Arca, una diva para tiempos líquidos

Gancho del festival Sónar, la artista venezolana es un referente de la música contemporánea, capaz de traspasar los límites de género y sonido

Agonizaba el junio más extraño de los últimos tiempos, y en las redes, por sorpresa, se publicaba el que pretendía ser uno de los hits globales del verano. ‘KLK’. La colaboración de Rosalía y Arca. La enésima muestra de versatilidad de la primera, a la que ya podemos considerar un icono mainstream. Y una muesca más en la trayectoria ascendente de la segunda, quien acumula suficientes méritos para ser reconocida como una de las divas del momento.

Porque Arca encapsula a la perfección el espíritu de los tiempos actuales, en los que todo parece estar en movimiento perpetuo.

Se trata de una artista latina de vocación internacional. Que se define como de género no binario. Alguien que está en constante transformación artística y estética. Vanguardista y experimental. Y capaz de marcar el rumbo de la música contemporánea gracias a su asociación –en ocasiones, fortuita– con algunas de las figuras más punteras de la escena.

Los primeros pasos

Tras el alias de Arca se encuentra Alejandra Ghersi. O, en su origen, Alejandro.

Un ‘niño bien’ nacido en Caracas en 1989. Su padre, profesional de la banca de inversión. Su madre, licenciada en Estudios Internacionales. Hubo estancias tempranas en Estados Unidos: de los 3 a los 9 años la familia residió en Connecticut. Y, a su regreso a Venezuela, una educación privilegiada: tutor personal y clases de piano.

El despertar musical del Alejandro preadolescente llegó de la mano del pop y el R&B de radiofórmula: Nelly Furtado y Aliyah fueron sus primeros modelos. Pero, al poco tiempo, entró en contacto figuras más esotéricas. Como Björk. O Aphex Twin y Nine Inch Niles, a los que descubrió a través de la colección de discos de su hermano. Músicos no aptos para todos los paladares, que le enseñaron otras formas de tratar el sonido.

Jugueteando con el programa de edición de audio Fruity Loops, muy popular por su fácil manejo, Ghersi comenzó a facturar temas electro-pop bajo el nombre de Nuuro. Y recibió los primeros reconocimientos. Los Amigos Invisibles, una de las bandas más exitosas de Venezuela, recurrieron a sus servicios para alguna remezcla. Y el sello mexicano Soundister le ofreció un contrato para grabar un álbum. Ghersi tenía entonces 16 años.

La metamorfosis neoyorquina

En 2007, Ghersi regresó a los Estados Unidos para estudiar en el prestigioso Instituto de Música Grabada Clive Davis, de la Universidad de Nueva York. En las aulas pudo familiarizarse con herramientas que le permitirían mejorar su técnica. Pero el verdadero aprendizaje tuvo lugar en los clubs de la escena underground neoyorquina.

Las incursiones de Ghersi en fiestas ya legendarias como las de GHE20G0TH1K, donde los raperos se codeaban con los adictos a la música dance, le permitieron empaparse de las últimas tendencias. Y forjarse una nueva identidad. Personal y artística. Alejandro inició su transición a Alejandra y, al mismo tiempo, comenzó a producir música como Arca.

En 2011, Arca empezó a publicar mixtapes y remezclas en las que combinaba hip-hop, drum’n’bass y música de baile venezolana. Y al año siguiente publicó tres EPs que causaron revuelo por su capacidad para generar ambientes incómodos. Hip-hop deconstruido, psicodelia industrial, beats extraterrestres.

En la cresta de la ola

Entre los que sintieron curiosidad por los claustrofóbicos collages sonoros de Arca figuraba Kanye West, que en 2013 invitó al artista a coproducir cuatro temas para su próximo álbum, Yeezus. Una oportunidad de oro. El rapero estadounidense era una superestrella, y cada trabajo suyo, objeto de una atención desmesurada.

Yeezus –considerado hoy uno de los mejores discos de West– debutó en el número 1 de las listas de éxitos. Y, capitalizando el momento, Arca publicó la mixtape &&&&&, que, con su sonido denso e impenetrable, sedujo a la crítica. 2013 fue sin duda un año dulce para la artista, que también sería reclutada como compositora y productora por la cantante británica FKA Twigs.

En 2014, Arca se mudó a Londres y firmó por el sello independiente Mute Records. Con él publicó su primer álbum de estudio, titulado Xen, un mosaico sonoro repleto de aristas metálicas, pero que también incluye interludios melódicos. Crítica y público, una vez más, cayeron rendidos. Arca era la nueva revelación de la escena electrónica, y hasta su admirada Björk la buscaba para producir y componer parte de su álbum Vulnicura.

Evolución imparable

El éxito no paralizó a Arca. A Xen le seguirían Mutant (2015) y Arca (2017), discos que conjugan belleza y terror, ensanchando los límites de la música electrónica a través de la experimentación. Y que, sobre el escenario, Ghersie se transformaban en espectáculos sorprendentes ejecutados con la colaboración del artista audiovisual Jesse Kanda. Montajes con aires de cabaret futurista, en los que no faltan los vestuarios de inspiración bondage y las reflexiones sobre los estereotipos de sexualidad y género.

Instalada en Barcelona desde hace un par de años, Arca ha seguido causando revuelo este 2020. La publicación del álbum KiCk i ha supuesto su enésima transformación del artista, que ahora parece buscar un público más amplio. Aunque, como dice en la canción que abre el disco, ‘Nonbinary’, ella no rinde cuentas ante nadie: “Hago lo que quiero, cuando quiero”.

Arca ofreció el viernes un DJ set en directo en el marco del Sónar CCCB +D.

a.
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