícil resolución: la reducción de aforos de los espectáculos en directo y la ausencia de público; es decir, de turistas. Los tablaos han vivido casi exclusivamente de los viajeros internacionales y esto es gravísimo para la supervivencia del flamenco”. “La gran crisis es la que viven los artistas, que están en sus casas sin poder actuar ni aquí, ni allá”, añade.

Según datos del sector, alrededor de 3.400 familias viven de la actividad de los 97 tablaos flamencos repartidos por España

Tablaos madrileños

En Madrid no hay playa, pero sí hay (muchas) tablas. Con sus 21 templos flamencos, la capital mundial del cante jondo se vanagloria de haber acunado el arte de Camarón de la Isla, Paco de Lucía, el clan de los Morente, de los Habichuela, de los Flores… y todos los popes de este género musical.

“Madrid ha sido siempre una ciudad flamenca con mucho público nacional y Barcelona, hogar de la gran diáspora andaluza, ha sido una plataforma de importante proyección internacional. Ambas son plazas fundamentales en la carrera de un artista flamenco”, apunta Martín Guerrero, director e hijo de Enrique Guerrero, fundador de Casa Patas.

Con una media de 300 actuaciones anuales y un buen puñado de reconocimientos, como el Premio Enrique Malla por su labor de difusión de este arte, el tablao de Lavapiés donde debutó Diego El Cigala cerró sus puertas en mayo, en lo alto del cerro del éxito. Sin disimular cierta melancolía, Guerrero apunta: “Es traumático. Y no sólo es una cuestión emocional, es dejar sin sustento a 26 familias, sin hablar de la devastadora situación de los artistas”.

En Casa Patas debutó un jovencísimo Diego El Cigala. Foto: Casa Patas.

Y recuerda que Casa Patas nació como una sala flamenca dirigida al público local. Ya en el boom del público internacional “nosotros conservábamos aún una cuarta parte de espectadores nacionales”. Después de la crisis de 2008, reconoce, “nos salvó el turismo. Teníamos un programa de una calidad altísima, aquí han tocado Tomatito y Raimundo Amador por 12€”.

No obstante, “No es sencillo cambiar de público de la noche a la mañana. En Madrid recibíamos más de un millón de visitantes internacionales con un nivel adquisitivo y cultural alto, que desembolsaba más de 1.300 millones de euros en Madrid”, reconoce.

En Madrid el flamenco ha sido reconocido en plena crisis como Bien de Interés General, y se han aprobado ayudas por valor de 4 millones de euros

Ayudas insuficientes

A los cierres de Casa Patas (1984), Café de Chinitas, que celebraba este año su medio siglo, y Villa Rosa (1911), le siguen dos acontecimientos sin precedentes: el reconocimiento de los tablaos por parte del Ayuntamiento de Madrid como Bien de Interés General y una partida presupuestaria de 4 millones de euros para el sector restauración y tablaos flamencos.

Federico Escudero, responsable de ANTFES, advierte: “El dato es escalofriante: la reducción de ingresos es del 100%. Este tipo de ayudas no dan para todos y son créditos, lo cual nos endeuda aún más. Necesitamos subvenciones a fondo perdido”.

Ernesto Novales, director de comunicación de El Corral de la Morería (1956), recuerda con orgullo que es el único restaurante con espectáculo del mundo con una estrella Michelin, además de ser reconocido con el Premio al Mejor Tablao Flamenco del Mundo y Premio Nacional de Gastronomía: “El Corral vivía el mejor momento de su historia. Nos hemos consolidado como centro de producciones a la vanguardia del flamenco”.

Del tablao que fascinó a Carolina de Mónaco, Ronald Reagan, Ava Gardner, Ernest Hemingway y John Lennon dependen unas 60 familias.

“En Madrid, están en proceso de cerrar seis tablaos más. A este paso, no llega ninguno abierto a 2021. Necesitamos cubrir costes fijos y solicitamos espacio para terrazas”, reclama Novales.

Tablaos catalanes

En Barcelona, la ciudad de Carmen Amaya y cuna artística de grandes figuras del flamenco actual —Miguel Poveda, Mayte Martin, Juan Manuel Cañizares, Chicuelo o Duquende, entre otros—, las cosas no están mucho mejor.

En vista de la situación, los tres tablaos históricos de la ciudad, el Tablao de Carmen, Tablao Flamenco Cordobés y Tarantos ­–con 32, 50 y 57 años de historia, respectivamente- se unieron en la plataforma Tablaos Emblemáticos para reclamar ayuda a las instituciones; entre ellas, que se les permita celebrar actuaciones al aire libre.

