Loquillo: un verso suelto en las noches de Pedralbes

El Fes Pedralbes de Barcelona acoge el inicio de la gira 'La vida por delante', en la que Loquillo recupera su colaboración con Gabriel Sopeña

Como todo el mundo, Loquillo tenía un plan antes de que llegara el coronavirus: recorrerse todo el país para presentar su disco más reciente, El último clásico. Y, como todo el mundo, Loquillo ha tenido que adaptarse a la mal llamada nueva normalidad.

Como todo el mundo, Loquillo tenía un plan antes de que llegara el coronavirus: recorrerse todo el país para presentar su disco más reciente, El último clásico. Y, como todo el mundo, Loquillo ha tenido que adaptarse a la mal llamada nueva normalidad.

La gira de El último clásico, cancelada pocos antes de comenzar, ha sido reemplazada por La vida por delante, un espectáculo de pequeño formato pergeñado junto al músico Gabriel Sopeña que el cantante llevará por una treintena de localidades españolas y que el viernes se estrenó en la segunda jornada del Festival de Pedralbes de Barcelona.

Un festival atípico

Al igual que Loquillo, el festival se ha visto obligado a cambiar de planes sobre la marcha. A principios de mayo, cuando todavía estaba en vigor el estado de alarma, la promotora que organiza el evento, Concert Studio, anunció que trasladaba la cita al año que viene ante la situación de incertidumbre generada por la crisis sanitaria.

[Para leer más: Van Morrison, cabeza de cartel en la reinvención de Pedralbes]

Loquillo 3 en Pedrables Foto Fes Pedralbes

Poesía y rock and roll en la presentación de Loquillo. Foto: Fes Pedralbes

Sin embargo, unas semanas después saltó la sorpresa con el anuncio de la celebración del llamado Fes Pedralbes, un festival de aforo reducido y con un cartel eminentemente nacional (la única estrella foránea es, en un sorprendente golpe de efecto, Van Morrison).

En definitiva, una propuesta de urgencia que hay que valorar teniendo en cuenta el panorama de devastación que la pandemia ha traído al sector de la música en vivo.

El festival Fes Pedrables sorprendió con su convocatoria, con un cartel eminentemente nacional y con el golpe de efecto de la presencia de Van Morrison

En este Fes Pedralbes, la nueva normalidad se traduce en una entrada ordenadísima, con un ejército de trabajadores repartidos por el recinto de los jardines del Palacio Real que se encargan de guiar al público.

También se refleja en las omnipresentes mascarillas y un leve perfume de gel hidroalcóholico que se entremezcla con los apetitosos aromas procedentes del denominado Village, idílico espacio destinado a acoger conciertos de grupos locales (esa noche fue el turno de Velvet Candles, expertos consumados en el arte del doo wop) y una variada oferta gastronómica.

Loquillo 2 en Pedrables Foto Fes Pedralbes

Loquillo ha tenido que adaptarse a la nueva normalidad. Foto: Fes Pedralbes

Cambios en el festival

En el escenario principal, que se eleva sobre el estanque situado frente al palacio, la necesidad de cumplir con las exigencias de distanciamiento social se traduce en la sustitución de las tradicionales gradas por sillas a ras de suelo distribuidas en parejas.

De esta forma, se pueden encajar 800 espectadores sin que ninguno de ellos sufra por el esporádico ataque de tos del vecino. El viernes, la distancia entre extraños estaba más que garantizada: se registró una entrada más que discreta, así que decenas de sillas quedaron vacías. Estampa algo desangelada.

El eje del espectáculo

Unos minutos después de las diez de la noche, cuando algunos rezagados todavía buscaban su silla en el auditorio, Loquillo apareció en el escenario entre tímidos aplausos.

Loquillo 1 en Pedrables Foto Fes Pedralbes

Gabriel Sopeña, compañero de ruta de Loquillo. Foto Fes Pedralbes

De riguroso negro, con camisa y pantalones de pinza de tiro alto. Junto a él, el otro cerebro de este espectáculo, su amigo y compinche Gabriel Sopeña, y tres de los colaboradores habituales del cantante: el guitarrista Josu García, el batería Laurent Castagnet y el contrabajo Alfonso Alcalá.

