Jim Morrison: 50 años de la muerte del gran provocador del rock

Un 3 de julio de 1971 moría Jim Morrison, el líder de The Doors, el bello, lúcido y polémico artista que llevó el rock al límite

Yacente sobre una bañera de su minúsculo piso de París, con una media sonrisa que asomaba en su barba de varios días, Jim Morrison dejó de vivir el 3 de julio de 1971. Hace 50 años. Medio siglo después, este demonio con cuerpo de ángel, con su voz ronca y su mente que no paraba de generar poesía y canciones, sigue vivo en todos aquellos que vieron a The Doors como una de las piedras angulares del rock & roll.

Jim Morrison. Foto on Paulsen/Michael Ochs Archives/Getty Images

Yacente sobre una bañera de su minúsculo piso de París, con una media sonrisa que asomaba en su barba de varios días, Jim Morrison dejó de vivir el 3 de julio de 1971. Hace 50 años. Medio siglo después, este demonio con cuerpo de ángel, con su voz ronca y su mente que no paraba de generar poesía y canciones, sigue vivo en todos aquellos que vieron a The Doors como una de las piedras angulares del rock & roll.

Sus últimos días

Morrison atravesaba una depresión, había consultado médicos por padecer problemas respiratorios y toser sangre, el alcohol lo había vuelto a atrapar y la heroína (probable causa de su muerte) era otro fantasma que lo acosaba.

Había abandonado a The Doors, había dejado de componer, solo quería escribir poemas y usar a París como una válvula de escape con su ‘compañera cósmica’ Pamela Courson. Su extraña muerte fue el punto final a una vida de vértigo: Morrison tenía 27 años.

La biografía de Alberto Manzano Jim Morrison. Cuando la música acabe apaga las luces (Libros Cúpula) repasa la agitada existencia del cantante de The Doors, entre su creatividad compulsiva, su afán de provocar, su sex appeal, sus continuos choques con la ley, su búsqueda de horizontes creativos y cómo se convirtió en un espectáculo en sí mismo.

Y su frustración permanente.

Yacente sobre una bañera de su minúsculo piso de París, con una media sonrisa que asomaba en su barba de varios días, Jim Morrison dejó de vivir el 3 de julio de 1971. Hace 50 años. Medio siglo después, este demonio con cuerpo de ángel, con su voz ronca y su mente que no paraba de generar poesía y canciones, sigue vivo en todos aquellos que vieron a The Doors como una de las piedras angulares del rock & roll.

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Como una olla a presión

Porque cada vez que Morrison cruzaba una meta (como grabar un disco o terminar un libro de poemas) sentía que tenía que ir más allá, que el esfuerzo no era suficiente, que tenía tanta creatividad contenida que no sabía como canalizarla.

“La mente de Jim Morrison era una especie de olla a presión”.

Alberto Manzano

“Jim no tocaba ningún instrumento, pero tenía una gran facilidad para componer melodías, que cantaba con su tosca voz. Sin embargo, una vez escritas las canciones, tenía que cantarlas. O explotaría. Su mente era una especie de olla a presión”, describe Manzano.

La turbulenta vida del Rey Lagarto

Este escritor español, experto en el rock y autor de 100 libros biografías, traducciones y ensayos sobre música, recorre la efímera vida de Morrison, “el Rey Lagarto”, desde que en su adolescencia destacaba entre sus compañeros por su voracidad lectora y su búsqueda de respuestas en la filosofía, el teatro, el cine y la poesía.

Morrison fue poeta antes que cantante, nunca estudió música pero la usaba para canalizar su talento para la literatura. Cada presentación era la metáfora del rock-teatro en un sentido de tragedia griega, con sus contorsiones de reptil en el escenario, destilando erotismo por cada poro, “engullendo los sutiles punteos de la guitarra Gibson de (Robby) Krieger, la monótona finura jazzística de la batería de (John) Desmore y el piani eléctrico-bajo, casi eclesiástico de (Ray) Manzarek), describe el autor.

“Las masas están en sus manos. Es un chamán”, añade Manzano.

El legado de The Doors

Con generosas dosis de ácido y algunos barbitúricos The Doors fueron creciendo de presentación en presentación, hasta que en 1969 se podían considerar, con todo el derecho del mundo, como la banda más grande de EEUU.