Con las negociaciones todavía en marcha, una de estas salas, Tarantos, acaba de anunciar su retorno a la actividad el próximo día 17, aún a costa de las pérdidas económicas.

Su propietario, Joan Mas, reabrirá el conocido local de la Plaza Reial con un aforo reducido a 75 personas y un solo pase por noche. Y dado que la pandemia le ha dejado sin su público habitual, el internacional, este activo empresario, que lidera también el jazzístico y no menos legendario Jamboree, ha decidido ofrecer al público barcelonés 500 entradas a un euro.  

Nuevos formatos

Por su parte, las otras dos salas, Tablao de Carmen y El Cordobés, gestionan su incorporación a la Asociación de Salas de Conciertos de Catalunya (ASACC), a la que ya pertenece Tarantos, a fin de acceder a las ayudas que negocia el colectivo.

De momento, ASACC ya ha conseguido poner en marcha, en colaboración con el Institut de Cultura de Barcelona, el proyecto Sala Barcelona, que este verano está permitiendo la celebración de más de 60 conciertos al aire libre en el Castell de Montjuïc. 

Una iniciativa igualmente necesaria para todos los locales de música en directo, pero que, según la presidenta de ASACC, la activísima Carmen Zapata, “es como poner una tirita en una operación a corazón abierto”.

Para Zapata, la situación de los tablaos no difiere de la de las salas que programan música en vivo, “un 95% están cerradas porque los aforos que establecen las actuales medidas de seguridad no permiten mantener una programación”, y considera que estos locales “están completamente abandonados a su suerte y no existe ningún plan de rescate para ellos. Una sala pequeña es un espacio muy vulnerable porque no tiene capacidad para acceder a una cobertura financiera”, añade.

Supeditación al turismo internacional

Los tablaos, sin embargo, se singularizan no sólo en su esencia musical, sino también en su fuerte supeditación al turismo internacional. Una situación que los propietarios aceptan, aunque arguyen que no responde a ninguna estrategia comercial.

Rosalía al cante, Yiyo al baile y José Andrés Cortés al toque. Foto: Tablao de Carmen.

“Los tablaos llevan 50 años trabajando y cuando nacieron, no lo hicieron para los turistas, porque no existían, sino para los aficionados. Es ahora cuando esto ha cambiado, porque la sociedad ha cambiado. Decir que nos merecemos lo que nos pasa porque vivimos del turismo es injusto”, afirma, con rotundidad, María Rosa Pérez, copropietaria del Tablao Cordobés.

“El problema de fondo es de carácter identitario”, opina Lluís Cabrera, fundador del Taller de Musics y firme defensor de la tradición flamenca catalana. “¿Por qué el público que va a los festivales flamencos de la ciudad no va también a los tablaos? La razón es que hay un parte de la sociedad catalana que asocia el flamenco a una cosa impuesta por el franquismo y el hecho de que los tablaos sean una oferta diaria, y no eventual como un festival, les da razones para justificar que se trata de ‘algo que no es nuestro’”. De ahí que Cabrera abogue porque los tablaos, “la escuela básica donde se forjan los nuevos talentos”, busquen estrategias para acercarse al público local.

“Abriré Tarantos, aunque me arruine, pero yo creo que hay que salir a trabajar y no quedarnos todos en casa y morirnos de pena”

Joan Mas

De momento, Joan Mas, propietario de Tarantos, trabaja en esta línea con su oferta de entradas a un euro. “Los tablaos comenzaron siendo locales de juerga hasta altas horas de la madrugada y toda la cultureta catalana se daba cita en ellos. Ahora han pasado a ser una atracción turística, igual que la Sagrada Familia. ¿Y esto es malo?”, se pregunta.

Por su parte, Mimo Agüero, copropietaria del Tablao de Carmen e hija del guitarrista Juan Antonio Agüero, viudo de Carmen Amaya, reivindica la importancia de los tablaos a nivel laboral.

“Nuestros artistas son de aquí y la gente que se queda sin trabajo es de aquí”, recuerda. “Por nuestro tablao pasan muchísimos artistas y, como mínimo, unos 30 dependen directamente de él. Me gustaría que esto que ha pasado sirviera para que el público descubra que los tablaos no son sólo para turistas”, dice.

Joan Mas lo tiene claro: “Abriré Tarantos, aunque me arruine, pero yo creo que hay que salir a trabajar y no quedarnos todos en casa y morirnos de pena”.

Tarantos, Barcelona. Foto Marta Vilardell | Tarantos.