Esta formación será la que acompañará a Loquillo durante toda la gira de La vida por delante, la cual, en una declaración de principios, toma su nombre de uno de los álbumes clave de la carrera del cantante: en 1994, el Loco decidió dejar aparcado el proyecto de Los Trogloditas para, con la ayuda de Sopeña, grabar un disco de poemas musicados.

[Para leer más: Barcelona: las salas de música en vivo esperan su resurrección]

En lugar de cantar sobre Cadillacs solitarios y los ritmos del garaje, el rockero puso su voz a los versos de escritores como Octavio Paz, Pablo Neruda y Pedro Salinas. A nivel musical, el rock and roll cedía espacio a otras influencias: folk, swing, fado, chanson, música latina, etcétera.

El disco ‘La vida por delante fue un punto de inflexión en la carrera de Loquillo, donde puso voz a las letras de diversos poetas hispanoamericanos

Para los fans más puristas, el movimiento supuso toda una afrenta, pero el disco supuso un punto de inflexión: cimentó la base del Loquillo adulto, alguien demasiado heterodoxo para los ortodoxos, y tuvo su continuación en los álbumes Con elegancia (1998) y Su nombre era el de todas las mujeres (2011), que, junto con La vida por delante, constituyen el eje del repertorio de esta gira.

Loquillo 5 en Pedrables Foto Fes Pedralbes

Josu García despliega su talento en Pedrables. Foto Fes Pedralbes

Repertorio variado

Sin mediar palabra, Loquillo abrió su nuevo espectáculo con una rotunda Balmoral, a la que siguió La vida que yo veo, tema de La vida por delante basado en un poema de Bernardo Atxaga que brilló especialmente gracias a la armónica dylaniana de Josu García y el ritmo trotón de rockabilly imprimido por Castagnet.

Más poesía: ‘Transgresiones’, de Mario Benedetti, sirvió de antesala a un pequeño bloque dedicado a Luis Alberto de Cuenca: la muy adecuada Political incorrectness (“corren tiempos de ser políticamente incorrectos”, afirmó Loquillo antes de lanzarse con una versión especialmente rockera), Cuando pienso en los viejos amigos (interpretada con el espíritu de The Clash) y Cuando vivías en la Castellana (balada acompañada de armónica que sirvió para bajar revoluciones).

[Para leer más: Madrid: nuevos (y duros) tiempos para la música en vivo]

Tras Inútil escrutar tan alto cielo, con versos de Manuel Vázquez Montalbán, y No volveré a ser joven, poema de Jaime Gil de Biedma convertido en un homenaje a The River de Bruce Springsteen, Loquillo cedió todo el protagonismo a Sopeña, que cantó Acto de fe con guitarras acústicas y armónica; Ceremonia, anticipo de un nuevo disco con Loquillo dedicado al libro Europa de Julio Martínez Mesanza; Brillar y brillar, la composición de 1991 que supuso el inicio de su colaboración con el líder de los Trogloditas; y Cantores.

Loquillo6 Foto Daniel R. Caruncho

Loquillo y Sopeña crearon un espectáculo de formato pequeño. Foto: Daniel R. Caruncho

Loquillo reapareció con La vida es de los que arriesgan, muy bien recibida por un público que, en general, estuvo poco participativo, y así encaró con buen ánimo una recta final que incluyó perlas como la adaptación patria de Me and Bobby McGee de Kris Kristofferson y la versión de El hombre de negro de Johnny Cash.

Tras un bis con homenajes a Brassens (La mala reputación) y Jacques Brel (Con elegancia), el espectáculo se cerró con John Milner, del LP Mientras respiremos (1993). Un tema emotivo para cerrar casi dos horas de un recital de poesía a ritmo de rock, folk y country.

a.
Ahora en portada