El grupo se apartó del torrente hippie que arrasaba en la California de los ’60, pero tampoco hacían un rock de callejones como The Rolling Stones.

Lo suyo era poesía con blues urbano, quizás más cercano a Creedence Clearwater Revival, analiza Manzano, donde la voz entre tenor y barítono de Morrison desplegaba metáforas, sensaciones, paisajes y recuerdos que emanaban de su pluma.

Cada presentación de Morrison era la metáfora del rock-teatro, con sus contorsiones de reptil en el escenario

En vivo la periodista Lillian Roxono los describió “como un intolerable y prolongado placer”, y según el crítico Gene Youngblood “si Los Beatles y los Stones te hacen volar la mente, los Doors son para después, cuando ya no tienes mente”.

Yacente sobre una bañera de su minúsculo piso de París, con una media sonrisa que asomaba en su barba de varios días, Jim Morrison dejó de vivir el 3 de julio de 1971. Hace 50 años. Medio siglo después, este demonio con cuerpo de ángel, con su voz ronca y su mente que no paraba de generar poesía y canciones, sigue vivo en todos aquellos que vieron a The Doors como una de las piedras angulares del rock & roll.
Jim Morrison en un concierto en Copenhague. Foto Wikipedia

El éxito inicial

Borges decía que era más difícil sobreponerse a un éxito que a una derrota. Y no les fue fácil a los cuatro músicos repetir el talento condensado en su disco debut The Doors (1967), donde Morrison invocaba como un maestro de ceremonia con temas como Light my Fire.

El disco siguiente, Strange Days (1967), era una continuación artística de la obra inicial, y tras los más flojos Waiting for the Sun (1968) y The Soft Parade (1969) el grupo encarriló el talento hacia Morrison Hotel (1970) y el excelente L.A. Woman (1971).

El cansancio

Pero Morrison estaba cansado, errático, desengañado. Cada presentación era un choque nuevo con la policía, los promotores tomaban distancia de las provocaciones sobre el escenario y a pesar del éxito creativo de su último disco, la banda sentía que era un puzzle donde las piezas costaban cada vez más encajar.

Sus últimas horas en París están ocultas por las nieblas del misterio, alimento para toda clase de teorías conspirativas

Morrison decidió cambiar de rumbo. Tras L.A. Woman “ya no quería tener nada que ver con los Doors ni con el rock”, dice Manzano. “Había cerrado la puerta”.

Yacente sobre una bañera de su minúsculo piso de París, con una media sonrisa que asomaba en su barba de varios días, Jim Morrison dejó de vivir el 3 de julio de 1971. Hace 50 años. Medio siglo después, este demonio con cuerpo de ángel, con su voz ronca y su mente que no paraba de generar poesía y canciones, sigue vivo en todos aquellos que vieron a The Doors como una de las piedras angulares del rock & roll.
Una de las imágenes más icónicas de Morrison. Foto Flickr

La muerte

Sus últimas horas en París están ocultas por las nieblas del misterio, alimento para toda clase de teorías conspirativas.

Por estas absurdas paradojas de la historia Morrison falleció el mismo día y dos años después que Brian Jones, y varios meses más que Janis Joplin y Jimi Hendrix. Todos ellos tenían 27 años, una edad que también fue trágica para Amy Winehouse y Kurt Cobain.

Yacente sobre una bañera de su minúsculo piso de París, con una media sonrisa que asomaba en su barba de varios días, Jim Morrison dejó de vivir el 3 de julio de 1971. Hace 50 años. Medio siglo después, este demonio con cuerpo de ángel, con su voz ronca y su mente que no paraba de generar poesía y canciones, sigue vivo en todos aquellos que vieron a The Doors como una de las piedras angulares del rock & roll.
Homenaje en la tumba de Morrison en París. Foto EFE

Su cuerpo fue enterrado en el cementerio de Père Lachaise, camposanto de celebridades como Chopin, Molière, Edith Piaf, Proust y Oscar Wilde. Encontrar su tumba es fácil: una serie de flechas dejadas por seguidores conducen a su descanso.

El 3 de julio de 1971 murió Jim Morrison, pero nació el mito del Rey Lagarto.

Foto de apertura: Don Paulsen/Michael Ochs Archives/Getty Images

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