El casete resucita. Y está dispuesto a plantar cara

Un sello discográfico español fabrica casetes de manera artesanal, parte de una tendencia mundial que recupera a este formato popular entre los años 70 y 80

“No está muerto quien pelea”, dice un refrán. Y el casete se niega a entrar en el arcón de los objetos olvidados, porque un puñado de seguidores de este dispositivo de reproducción y grabación, tan popular décadas atrás, hacen lo posible para que vuelva a sonar en grandes equipos musicales y walkmans olvidados en algún cajón.

La Cassettería. Foto Eva Diapasón

“No está muerto quien pelea”, dice un refrán. Y el casete se niega a entrar en el arcón de los objetos olvidados, porque un puñado de seguidores de este dispositivo de reproducción y grabación, tan popular décadas atrás, hacen lo posible para que vuelva a sonar en grandes equipos musicales y walkmans olvidados en algún cajón.

Entre los extraños fenómenos culturales que ha traído el confinamiento de año pasado, durante la primera mitad de 2020 se vendieron un 103% más de casetes que en todo 2019 en el Reino Unido, según un estudio de Official Charts.

“No está muerto quien pelea”, dice un refrán. Y el casete se niega a entrar en el arcón de los objetos olvidados, porque un puñado de seguidores de este dispositivo de reproducción y grabación, tan popular décadas atrás, hacen lo posible para que vuelva a sonar en grandes equipos musicales y walkmans olvidados en algún cajón.
El casete se resiste a quedar en el olvido. Foto Eva Diapasón

Lady Gaga, Taylor Swift, Bjork, Coldplay, Dua Lipa y Harry Styles son algunos de los artistas que han lanzado trabajos en estas pequeñas cajas con cintas y ruedas dentadas.

En España no hay cifras oficiales porque “los casetes se manejan en un ambiente underground, más limitado”, detalla Luis González, fundador de La Cassettería, la primera fábrica de estos dispositivos en el país.

“No está muerto quien pelea”, dice un refrán. Y el casete se niega a entrar en el arcón de los objetos olvidados, porque un puñado de seguidores de este dispositivo de reproducción y grabación, tan popular décadas atrás, hacen lo posible para que vuelva a sonar en grandes equipos musicales y walkmans olvidados en algún cajón.
Tener casetes plantea el dilema de contar con un reproductor en buenas condiciones. Foto Eva Diapasón

Casetes made in Madrid

Su quijotesca resurrección del casete se engloba en las iniciativas encaradas desde su sello musical Ciudad Oasis, con una tienda-estudio entre Malasaña y Conde Duque, en Madrid.

La Cassettería lanza una edición especial de ‘Devil came to me’, disco de Dover de 1997 que vendió 700.000 copias

Allí se pueden comprar casetes de décadas pasadas o encontrar ediciones especiales encargadas por grupos emergentes españoles como Kings of the Beach o internacionales como Youcanthide.

El próximo 16 de abril lanzarán Devil came to me, reedición del cuarteto Dover publicado en mayo de 1997, y que con 700.000 copias “representa a la banda sonora de más de una generación”, recuerdan en La Cassettería.

“No está muerto quien pelea”, dice un refrán. Y el casete se niega a entrar en el arcón de los objetos olvidados, porque un puñado de seguidores de este dispositivo de reproducción y grabación, tan popular décadas atrás, hacen lo posible para que vuelva a sonar en grandes equipos musicales y walkmans olvidados en algún cajón.
La Cassettería ofrece grabaciones de grupos españoles e internacionales. Foto Eva Diapasón

Para fabricar los casetes la compañía española cuenta con varios proveedores, pero la creciente demanda está complicando la provisión de materiales, indica González.

¿Quién busca los casetes?

Este empresario musical considera que la resurrección del casete está liderada por los coleccionistas y nostálgicos que quieren volver a tener un sentido de apropiación de la música.

“Cuando escuchas en streaming tienes una banda sonora de fondo. Cuando usas un formato físico es algo tuyo, que requiere que prestes atención”, indica a Tendencias Hoy.

La comodidad del formato fue lo que llevó al casete a desplazar al vinilo en los ’80, hasta que una década después le tocó el turno del ostracismo con la irrupción del CD.

“No está muerto quien pelea”, dice un refrán. Y el casete se niega a entrar en el arcón de los objetos olvidados, porque un puñado de seguidores de este dispositivo de reproducción y grabación, tan popular décadas atrás, hacen lo posible para que vuelva a sonar en grandes equipos musicales y walkmans olvidados en algún cajón.
Reedición de ‘Devil came to me’ de Dover. Foto La Cassettería

El debate por la calidad

Sin embargo, González quiere erradicar el mito de que la calidad de los casetes dejaba bastante que desear.

“Muchas veces usábamos cintas de poca calidad, las grabaciones en casa eran de la radio en aparatos domésticos, con sintonización analógica. Y nadie se preocupaba en limpiar el lector y las gomas del reproductor. Si tienes un cierto mantenimiento la calidad del sonido no tiene por qué ser diferente”, describe.

“No está muerto quien pelea”, dice un refrán. Y el casete se niega a entrar en el arcón de los objetos olvidados, porque un puñado de seguidores de este dispositivo de reproducción y grabación, tan popular décadas atrás, hacen lo posible para que vuelva a sonar en grandes equipos musicales y walkmans olvidados en algún cajón.
Vistas del estudio-comercio-fábrica La Cassettería. Foto Eva Diapasón

Dónde escuchar un casete

Si alguien quiere llevarse un casete a su casa, quizás tenga el problema que no tiene cómo reproducirlo.

“Cuando usas un formato físico como un casete es algo tuyo, que requiere que prestes atención”. Luis González, fundador de La Cassettería

El director de La Cassettería percibe que hay un creciente interés por la compra de equipos de segunda mano en Internet. De hecho, también los venden en este local de Madrid.

En Francia, describe, la compañía We are rewind está fabricando walkmans con tecnologías del siglo XXI, como baterías de litio que duran más de 10 horas y conexión bluetooth.

“No está muerto quien pelea”, dice un refrán. Y el casete se niega a entrar en el arcón de los objetos olvidados, porque un puñado de seguidores de este dispositivo de reproducción y grabación, tan popular décadas atrás, hacen lo posible para que vuelva a sonar en grandes equipos musicales y walkmans olvidados en algún cajón.
Con esta máquina se graba y fabrica el casete. Foto Eva Diapasón

La promoción de un formato analógico

En este comercio han organizado jornadas como el Cassette Day, donde de forma presencial y virtual explican cómo se fabrican estos dispositivos y abren la puerta al intercambio de material y experiencias por parte de nostálgicos y recién llegados a este mundo.

Además de los artisas que quieren tener su obra plasmada en un objeto de colección y difusión alternativa también hay personas que quieren digitalizar sus casetes de la adolescencia, para que Spotify no sea el único guardián de sus recuerdos.

En la corta vida de La Cassettería han vivido una gran cantidad de anécdotas, como la joven a la que tuvieron que explicarle cómo funciona un walkman, personas que no recordaban para qué está la pestaña de seguridad de la parte superior, y padres que describen a sus hijos que así es como ellos escuchaban música (y sin olvidar la valiosa ayuda del bolígrafo Bic).

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