Tirad sobre el artista

En este escenario de circunstancias adversas, hacen su aparición, hoy algo menos estelar, los protagonistas de la obra. Cantaores, bailaores, percusionistas, palmeadores y guitarras, como la de José Fernández Torres, mundialmente conocido como Tomatito.

El artista almeriense, como sucede con el resto del gremio, llenaba los bolsillos con bolos nacionales y, sobre todo, con giras mundiales, que le reportaban el 95% de sus honorarios. El público de Francia, Alemania, Estados Unidos y, por supuesto de Japón, enmudece ante la guitarra de Tomatito, sobrinísimo del gran Niño Miguel.

Hoy es su guitarra la que se ha quedado sin voz: “Mi sensación es de desolación. Los gitanos estamos acostumbrados a pasar fatigas, pero esto nos ha desbordado. No soy capaz de ver soluciones a medio plazo, porque dependemos del turismo”. Y concluye: “Me gustaría pedirle al Gobierno que nos allane el camino protegiendo nuestro arte”.

Otra guitarra curtida en tablas nacionales y compañera de giras del clan Morente es la de Pakete, ex miembro de La Barbería del Sur y artista en solitario desde hace años: “El flamenco ha sido siempre la hermana pobre de las artes musicales. Con esta crisis, se están viendo las carencias, como que muchos de los artistas de tablaos cobran en negro. Y, si no son autónomos, no pueden recibir ninguna ayuda”.

Como decía el maestro Morente, sentencia: “Estamos vivos de milagro”.

Vuelo flamenco. Foto: Corral de la Morería.

Mitos y mentideros

Como ‘hermana humilde’ de las artes, el flamenco no está exento de falsas leyendas. Para Martín Guerrero el problema de la pérdida de público nacional tiene que ver con otras cuestiones, “como con eso de que somos ‘lugares para guiris’. No es real que estemos engañando al turista, esa afirmación es injusta con los artistas porque son fabulosos”.

Otro falso mito, a su juicio es que “el flamenco siempre está ligado a lo humilde y a la noche, así como esa idea de que está vinculado al régimen franquista. Hay un gran desconocimiento”.

En palabras del director de comunicación de El Corral de la Morería “la mayor parte del público de los museos españoles es internacional y nadie lo cuestiona. El flamenco es una fortaleza por su valor patrimonial único y original”.

Tal y como concluye Federico Escudero, en nombre de la Asociación Nacional de Tablaos Flamencos de España, “los turistas llegan fascinados por este arte y las salas se han adaptado a sus demandas con espectáculos de primer nivel. Hay un prejuicio generalizado con eso de que los espectáculos son caros y de poca calidad. Nuestros artistas trabajan en las grandes compañías de este país”.

El flamenco, cuestión de clanes

“Este arte tiene una particularidad: es el legado familiar de varias generaciones. Una forma de vida para clanes enteros, como sucede con la familia Habichuela o con los Morente. Desde el patriarca hasta el último nieto están involucrados en el oficio”, analiza Antonio Blanco, avezado conocedor del flamenco y cuya carrera profesional le ha permitido entablar amistad con las grandes dinastías gitanas.

Blanco subraya otro factor interesante: “Un palo de esta envergadura afecta a toda una estirpe. Los gitanos siempre han llevado una vida al día, muy bohemia, no ahorran porque lo reparten entre todos los parientes”.

¿Sería posible una reinvención del género? Para Blanco, la especial particularidad del flamenco reside en su puesta en escena: “No se puede reinventar porque perdería la esencia misma de su arte. Se podría trasladar el espectáculo al exterior en primavera y verano, como viene sucediendo en bares de El Palmar (Cádiz), pero ¿y después qué?”.

(Buen) duende nunca muere

Para el responsable de comunicación de El Corral de la Morería, se trata de una cuestión de responsabilidad cultural: “Los tablaos damos sustento al 95% de los artistas flamencos de este país. Si desaparecen los artistas, desaparece el flamenco, que es patrimonio cultural. Si se protege este arte universal tan importante, podremos salvarlo”.

Por su parte, Antonio Blanco concluye con una dosis de realismo sin perder la sonrisa: “A corto plazo, será duro, ya que la esencia misma del tablao es la proximidad, el contemplar al artista en espacios reducidos, sentir de cerca ‘el duende flamenco’. Todo eso es impensable hasta que no aparezca una vacuna, y el proceso llevará por lo menos dos años. Pero soy optimista: el flamenco es un arte y, mientras haya artistas, no desaparecerá”.

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